Versículo destacado
Jeremías 1:4 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo: "
Jeremías 1:4
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
2 A él vino la palabra del SEÑOR en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año trece de su reinado.
3 También vino en los días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el final del año once de Sedequías hijo de Josías, rey de Judá, hasta que Jerusalén fue llevada cautiva en el quinto mes.
4 Entonces vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
5 «Antes de formarte en el vientre, te conocí; antes de que salieras de la matriz, te santifiqué y te ordené profeta para las naciones».
6 Entonces dije: «¡Ah, Señor DIOS! Mira, no puedo hablar, porque soy un niño».
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Aquí vemos el llamado inicial de Jeremías al trabajo y al ministerio de profeta. Dios le dio a conocer esto para que desde temprano prestara atención a esa tarea (Jeremías 1:4-5). La palabra del SEÑOR vino a él con la plena seguridad de que realmente procedía de Dios y no era una impresión falsa. Dios le comunicó dos aspectos importantes de su llamado.
En primer lugar, Dios lo había designado como profeta para las naciones, o contra las naciones. Judá, la nación judía, aparece primero en este contexto y, en cierto sentido, se cuenta entre las naciones porque había imitado sus caminos y se había unido a su idolatría. Jeremías no fue enviado únicamente a los judíos, sino también a las naciones vecinas. A esas naciones debía enviarles yugos (Jeremías 27:2-3) y hacerlas beber la copa de la ira del SEÑOR (Jeremías 25:17). A través de sus escritos, todavía es profeta para las naciones, incluida la nuestra. Advierte a todos los pueblos sobre los juicios que pueden venir sobre una nación a causa de sus pecados. Sería bueno para las naciones que escucharan a Jeremías y prestaran atención a sus advertencias.
En segundo lugar, Dios le mostró a Jeremías que este llamado había sido planeado antes de su nacimiento, dentro del propósito eterno de Dios. Jeremías debía entender que Aquel que le dio su comisión también le dio la vida. Dios lo formó en el vientre y lo trajo al mundo; por eso Jeremías le pertenecía y podía ser usado por Dios como él quisiera. Este llamado procedía del propósito que Dios tenía para él antes de su nacimiento: «Yo te conocí y te aparté». Es decir, Dios había determinado que sería profeta y lo había señalado para esa tarea. Pablo habla de manera similar acerca de sí mismo, diciendo que Dios lo apartó desde el vientre de su madre para ser cristiano y apóstol (Gálatas 1:15).
Aquí debemos observar tres cosas. Primero, el gran Creador sabe cómo usará a cada persona antes de crearla. Él hizo todas las cosas para sí mismo y, del mismo barro, forma un vaso para honra y otro para deshonra, según su voluntad (Romanos 9:21). Segundo, aquello que Dios ha planeado para las personas es lo que las llamará a hacer, porque sus propósitos no pueden fracasar. Dios conoce de antemano todas sus obras; su conocimiento es perfecto y su propósito no cambia. Tercero, Dios tiene un plan y un cuidado especiales para sus profetas y ministros, es decir, para quienes hablan y sirven en su nombre. Los prepara para su labor mediante un propósito especial y también los capacita para realizarla: «Yo te conocí, yo te aparté». Dios los prepara para el trabajo desde el momento en que forma el espíritu humano dentro de ellos. Como dice el antiguo refrán, el profeta nace, no se hace; es decir, Dios le concede ese don especial desde el principio.
Jeremías respondió rechazando modestamente esa tarea honorable (Jeremías 1:6). Aunque Dios la había planeado para él, fue una sorpresa escuchar que debía ser profeta para las naciones. Nosotros no sabemos para qué nos tiene destinados Dios, pero él sí lo sabe. Uno podría pensar que Jeremías recibiría esto como un ascenso, y en cierto sentido lo era. Sin embargo, él objeta porque se siente incapaz para la tarea. «¡Ah, SEÑOR Dios!», dice. «No puedo hablarles a personas importantes ni a multitudes como deben hacerlo los profetas. No sé expresarme bien ni con fluidez, y no sé cómo comunicar correctamente un mensaje de parte de Dios. No tengo autoridad, y la gente no me escuchará porque solo soy un muchacho y despreciarán mi juventud».
