Versículo destacado
Oseas 2:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Por tanto, mira, cercaré tu camino con espinos y levantaré un muro, para que ella no encuentre sus senderos. "
Oseas 2:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Y no tendré misericordia de sus hijos, porque son hijos de prostituciones.
5 Porque su madre se ha prostituido; la que los concibió se ha comportado vergonzosamente. Pues dijo: «Iré tras mis amantes, que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida».
6 Por tanto, mira, cercaré tu camino con espinos y levantaré un muro, para que ella no encuentre sus senderos.
7 Irá tras sus amantes, pero no los alcanzará; los buscará, pero no los encontrará. Entonces dirá: «Iré y volveré a mi primer esposo, porque entonces me iba mejor que ahora».
8 Porque ella no sabía que yo le daba el grano, el vino y el aceite, y que aumentaba su plata y su oro, que ellos prepararon para Baal.
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Aquí Dios continúa advirtiendo lo que hará con este pueblo infiel e idólatra. Les advierte para no tener que herirlos, y los amenaza para no tener que castigarlos. Si las personas no se vuelven a él, afilará su espada (Salmos 7:12); pero si se vuelven, la guardará. Ellos no se volvieron, y por eso todas estas cosas les sobrevinieron. Como Dios les había advertido de antemano, queda claro que esto fue la ejecución de una sentencia divina contra su pecado; y también quedó escrito como advertencia para nosotros.
I. Quedarán confundidos y bloqueados en cada uno de sus planes, y decepcionados en cada una de sus esperanzas. Esto se anuncia en Oseas 2:6-7. Sin embargo, la amenaza está unida a una promesa, porque esta aflicción ayudará a convencerlos de su necedad y a hacerlos volver a su deber. De ese modo, el bien surgirá del mal, como señal de que Dios todavía tiene misericordia reservada para ellos. Como la angustia se convierte en un medio favorable para su regreso, es difícil decir si esta predicción o la angustia misma debe llamarse amenaza o promesa.
Dios pondrá dificultades en su camino para que fracasen sus planes y asuntos públicos, y no puedan seguir adelante. «Cercaré tu camino con espinos»: es decir, pondrá obstáculos dolorosos en su camino, como los espinos y las zarzas que brotan del pecado y de la maldición. Estas cosas raspan, desgarran y afligen; y cuando nuestro camino está cercado por ellas, detienen nuestro avance y nos obligan a regresar. Ella decía: «Iré tras mis amantes; seguiré buscando alianzas con las potencias extranjeras y dependeré de ellas». Pero Dios dice: «Se frustrará en estos planes y no podrá llevarlos a cabo».
Si las dificultades menores no la detienen, Dios levantará otras mayores, porque cuando él juzga, prevalece. Será un cerco y un muro tan grandes que ella no encontrará sus senderos. El cambio de persona en este pasaje —«cercaré tu camino» y luego «ella no encontrará sus senderos»— es común en las Escrituras, especialmente cuando se habla con solemnidad. Es como si Dios dijera: «Pecador, presta atención: yo cercaré tu camino; y todos los que observan, presten atención al resultado: verán que ella no puede encontrar sus senderos».
Será como una viajera que no solo se enfrenta a varios caminos sin saber cuál tomar, sino que no encuentra ningún camino por el cual pueda avanzar. Entonces irá tras sus amantes, pero no los alcanzará. Procurará ganarse el favor de los asirios y de los egipcios, y tenerlos como protectores, pero no lo logrará. Ellos se negarán a aliarse con ella o no podrán ayudarla, de modo que su ayuda será vacía e inútil, como una caña quebrada. Los buscará y no los encontrará. Buscará a sus ídolos y no hallará en ellos la satisfacción que esperaba. Los dioses en quienes confió y a quienes siguió no pueden hacer nada por ella ni tienen nada que decirle para consolarla.
Este es un juicio justo, como el que cayó sobre los hombres de Sodoma, quienes fueron heridos con ceguera y se agotaron tratando de encontrar la puerta (Génesis 19:11), y como el que cayó sobre los sirios (2 Reyes 6:18). Quienes están más decididos a seguir caminos pecaminosos suelen encontrar mayores obstáculos en ellos. Hay espinos y trampas en el camino de la persona obstinada (Proverbios 22:5), y de esa manera Dios también se muestra firme, oponiéndose a quienes se oponen a él (Levítico 26:23-24). El profeta afligido dice: «Él ha cercado mis caminos» (Lamentaciones 3:7, 3:9). El camino de Dios y del deber a menudo está cercado de espinos, pero cuando un camino está cercado de espinos, tenemos razones para pensar que es un camino pecaminoso.
