Versículo destacado
Jeremías 15:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces el SEÑOR me dijo: Aunque Moisés y Samuel estuvieran delante de mí, mi ánimo no estaría a favor de este pueblo. Échalos de mi presencia y deja que se vayan. "
Jeremías 15:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Entonces el SEÑOR me dijo: Aunque Moisés y Samuel estuvieran delante de mí, mi ánimo no estaría a favor de este pueblo. Échalos de mi presencia y deja que se vayan.
2 Y sucederá que, si te preguntan: «¿Adónde iremos?», tú les dirás: Así dice el SEÑOR: Los destinados a la muerte, a la muerte; los destinados a la espada, a la espada; los destinados al hambre, al hambre; y los destinados al cautiverio, al cautiverio.
3 Y pondré sobre ellos cuatro clases, dice el SEÑOR: la espada para matar, los perros para despedazar, y las aves del cielo y las bestias de la tierra para devorar y destruir.
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Pocos pasajes muestran con tanta fuerza la ira de Dios contra un pueblo obstinado como estos versículos. Jeremías había orado sinceramente por ellos, y otros se habían unido a él; sin embargo, no lograron aplazar el juicio ni suavizarlo. La respuesta de Dios deja claro que la sentencia ya había sido pronunciada, que no podía revertirse y que pronto se ejecutaría.
Lo primero que debemos notar es el pecado en el que se fundamenta esta sentencia tan severa. El texto mira hacia un mal antiguo: Manasés, rey de Judá, y lo que hizo en Jerusalén (Jeremías 15:4). En otro pasaje se nos dice que Jerusalén fue destruida precisamente por esa razón, especialmente por su idolatría y por la sangre inocente que derramó, algo que el SEÑOR no quiso perdonar (2 Reyes 24:3-4). Se le llama hijo de Ezequías porque ser hijo de un padre tan bueno hacía que su pecado fuera aún más grave, no menos. Habían pasado muchos años desde el tiempo de Manasés, pero su pecado todavía se tenía en cuenta. Esto muestra que la culpa por derramar sangre no desaparece con el tiempo y que una demora no equivale a un perdón.
El juicio también se fundamenta en la dureza actual de su corazón. Dios dice que lo habían abandonado, que se habían apartado de su servicio y que habían retrocedido del camino que él les había señalado (Jeremías 15:6). Su negativa obstinada a arrepentirse también es evidente, porque no regresan de sus propios caminos a los mandamientos de Dios (Jeremías 15:7). Hay misericordia para quienes se han descarriado si regresan, pero quienes siguen aferrándose a la rebelión no pueden esperar el favor de Dios.
La sentencia misma significa ruina total. Dios dice que ya no los mirará con favor; su corazón no estará inclinado hacia ellos. El Dios santo no puede seguir deleitándose en personas que sienten un rechazo tan profundo hacia él. Por eso dice: «Échalos de mi presencia», es decir, los tratará como algo detestable y ofensivo, y ya no los soportará.
También dice que no permitirá que nadie interceda por ellos, ni siquiera Moisés o Samuel (Jeremías 15:1). Moisés y Samuel eran dos de los ejemplos más grandes de oración y mediación, es decir, de ponerse entre Dios y su pueblo pecador para pedir misericordia por él. En muchas ocasiones Israel habría sido destruido si Moisés no hubiera intercedido, y las oraciones de Samuel también habían ayudado a salvarlo (1 Samuel 12:19). Sin embargo, ni siquiera la intercesión de ellos sería suficiente en esta ocasión. El punto es que, si ni siquiera santos tan grandes podían apartar este juicio, Jeremías no debía esperar lograrlo. Estas palabras también sugieren que los santos en el cielo no actúan como intercesores de los santos en la tierra. Cristo es el único mediador en la vida venidera, aunque Moisés, Samuel y otros cumplieron esa función en su propio tiempo.
Después, Dios dice que serán entregados a un juicio destructor tras otro. Si los expulsa de su presencia, ¿adónde podrán ir para estar seguros (Jeremías 15:2)? A ninguna parte. Algunos morirán por la peste, una muerte que llega sin una fuerza humana visible, como una plaga (Apocalipsis 6:8). Otros morirán por la espada, cada uno cayendo de la manera que le ha sido destinada. El cautiverio aparece al final, probablemente porque es el más duro de todos: trae un sufrimiento prolongado y una carga completa de aflicción.
