Versículo destacado

Job 22:21 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Familiarízate ahora con él y vive en paz; así vendrá a ti el bien. "

Job 22:21

menu_book El versículo en contexto

19 Los justos lo ven y se alegran, y el inocente se burla de ellos.

20 Mientras que nuestros bienes no son destruidos, el fuego consume lo que queda de ellos.

21 Familiarízate ahora con él y vive en paz; así vendrá a ti el bien.

22 Recibe, te ruego, la ley de su boca y guarda sus palabras en tu corazón.

23 Si vuelves al Todopoderoso, serás restaurado; alejarás la iniquidad de tus tiendas.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Casi puedo perdonar a Elifaz por las cosas tan duras que dijo al principio del capítulo, aunque fueron injustas y poco amables. Al final ofrece un consejo y un ánimo tan buenos que resulta difícil hacer otra cosa. Aunque se equivocó al pensar que Job era un hombre malo, todavía veía la esperanza de que Job pudiera llegar a ser piadoso y próspero.

Es extraño que de la misma boca, casi en el mismo instante, salgan agua dulce y agua amarga. A veces, después de un intercambio fuerte, las personas buenas pueden llegar a hablar de tal manera que recuperan una mejor disposición de ánimo. Primero, Elifaz había puesto delante de Job el terrible final del malvado, con la esperanza de asustarlo para que se arrepintiera. Ahora le presenta la felicidad de quienes se arrepienten, con la esperanza de atraerlo hacia ella.

Los ministros deben emplear ambos recursos al tratar con las personas. Deben hablar desde el monte Sinaí, con los terrores de la ley, y desde el monte Sion, con los consuelos del evangelio. Deben presentar delante de la gente tanto la vida como la muerte, el bien como el mal, la bendición como la maldición.

Aquí debemos notar el buen consejo que Elifaz le da a Job. Es un buen consejo para todos nosotros, aunque en el caso de Job se basaba en una suposición falsa: que era un hombre malvado y que estaba alejado de Dios.

Primero: «Familiarízate ahora con Dios». Algunos entienden estas palabras como «sométete a Dios y descansa en su voluntad». Esa es nuestra responsabilidad en todo momento, especialmente en la aflicción: amoldarnos a la providencia de Dios y aquietar nuestro corazón en ella. Otros las entienden como «únete a él», es decir, ponte del lado de Dios y deja de resistirte. La traducción lo expresa bien: «Familiarízate con él». No vivas como un extraño para Dios, como si Job hubiera hecho al abandonar el temor de Dios y dejar de orar delante de él.

Es deber y beneficio de toda persona llegar a conocer a Dios. Debemos adquirir conocimiento de él, poner en él nuestro amor, unirnos a él en un pacto de amistad y mantener una comunión constante con él por los medios que ha establecido. Es un honor que podamos conocerlo. Nuestra desgracia es que el pecado rompió esa cercanía. Nuestro privilegio es que Cristo nos llama a volver a ella. Y nuestra gran felicidad será crecer en esa amistad.

Segundo: «Vive en paz». Vive en paz contigo mismo; no permanezcas inquieto, angustiado ni confundido. No permitas que tu corazón siga perturbado, sino mantente sereno y firme. Vive en paz con tu Dios, es decir, reconcíliate con él. No continúes en esa guerra pecaminosa. Te quejas de que Dios es tu enemigo, pero hazte su amigo.

Esta es la gran preocupación de cada uno de nosotros: hacer las paces con Dios. También es necesario para disfrutar de una verdadera comunión con él, porque nadie puede caminar con otro si no están de acuerdo (Amós 3:3). Esto debe hacerse pronto, mientras todavía hay tiempo. Reconcíliate con tu adversario mientras vas de camino. Se nos insta encarecidamente a hacerlo. Algunos leen estas palabras así: «Por favor, familiarízate con él y vive en paz». Dios mismo nos suplica, y los ministros, en nombre de Cristo, nos ruegan que nos reconciliemos con él. Es difícil rechazar llamados tan sinceros.

