Versículo destacado
Jeremías 23:33 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Cuando este pueblo, un profeta o un sacerdote te pregunte: “¿Cuál es la carga del SEÑOR?”, entonces les dirás: “¿Qué carga? Yo los abandonaré”, dice el SEÑOR. "
Jeremías 23:33
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
31 Miren, yo estoy contra los profetas —dice el SEÑOR— que usan su lengua y dicen: “Él dice”.
32 Miren, yo estoy contra los que profetizan sueños falsos —dice el SEÑOR—, los cuentan y hacen que mi pueblo se desvíe con sus mentiras y su ligereza. Sin embargo, yo no los envié ni les di órdenes; por tanto, no beneficiarán en absoluto a este pueblo, dice el SEÑOR.
33 Cuando este pueblo, un profeta o un sacerdote te pregunte: “¿Cuál es la carga del SEÑOR?”, entonces les dirás: “¿Qué carga? Yo los abandonaré”, dice el SEÑOR.
34 En cuanto al profeta, al sacerdote o al pueblo que diga: “La carga del SEÑOR”, yo castigaré a ese hombre y a su casa.
35 Así dirá cada uno a su prójimo y cada uno a su hermano: “¿Qué ha respondido el SEÑOR?” y “¿Qué ha dicho el SEÑOR?”.
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La profanación del pueblo, junto con la de los sacerdotes y profetas, es reprendida aquí en un caso particular. Podría parecer insignificante en comparación con sus pecados más graves, pero la manera descuidada de hablar y la corrupción del lenguaje de una nación son señales claras de que el pecado se está extendiendo. Por eso no sorprende que este asunto se trate con tanta firmeza.
El pecado que se les acusa es que se burlaban de los profetas de Dios y convertían las cosas sagradas en motivo de chiste. Preguntaban: «¿Cuál es la carga del SEÑOR?» (Jeremías 23:33, 34, 38). Esa era la expresión que ofendía a Dios, porque cada vez que hablaban de la palabra del Señor, usaban «la carga del SEÑOR» con desprecio y burla. Los profetas habían usado esa expresión con seriedad para mostrar el peso del mensaje de Dios, su importancia y la manera en que debía impactar profundamente a quienes lo escuchaban.
Las palabras de los falsos profetas no tenían verdadero peso, pero las palabras de Dios sí. Sus dichos eran como paja: ligeros e inútiles. En cambio, la palabra de Dios era como trigo: sustanciosa y capaz de dar vida. Los burlones tomaron una expresión solemne y la convirtieron en un chiste y en una frase hecha, para que la gente se riera cuando los profetas la usaran y no se sintiera movida a tomar el mensaje en serio. Satanás siempre ha usado esta estrategia: convertir las cosas santas en objeto de diversión y burla para debilitar su poder.
Tal vez también se burlaban de esa expresión porque pensaban que era inapropiada, una frase nueva inventada por los profetas que no aparecía en los escritos clásicos. Pero si las personas tienen libertad para crear expresiones nuevas en otras áreas del conocimiento, ¿por qué habría objeciones a ese lenguaje en la teología? Y, sobre todo, el Espíritu de Dios no está limitado por nuestras reglas de expresión.
Algunos piensan que, como «la carga del SEÑOR» solía referirse a palabras de advertencia o juicio, los burlones usaban esa expresión para dar a entender que Dios siempre les imponía exigencias pesadas, los perturbaba y los atemorizaba. De esa manera, convertían la palabra de Dios en una molestia constante para sí mismos y luego culpaban a los ministros de hacer que el mensaje pareciera una carga. Lo mismo sucede hoy: quienes desprecian el cielo y la salvación suelen acusar a los ministros fieles de predicar solamente el infierno y el juicio.
En todo esto, Dios ve la falta de respeto hacia las cosas sagradas y se siente profundamente ofendido. La gente puede reírse de semejante ingenio, pero no hay sabiduría en ello, y al final eso quedará claro. «No se burlen, o sus cadenas se harán más fuertes» (Isaías 28:22). Es probable que entre los culpables hubiera algunos falsos profetas, que intentaban quitarles a los profetas verdaderos la autoridad de la palabra de Dios; algunos sacerdotes, que buscaban motivos para acusarlos; y algunas personas que habían aprendido esa irreverencia de sacerdotes y profetas corruptos. El pueblo no habría tratado así al profeta ni a su Dios si los sacerdotes y profetas, que eran líderes en la maldad, no le hubieran mostrado ese camino.
Cuando se les reprende por hablar de esa manera irreverente, también se les enseña cómo hablar correctamente. A los profetas no se les ordena dejar de usar por completo la expresión. La palabra vuelve a usarse más adelante en las Escrituras (Zacarías 9:1; Malaquías 1:1; Nahúm 1:1; Habacuc 1:1), y no se muestra que Jeremías la haya usado de esa manera ni antes ni después. En muchos casos, es prudente evitar palabras que han sido mal utilizadas, aunque en sí mismas sean legítimas. Pero aquí Dios le dice al profeta que permanezca fiel a su llamado: «Que ellos regresen a ti, pero tú no regreses a ellos» (Jeremías 15:19). Jeremías no debía dejar de usar la expresión; ellos debían dejar de abusar de ella.