La espada vuelve a mencionarse en Jeremías 15:3, y sobre ellos se nombran cuatro agentes destructores, como oficiales al mando de soldados. Si algunos escapan de la espada, aun así serán eliminados por la peste, el hambre o el cautiverio. Si algunos caen por la espada, siguen estando bajo el juicio de Dios, que persigue a los pecadores incluso más allá de la muerte. Hasta los perros despedazarán a los que queden tendidos en el campo. Y si alguien piensa que puede escapar de la justicia, será convertido en un ejemplo público de ella y dispersado entre muchos reinos de la tierra (Jeremías 15:4), como Caín, que se convirtió en una advertencia errante para todos.
Caerán sin que nadie pueda ayudarlos. Dios mismo, quien había sido su Dios, se vuelve contra ellos y dice: «Extenderé mi mano contra ustedes». Esto significa un golpe deliberado y firme, que alcanzará lejos y herirá profundamente. También dice: «Estoy cansado de tener compasión» (Jeremías 15:6), una frase impactante que muestra cuánto tiempo habían puesto a prueba su paciencia, especialmente al fingir arrepentimiento sin una intención verdadera. Dios había retenido muchas veces su ira, pero ahora no habría más demora. Qué miserable es la condición de quienes pecan tanto tiempo contra la misericordia de Dios que finalmente la pierden.
La tierra misma también se vuelve contra ellos y los expulsa, tal como en otro tiempo había expulsado a los cananeos, conforme a la advertencia de la ley (Levítico 18:28). Dios dice que los aventará con un aventador en las puertas de la tierra, es decir, los dispersará por las puertas de sus propias ciudades y por las puertas de las naciones vecinas (Jeremías 15:7). Sus propios hijos, que debían haberlos ayudado cuando hablaran con el enemigo en la puerta de la ciudad, les serán quitados. Dios dice que los dejará sin hijos, de modo que habrá poca esperanza de que la siguiente generación restaure su prosperidad. Cuando el pueblo sea destruido, la tierra misma pronto quedará desolada.
Esta imagen oscura se amplía en los versículos siguientes, donde se hace venir contra ellos al destructor. Cuando Dios tiene que realizar una obra sangrienta, encuentra instrumentos sangrientos para llevarla a cabo.
A Nabucodonosor se le llama saqueador del mediodía, no ladrón de la noche. No se lo presenta como alguien que teme ser descubierto, sino como uno que rompe abiertamente toda defensa y destruye los derechos de los demás a plena luz del día. Algunos entienden la frase así: «He traído contra la madre a un joven saqueador», porque Nabucodonosor todavía era joven cuando invadió Judá por primera vez, en el primer año de su reinado.
El versículo también puede significar: «He traído contra ella, contra la madre de los jóvenes, a un saqueador». En ese caso, Jerusalén sería como una ciudad madre con muchos jóvenes. O quizá se refiera especialmente al dolor de las madres que tenían muchos hijos aptos para la guerra. Esos hijos pronto arriesgarían la vida en el campo de batalla, probablemente caerían ante un enemigo más fuerte que ellos y causarían una profunda tristeza a las madres que los habían criado con tanto cuidado.
El mismo Dios que hizo venir al saqueador contra ellos también hizo que este cayera de repente sobre el botín, y entonces el terror llegó a la ciudad. Las palabras hebreas son muy abruptas: «la ciudad y los terrores», como si dijeran: «Ciudad, ¡qué espanto vendrá sobre ti!». La ciudad y sus terrores aparecen unidos, aunque antes parecían estar muy lejos unos de otros. El Sr. Gataker lo entiende así: «De repente traeré contra ella un vigilante y terrores», pues la palabra puede significar «vigilante» (Daniel 4:13, Daniel 4:23), y a los soldados caldeos se les llamaba vigilantes (Jeremías 4:16).