Tercero: «Recibe la ley de su boca» (Job 22:22). Después de hacer las paces con Dios, sométete a su gobierno y decide ser guiado por él, para permanecer en su amor. De Dios recibimos nuestro propio ser y nuestro sustento. De él esperamos recibir nuestra felicidad, y de él debemos recibir nuestra ley. «Señor, ¿qué quieres que yo haga?» (Hechos 9:6). De cualquier manera que Dios dé a conocer su voluntad, debemos acudir a él. Ya sea que hable por medio de la Escritura, de los ministros, de la conciencia o de la providencia, debemos recibir el mensaje como si viniera de su boca y rendirle nuestro corazón.

Aunque en los días de Job quizá no existía una Biblia escrita como la que tenemos nosotros, todavía había una revelación de la voluntad de Dios que debía recibirse. Elifaz veía a Job como un hombre malvado y lo instaba a arrepentirse y cambiar. Así es el cambio de rumbo de un pecador: recibir la ley de la boca de Dios, en vez de recibirla del mundo y de la carne. Como Elifaz estaba discutiendo con Job, apelaba a la palabra de Dios para resolver la disputa: «Recibe esto y deja que decida el asunto». A la ley y al testimonio.

Cuarto: «Guarda sus palabras en tu corazón». No basta con escucharlas. Debemos conservarlas, como enseña la sabiduría (Proverbios 3:18). Debemos almacenarlas como algo precioso, para que permanezcan seguras. También debemos esconderlas en nuestro corazón, porque allí son útiles y están listas para cuando las necesitemos, de modo que no las perdamos ni quedemos indefensos en el momento de la necesidad.

Quinto: «Regresa al Todopoderoso» (Job 22:23). No te limites a alejarte del pecado; vuelve a Dios y a tu deber. No te acerques al Todopoderoso solamente con algunos buenos sentimientos y unos primeros pasos, sino regresa completamente a él. Vuelve a casa, vuelve del todo a él, para que tu vida experimente un cambio completo: una reforma plena, interior y exterior, acompañada de una firme decisión de permanecer unido a él.

Sexto: «Aparta la iniquidad de tu tienda». Este era el mismo consejo que Zofar había dado antes (Job 11:14). No permitas que la maldad viva en tu tienda. Aleja el pecado tanto como puedas, no solo de tu corazón y de tus manos, sino también de tu hogar. No basta con que tú mismo no seas malvado. También debes corregir y refrenar el pecado de quienes están bajo tu cuidado. La reforma de la familia es una reforma necesaria. Nosotros y nuestra casa debemos servir al Señor.

Elifaz también le da a Job un fuerte ánimo, pues le dice que, si sigue este buen consejo, será muy feliz. En términos generales, «así vendrá a ti el bien» (Job 22:21). Todo el bien que se ha apartado de ti, todo el bien que tu corazón pueda desear —para esta vida, para el alma o para la eternidad— vendrá a ti. Dios mismo vendrá a ti en pacto y comunión, y con él traerá todo bien, porque todo bien se encuentra en él. Ahora estás arruinado y abatido, pero si vuelves a Dios, volverás a ser edificado y tus ruinas serán reparadas. Tu familia podría ser edificada con hijos, tus bienes con riquezas y tu alma con santidad y consuelo.

Las promesas que Elifaz le hace aquí a Job se dividen en tres partes. Primero, sus bienes prosperarían y recibiría abundantes bendiciones materiales, porque la piedad tiene promesa para la vida presente. Él dice: «Amontonarás oro como polvo» (Job 22:24), en una abundancia tan grande, y tendrás plata en abundancia (Job 22:25), aunque ahora seas pobre y estés despojado de todo. Job había sido rico. Elifaz sospechaba que había obtenido sus riquezas mediante el fraude y la opresión, y que por eso le habían sido quitadas. Pero si Job volvía a Dios y cumplía con su deber, tendría más riquezas que antes: no solo miles de ovejas y bueyes, las riquezas de los agricultores, sino miles de piezas de oro y plata, las riquezas de los príncipes (Job 3:15). En el servicio de Dios se obtienen riquezas mucho mayores —riquezas verdaderas— que en el servicio del mundo.

También tendría algo más seguro. «Pondrás tus riquezas en manos seguras, y lo que obtengas por medio de la piedad estará respaldado por un título más firme que lo que hayas obtenido por el pecado». La plata que tengas será plata firme; es decir, plata obtenida honradamente y que perdurará, como el acero.