Se les ordena no volver a usar la frase «la carga del SEÑOR» de esa manera profana y descuidada (Jeremías 23:36), porque eso distorsiona las palabras del Dios vivo y las usa indebidamente. Es algo pecaminoso y peligroso, especialmente cuando recordamos que él es el SEÑOR de los ejércitos, nuestro Dios. Si de verdad viéramos a Dios como grande y bueno, y sintiéramos como corresponde nuestro deber y nuestra relación con él, no nos atreveríamos a burlarnos de sus palabras. Es una insolencia vergonzosa abusar del Dios vivo, del SEÑOR de los ejércitos y de nuestro Dios.
Entonces, ¿cómo debían hablar? «¿Qué les ha respondido el SEÑOR?» y «¿Qué ha hablado el SEÑOR?» (Jeremías 23:37). Debían usar esas expresiones al preguntarle a un profeta, y también al preguntarse unos a otros (Jeremías 23:35). Siempre debemos hablar de las cosas de Dios con reverencia y seriedad, como corresponde a las palabras de Dios. Es bueno preguntar cuál es la voluntad de Dios, preguntarles a nuestros hermanos en la fe qué han escuchado de Dios o preguntarles a los profetas qué mensaje traen de parte de él. Pero, si lo hacemos correctamente, debemos hacerlo con un espíritu adecuado y de una manera apropiada. Los ministros pueden aprender aquí que, cuando corrigen a las personas por su manera incorrecta de hablar o actuar, también deben enseñarles una forma mejor de hacerlo.
Como no quisieron abandonar esa manera de hablar, aun después de recibir la advertencia, Dios los amenaza con la ruina. Continuaron diciendo «la carga del SEÑOR» incluso después de que Dios lo había prohibido (Jeremías 23:38). Mostraron poco respeto por la autoridad divina al negarse a detenerse aun después de haber recibido la orden. Pero Dios deja claro lo que sucederá. Tratará con severidad a quienes distorsionan sus palabras y hablan mal de ellas, y demostrará que burlarse de sus mensajeros es una ofensa grave. «Castigaré a ese hombre y a su familia», ya sea profeta, sacerdote o una persona común, «por decir: “La carga del SEÑOR”» de esa manera (Jeremías 23:34). Distorsionar la palabra de Dios y ridiculizar a quienes la predican trae juicio sobre las familias y puede dejar una maldición duradera sobre un hogar.
Jeremías 23:36 presenta otra advertencia: la palabra de cada persona se convertirá en su propia carga. Es decir, la culpa de este pecado será tan pesada que la arrastrará a la ruina. Dios hará que su propia lengua se vuelva contra ellos (Salmos 64:8).
Dios les dará suficiente de su propio chiste, hasta que ya no quieran hablar de «la carga del SEÑOR». Será un asunto demasiado serio para burlarse de él. Son como un loco que lanza brasas, flechas y muerte por todas partes mientras finge que solamente está jugando.
2. Aunque estas personas distorsionaron las palabras de Dios, esas palabras se cumplirían. Ellos preguntaban: «¿Cuál es la carga del SEÑOR?». Entonces el profeta debía preguntarles: «¿Qué clase de carga quieren decir? ¿Es esta: “Yo los abandonaré por completo”?» (Jeremías 23:33). Esa sería la carga que se les pondría y se les ataría (Jeremías 23:39-40): «Miren, yo mismo los olvidaré por completo y los abandonaré. Los dejaré y no pensaré en volver a ustedes». Son verdaderamente miserables quienes son olvidados y abandonados por Dios, y la burla humana no puede detener sus juicios.
Jerusalén había sido la ciudad que Dios escogió para sí como ciudad santa, y que luego les dio a ellos y a sus antepasados. Ahora sería abandonada y olvidada. Dios los había escogido como un pueblo cercano a él, pero ahora serían expulsados de su presencia. Antes habían sido grandes y honrados entre las naciones, pero ahora Dios traería sobre ellos vergüenza duradera y deshonra perpetua. Tanto su pecado como su castigo permanecerían como una desgracia permanente, escrita para que todos la vieran y recordada hasta el fin del mundo.
Esta es una advertencia de que la palabra de Dios será honrada y demostrará ser verdadera, mientras que quienes se burlan de ella serán humillados y hechos despreciables. Los que lo desprecian serán tenidos en poca estima.
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De este capítulo
Jeremías 23:1
"¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi prado!, dice el SEÑOR."
Jeremías 23:2
"Por tanto, así dice el SEÑOR, Dios de Israel, contra los pastores que apacientan a mi pueblo: «Ustedes han dispersado mi rebaño, lo han ahuyentado y no lo han atendido. Miren, yo los castigaré por la maldad de sus acciones», dice el SEÑOR."
Jeremías 23:3
"Yo reuniré al remanente de mi rebaño de todos los países adonde lo he expulsado y lo haré volver a sus rediles; será fecundo y se multiplicará."
Jeremías 23:4
"Pondré sobre él pastores que lo apacienten; ya no tendrá miedo ni se aterrorizará, y ninguna oveja faltará, dice el SEÑOR."
Jeremías 23:5
"Miren, vienen días —dice el SEÑOR— en que levantaré para David un Renuevo justo. Un Rey reinará y prosperará, y ejercerá juicio y justicia en la tierra."
Jeremías 23:6
"En sus días Judá será salvado, e Israel vivirá seguro. Este será el nombre con el que será llamado: EL SEÑOR, JUSTICIA NUESTRA."
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