Versículo destacado
Jeremías 36:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y sucedió en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que esta palabra vino del SEÑOR a Jeremías, diciendo: "
Jeremías 36:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Y sucedió en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que esta palabra vino del SEÑOR a Jeremías, diciendo:
2 Toma un rollo de libro y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel, contra Judá y contra todas las naciones, desde el día en que te hablé, desde los días de Josías hasta este día.
3 Tal vez la casa de Judá oiga todo el mal que me propongo hacerles, para que cada uno se vuelva de su mal camino y yo perdone su maldad y su pecado.
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Al comienzo de la profecía de Ezequiel encontramos un rollo escrito en una visión, para que el propio profeta pudiera aprender y asimilar su contenido (Ezequiel 2:9-10; 3:1). Aquí, cerca del final de la profecía de Jeremías, encontramos un rollo escrito en la vida real, para que el pueblo pudiera escuchar su mensaje y prestarle atención. Tanto la palabra escrita como los buenos libros son muy útiles, tanto para quienes sirven como ministros como para la gente en general.
Dios le ordenó a Jeremías que escribiera un resumen de su predicación, incluyendo todas las advertencias y reprensiones que había dado en el nombre del SEÑOR desde que comenzó a predicar, en el año trece de Josías, hasta el cuarto año de Joacim, rey de Judá (Jeremías 36:2-3). Lo que hasta entonces solo se había expresado de viva voz ahora debía quedar escrito, para que pudiera revisarse, difundirse más ampliamente y conservarse por más tiempo. Lo que se había predicado extensamente y con repetidos recordatorios debía resumirse y reunirse en menos espacio, de modo que sus distintas partes pudieran compararse con mayor facilidad.
Lo que el pueblo había escuchado una vez debía repetirse, para que recordara lo que había olvidado y volviera a sentir el impacto de aquello que no lo había conmovido la primera vez. Lo que quizá ya se había escrito y compartido en sermones separados debía reunirse en un solo rollo, para que nada se perdiera. Esto muestra que las Escrituras mismas fueron escritas por disposición de Dios.
La razón dada para escribir este rollo también es importante: quizá la casa de Judá escucharía (Jeremías 36:3). Esto no significa que Dios no supiera lo que sucedería. Él sabía que actuarían con engaño y rebeldía (Isaías 48:8). Pero, en su sabiduría, dirigió a Jeremías a usar este medio porque era la manera adecuada de buscar el resultado deseado; y, si fracasaba, el pueblo tendría aún menos excusa.
Aunque Dios sabía que no escucharían, no se lo dijo a Jeremías. En cambio, le dio un método que podía funcionar, con la esperanza de que escucharan; es decir, que prestaran verdadera atención, tomaran en cuenta el mensaje y creyeran lo que oían. De lo contrario, escuchar la palabra no nos serviría de nada, aunque un ángel del cielo fuera quien la leyera o la predicara.
La primera esperanza era que escucharan todo el mal que Dios había decidido traer sobre ellos. Pensar seriamente en las consecuencias seguras y terribles del pecado puede hacer mucho para llevarnos a Dios. La segunda esperanza era que escucharan con el fin de que cada uno se apartara de su mal camino. Ese debe ser el objetivo de quienes predican. Escuchar es inútil si no produce un cambio en la vida. ¿De qué sirve escuchar las advertencias de Dios sobre el mal si seguimos practicándolo?
El tercer punto es el gran beneficio de escuchar y apartarse: Dios podría perdonar su pecado. Esto demuestra el honor de la justicia de Dios: Él no perdona el pecado sin arrepentimiento ni sin apartarse de él. También muestra la grandeza de su misericordia. Dios está dispuesto a perdonar y solo espera que los pecadores se acerquen a Él de la manera correcta para recibir ese perdón. Por eso usa muchos medios para llevarnos al arrepentimiento, a fin de poder perdonarnos.
Entonces Jeremías le dio instrucciones a Baruc, su escriba, y el rollo fue escrito conforme a ellas (Jeremías 36:4). Dios le dijo a Jeremías que escribiera, pero parece que Jeremías no podía escribir con tanta rapidez ni con tanta claridad como Baruc, así que lo utilizó como su escriba. El apóstol Pablo también escribió con su propia mano solo algunas de sus cartas (Gálatas 6:11; Romanos 16:22). Dios distribuye sus dones de distintas maneras. Algunas personas tienen el don de hablar y otras el de escribir, y ninguna debe decirle a la otra: «No te necesito» (1 Corintios 12:21).