Cuando tenemos que realizar alguna tarea para Dios, es correcto temer hacerla mal. Debemos preocuparnos de que nuestra debilidad y falta de habilidad puedan perjudicar la obra. También es correcto pensar humildemente de nosotros mismos y no confiar en nuestra propia capacidad. Los jóvenes deben recordar que son jóvenes, ser prudentes como lo fue Eliú y no ir más allá de lo que pueden manejar.
Entonces Dios aseguró bondadosamente a Jeremías que lo sostendría y lo acompañaría durante su ministerio. Jeremías no debía decir que solo era un muchacho, porque aun así sería profeta (Jeremías 1:7). Era cierto que era joven, pero eso no debía impedirle obedecer el mandato de Dios. Tenía que ir a todos aquellos a quienes Dios lo enviara y hablar todo lo que Dios le ordenara. Aunque nos sintamos débiles e incapaces, eso debe hacernos humildes al realizar la obra, no alejarnos de ella cuando Dios nos llama. Dios se enojó con Moisés incluso cuando este presentó excusas aparentemente modestas (Éxodo 4:14).
Jeremías también contaba con la presencia de Dios, por lo que su juventud no debía llenarlo de temor. Aunque era joven, podría ir a todos aquellos a quienes Dios lo enviara, incluso si eran muchos y poderosos. Cualquier cosa que Dios le ordenara, Jeremías recibiría el discernimiento, la memoria y las palabras necesarias para comunicarla correctamente. Samuel llevó el mensaje de Dios a Elí cuando todavía era un niño pequeño. Cuando quiere, Dios puede hacer profetas aun a los niños y mostrar su poder por medio de la boca de los pequeños y de los que todavía maman.
Jeremías tampoco debía temer a los muchos enemigos ni a la fuerte oposición que enfrentaría. Dios sería su protector (Jeremías 1:8). «No tengas miedo de sus rostros», le dice Dios, refiriéndose a sus miradas orgullosas y expresiones amenazantes. Aunque intentaran intimidarlo y avergonzarlo para que guardara silencio, no debía temer hablarles, aun cuando el mensaje fuera sumamente desagradable. Hablaba en nombre del Rey de reyes y con su autoridad, y eso le daba valor. Aunque ellos mostraran enojo, no debía temer su desagrado ni preocuparse por lo que pudiera suceder después. Quienes llevan el mensaje de Dios no deben temer los rostros humanos (Ezequiel 3:9). Jeremías tenía toda razón para ser valiente y permanecer tranquilo, porque Dios estaba con él, no solo para ayudarlo en su trabajo, sino también para rescatarlo de quienes lo perseguirían. Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra de nosotros? Si Dios no libra a sus ministros de las dificultades, en la práctica es lo mismo cuando los sostiene en medio de ellas. Como observa sabiamente el señor Gataker, los reyes terrenales por lo general no acompañan a sus embajadores, pero Dios sí acompaña a quienes envía. Él siempre está presente con sus siervos, protegiéndolos con su poder dondequiera que vayan, y eso debe darles valor (Hechos 18:10).
Jeremías tampoco debía decir que no podía hablar de una manera adecuada para la tarea. Dios le daría la capacidad de hablar. Él hablaría con claridad y como alguien que conocía a Dios (Jeremías 1:9). Ahora que Jeremías había contemplado una visión de la gloria de Dios, el SEÑOR extendió su mano y, mediante una señal visible, le dio lo necesario para hablar. Tocó la boca de Jeremías y, con ese toque, abrió sus labios para que su boca pudiera alabar a Dios. Mediante ese mismo toque, también puso con ternura las palabras de Dios en su boca, listas para cuando las necesitara. Jeremías nunca se quedaría sin palabras, porque Aquel que creó el habla humana era quien lo capacitaba. Dios no solo puso conocimiento en su mente, sino también palabras en su boca, porque el Espíritu Santo también enseña las palabras (1 Corintios 2:13). Es apropiado que el mensaje de Dios se comunique con las palabras de Dios, para que sea transmitido fielmente. «Habla con mis palabras», se le dijo a Ezequiel (Ezequiel 3:4).