Esto también es una corrección bondadosa y, en verdad, una misericordia, como la que encontró Balaam cuando el ángel se puso en su camino para impedirle seguir adelante y maldecir a Israel (Números 22:22). Las dificultades y los obstáculos en un camino malo son grandes bendiciones, y debemos considerarlos así. Son los cercos de Dios para impedirnos pecar, para evitar que nos alejemos de los pastos verdes, para apartarnos de nuestro propósito (Job 33:17), para hacer difícil el camino del pecado y que no continuemos por él, y para mantenernos alejados de ese camino, queramos o no. Tenemos razones para agradecer a Dios tanto por su gracia restrictiva como por su providencia restrictiva.
Estas dificultades en su camino también despertarán en ellos el deseo de volver. Entonces ella dirá: «Ya que no puedo alcanzar a mis amantes, regresaré a mi primer esposo». Eso significa que volverá a Dios, se humillará ante él y le pedirá que la reciba de nuevo. Recordará que, cuando permanecía cerca de él, la vida era mejor en todos los sentidos que ahora.
De este pueblo caído y rebelde se obtienen dos cosas. Primero, deben admitir la necedad de haberse apartado. Se les hace ver que estaban mejor cuando permanecían cerca de su Dios que desde que lo abandonaron. Todo el que ha cambiado el servicio de Dios por el servicio del mundo y de la carne, tarde o temprano ha tenido que admitir que cambió para peor. Mientras vivían con cuidado, permanecían cerca de buenas compañías, cumplían con buenos deberes y vigilaban lo que decían y hacían, estaban mejor. Tenían más consuelo verdadero y más disfrute genuino que desde que se desviaron.
Segundo, son llevados a tomar una buena decisión: volver a cumplir con su deber: «Iré y volveré a mi primer esposo». Ella conoce lo suficiente de la bondad de Dios y de su disposición a perdonar como para afirmar con confianza que él volverá a recibirla y restaurará su condición. Cuando las decepciones de las cosas creadas no nos mueven, al menos deberían llevarnos finalmente al Creador, en quien se encuentra la satisfacción. Cuando Moab se canse del lugar alto, irá al santuario (Isaías 16:12). Cuando el hijo pródigo queda reducido a comer algarrobas, con apenas lo suficiente para sobrevivir, y recuerda que en la casa de su padre hay pan de sobra, dice: «Me levantaré e iré a mi padre» (Lucas 15:17-18).
II. Se les quitarán los recursos y los consuelos necesarios para la vida, porque habían deshonrado a Dios con ellos, como se muestra en Oseas 2:8-9. Su tierra había sido abundante. Consideremos primero cuán generosamente les había sido dada esa abundancia. Dios les dio no solo grano para la necesidad, sino también vino para la alegría y aceite para el uso y la belleza. Incluso multiplicó su plata y su oro, que podían usar para comerciar con otras naciones y traer a casa lo que necesitaban, y que podían guardar para las generaciones futuras. La plata y el oro duran más que el grano, el vino y el aceite. También les dio lana y lino para cubrir su desnudez y proporcionarles ropa digna y adornos (Ezequiel 16:10). Dios es un dador generoso incluso con quienes sabe que serán ingratos con él.
Veamos ahora, en segundo lugar, cómo abusaron vergonzosamente de su abundancia. Le robaron a Dios el honor debido por sus regalos: «Ella no reconoció que yo le daba el grano y el vino»; no lo recordaba.
La ley y los profetas les habían dicho una y otra vez que todos sus bienes provenían del cuidado generoso de Dios. Pero sus falsos profetas y sacerdotes de los ídolos seguían diciendo que su grano provenía de un ídolo y su vino de otro, hasta que olvidaron a su gran Benefactor y el deber que tenían con él. Ella no lo consideraba. No quiso reconocerlo. Estaban dispuestos a permanecer en la ignorancia, y eran más necios que el buey que conoce a su dueño y que el burro que conoce el pesebre de su amo.
Ella no lo reconocía en el sentido de que no le daba gracias a Dios por sus regalos ni consideraba lo que debía devolverle. No le daba lo que le correspondía por esos bienes. Actuaba como si no supiera quién se los había dado. También usaban esos regalos para servir a los enemigos de Dios. Los preparaban para Baal; es decir, los usaban en la adoración de ese dios falso. Adornaban sus imágenes con oro y plata (Jeremías 10:4), e incluso se arreglaban para adorar esas imágenes (Oseas 2:13). Véase también Ezequiel 16:17-19.
Es un insulto muy grande contra el Dios del cielo convertir los regalos de su cuidado en alimento y combustible para nuestros propios deseos pecaminosos. Él se los dio para sostenernos en su servicio y fortalecernos en la obediencia. Sin embargo, ellos los usaron para servir a los ídolos. «Por tanto, volveré», dice Dios. Es decir: «Cambiaré mi manera de tratar con ellos. Tomaré otro camino y quitaré el grano y los demás bienes que le di». Él dice: «Los recuperaré», usando un término legal. Es como un propietario que recupera lo que alguien retuvo injustamente, o que recupera una tierra que ha sido desperdiciada y arruinada.
