Versículo destacado

Isaías 49:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Escúchenme, islas, y presten atención, pueblos lejanos: el SEÑOR me llamó desde el vientre; desde las entrañas de mi madre hizo mención de mi nombre. "

Isaías 49:1

menu_book El versículo en contexto

1 Escúchenme, islas, y presten atención, pueblos lejanos: el SEÑOR me llamó desde el vientre; desde las entrañas de mi madre hizo mención de mi nombre.

2 Hizo mi boca como una espada afilada; me escondió bajo la sombra de su mano, me convirtió en una flecha pulida y me ocultó en su aljaba.

3 Y me dijo: «Tú eres mi siervo, Israel, en quien seré glorificado».

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí se convoca a una audiencia y se exige su atención. El mensaje del capítulo anterior estaba dirigido a la casa de Jacob y al pueblo de Israel (Isaías 49:1, Isaías 49:12). Pero este mensaje se dirige a las islas, es decir, a los gentiles, porque se les llama las islas de los gentiles (Génesis 10:5), y a los pueblos lejanos, que antes vivían fuera de la comunidad de Israel y estaban lejos. Que escuchen (Isaías 49:1), como si se tratara de noticias que vienen de lejos, pero que deben oír con interés y atención.

Observa dos cosas. Primero, las buenas noticias acerca de un Redentor se envían a los gentiles, incluso a los que están más lejos, y ellos deben escuchar. Segundo, los gentiles escucharon el evangelio cuando los judíos se negaron a oírlo.

El gran autor y mensajero de la redención presenta la autoridad celestial que respalda la obra que asumió. Dios lo designó y lo apartó para ella. El Señor me llamó desde el vientre para este oficio y mencionó mi nombre, señalándome como el Salvador. Por medio de un ángel fue llamado Jesús, un Salvador que salvaría a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Incluso antes de la creación del mundo, dentro del plan de Dios, fue llamado para esta obra, y la ayuda fue puesta sobre él. Vino cuando fue llamado, diciendo: «Aquí estoy», teniendo en mente lo que estaba escrito acerca de él en el libro. Esto se dijo de algunos profetas, como figuras de él, en Jeremías 1:5. Pablo fue apartado para el apostolado desde el vientre de su madre (Gálatas 1:15).

Dios también lo preparó para el servicio que había planeado para él. Hizo que su boca fuera como una espada afilada y que él fuera como una flecha pulida, o una flecha brillante, dándole todo lo necesario para pelear las batallas de Dios contra los poderes de las tinieblas, derrotar a Satanás y hacer que los rebeldes de Dios regresaran a la obediencia por medio de su palabra. Esa palabra es la espada de dos filos (Hebreos 4:12) que sale de su boca (Apocalipsis 19:15). Las convicciones que produce la palabra son las flechas que traspasarán el corazón de los pecadores (Salmo 45:5).

Dios también lo favoreció para el servicio que le había reservado. Lo escondió bajo la sombra de su mano y en su aljaba, lo cual muestra dos cosas. Primero, ocultamiento, porque el evangelio de Cristo y la incorporación de los gentiles por medio de él estuvieron ocultos durante mucho tiempo a las generaciones pasadas y escondidos en Dios (Efesios 3:5; Romanos 16:25), bajo la sombra de la ley ceremonial y de las figuras del Antiguo Testamento. Segundo, protección, porque la casa de David estaba bajo el cuidado especial de Dios, ya que esa bendición estaba en ella. Durante su infancia, Cristo fue protegido de la furia de Herodes.

Dios también lo reconoció como suyo y le dijo: «Tú eres mi siervo, aquel a quien he empleado y haré prosperar. Tú eres Israel, en el sentido de que eres el príncipe que luchó con Dios y prevaleció, y en ti seré glorificado». El pueblo de Dios es Israel, y todos están reunidos en Cristo, el gran representante de todo Israel. Él es como el sumo sacerdote, que llevaba los nombres de todas las tribus en el pectoral. En él Dios es y será glorificado. Así lo declaró Dios mediante una voz del cielo (Juan 12:27, Juan 12:28). Algunos interpretan las palabras de otra manera: «Tú eres mi siervo», como se llama a Cristo en Isaías 42:1. «Es Israel, por medio de quien seré glorificado». Es decir, es el Israel espiritual, el pueblo escogido, cuya salvación por medio de Jesucristo glorificará a Dios, y su gracia gratuita será admirada para siempre.

También recibe la seguridad de que su obra tendrá éxito, porque a quienes Dios llama, él los hará prosperar. Sobre este asunto, menciona el desaliento que enfrentó al comienzo de su obra (Isaías 49:4). «Entonces dije, con el corazón entristecido: He trabajado en vano. Los que eran ignorantes, descuidados y estaban lejos de Dios siguen igual. Los llamé, pero se negaron. Extendí mis manos hacia un pueblo terco». Esta era la queja de Isaías, pero solo expresaba lo que se le había dicho que esperara (Isaías 6:9). Jeremías sintió la misma tentación y estuvo a punto de dejar de trabajar por causa de ella (Jeremías 20:9). Es la queja de muchos ministros fieles que no han sido perezosos, sino que han trabajado arduamente y se han desgastado, pero aun así, en el caso de muchos, todo parece inútil. No se dejan persuadir para arrepentirse y creer. Aquí parece referirse a la terquedad de los judíos, entre quienes Cristo mismo predicó el evangelio del reino. Trabajó y agotó sus fuerzas, pero los líderes y la mayoría de la nación lo rechazaron a él y a su enseñanza. Fueron tan pocos los que se incorporaron, cuando parecía que nadie debía haberse quedado atrás, que bien pudo decir: «He trabajado en vano, he predicado muchos sermones y he hecho muchos milagros en vano». Que los ministros no consideren extraño que los ignoren, cuando al Maestro mismo lo ignoraron.