El Espíritu de Dios dio el mensaje a Jeremías, y Jeremías se lo transmitió a Baruc. Baruc ya había servido a Jeremías como encargado en la compra del campo (Jeremías 32:12), y ahora fue llamado a servir como su escriba y ayudante en su labor profética. Si se puede confiar en el libro apócrifo que lleva el nombre de Baruc, más adelante él llegó a ser profeta para los cautivos en Babilonia. A menudo, quienes comienzan en una posición humilde son elevados a una posición más alta. Es bueno que los futuros profetas aprendan junto a otros profetas y les sirvan fielmente.
Baruc escribió lo que Jeremías le dictó en un rollo hecho de hojas de pergamino o vitela unidas de extremo a extremo, formando una larga tira, quizá enrollada alrededor de un bastón. Después, Jeremías le dijo a Baruc que leyera ante el pueblo lo que había escrito. Jeremías mismo no podía salir ni presentarse en el templo del SEÑOR (Jeremías 36:5). No era un prisionero encerrado en una celda, pues más adelante todavía tuvieron que enviar oficiales para arrestarlo (Jeremías 36:26); pero el rey le había prohibido presentarse en el templo.
Eso lo mantenía alejado del lugar donde podría haber estado sirviendo a Dios y haciendo el bien, algo tan doloroso para él como estar encerrado en un calabozo. Joacim se apresuraba hacia la ruina al silenciar de esa manera a los mensajeros fieles de Dios. Pero cuando Jeremías no pudo ir al templo, envió a otra persona en su lugar para leer al pueblo lo que él mismo habría dicho. Pablo hizo algo parecido cuando escribió cartas a iglesias que no podía visitar personalmente.
De hecho, esto era lo que Jeremías les había dicho muchas veces al pueblo. Escribir los sermones y volver a leerlos puede ayudar mucho a cumplir el propósito de la predicación. Lo que hemos escuchado y ya conocemos todavía es bueno volver a escucharlo, para conocerlo mejor. Predicar y escribir la misma verdad es seguro, útil y muchas veces necesario (Filipenses 3:1). Debemos alegrarnos de escuchar una buena palabra de Dios, aunque nos llegue por medio de otra persona.
Tanto quienes ministran como el pueblo deben hacer lo que puedan cuando no pueden hacer lo que quisieran. Observemos que, cuando Dios ordenó leer el rollo, dijo que quizá escucharían y se apartarían de sus malos caminos (Jeremías 36:3). Cuando Jeremías dio la orden, dijo que quizá orarían; es decir, que presentarían sus súplicas delante del SEÑOR y se apartarían de su mal camino. Orar pidiendo la gracia para apartarnos del pecado es necesario si realmente hemos de apartarnos. Quienes, por medio de la palabra de Dios, están convencidos de que deben volver a Él, le pedirán esa gracia.
Pensar en la gran ira que Dios ha declarado contra el pecado debe impulsar tanto nuestras oraciones como nuestros esfuerzos. Así que, siguiendo estas instrucciones, Baruc leía del libro las palabras del SEÑOR cada vez que había una reunión solemne (Jeremías 36:8).
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De este capítulo
Jeremías 36:2
"Toma un rollo de libro y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel, contra Judá y contra todas las naciones, desde el día en que te hablé, desde los días de Josías hasta este día."
Jeremías 36:3
"Tal vez la casa de Judá oiga todo el mal que me propongo hacerles, para que cada uno se vuelva de su mal camino y yo perdone su maldad y su pecado."
Jeremías 36:4
"Entonces Jeremías llamó a Baruc hijo de Nerías, y Baruc escribió de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras del SEÑOR que le había hablado."
Jeremías 36:5
"Y Jeremías ordenó a Baruc: Estoy recluido; no puedo entrar en la casa del SEÑOR."
Jeremías 36:6
"Ve, pues, y lee en el rollo que escribiste de mi boca las palabras del SEÑOR a oídos del pueblo en la casa del SEÑOR, el día del ayuno. También las leerás a oídos de todo Judá que venga de sus ciudades."
Jeremías 36:7
"Tal vez presenten su súplica ante el SEÑOR y cada uno se vuelva de su mal camino, porque grande es la ira y el furor que el SEÑOR ha pronunciado contra este pueblo."
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