Observa que Dios llama a su abundancia «mi grano y mi vino, mi lana y mi lino». Ellos los llamaban suyos, diciendo: «mi pan y mi agua» (Os 2:5), pero Dios les dice que en realidad no les pertenecían. Solo les permitía usarlos como inquilinos y se los confiaba como administradores, pero él conservaba el derecho de propiedad. Dios quiere que sepamos no solo que todo lo bueno que disfrutamos proviene de él, sino también que él sigue teniendo pleno derecho sobre ello. Todo le pertenece más a él que a nosotros; por eso debemos usarlo para él y rendirle cuentas.
Él les quitará su abundancia porque la han perdido al negar su derecho sobre ella. Es como un inquilino que posee una tierra únicamente por la voluntad de su señor y la pierde si actúa como si fuera totalmente suya. Dios la recuperará, se la llevará y la librará del abuso, así como la creación misma será liberada de la corrupción (Ro 8:21). Se la quitará en el momento preciso, justo cuando ellos la esperen y crean que está segura. El cargamento no llegará al puerto y la cosecha se echará a perder. Dios puede quitarla mediante el mal tiempo o por medio de personas violentas. Quienes usan los regalos de Dios para deshonrarlo no pueden esperar disfrutarlos por mucho tiempo.
También perderán todo su honor y quedarán avergonzados (Os 2:10). «Descubriré su vergüenza», dice Dios. Sacará a la luz sus pecados secretos y los hará públicos para avergonzarlos. Por medio del castigo mostrará cuán aborrecibles y ofensivos son esos pecados. El pecado había sido negado, pero ahora será visible. Se había presentado con palabras suaves, pero ahora se verá en toda su gravedad.
Esto sucederá delante de sus amantes: las naciones vecinas con las que buscó alianzas y de las que dependía. Ellas la despreciarán y se avergonzarán de ella por su debilidad, pobreza y mala conducta. Ya no considerarán que valga la pena tener su amistad. Esto se cumplió en (Lam 1:8): «Todos los que la honraban la desprecian, porque han visto su desnudez». O quizá se refiera al sol y la luna, a quienes adoraba como sus amantes. Su vergüenza quedará expuesta precisamente delante de ellos. Compárese con (Jer 7:1, Jer 7:2), donde los huesos de reyes y príncipes son sacados y esparcidos delante del sol y la luna, a quienes amaron y sirvieron.
El pecado terminará en vergüenza. Quienes hacen cosas vergonzosas deben esperar vergüenza. ¿Qué otra cosa puede esperar esta adúltera descarada sino el trato que recibiría una prostituta común, arrastrada por las calles? Y cuando Dios la trate así, nadie podrá rescatarla: ni los ídolos ni los hombres en quienes confió. Quienes no se ponen en las manos de la misericordia de Dios no pueden ser librados de la mano de su justicia.
También perderán todo su placer y quedarán entregados al dolor (Os 2:11). «Haré cesar su alegría», dice Dios. Parece que, aunque se habían apartado de su Dios, todavía encontraban la manera de vivir alegres como los demás, algo que les estaba prohibido (Os 9:1). Muchas personas que viven bajo culpa y juicio todavía se ríen y llevan una vida festiva. Pero aunque su corazón esté triste mientras ríen, algo es seguro: el final de su alegría será dolor, porque Dios le pondrá fin.
Como dijo el señor Burroughs, el pecado y la alegría no pueden permanecer juntos por mucho tiempo. Si las personas no quitan el pecado de su alegría, Dios quitará la alegría de su pecado. Primero quitará las ocasiones de su alegría religiosa: sus fiestas, lunas nuevas, sábados y celebraciones solemnes. Él había dispuesto que se observaran de manera santa y con alegría. Parece que, aun después de apartarse de la adoración verdadera, seguían practicando estas observancias, no en el templo de Jerusalén, que ya habían abandonado, sino probablemente en Dan y Betel, donde estaban los becerros, o en algún otro lugar de reunión que habían establecido.
No las observaban para honrar a Dios ni con verdadera devoción, sino porque eran ocasiones para comer, beber, escuchar música, bailar y reunirse con amigos. Las conservaban por tradición de sus antepasados. Así, aunque habían perdido el poder de la piedad y lo negaban, todavía mantenían su apariencia para satisfacer una mente vanidosa y mundana. De ese modo, sus lunas nuevas y sus sábados se convirtieron en algo que Dios ya no podía soportar (Is 1:13).
Observa dos cosas. Primero, Dios las llama sus lunas nuevas y sus sábados, no los de él, porque reniega de ellos. Segundo, dice que hará que cesen. Cuando las personas han hecho que la vida y el significado de las ordenanzas desaparezcan por causa de sus pecados, es justo que Dios haga cesar también su apariencia externa y su sombra mediante sus juicios.
