Versículo destacado
Job 23:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces Job respondió y dijo: "
Job 23:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Entonces Job respondió y dijo:
2 Aun hoy es amarga mi queja; mi golpe es más pesado que mi gemido.
3 ¡Ah, si supiera dónde encontrarlo, para poder llegar hasta su asiento!
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Job está seguro de que sus amigos lo han tratado injustamente y, por eso, aunque sufre profundamente, no abandonará su defensa ni permitirá que ellos tengan la última palabra. Primero defiende la amargura de su dolor. «Aun hoy mi queja es amarga», dice; y eso no sorprende, porque su sufrimiento también es amargo. Hay en él ajenjo y hiel; su alma todavía lo recuerda y siente su ardor, como en Lamentaciones 3:19-20.
Algunos entienden esa frase de otra manera: «Aun hoy mi queja es rebeldía». Los amigos de Job tomaron sus sinceros gritos de dolor y los trataron como si estuviera hablando en contra de Dios y de su autoridad. Job responde que no se queja más de lo que su sufrimiento exige. «Mi golpe es más pesado que mi gemido», dice. En otras palabras, aun después de todo lo que ellos han dicho para corregirlo y consolarlo, su dolor físico y su tristeza interior siguen siendo tan grandes que tiene buenas razones para clamar.
Ofendemos a Dios si nuestro gemido es más fuerte que nuestra herida, como los niños tercos que lloran sin motivo y luego, con razón, reciben algo por lo cual llorar. Pero no nos hacemos mal cuando nuestra herida es más grande que nuestro gemido, porque pronto puede corregirse el hecho de haber dicho demasiado poco. Entonces Job deja de lado los juicios de sus amigos y se vuelve hacia el juicio justo de Dios. Ese mismo llamado a Dios como testigo demostraba, en opinión de Job, que él no era un hipócrita, porque un hipócrita no se atrevería a invocar a Dios de esa manera. Pablo también halló consuelo en esta verdad: quien lo juzga es el Señor, por lo que el juicio humano le importaba poco, aunque estaba dispuesto a esperar el momento señalado (1 Corintios 4:3-4). El apóstol Santiago también anima a los creyentes que sufren a esperar con paciencia la venida del Juez (Santiago 5:7-9).
Job está tan seguro de que el tribunal de Dios es justo que anhela comparecer ante él. «¡Quién me diera saber dónde encontrarlo!», dice. Esto puede expresar el clamor de un alma que sabe que ha perdido a Dios por causa del pecado y que está arruinada a menos que recupere su favor. Es la súplica de un alma abandonada que pregunta: «¿Cómo puedo recuperar su favor? ¿Cómo puedo volver a entrar en su pacto —es decir, en su promesa vinculante— y en comunión, o relación cercana, con él?». Como en Miqueas 6:6-7, es el clamor de quien quiere que Dios mismo le muestre el camino de regreso.
Sin embargo, parece que Job habla aquí con demasiada audacia. Se queja de que sus amigos le han hecho daño y de que no sabe cómo presentar su caso ante Dios, aunque, si pudiera hacerlo, iría al tribunal de Dios y pediría justicia. Esperar tranquilamente la muerte y el juicio es nuestra sabiduría y nuestro deber; y cuando pensamos correctamente en ellos, esa espera debería producir santo temor y reverencia. Pero desear la muerte o el juicio de manera precipitada y acalorada, sin ese temor, es pecado y necedad. ¿De verdad sabemos lo que son la muerte y el juicio? ¿Estamos tan preparados para enfrentarlos que no necesitamos más tiempo para prepararnos? ¡Ay de quienes, impulsados por sus emociones, anhelan el día del Señor! (Amós 5:18).
Job también está tan seguro de que su causa es justa que desea presentarla claramente ante Dios. «Expondría mi causa delante de él», dice; es decir: «La explicaría con claridad y de la manera correcta. Presentaría, en el orden debido, las pruebas de mi sinceridad y llenaría mi boca de argumentos para demostrarla». Podemos aplicar esto a la oración. En la oración se nos permite acercarnos con confianza al lugar santísimo, es decir, a la presencia de Dios, hasta el estrado de su trono de gracia.
