Versículo destacado
Génesis 35:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Así llegó Jacob a Luz, que está en la tierra de Canaán, es decir, Bet-el, él y toda la gente que estaba con él. "
Génesis 35:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Ellos entregaron a Jacob todos los dioses extranjeros que tenían en sus manos y todos los aretes que llevaban en las orejas; y Jacob los escondió debajo de la encina que estaba junto a Siquem.
5 Luego partieron, y el terror de Dios cayó sobre las ciudades que estaban a su alrededor, de modo que no persiguieron a los hijos de Jacob.
6 Así llegó Jacob a Luz, que está en la tierra de Canaán, es decir, Bet-el, él y toda la gente que estaba con él.
7 Allí edificó un altar y llamó al lugar El-bet-el, porque allí Dios se le apareció cuando huía de la presencia de su hermano.
8 Entonces murió Débora, la nodriza de Rebeca, y fue sepultada al pie de Bet-el, debajo de una encina; y esta recibió el nombre de Alón-bacut.
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Jacob y todo su grupo llegaron sanos y salvos a Bet-el, y allí sucedieron varias cosas importantes.
Jacob construyó un altar y, sin duda, ofreció sacrificios en él, quizá la décima parte de su ganado, como había prometido: «Te daré el diezmo» (Génesis 28:22). Junto con esos sacrificios, ofreció alabanza por las misericordias recibidas, especialmente por la misericordia que volvió a su memoria al ver nuevamente aquel lugar. También oró para que Dios siguiera mostrando su favor hacia él y su familia. Llamó al lugar, o más exactamente al altar, El-bet-el, que significa «el Dios de Bet-el». Así como antes había honrado a Dios como El-elohe Israel, «el Dios de Israel», cuando Dios le dio el nombre de Israel, ahora lo honra como el Dios de Bet-el, porque Dios se le había aparecido allí. El consuelo que los creyentes encuentran en la adoración santa no proviene tanto de Bet-el, la casa de Dios, como de El-bet-el, el Dios de la casa. La adoración queda vacía si en ella no nos encontramos con Dios.
Allí Jacob sepultó a Débora, la nodriza de Rebeca, la mujer que había cuidado de la madre de Jacob (Génesis 24:59). Parece probable que, después de que Jacob llegó a Canaán y su familia vivió cerca de Siquem, visitara con frecuencia a su padre Isaac en Hebrón. Es probable que Rebeca ya hubiera muerto, pero su antigua nodriza todavía vivía. Jacob la incorporó a su familia, seguramente para ayudar a sus esposas y enseñar a sus hijos. Mientras la familia estaba en Bet-el, ella murió, y fue llorada con tanta tristeza que el árbol donde la sepultaron recibió el nombre de Alón-bacut, «la encina del llanto». Los siervos ancianos que han sido fieles y útiles en una familia deben ser tratados con respeto. La familia de Jacob honró a esta nodriza al morir, aunque no era pariente suya y ya era muy anciana. No sabemos dónde nos encontrará la muerte, quizá incluso en Bet-el, la casa de Dios. Por eso debemos estar siempre preparados. Los problemas familiares pueden llegar aun cuando una familia está volviendo a Dios y poniendo en orden su vida religiosa. Así que debemos alegrarnos, pero hacerlo con reverencia y temblor.
Entonces Dios se apareció allí a Jacob para aprobar su altar, responder al nombre que Jacob le había dado, «el Dios de Bet-el» (Génesis 35:7), y consolarlo por la tristeza causada por la muerte de Débora (Génesis 35:8). Dios se manifiesta con gracia a quienes son fieles en el cumplimiento de su deber. Confirmó el nombre cambiado de Jacob, que el ángel ya le había dado cuando luchó con él (Génesis 32:28). Aquí lo confirmó la Majestad divina, la gloria visible de Dios. En aquella ocasión, ese nombre lo había animado frente a Esaú; aquí lo fortaleció frente al temor de los cananeos. ¿Quién puede ser más fuerte que Israel, un príncipe con Dios? Quienes han recibido un honor así no deben ceder al miedo ni al desánimo.
