Versículo destacado
Jeremías 48:14 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" ¿Cómo dicen ustedes: «Somos poderosos y hombres fuertes para la guerra»? "
Jeremías 48:14
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
12 Por tanto, vienen días —dice el SEÑOR— en que enviaré contra él a errantes que lo harán vagar, vaciarán sus vasijas y romperán sus cántaros.
13 Moab se avergonzará de Quemos, como la casa de Israel se avergonzó de Betel, en quien confiaba.
14 ¿Cómo dicen ustedes: «Somos poderosos y hombres fuertes para la guerra»?
15 Moab ha sido saqueado y ha subido fuera de sus ciudades; sus jóvenes escogidos han bajado a la matanza —dice el Rey, cuyo nombre es el SEÑOR de los ejércitos—.
16 La calamidad de Moab está cerca de llegar, y su aflicción se apresura rápidamente.
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La destrucción de Moab se describe ahora con gran amplitud, riqueza de lenguaje y profunda emoción. El propósito no es solo advertirles que se arrepientan y cambien de rumbo, como nación o como individuos, para que puedan evitar o soportar la aflicción que se aproxima. También busca conmovernos ante lo frágil que es la vida humana y lo terrible que puede ser la ira de Dios cuando se levanta para juzgar a un pueblo obstinado.
Al leer estas advertencias y pensar en su horror, es más provechoso permitir que despierten en nosotros un santo respeto por Dios y por su ira, en vez de concentrarnos únicamente en las figuras y las imágenes. El punto principal es bastante claro: Dios es un juez serio, y su ira es temible cuando trata con quienes siguen provocándolo.
Esta destrucción es sorprendente y repentina. Moab se sentía seguro y se creía fuerte para la guerra, capaz de enfrentarse incluso al enemigo más poderoso (Jeremías 48:14). Sin embargo, la calamidad está cerca y nada puede detenerla. El enemigo llega con rapidez, y el juicio avanza velozmente hacia su resultado final (Jeremías 48:16).
El enemigo vendrá como un águila, veloz y fuerte, lanzándose sobre su presa (Jeremías 48:40). Extenderá las alas de su ejército sobre Moab y rodeará la tierra para que nadie pueda escapar. Las fortalezas de Moab serán tomadas por sorpresa (Jeremías 48:41), de modo que toda su fuerza no servirá de nada. Incluso sus hombres valientes perderán el ánimo, porque no tendrán tiempo de fortalecerse con pensamientos de valor. Hace falta una valentía extraordinaria para no rendirse ante un miedo repentino.
Esta también será una destrucción total. Moab será saqueado, completamente arruinado, confundido y derribado (Jeremías 48:15, Jeremías 48:20). Sus ciudades serán quemadas o tomadas, y sus habitantes tendrán que abandonarlas (Jeremías 48:15). Se mencionan varias ciudades para mostrar la amplitud del juicio, y luego la lista termina con «y otras semejantes». No era necesario nombrar más, porque el juicio alcanzará a todas las ciudades de Moab, tanto las cercanas como las lejanas (Jeremías 48:21-24).
Cuando el pecado se extiende por todas partes, tenemos razones para esperar que la calamidad también se extienda. El reino perderá su honor y su poder. El cuerno de Moab, símbolo de su fuerza y dominio, será cortado; su brazo será quebrado, de modo que no podrá atacar ni defenderse (Jeremías 48:25). Si los jóvenes son la fuerza y la belleza de un reino, entonces los jóvenes escogidos de Moab habrán caído en la matanza (Jeremías 48:15). Salieron a la batalla esperando obtener la victoria, pero Dios dice que descendieron para ser asesinados. Aquellos contra quienes Dios pelea están destinados a caer. Al final, Moab será destruido de tal manera que dejará de ser un pueblo (Jeremías 48:42).
Esta destrucción también será profundamente triste. Será motivo de lamento y convertirá la alegría en dolor. El propio profeta llora mientras habla de ella. Por compasión hacia los demás y preocupación por la vida humana, lamentará a gritos la suerte de Moab, y su corazón se afligirá por ellos (Jeremías 48:31). Llorará por la viña de Sibma (Jeremías 48:32), y su corazón sonará como flautas por Moab, lleno de una música dolorosa (Jeremías 48:36). Aunque esta ruina demuestra que es un verdadero profeta, no puede pensar en ella sin sentir dolor.
La ruina de los pecadores no le produce ningún placer a Dios, así que tampoco debería producírnoslo a nosotros. Incluso quienes advierten a otros acerca del juicio deberían sentir el peso de ese juicio. Muchas de estas expresiones se parecen mucho a la profecía de Isaías contra Moab (Isaías 15:1-9, Isaías 16:1-14). Aunque esos mensajes fueron dados en tiempos diferentes, procedían del mismo Espíritu. Los profetas de Dios deben hablar con la misma voz fiel que quienes los precedieron, aunque a veces empleen palabras antiguas con un sentimiento renovado y un propósito nuevo.