También quitará aquello que sostenía su mentalidad mundana. Amaban las lunas nuevas y los sábados únicamente por la comida y la bebida que disfrutaban en esas ocasiones, no por la adoración que ofrecían. Hacía mucho que habían abandonado la adoración misma. Ahora Dios dice que quitará los recursos para esas celebraciones: «Destruiré sus vides y sus higueras» (Os 2:12).
Si las personas derriban las palabras y los mandamientos de Dios, las mismas cosas con las que él debería ser honrado durante sus fiestas, es justo que él derribe sus vides y sus higueras, las cosas que disfrutan en sus celebraciones. Mientras disfrutaban de esos regalos, daban la alabanza a sus amantes, es decir, a sus ídolos o falsos aliados. En efecto, decían: «Estas son las recompensas que me han dado mis amantes. Se las debo a mis ídolos, o a mis propios esfuerzos y alianzas».
Por eso Dios destruirá esos regalos. Puede secarlos con un viento abrasador o traer a un enemigo extranjero que arrase la tierra. Entonces sus viñedos se volverán como un bosque; sus muros y cercas serán derribados, como sucede en la guerra, y todo quedará abierto. Los animales salvajes comerán sus uvas e higos. O quizá los árboles quedarán tan dañados por el viento del este que no valdrán más que los árboles de un bosque, y cualquier fruto que quede será para las fieras del campo. También puede referirse a sus enemigos, crueles como animales salvajes, que devorarán todo.
Esto arruinará su alegría. Dios dice que hará cesar toda su diversión. ¿Cómo lo hará? Quitar las lunas nuevas y los sábados no los afectará profundamente, porque pueden renunciar a ellos con poco dolor. Pero si destruye sus vides y sus higueras, y les quita sus comodidades y placeres, entonces sabrán que realmente están arruinados. La destrucción de las vides y las higueras pone fin al placer de un corazón mundano. Entonces la persona dice, como Micaías: «Me han quitado mis dioses; ¿qué más me queda?» (Jue 18:24).
Esto también será el castigo por su idolatría (Os 2:13). Dios dice: «La castigaré por los días de los baales». Le pedirá cuentas por toda la adoración que les ha rendido a los baales, desde el tiempo de sus antepasados hasta ese momento. Israel había adorado a Baal desde los días de los jueces, y este pecado se había vuelto antiguo por la práctica prolongada. Pero la idolatría aparece en el segundo mandamiento, donde Dios advierte que castiga los pecados de los padres en los hijos. Esto es especialmente apropiado aquí, porque este pecado suele protegerse mediante la costumbre y el uso prolongado.
Cuando la culpa de Israel llegó a su plenitud, todos sus pecados anteriores se sumaron a la cuenta y fueron exigidos a esa generación. O quizá los «días de los baales» se refieran a las fiestas especiales que celebraban en honor de sus ídolos. Los días de alegría pecaminosa serían respondidos con días de dolor. En esos días quemaban incienso a los ídolos y se adornaban con aretes y joyas para que la celebración luciera más grandiosa y para honrar más a Baal.
O quizá ella era como una esposa que se pone los aretes y las joyas que su esposo le dio para agradar a los amantes que persigue y en quienes piensa continuamente. Pero se olvidó de mí, dice el Señor. Nuestra infidelidad a Dios nace del olvido: olvidamos quién es él, qué ha hecho, cuál es su relación con nosotros y qué le debemos. Muchas personas dicen que tienen mala memoria para las cosas de Dios, aunque pueden recordar bastante bien otras cosas. En realidad, están tan ocupadas con vanidades engañosas que olvidan sus propias misericordias.
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De este capítulo
Oseas 2:1
"Digan a sus hermanos: «Ammi», y a sus hermanas: «Ruhamá»."
Oseas 2:2
"Contiendan con su madre, contiendan, porque ella no es mi esposa ni yo soy su esposo. Que aparte, por tanto, sus prostituciones de su vista y sus adulterios de entre sus pechos;"
Oseas 2:3
"no sea que yo la desnude por completo, la ponga como en el día en que nació, la convierta en un desierto, la ponga como tierra seca y la mate de sed."
Oseas 2:4
"Y no tendré misericordia de sus hijos, porque son hijos de prostituciones."
Oseas 2:5
"Porque su madre se ha prostituido; la que los concibió se ha comportado vergonzosamente. Pues dijo: «Iré tras mis amantes, que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida»."
Oseas 2:7
"Irá tras sus amantes, pero no los alcanzará; los buscará, pero no los encontrará. Entonces dirá: «Iré y volveré a mi primer esposo, porque entonces me iba mejor que ahora»."
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