Se consuela con este pensamiento: está comprometido con la causa de Dios, y Dios lo llamó para ella. «Sin embargo, mi causa está con el Señor, y mi recompensa está con mi Dios». Este es el consuelo de él y de todos los ministros fieles cuando ven poco fruto de su trabajo. Aun así, están defendiendo una causa justa. Están con Dios y a favor de Dios. Están de su lado y trabajan junto con él. No consideran menos valiosos su mensaje ni su trabajo porque la gente no los crea (Romanos 3:3).

También saben que Dios ve cómo han manejado esta causa y cómo han llevado adelante esta obra. Pueden apelar a él acerca de su sinceridad y saben que no fue por negligencia de su parte que trabajaron en vano. «Él conoce el camino que tomo. Mi causa está con el Señor, para que decida si no he cumplido con mi deber y si no he dejado sobre la cabeza de quienes perecen la responsabilidad por su propia sangre».

Aunque el trabajo parezca inútil para aquellos a quienes sirven, no es inútil para el trabajador fiel. Su causa está con el Señor, quien lo vindicará, es decir, declarará que tiene la razón y lo sostendrá, aunque la gente lo condene y lo derribe. Su obra, es decir, la recompensa por su obra, está con su Dios, quien se asegurará de que no salga perdiendo, incluso por una labor que parezca fracasar. Aunque la justicia todavía no haya obtenido la victoria y la obra aún no esté completa, ambas están con el Señor. Él las llevará adelante y les dará éxito, de acuerdo con su propósito, a su manera y en su tiempo.

Recibe una respuesta adicional de Dios a esta objeción (Isaías 49:5, Isaías 49:6). Él sabía bien que Dios lo había puesto a trabajar, lo había formado en el vientre para que fuera su siervo y no solo lo había llamado desde tan temprano (Isaías 49:1), sino que también había comenzado temprano a prepararlo y capacitarlo para esa tarea. A quienes Dios planea usar como sus siervos los forma y prepara mucho antes, cuando ellos y los demás quizá todavía no se dan cuenta. Él es quien forma el espíritu humano dentro de una persona. Cristo debía ser su siervo para hacer que Jacob regresara a él, ya que Jacob se había apartado con traición. Por eso, primero había que tratar con la descendencia de Jacob según la carne y usar medios para hacerla volver.

Cristo y el mensaje de salvación por medio de él fueron enviados primero a Israel. De hecho, Cristo vino en persona por las ovejas perdidas de la casa de Israel. Pero ¿qué pasaría si Jacob no quisiera regresar a Dios y si Israel no quisiera ser reunido? Eso fue lo que sucedió. Aun así, había consuelo en ello.

Primero, Cristo seguiría siendo glorioso a los ojos del Señor, y verdaderamente gloriosos son aquellos a quienes Dios considera gloriosos. Pocos en la nación judía creyeron en la predicación y los milagros de Cristo, y muchos lo cubrieron de vergüenza e insultos. Sin embargo, Dios lo honró y lo hizo glorioso en su bautismo y en su transfiguración. Le habló desde el cielo, envió ángeles para servirle e hizo gloriosa su muerte vergonzosa mediante los muchos prodigios que ocurrieron entonces, especialmente su resurrección. En sus sufrimientos, Dios fue su fuerza, de modo que no fracasó ni se desanimó, aun cuando enfrentó toda clase de desaliento por parte de las personas a las que tanto había intentado ayudar. Un ángel fue enviado del cielo para fortalecerlo (Lucas 22:43). De la misma manera, los ministros fieles, aunque no vean el fruto de su trabajo, seguirán siendo aceptados por Dios. En eso serán verdaderamente gloriosos, porque el favor de Dios es nuestro honor, y él los ayudará a seguir adelante y a permanecer fieles.

Segundo, el evangelio sería glorioso a los ojos del mundo. Aunque los judíos no lo recibieran, las naciones lo aceptarían (Isaías 49:6). Parecía que el Mesías había sido enviado principalmente para hacer que Jacob regresara (Isaías 49:5). Pero aquí se le dice que eso es poca cosa comparado con el honor mayor y la obra más amplia que se habían planeado para él. «Es poca cosa que seas mi siervo solo para levantar a las tribus de Jacob y restaurar al pueblo de Israel que ha sido preservado. También te haré luz para las naciones, para que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra». Por medio del evangelio de Cristo, muchas naciones grandes llegarían a conocer y adorar al Dios verdadero. Esta es la salvación que Dios diseñó para la humanidad perdida.

Por eso Simeón llamó a Cristo «una luz para revelación a los gentiles» (Lucas 2:32). Pablo también aplicó este texto precisamente de esa manera, y su explicación debe guiarnos (Hechos 13:47). Por eso dijo que se volvieron a los gentiles para predicarles el evangelio, porque el Señor se lo había ordenado: «Te he puesto como luz para los gentiles». En esto, el Redentor fue verdaderamente glorioso, aunque Israel no fuera reunido. El establecimiento de su reino entre los gentiles fue un honor mayor que si hubiera reunido a todas las tribus de Jacob.

Esta promesa ya se ha cumplido en parte, y tendrá un cumplimiento mayor si todavía está por llegar el tiempo al que Pablo se refirió, cuando entre la totalidad de los gentiles. Observa que Dios la llama «mi salvación». Esto muestra cuánto le agradaba, cuánto se gloriaba en ella y, por así decirlo, cuánto estaba puesto su corazón en ella. Cristo es dado como luz a todos aquellos a quienes se les da como salvación. Las personas perecen en la oscuridad; Cristo les abre los ojos y, al hacerlo, las hace santas y dichosas.

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