Los propios moabitas también llorarán amargamente. Quienes antes se sentaban en medio de la gloria, rodeados de riquezas, alegría y toda clase de placeres, se sentarán ahora en la sed, en una tierra seca donde no habrá agua ni consuelo (Jeremías 48:18). Es justo que aprendan lo que es la aflicción cuando llegue el destructor y los despoje de todo. Los habitantes de las regiones más lejanas, que estarán más seguros del peligro inmediato, seguirán preguntando qué sucede. Le preguntarán a cada sobreviviente: «¿Qué ha pasado?» (Jeremías 48:19). Cuando sepan que todo se ha perdido y que el invasor ha vencido, gritarán con profunda angustia (Jeremías 48:20).
Se entregarán a la soledad y al dolor mientras lamentan la ruina de su país. Abandonarán las ciudades que antes resonaban de alegría y vivirán entre las rocas, en un lugar que reflejará su tristeza. Ya no serán como aves de canto, sino como aves de lamento, semejantes a la paloma (Jeremías 48:28). Quienes se entregan al placer deben recordar que Dios puede cambiar rápidamente su canción.
Su dolor llegará a ser tan extremo que se raparán la cabeza y se harán cortes en el cuerpo (Jeremías 48:37), señales de una tristeza desesperada que puede llevar a las personas a destruirse a sí mismas. Job rasgó su manto y se rapó la cabeza, pero no se hizo cortes. Cuando la pasión se eleva demasiado, la sabiduría y la gracia deben ponerle límites e impedir que llegue a actos tan crueles.
El lamento también será generalizado. Habrá una queja en todos los techos de Moab, donde antes adoraban a sus ídolos, aunque esos dioses falsos no pueden ayudarlos (Jeremías 48:38). También habrá llanto en todas las calles, donde solían encontrarse unos con otros, porque el dolor y el miedo se extenderán de una persona a otra. Verán que todo se ha perdido. Dios dice: «He quebrado a Moab como una vasija que no me agrada, una vasija que nadie recogerá ni reparará».
Lo que Moab más había disfrutado eran sus frutos agradables y su vino abundante. Su alegría provenía de las cosas que complacían los sentidos. Si esas cosas desaparecen, y se destruyen los jardines y los viñedos, la música se detiene (Oseas 2:11-12). Habrá un gran llanto cuando las plantas sean llevadas a otras tierras para ser sembradas allí. El destructor habrá caído sobre la fruta de verano y la cosecha de uvas; por eso el clamor de Hesbón llegará hasta Eleale (Jeremías 48:32, Jeremías 48:34). Si se quita la alegría de los campos fértiles, se quita la alegría de toda la tierra de Moab (Jeremías 48:33).
Si el vino faltara en los lagares, que antes eran pisados entre gritos de alegría, toda su felicidad sería cortada. Al quitar los gritos, ya no quedaría ningún motivo para gritar de alegría. Quienes hacen del consuelo y del placer su principal fuente de alegría, y dependen de ellos como su mayor felicidad, se exponen a un dolor muy severo, porque esas cosas pueden desaparecer en un instante. Pero quienes se alegran en Dios todavía pueden hacerlo aunque la higuera no florezca y no haya fruto en la vid.
Los moabitas no perderán solamente su vino, sino también su agua. Incluso las aguas de Nimrim quedarán desoladas (Jeremías 48:34), y por eso su lamento crecerá hasta hacerse fuerte y descontrolado. Sus gritos se escucharán por todas partes, como el mugido de una novilla de tres años. Estas expresiones provienen de Isaías 15:5, Isaías 15:6.
Se invita a todos sus vecinos a lamentar con ellos y compartir su ruina (Jeremías 48:17). Que quienes viven a su alrededor los consuelen en su dolor y vean que las naciones cercanas se compadecen de ellos. Que incluso los que están lejos, quienes solo conocen su nombre y su reputación, noten su caída y digan: «¡Qué poderoso bastón se ha quebrado, qué vara que hacía temer a los enemigos y que los amigos admiraban por su belleza!». Que las naciones presten atención y aprendan de esto. Nadie debe volverse orgulloso ni confiar en su fuerza o en su belleza, porque ninguna de las dos cosas puede proteger a alguien del juicio de Dios.