Quienes hablan fielmente en nombre de Dios no quedarán sin las palabras que necesitan. Dios les dará tanto el mensaje como la sabiduría en el momento oportuno (Mateo 10:19). También hablarán con poder, como personas que tienen autoridad de parte de Dios (Jeremías 1:10).
La comisión dada a Jeremías es extraordinaria: «Mira, hoy te he puesto sobre las naciones y sobre los reinos». Esto suena muy grandioso, pero Jeremías sigue siendo un sacerdote pobre y humilde. No es puesto sobre los reinos como un príncipe que gobierna por medio de la espada, sino como profeta, mediante el poder de la palabra de Dios.
Quien use este versículo para respaldar la supremacía del papa sobre los reyes y su supuesto derecho de destituir gobernantes y repartir reinos como le plazca tendría primero que demostrar que posee el mismo espíritu especial de profecía que tenía Jeremías. Sin eso, ¿cómo podría reclamar la autoridad que Jeremías recibió por medio de ese Espíritu? Aun así, la autoridad de Jeremías, aunque era real, vino acompañada de una vida de baja posición, desprecio y sufrimiento. Ese tipo de poder no habría satisfecho a los hombres orgullosos.
Jeremías fue puesto sobre las naciones, especialmente sobre la nación judía, y también sobre otras grandes naciones a las que fue enviado para reprenderlas. No fue puesto sobre ellas para cobrar tributos ni enriquecerse con sus despojos. Fue enviado para arrancar, derribar y destruir, pero también para edificar y plantar.
En primer lugar, debía llamar a las naciones a cambiar de rumbo. Tenía que arrancar, derribar y destruir la idolatría y otros pecados que había entre ellas. Debía eliminar los malos hábitos y costumbres que habían echado raíces profundas. De esa manera, derribaría el reino del pecado para que la religión y la virtud pudieran ser plantadas y edificadas. Para establecer lo bueno, primero hay que quitar lo malo.
En segundo lugar, debía decirles que su futuro sería bueno o malo dependiendo de si cambiaban. Tenía que poner delante de ellos la vida y la muerte, el bien y el mal, conforme a la manera en que Dios trata con los reinos y las naciones (Jeremías 18:9-10). Debía advertir a quienes persistieran en la maldad que serían arrancados y destruidos, y asegurarles a quienes se arrepintieran que serían edificados y plantados. Se le dio autoridad para anunciar el juicio sobre las naciones, y Dios lo confirmaría y lo llevaría a cabo (Isaías 44:26). Dios lo haría conforme a la palabra de Jeremías; por eso se dice que sería hecho por su palabra.
Esta forma de expresarlo tiene, en parte, el propósito de mostrar cuán segura es la profecía: sucederá con tanta certeza como si ya hubiera ocurrido. También busca honrar el oficio profético y presentarlo como verdaderamente grande, para que la gente no desprecie a los profetas ni ellos mismos tengan una opinión demasiado pequeña de su llamado. El ministerio del evangelio parece aún más honorable, pues Cristo dio a sus apóstoles autoridad declarativa para perdonar y retener pecados (Juan 20:23), y para atar y desatar (Mateo 18:18).
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De este capítulo
Jeremías 1:1
"Palabras de Jeremías hijo de Hilcías, uno de los sacerdotes que estaban en Anatot, en la tierra de Benjamín:"
Jeremías 1:2
"A él vino la palabra del SEÑOR en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año trece de su reinado."
Jeremías 1:3
"También vino en los días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el final del año once de Sedequías hijo de Josías, rey de Judá, hasta que Jerusalén fue llevada cautiva en el quinto mes."
Jeremías 1:5
"«Antes de formarte en el vientre, te conocí; antes de que salieras de la matriz, te santifiqué y te ordené profeta para las naciones»."
Jeremías 1:6
"Entonces dije: «¡Ah, Señor DIOS! Mira, no puedo hablar, porque soy un niño»."
Jeremías 1:7
"Pero el SEÑOR me dijo: No digas: “Soy un niño”, porque irás a todos aquellos a quienes yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene."
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