Dios también renovó y confirmó su pacto con el nombre El-shaddai, «Dios Todopoderoso», o «Dios totalmente suficiente» (Génesis 35:11). Él puede cumplir su promesa en el momento oportuno y, mientras tanto, sostener y proveer para Jacob. Aquí se repiten dos promesas que ya se le habían dado. Primero, Jacob llegaría a ser padre de una gran nación, grande en honor y poder; de él saldría «una compañía de naciones». Cada tribu de Israel sería como una nación, y las doce tribus juntas formarían una compañía de naciones. También saldrían reyes de su descendencia. Segundo, recibiría una buena tierra (Génesis 35:12), descrita por los nombres de Abraham e Isaac, a quienes había sido prometida, y no por los nombres de los cananeos que entonces vivían allí. La tierra prometida a Abraham e Isaac ahora pasaría a Jacob y a sus descendientes. No quedaría sin hijos y sin tierra, como a menudo les sucede a los pobres, ni tendría tierra sin hijos, como con frecuencia aflige a los ricos. Tendría ambas cosas. Estas promesas también señalaban verdades espirituales. Es probable que Jacob entendiera esto en parte, aunque no con tanta claridad como nosotros ahora. Cristo es la simiente prometida, y el cielo es la tierra prometida. Cristo es el fundamento, y el cielo es la piedra culminante de todas las bendiciones de Dios.
Entonces Dios se elevó de sobre Jacob, o se apartó de él, en alguna manifestación visible de gloria que había estado suspendida allí mientras hablaba con él (Génesis 35:13). Los momentos más dulces que los creyentes tienen con Dios en este mundo son breves. Llegan y pasan rápidamente. En el cielo, nuestra visión de Dios durará para siempre. Allí estaremos siempre con el Señor; aquí no sucede así.
Jacob levantó entonces un memorial de aquel acontecimiento (Génesis 35:14). Erigió una columna. Cuando iba camino a Padán-aram, había colocado como columna la piedra sobre la que había dormido. Eso correspondía a su condición humilde y a su huida apresurada. Ahora tuvo tiempo de hacer un monumento más duradero y visible, probablemente colocando dentro de él aquella piedra anterior. Para mostrar que lo consideraba un memorial sagrado de su comunión con Dios, derramó aceite sobre la columna y añadió los elementos de una ofrenda de libación. Su voto había sido que aquella piedra sería la casa de Dios, es decir, que sería apartada para honrar a Dios, como las casas están destinadas a honrar a quienes las construyen. Aquí cumplió ese voto al ungirla y dedicársela a Dios.
También confirmó el nombre que ya le había dado al lugar: Bet-el, «la casa de Dios» (Génesis 35:15). Sin embargo, más adelante ese mismo lugar perdió el honor de ese nombre y llegó a llamarse Bet-avén, «casa de maldad», porque Jeroboam colocó allí uno de sus becerros. Ningún ser humano, ni siquiera el mejor, puede garantizar que un lugar conservará para siempre la apariencia externa de la religión.
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De este capítulo
Génesis 35:1
"Dios dijo a Jacob: «Levántate, sube a Bet-el y habita allí; haz allí un altar a Dios, quien se te apareció cuando huías de la presencia de tu hermano Esaú»."
Génesis 35:2
"Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que estaban con él: Quiten los dioses extranjeros que hay entre ustedes, purifíquense y cámbiense de ropa."
Génesis 35:3
"Levantémonos y subamos a Bet-el; allí haré un altar a Dios, quien me respondió en el día de mi angustia y estuvo conmigo en el camino por donde fui."
Génesis 35:4
"Ellos entregaron a Jacob todos los dioses extranjeros que tenían en sus manos y todos los aretes que llevaban en las orejas; y Jacob los escondió debajo de la encina que estaba junto a Siquem."
Génesis 35:5
"Luego partieron, y el terror de Dios cayó sobre las ciudades que estaban a su alrededor, de modo que no persiguieron a los hijos de Jacob."
Génesis 35:7
"Allí edificó un altar y llamó al lugar El-bet-el, porque allí Dios se le apareció cuando huía de la presencia de su hermano."
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