También será una destrucción vergonzosa, que los expondrá al desprecio. Moab será embriagado (Jeremías 48:26), y una persona ebria queda humillada y avergonzada. Se revolcará en su propio vómito y se convertirá en un espectáculo repugnante, por lo que será objeto de burlas. Que los moabitas se embriaguen con la copa de la ira de Dios hasta tambalearse y caer, perder el juicio y hacerse ridículos por la descontrolada intensidad de sus pasiones y sus planes. También se dice: «Moab será objeto de burla y espanto para todos los que lo rodean» (Jeremías 48:39). La gente se reirá de la caída del esplendor y del poder de los que antes se jactaban. Quienes son orgullosos se están preparando vergüenza para sí mismos.
También será la destrucción de aquello que más valoraban: no solo sus frutos de verano y su cosecha de uvas, sino también sus riquezas (Jeremías 48:36). Las riquezas que habían acumulado desaparecerán, aunque pensaban que las habían guardado en un lugar seguro y esperaban disfrutarlas durante mucho tiempo. Se habrán ido. El dinero escondido en un cofre puede desaparecer con la misma facilidad que la fruta de verano abandonada en el campo. Las riquezas se esfuman fácilmente, como el polvo que se desliza entre nuestros dedos aunque los cerremos con fuerza.
Pero esto ni siquiera era lo peor. Estos pueblos amaban su falsa religión, por insensata que fuera, y no querían abandonarla. Por eso, lo que para ellos parecía una bendición en realidad era una advertencia (Jeremías 48:35). Dios acabaría con quienes ofrecían sacrificios en los lugares altos, porque esos lugares serían destruidos. Los campos usados para las ofrendas quedarían desolados, y los sacerdotes que quemaban incienso a sus dioses morirían o serían llevados al exilio (Jeremías 48:7). Solo la verdadera fe, y la adoración y el servicio al Dios verdadero, pueden sostenernos en tiempos de angustia.
Esta destrucción también era justa, porque ellos mismos la habían provocado con su pecado. El pecado del que eran más abiertamente culpables, y por el cual Dios ahora los juzgaba, era el orgullo. En Jeremías 48:29 se menciona seis veces. Todos habían oído hablar del orgullo de Moab. Sus vecinos lo habían notado, y ese orgullo se levantaba contra ellos, como antes había ocurrido con el orgullo de Israel. Eran muy soberbios y seguían empeorando. Su altivez, arrogancia, orgullo y presunción se mencionan porque demostraban su soberbia de muchas maneras, y esta ofendía profundamente tanto a Dios como a las personas. Ya habían sido humillados por dificultades anteriores, pero no se habían vuelto humildes. Al contrario, se hicieron todavía más arrogantes, lo que claramente los encaminaba hacia la destrucción completa a la que siempre conduce el orgullo.
Dos ejemplos muestran el orgullo de Moab. Primero, actuaron con arrogancia contra Dios. Serían avergonzados y derribados (Jeremías 48:26), porque se habían levantado contra el Señor. De nuevo se dice que serían destruidos como pueblo por esa misma razón (Jeremías 48:42). Los moabitas pusieron a Quemos por encima del Señor y pensaron que podían enfrentarse al Dios de Israel. Segundo, actuaron con desprecio hacia Israel, especialmente durante las dificultades recientes de Israel. Por eso Moab caería en las mismas dificultades, en las mismas manos, y se convertiría en motivo de burla, porque Israel había sido motivo de burla para ellos (Jeremías 48:26, Jeremías 48:27).
Cuando la mayoría de los moabitas se enteró del sufrimiento y la ruina de sus vecinos judíos, no se lamentó. Al contrario, se alegraron y saltaron de felicidad. Muchas personas sienten un placer secreto cuando cae alguien que no les agrada, aunque lo oculten porque saben que es vergonzoso. Pero los moabitas anunciaron abiertamente su alegría. Mostraron su odio contra Israel y se burlaron de su aflicción; fue una actitud cruel y apartada de Dios. Era un insulto contra personas que compartían la misma naturaleza humana y también contra Dios, cuyo nombre llevaba Israel. Quienes se ríen de otros en tiempos de angustia, con justicia y sin duda terminarán pasando por angustia, y entonces otros se reirán de ellos. Quienes se alegran por las desgracias, especialmente por las desgracias del pueblo de Dios, no quedarán sin castigo por mucho tiempo.