Por la gracia de Dios, también dejaría de amar tanto las riquezas, como Elifaz creía que lo había hecho. La riqueza es verdaderamente una bendición cuando no quedamos atrapados por el amor a ella. Guardarás oro, pero lo tratarás como polvo y como las piedras de un arroyo. Lo valorarás tan poco y esperarás tan poco de él que lo pondrás a tus pies, no cerca de tu corazón (Hechos 4:35).

Aun así, estaría muy seguro. Las riquezas suelen poner a las personas en peligro, y Job había reconocido que, durante su prosperidad, no estaba tranquilo ni seguro (Job 3:26). Ahora podría sentirse protegido, porque el Todopoderoso sería su defensor. Sí, él sería su defensa (Job 22:25). La nota marginal dice: «Él será tu oro», usando la misma palabra que se emplea para el oro en Job 22:24. También puede significar una fortaleza, ya que el dinero sirve de protección (Eclesiastés 7:12).

La gente del mundo convierte el oro en su dios, pero el pueblo de Dios convierte a Dios en su oro. Quienes son enriquecidos por su favor y su gracia poseen verdaderamente la mejor clase de oro, y lo tienen bien guardado. Otra posible interpretación es que Dios lo protegería de los ataques de los saqueadores de las regiones cercanas, para que sus riquezas no quedaran expuestas a los sabeos y los caldeos, como había ocurrido antes. Entonces el mal planeado contra él sería desviado y no lo alcanzaría. Verdaderamente están seguros quienes tienen al Todopoderoso mismo como su defensa (Salmo 91:1-3).

Su alma también prosperaría y sería enriquecida con bendiciones espirituales, que son las mejores bendiciones. Entonces viviría deleitándose en Dios. «Te deleitarás en el Todopoderoso», y así el Todopoderoso se convertiría en su oro, porque se deleitaría en él como la gente mundana se deleita en su dinero. Dios sería su riqueza, su defensa y su honor, porque sería su deleite. La manera de recibir los deseos de nuestro corazón es hacer de Dios el deleite de nuestro corazón (Salmo 37:4).

Si Dios se nos da a sí mismo como nuestro gozo, no nos negará nada que sea verdaderamente bueno para nosotros. Ahora Dios te causa terror, como tú mismo has dicho (Job 6:4; Job 16:9; Job 19:11). Pero si vuelves a él, entonces, y solo entonces, se convertirá en tu deleite. Pensar en él será un gozo en vez de un dolor. Ningún deleite se compara con el que las almas que han recibido su gracia encuentran en el Todopoderoso. Quienes lo conocen y se entregan completamente a él descubrirán que su favor no solo es su fuerza, sino también su canción.

También tendría una confianza humilde y santa delante de Dios, como la de quienes no son condenados por su propio corazón (1 Juan 3:21). «Entonces levantarás tu rostro hacia Dios con confianza y no tendrás miedo de acercarte a él». Ahora tienes el rostro inclinado y pareces abatido. Pero una vez que hayas hecho las paces con Dios, ya no te sonrojarás, temblarás ni agacharás la cabeza como lo haces ahora. Te acercarás a él con alegría y buena esperanza, orarás delante de él y esperarás recibir sus bendiciones.

También mantendría una comunión constante con Dios. Una vez restablecida la relación, esta continuaría siendo para él un profundo consuelo. Sería como si hubiera cartas entre la tierra y el cielo, enviadas tanto con regularidad como de vez en cuando (Job 22:27). Él le enviaría cartas a Dios por medio de la oración. «Orarás»; o, más plenamente, multiplicarás tus oraciones a él, y él no considerará molestas tus cartas, aunque sean muchas y extensas. Cuanto más acudimos al trono de la gracia, más bienvenidos somos.