No solo tenemos libertad para acercarnos, sino también para hablar. Podemos ser detallados en nuestras peticiones y presentar todo el asunto delante de Dios en el orden que nos parezca mejor. No hablaríamos con tanta libertad ante los gobernantes terrenales, pero un alma humilde y santa puede hablar así delante de Dios. También se nos permite ser insistentes en nuestras oraciones. Podemos hacer algo más que pedir: podemos suplicar. Incluso podemos llenar nuestra boca de argumentos, no para informar a Dios, que ya conoce plenamente el caso, sino para despertar nuestra propia sinceridad y fortalecer nuestra fe.
Job también está seguro de que Dios le responderá favorablemente. «Yo sabría las palabras que él me respondiera», dice. Es como si dijera: «Escucharía con gusto lo que Dios diría acerca de esta disputa entre ustedes y yo, y aceptaría por completo su juicio». Así debería ser en toda disputa: que la Palabra de Dios decida. Aprendamos cuál es su respuesta y entendamos lo que dice. Job sabía lo que sus amigos dirían: lo condenarían y seguirían oprimiéndolo. Pero él quería saber qué diría Dios, porque estaba seguro de que el juicio de Dios era verdadero, mientras que el de ellos no lo era. No podía encontrar sentido en las palabras de sus amigos, porque no iban al punto. Pero entendería lo que Dios dijera, y eso lo dejaría satisfecho.
Luego Job se consuela con la esperanza de que Dios lo tratará con bondad en este asunto. En todo lo que tenemos que ver con Dios, es muy beneficioso conservar buenos pensamientos acerca de él. Primero, Job cree que Dios no lo aplastará. Dios no tratará con él basándose únicamente en su poder o en una justicia estricta, como lo haría un gobernante autoritario. «¿Contendería conmigo con su gran poder?». No. Los amigos de Job habían usado todas sus fuerzas contra él, pero Dios no hará eso. El poder de Dios siempre es justo y santo, a diferencia del poder humano. Dios usará su gran poder contra quienes se niegan obstinadamente a creer y arrepentirse, y su destrucción demostrará ese poder. Pero con su propio pueblo, que lo ama y confía en él, trata con tierna misericordia.
Segundo, Job cree que Dios lo fortalecerá para que pueda hablar por sí mismo delante de él. «Él pondría fuerza en mí», dice Job, para sostenerlo y ayudarlo a mantenerse firme en su integridad, es decir, en su honestidad delante de Dios. El mismo poder que se opone a los pecadores orgullosos defiende a los santos humildes. Con la fuerza que viene de Dios, ellos prevalecen ante él, como Jacob (Oseas 12:3). Véase también Salmo 68:35.
Tercero, Job cree que el resultado será ciertamente bueno. En ese tribunal celestial, cuando se dicte la sentencia final, los justos podrán razonar con Dios y salir justificados, es decir, declarados justos. Aun ahora, el Señor disciplina con frecuencia a los rectos, y ellos no pueden argumentar contra esa disciplina. Vivir honestamente no protege a una persona de los problemas ni de las acusaciones falsas. Pero en aquel día los justos no serán condenados junto con el mundo, aunque por un tiempo Dios los afligiera justamente. Entonces será clara la diferencia entre los justos y los malvados (Malaquías 3:18). Ahora esa diferencia a menudo es difícil de ver, porque la vida exterior les llega de manera semejante a todos.
Entonces, cuando llegue el veredicto final, Job quiere decir: «Seré librado para siempre de mi Juez». Es decir, será salvado de los juicios injustos de sus amigos y de la sentencia divina que ahora lo llena de temor.
Al final, quienes se entregan a Dios como su dueño y gobernante serán librados de él como su juez y vengador. No hay manera de escapar de su justicia si no es corriendo hacia su misericordia.
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De este capítulo
Job 23:2
"Aun hoy es amarga mi queja; mi golpe es más pesado que mi gemido."
Job 23:3
"¡Ah, si supiera dónde encontrarlo, para poder llegar hasta su asiento!"
Job 23:4
"Expondría mi causa ante él y llenaría mi boca de argumentos."
Job 23:5
"Conocería las palabras con que me respondería y entendería lo que me diría."
Job 23:6
"¿Disputaría él conmigo con su gran poder? No; más bien, pondría fuerza en mí."
Job 23:7
"Allí el justo podría disputar con él; así quedaría yo libre para siempre de mi juez."
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