Además, habían mostrado malicia contra el pueblo de Dios y habían actuado con traición contra él (Jeremías 48:30). Se burlaron de la ruina de Judá y Jerusalén, y cuando se reían decían que solo lo hacían por diversión. Pero Dios dice: «Yo conozco su furor». Él sabe que ese furor proviene del antiguo odio que Moab ha guardado durante mucho tiempo contra los descendientes de Abraham y los adoradores del Dios verdadero. Dios sabe que Moab piensa que esas dificultades terminarán en la destrucción total de la nación judía. Ahora les dice a los caldeos cuán malos son los judíos, tratando de incitarlos contra ellos, pero las cosas no resultarán como Moab espera. Sus mentiras no tendrán éxito. La nación cuya caída celebran volverá a levantarse. Algunos entienden estas palabras como «Yo conozco su rabia», es decir, su ira tan intensa. Dios también conoce sus mentiras. ¿Acaso no hablan falsamente contra su pueblo? Él ve toda la furia y toda la falsedad de los enemigos de su pueblo, sin importar las excusas con que intenten ocultarlas (Isaías 37:28).
La ruina llegaría poco a poco, hasta quedar finalmente completa. Los que escaparan de una dificultad caerían en otra. «Terror, foso y trampa» estarían sobre ellos, como dice Jeremías 48:43. El terror los empujaría al foso, y luego la trampa los atraparía allí, de modo que no podrían evitar la destrucción ni escapar de ella.
Lo que Isaías 24:17-18 dice en general acerca de los pecadores se aplica aquí de manera especial a los pecadores de Moab en Jeremías 48:44. Si huían de un peligro, caerían en otro. Ese era el momento de su juicio, cuando Dios venía a pedirles cuentas. Él sería conocido por los juicios que ejecutaría, porque es el Rey cuyo nombre es el Señor de los Ejércitos (Jeremías 48:15). No solo es Rey por derecho y tiene autoridad para juzgar, sino que también es el Señor de los Ejércitos, capaz de llevar a cabo todo lo que ha decidido.
Jeremías 48:45 explica con más detalle esta imagen. Los que escaparan de las aldeas por causa de las fuerzas enemigas pensarían que estarían seguros bajo la protección de Hesbón, una ciudad fortificada. En tiempos de guerra, las personas a veces hacen lo mismo y corren hacia una ciudad fuerte para buscar seguridad. Pero aquí quedarían decepcionados. Al huir de un peligro, caerían en otro. Hesbón, que creían que los protegería, acabaría destruyéndolos, tal como Moisés había advertido mucho tiempo antes en Números 21:28. De Hesbón saldría un fuego, y de la ciudad de Sehón una llama que se extendería hasta los que llegaran de todas partes de Moab. Alcanzaría la cabeza de los hombres ruidosos y jactanciosos: los gobernantes y líderes que tanto presumían de sí mismos.
Luego Jeremías ofrece el resumen final y doloroso en Jeremías 48:46: «¡Ay de ti, Moab! Estás perdido». El pueblo que adoraba a Quemos, el dios falso de Moab, moriría y desaparecería. Sus hijos y sus hijas, la esperanza de la siguiente generación, serían llevados al exilio después de los judíos, cuyo sufrimiento antes habían ridiculizado y celebrado.
Sin embargo, esta destrucción no duraría para siempre. El capítulo termina con una breve promesa de que un día su exilio sería revertido. Dios, que los había llevado al destierro, los haría regresar de él (Jeremías 48:47). Esto muestra cuán compasivamente trató Dios incluso a los moabitas, y cuánto más tiernamente trata a su propio pueblo. Aun con respecto a Moab, no permanecería enojado para siempre.
Cuando Israel regresara, Moab también regresaría, y es posible que la profecía tuviera en parte el propósito de animar al pueblo de Dios mostrando que incluso los moabitas algún día participarían de esa restauración. También apunta hacia los tiempos del evangelio. Los mismos judíos entendían que señalaba hacia los días del Mesías. Entonces Dios devolvería a los gentiles de su cautiverio —su esclavitud al pecado y a Satanás— por medio de su gracia, que los haría verdaderamente libres. Esta larga profecía sobre Moab termina con una nota de consuelo: «Hasta aquí llega el juicio contra Moab».
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De este capítulo
Jeremías 48:1
"Contra Moab, así dice el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: «¡Ay de Nebo, porque ha sido saqueada! Quiriataim ha sido avergonzada y tomada; Misgab ha sido avergonzada y aterrorizada»."
Jeremías 48:2
"Ya no habrá más alabanza de Moab. En Hesbón han tramado el mal contra ella: «Vengan, eliminémosla para que deje de ser una nación». También tú serás derribada, Madmén; la espada te perseguirá."
Jeremías 48:3
"Una voz de clamor vendrá de Horonaim: saqueo y gran destrucción."
Jeremías 48:4
"Moab ha sido destruido; sus pequeños han hecho oír un clamor."
Jeremías 48:5
"Porque por la subida de Luhit subirá un llanto continuo; porque en la bajada de Horonaim los enemigos han oído un grito de destrucción."
Jeremías 48:6
"Huyan, salven sus vidas y sean como el arbusto en el desierto."
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