Versículo destacado
Job 23:13 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Pero él es de un solo parecer, ¿y quién puede hacerlo cambiar? Lo que su alma desea, eso hace. "
Job 23:13
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
11 Mi pie se ha mantenido en sus pasos; he guardado su camino y no me he desviado.
12 Tampoco me he apartado del mandamiento de sus labios; he estimado las palabras de su boca más que mi alimento necesario.
13 Pero él es de un solo parecer, ¿y quién puede hacerlo cambiar? Lo que su alma desea, eso hace.
14 Porque él lleva a cabo lo que está determinado para mí, y muchas cosas semejantes están con él.
15 Por eso estoy turbado ante su presencia; cuando reflexiono, tengo miedo de él.
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Algunas personas piensan que aquí Job se queja de que Dios lo estaba tratando injustamente, castigándolo sin aliviar la presión, aunque Job creía tener pruebas claras de su inocencia. No me gusta pensar que el santo Job acusara al Dios santo de hacer algo malo. Aun así, sus palabras son amargas e impacientes, y él mismo intenta convencerse de tener una especie de paciencia forzada. No puede hacerlo sin dar la impresión de que Dios lo está tratando con dureza, pero soporta la situación porque no puede hacer otra cosa. Lo peor que llega a decir es que le resulta difícil entender la manera en que Dios está tratando con él.
Primero, Job declara algunas verdades firmes que podrían haberle servido de mucha ayuda (Job 23:13-14). Los planes de Dios no cambian. Él es de un solo parecer, y nadie puede hacerlo cambiar. Algunos entienden esto como una afirmación de que Dios es uno y está completamente unido consigo mismo; no tiene consejeros que puedan presionarlo para que cambie de propósito. Dios está plenamente de acuerdo consigo mismo y nunca altera ni su voluntad ni sus métodos. A veces la oración ha llevado a Dios a cambiar la manera en que actúa en su providencia, es decir, en su gobierno sabio de los acontecimientos; pero su voluntad y su propósito nunca han cambiado, porque Dios conoce todas sus obras desde el principio.
Job también afirma que el poder de Dios no puede ser resistido. Él hace lo que su alma desea o ha planeado, y nada puede detenerlo ni obligarlo a adoptar planes nuevos. Las personas muchas veces desean cosas que no pueden hacer, que no deben hacer o que simplemente no tienen la capacidad de realizar. Pero Dios tiene autoridad absoluta, y su voluntad es perfectamente pura y justa; por eso es correcto que la lleve a cabo. Su poder tampoco puede ser detenido. Nadie puede impedir que actúe. Todo lo que el Señor quiere, lo hace (Salmo 135:6), y siempre lo hará, porque todo lo que hace es lo mejor.
Job añade que Dios hace todo conforme al plan que ha establecido (Job 23:14). Él cumple lo que ha dispuesto para mí. Todo lo que nos sucede ocurre bajo la acción de Dios (Salmo 57:2), y cuando su plan completo se haya cumplido, todo demostrará haber sido maravilloso. Él lleva a cabo todo lo que ha dispuesto, y solamente eso, en el tiempo y de la manera que ha determinado. Esto debería tranquilizarnos, porque lo que Dios ha dispuesto no puede cambiarse. Pero puede hacer más que tranquilizarnos. Si Dios nos estaba destinando a la vida eterna y a la gloria como meta final, también estaba disponiendo nuestra condición presente, esta aflicción y cualquier camino que condujera a ella. Eso debería convencernos de que todo obra para bien. Ahora no sabemos lo que Dios está haciendo, pero después lo entenderemos.
Job también afirma que la manera en que Dios trata con las personas sigue el curso habitual de su providencia. Muchas cosas semejantes están en sus manos; es decir, Dios hace muchas cosas al gobernar el mundo que nosotros no podemos explicar, y debemos descansar en su autoridad absoluta. Cualquiera que sea el sufrimiento en el que nos encontremos, otros también han pasado por allí. Nuestro caso no es único. Nuestros hermanos y hermanas están experimentando los mismos sufrimientos (1 Pedro 5:9). La enfermedad y el dolor, la pobreza y la pérdida de lo que teníamos, la muerte de nuestros hijos o la frialdad de nuestros amigos son situaciones que Dios ha permitido dentro de su gobierno, y muchas cosas semejantes están en sus manos. No es razonable pensar que Dios dejará de gobernar la tierra por causa nuestra.
Sin embargo, Job hace un mal uso de estas buenas verdades. Si hubiera reflexionado correctamente sobre ellas, podría haber dicho: «Entonces estaré tranquilo y satisfecho, firmemente dispuesto a aceptar la manera en que Dios trata conmigo. Me alegraré con la esperanza de que mis problemas tendrán un buen final». En cambio, dice: Por eso me asusto en su presencia (Job 23:15). Están verdaderamente atribuladas las almas que se angustian ante la presencia de Dios, como el salmista, que al acordarse de Dios se turbaba (Salmo 77:3). Aquí Job está muy confundido, porque poco antes se había angustiado por la ausencia de Dios (Job 23:8-9), y ahora se angustia por su presencia. Cuando piensa en todo esto, siente temor de Dios; lo que estaba experimentando hacía que tuviera aún más miedo.
En efecto, hay mucho que debería hacernos temer a Dios si solo pensamos en ello: su justicia y su pureza perfectas, comparadas con nuestro pecado y nuestra indignidad. Pero si también pensamos en su gracia manifestada en un Redentor y en nuestra respuesta a esa gracia, el temor dará paso a la esperanza. El espíritu herido de Job producía en él impresiones muy intensas. Estaba lleno de temor (Job 23:16). El Todopoderoso lo había turbado y había debilitado su corazón; es decir, lo había dejado sin capacidad para soportar nada y temeroso de todo lo que pudiera ocurrir. Hay una sensibilidad serena y provechosa, como la de Josías, cuyo corazón se conmovió y tembló ante la palabra de Dios; pero Job se refiere a una sensibilidad dolorosa, en la que todo lo cercano se siente pesado y todo lo que está por venir parece amenazante.
También estaba muy amargado e inquieto. Discute con Dios porque no murió antes de que llegaran sus problemas, de modo que nunca hubiera tenido que verlos (Job 23:17). Sin embargo, si en el momento más alto de su prosperidad hubiera sido llamado a la tumba, también habría pensado que aquello era injusto. Esto puede ayudarnos a aceptar la muerte cuando llegue, porque no sabemos de qué males podría librarnos. Pero cuando llega el sufrimiento, es insensato desear no haber vivido para verlo. Es mejor enfrentarlo lo mejor que podamos.
Job también se queja de haber sido dejado con vida durante tanto tiempo en medio de sus sufrimientos, y de que la oscuridad no le fuera quitada al ser escondido en la tumba. Soportaríamos mejor la oscuridad si recordáramos que, aun en medio de ella, a veces la luz irrumpe de manera maravillosa para los rectos. Y aunque no llegue ahora, después les está reservada una luz mucho mayor.
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De este capítulo
Job 23:1
"Entonces Job respondió y dijo:"
Job 23:2
"Aun hoy es amarga mi queja; mi golpe es más pesado que mi gemido."
Job 23:3
"¡Ah, si supiera dónde encontrarlo, para poder llegar hasta su asiento!"
Job 23:4
"Expondría mi causa ante él y llenaría mi boca de argumentos."
Job 23:5
"Conocería las palabras con que me respondería y entendería lo que me diría."
Job 23:6
"¿Disputaría él conmigo con su gran poder? No; más bien, pondría fuerza en mí."
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