En medio de todas tus cargas, necesidades, temores y preocupaciones, acudirás al cielo en busca de dirección, fortaleza, sabiduría, consuelo y éxito. Dios responderá esas oraciones por medio de su providencia y su gracia, y te dará lo que pides, ya sea concediéndote aquello mismo o dándote su bondad. Te escuchará y demostrará que lo ha hecho por medio de lo que hará por ti y en ti. Entonces responderás a sus respuestas llenas de gracia con alabanza. Cumplirás tus votos, y eso le agradará y te traerá más misericordia. Cuando Dios hace lo que le pedimos en medio de la angustia, debemos tener cuidado de hacer lo que prometimos entonces; de lo contrario, no estamos siendo honestos. Aunque no hayamos prometido nada más, sí prometimos dar gracias, y eso lo incluye todo (Salmos 116:14).

También encontraría paz interior al enfrentar todos sus asuntos externos (Job 22:28). «Decidirás un asunto, y se llevará a cabo para ti». En otras palabras, planearás tu trabajo con tanta sabiduría, gracia y entrega a la voluntad de Dios que el resultado satisfará tu corazón, tal como lo deseabas. Encomendarás tus obras al Señor por medio de la fe y la oración; entonces tus pensamientos quedarán firmes, y estarás tranquilo y satisfecho, pase lo que pase (Proverbios 16:3). La gracia de Dios producirá esto en ti. En ocasiones, la providencia de Dios incluso te dará exactamente aquello que pediste y por lo que oraste, de la manera, el modo y en el tiempo que deseabas.

Cuando un asunto resulta tal como lo planeamos, y nuestras decisiones no son frustradas ni cambiadas, debemos ver el cumplimiento de esta promesa: «Decidirás un asunto, y se llevará a cabo para ti». Ahora te quejas de que la oscuridad te rodea por todas partes, pero entonces la luz brillará sobre tus caminos. Es decir, Dios te guiará y dirigirá, y de ahí se seguirá que hará prosperar tus proyectos. La sabiduría de Dios será tu guía, su favor será tu consuelo y tu camino estará iluminado por ambos. Entonces disfrutarás del presente y mirarás hacia el futuro con paz (Salmos 90:17).

Incluso en tiempos de dificultades y peligros compartidos, tendría gran gozo y esperanza (Job 22:29). «Cuando las personas sean humilladas a tu alrededor, cuando sus asuntos estén en ruinas, su ánimo decaiga, se hundan, se desanimen y estén al borde de la desesperación, entonces dirás: “Hay esperanza de levantarse”». Encontrarás en ti algo que no solo te sostendrá en medio de la aflicción y evitará que te rindas, sino que también te elevará por encima de ella y te permitirá regocijarte siempre. Cuando el corazón de las personas desfallezca por el miedo, los discípulos de Cristo levantarán la cabeza con gozo (Lucas 21:26-28). De esta manera serán hechos cabalgar sobre las alturas de la tierra (Isaías 58:14). Lo que los eleva es la convicción de que Dios salva al humilde. Quienes se humillan serán exaltados, no solo en honor, sino también en consuelo.

Sería una bendición para su país y un instrumento de bien para muchos (Job 22:30). Dios, en respuesta a tus oraciones, librará la isla de los inocentes, y lo hará teniendo en cuenta la pureza de tus manos, necesaria para que nuestras oraciones sean aceptables (1 Timoteo 2:8).

Pero como podríamos pensar que los inocentes no necesitan ser librados, mientras que la culpable Sodoma sí necesitó la oración de Abraham, me inclino por la lectura alternativa que aparece al margen: «El inocente librará la isla», por medio de sus consejos sabios (Eclesiastés 9:14-15), sus oraciones y su relación con Dios (Hechos 27:24). O el sentido podría ser: «Él librará a quienes no son inocentes, y serán librados por la pureza de tus manos», lo cual parece ser la interpretación más probable.

Observa esto: una persona buena es una bendición pública. Los pecadores se benefician de los santos, se den cuenta de ello o no. Si Elifaz quiso insinuar, como algunos piensan, que las oraciones de Job no tenían poder y que sus manos no estaban limpias, pues de ser así habría ayudado a otros incluso más que a sí mismo, después quedó demostrado que estaba equivocado. Cuando quedó claro que Job tenía una posición mejor delante de Dios que Elifaz, Job y sus tres amigos, que no eran inocentes en este asunto, fueron librados por la pureza de las manos de Job (Job 42:8).

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