Luego se describe una matanza espantosa. Primero, las esposas quedan sin marido. «Sus viudas se han multiplicado más que la arena de los mares»; tantas han llegado a ser. En otro tiempo Dios había prometido que los hombres de Israel serían numerosos como la arena del mar, pero ahora son derribados y sus viudas llegan a ser igualmente incontables. Sin embargo, Dios dice: «Las he hecho venir sobre ellos». Aunque sus esposos murieron por la espada de su justicia, las viudas fueron recibidas en los brazos de su misericordia. Dios incluso ha tomado el título de Dios de las viudas como uno de sus nombres honorables.
En segundo lugar, los padres son privados de sus hijos. La madre que había dado a luz a siete hijos, esperando que fueran el apoyo y la alegría de su vejez, ahora desfallece después de verlos morir a todos por la espada en un solo día. La que tenía muchos hijos se debilita (1 Samuel 2:5). Esto muestra cuán incierto puede ser el consuelo que proporcionan los hijos y debería enseñarnos a disfrutarlos sin aferrarnos demasiado a ellos. Cuando matan a sus hijos, la madre entrega el espíritu porque su vida estaba ligada a la de ellos. Su sol se pone mientras todavía es de día. Pierde todos sus consuelos justo cuando pensaba que estaba en medio de disfrutarlos.
Ahora se siente avergonzada y confundida al pensar en lo orgullosa que estaba de sus hijos, cuánto los amaba y cuánto esperaba recibir de ellos. Algunos entienden que esta madre afligida representa a Jerusalén, que llora la muerte de su pueblo con la misma profundidad con que cualquier madre llora a sus hijos. Muchos ya han sido eliminados, y los demás, que escaparon y de quienes se esperaba que formaran una nueva generación, también serán entregados a la espada delante de sus enemigos, dice el SEÑOR, el Juez del cielo y de la tierra, quien siempre juzga rectamente, aun cuando la sentencia parezca severa.
Caerán sin que nadie se compadezca de ellos (Jeremías 15:5). «¿Quién tendrá compasión de ti, Jerusalén?». Cuando Dios te ha expulsado de su presencia y su compasión se ha apartado de ti, ni los enemigos ni los amigos te mostrarán misericordia. Nadie se solidarizará contigo, llorará por ti ni se tomará la molestia de preguntar cómo estás.
Esto se debía a que sus amigos también estaban atrapados en los mismos problemas y bastante tenían con lamentar su propia miseria. Además, era evidente para todos los que los rodeaban que ellos mismos habían provocado aquella ruina al negarse a abandonar su pecado. Muchas veces se les había exhortado a arrepentirse y cambiar, pero no quisieron escuchar. Entonces, ¿quién podría compadecerse de ellos? Israel se había destruido a sí mismo. Los que podían haber sido salvados con tan poco que se les pedía, pero no quisieron hacerlo, perecerían para siempre sin que nadie se compadeciera de ellos.
De esta manera, Dios completaría su sufrimiento. Alejaría de ellos a sus conocidos, tal como lo hizo con los amigos de Job, y debemos reconocer su mano justa tanto en la frialdad de los amigos como en los daños causados por los enemigos.
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De este capítulo
Jeremías 15:2
"Y sucederá que, si te preguntan: «¿Adónde iremos?», tú les dirás: Así dice el SEÑOR: Los destinados a la muerte, a la muerte; los destinados a la espada, a la espada; los destinados al hambre, al hambre; y los destinados al cautiverio, al cautiverio."
Jeremías 15:3
"Y pondré sobre ellos cuatro clases, dice el SEÑOR: la espada para matar, los perros para despedazar, y las aves del cielo y las bestias de la tierra para devorar y destruir."
Jeremías 15:4
"Haré que sean dispersados por todos los reinos de la tierra, por causa de Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén."
Jeremías 15:5
"Porque ¿quién tendrá compasión de ti, Jerusalén? ¿Quién se lamentará por ti? ¿Quién se desviará de su camino para preguntar cómo estás?"
Jeremías 15:6
"Tú me has abandonado, dice el SEÑOR; has retrocedido. Por eso extenderé mi mano contra ti y te destruiré; estoy cansado de arrepentirme."
Jeremías 15:7
"Los aventaré con un aventador en las puertas del país; los dejaré sin hijos y destruiré a mi pueblo, porque no abandonan sus caminos."
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