Versículo destacado
Génesis 29:31 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Cuando el SEÑOR vio que Lea era aborrecida, abrió su matriz; pero Raquel era estéril. "
Génesis 29:31
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
29 Labán dio a su sierva Bilha a su hija Raquel para que fuera su sierva.
30 Él se llegó también a Raquel, y amó a Raquel más que a Lea. Además, le sirvió otros siete años.
31 Cuando el SEÑOR vio que Lea era aborrecida, abrió su matriz; pero Raquel era estéril.
32 Lea concibió y dio a luz un hijo, y lo llamó Rubén, porque dijo: «Ciertamente el SEÑOR ha mirado mi aflicción; por eso ahora mi esposo me amará».
33 Concibió otra vez y dio a luz un hijo. Entonces dijo: «Como el SEÑOR oyó que yo era aborrecida, también me ha dado este hijo». Y lo llamó Simeón.
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Aquí vemos el nacimiento de cuatro hijos de Jacob, todos de Lea. Observa que Lea, que era menos amada, fue la que recibió la bendición de tener hijos, mientras que Raquel fue privada de ella (Génesis 29:31). Al conceder sus dones, la providencia de Dios suele mantener cierto equilibrio. Él pone los consuelos junto a las dificultades, para que nadie se vuelva demasiado orgulloso ni quede completamente abatido.
Raquel no tenía hijos, pero contaba con el amor de su esposo. Lea carecía de ese amor, pero era fecunda. Algo parecido sucedía con las dos esposas de Elcaná (1 Samuel 1:5). El Señor es sabio y justo en todo esto.
Cuando el Señor vio que Lea era aborrecida, es decir, que era menos amada que Raquel, le concedió un hijo. En este sentido, la Escritura dice que debemos “aborrecer” al padre y a la madre en comparación con Cristo (Lucas 14:26). Esto fue una reprensión para Jacob, porque había establecido una diferencia tan marcada entre dos mujeres que eran igualmente sus esposas. También fue una corrección para Raquel, quien quizá menospreciaba a su hermana por esa razón. Y fue un consuelo para Lea, para que no quedara aplastada por el desprecio que recibía. De esta manera, Dios da mayor honor a lo que carecía de él (1 Corintios 12:24).
Los nombres de los hijos de Lea mostraban su respeto tanto por Dios como por su esposo. Ella parecía desear profundamente el amor de Jacob y consideraba su falta como una fuente de tristeza (Génesis 29:32). No lo reprendió por ello ni hizo que fuera más difícil convivir con ella. Más bien, llevó esa situación como una carga, aunque tenía motivos para ser más paciente, ya que había contribuido a provocarla al participar en el engaño que hizo que llegara a ser su esposa. Debemos soportar con mayor paciencia las dificultades que nosotros mismos provocamos por nuestro pecado y nuestra imprudencia.
Parece que Lea esperaba que los hijos que daba a luz ganaran el afecto de Jacob. Llamó Rubén a su primer hijo, nombre que significa “Mira, un hijo”, y dijo: “Ahora mi esposo me amará”. A su tercer hijo lo llamó Leví, que significa “unido”, y dijo: “Ahora mi esposo se unirá a mí” (Génesis 29:34). El afecto mutuo es tanto un deber como un consuelo dentro del matrimonio. El esposo y la esposa deben procurar agradarse mutuamente (1 Corintios 7:33-34).
Al mismo tiempo, Lea reconoció con gratitud el cuidado bondadoso de Dios. Ella dijo: “El Señor ha visto mi aflicción” (Génesis 29:32). En otras palabras, el Señor se dio cuenta de que no era amada. Nuestras dificultades siempre están delante de los ojos de Dios y claman a él. Por eso, cuando nos concede ayuda, alivio o consuelo en medio de la angustia, debemos reconocer que su mano ha obrado en ello. Sobre todo, debemos darle gracias por su compasión y su tierna misericordia.
Lea llamó Judá a su cuarto hijo, nombre que significa “alabanza”, y dijo: “Ahora alabaré al Señor” (Génesis 29:35). Por medio de Judá, según su descendencia humana, vino Cristo. Todo lo que nos produce alegría también debe llevarnos a dar gracias. Las nuevas bendiciones deben impulsarnos a alabar a Dios también por las bendiciones anteriores. “Ahora alabaré al Señor” significa: “Lo alabaré más y mejor de lo que lo he hecho antes”.
Toda nuestra alabanza debe centrarse en Cristo, tanto porque él es la razón de nuestra alabanza como porque él la presenta ante Dios. Cristo vino de Judá, cuyo nombre significa alabanza, porque Cristo mismo es nuestra alabanza. Si Cristo está siendo formado en mi corazón, entonces tengo razón para decir: “Ahora alabaré al Señor”.
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De este capítulo
Génesis 29:1
"Entonces Jacob siguió su camino y llegó a la tierra del pueblo del oriente."
Génesis 29:2
"Miró y vio un pozo en el campo. Junto a él había tres rebaños de ovejas echados, porque de aquel pozo daban de beber a los rebaños. Una gran piedra cubría la boca del pozo."
Génesis 29:3
"Allí se reunían todos los rebaños; entonces hacían rodar la piedra para apartarla de la boca del pozo, daban de beber a las ovejas y volvían a poner la piedra en su lugar sobre la boca del pozo."
Génesis 29:4
"Jacob les dijo: «Hermanos míos, ¿de dónde son ustedes?». Ellos respondieron: «Somos de Harán»."
Génesis 29:5
"Él les preguntó: «¿Conocen a Labán, hijo de Nacor?». Ellos respondieron: «Lo conocemos»."
Génesis 29:6
"Él les preguntó: «¿Está bien?». Ellos respondieron: «Está bien. Mira, allí viene su hija Raquel con las ovejas»."
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