Versículo destacado
Génesis 30:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Cuando Raquel vio que no le daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana y le dijo a Jacob: Dame hijos, o de lo contrario moriré. "
Génesis 30:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Cuando Raquel vio que no le daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana y le dijo a Jacob: Dame hijos, o de lo contrario moriré.
2 Entonces se encendió la ira de Jacob contra Raquel, y él dijo: ¿Estoy yo en lugar de Dios, que te ha privado del fruto del vientre?
3 Ella dijo: Mira, aquí está mi sierva Bilha; únete a ella, y ella dará a luz sobre mis rodillas, para que yo también tenga hijos por medio de ella.
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Aquí vemos los malos resultados del matrimonio inusual de Jacob con dos hermanas. Primero surge un conflicto doloroso entre Jacob y Raquel (Génesis 30:1-2). El problema no se debía tanto a la esterilidad de Raquel como a la fecundidad de Lea. Rebeca, la única esposa de Isaac, no tuvo hijos durante mucho tiempo, pero no hay señales de que eso haya provocado inquietud entre ella e Isaac. En cambio, como Lea estaba teniendo hijos, Raquel ya no podía vivir en paz con Jacob.
Raquel se llenó de amargura. Tuvo envidia de su hermana (Génesis 30:1). La envidia es entristecerse por el bien de otra persona, y ningún pecado resulta más ofensivo para Dios ni más dañino para los demás y para nosotros mismos. Raquel no tomó en cuenta que Dios había establecido esa diferencia. Aunque su hermana hubiera sido favorecida en ese aspecto, Raquel todavía tenía ventajas en otros sentidos. Debemos cuidarnos mucho de cualquier brote de este pecado en nuestro corazón. No miremos con malos ojos a nuestros compañeros de servicio solo porque nuestro Señor es bueno.
Pero eso no fue todo. Raquel le dijo a Jacob: «Dame hijos, o de lo contrario moriré». Con qué facilidad nos equivocamos en nuestros deseos por los bienes terrenales, como le ocurrió a Raquel. Un hijo no la habría satisfecho. Como Lea tenía más de uno, ella también tenía que tener más: «Dame hijos». Su corazón estaba tan fijado de manera enfermiza en esto que, si no obtenía lo que quería, pensaba que la vida apenas valía la pena. «Dámelos, o moriré» significa: «Me consumiré hasta morir si no consigo esto». Algunos piensan que incluso estaba amenazando con hacerse daño si no recibía esa misericordia.
Raquel no acudió a Dios en oración, sino únicamente a Jacob, olvidando que los hijos son un regalo del Señor (Salmo 127:3). Ofendemos tanto a Dios como a nosotros mismos cuando miramos más a las personas —que solo son instrumentos en nuestras dificultades y bendiciones— que a Dios, quien las concede. Observa la diferencia entre la petición de Raquel y la de Ana en 1 Samuel 1:10 y los versículos siguientes. Raquel tuvo envidia; Ana lloró. Raquel exigía tener hijos, y más adelante murió al dar a luz a un segundo. Ana oró por un hijo, y Dios le dio cuatro más. Raquel fue exigente e insistente; Ana fue humilde y devota. «Si me das un hijo, se lo entregaré al Señor». Sigamos a Ana, no a Raquel, y dejemos que la razón y la fe gobiernen nuestros deseos.
Jacob la reprendió, y con razón. Amaba a Raquel, por eso la corrigió cuando habló de manera equivocada (Génesis 30:2). La reprensión fiel es una señal del amor verdadero (Salmo 141:5; Proverbios 27:5-6). Job reprendió a su esposa cuando ella habló como una mujer insensata (Job 2:10). Véase también 1 Corintios 7:16. Jacob estaba enojado, no con Raquel misma, sino con su pecado, y sus palabras lo dejaron claro. A veces la reprensión debe darse con calidez, como una medicina. No debe ser tan fuerte que queme, pero tampoco tan fría que no produzca ningún bien.
La respuesta de Jacob a la amarga exigencia de Raquel fue seria y piadosa: «¿Acaso estoy yo en el lugar de Dios?». La paráfrasis aramea lo expresa bien: «¿Me pides hijos a mí? ¿No deberías pedírselos al Señor?». La versión árabe dice: «¿Estoy por encima de Dios? ¿Puedo darte lo que Dios te niega?». Jacob habló con claridad. Primero reconoció que Dios tenía parte en el problema que compartían: «Él me ha impedido tener hijos». Cualquier cosa que nos falte, es Dios quien la retiene. Él es el Señor soberano, sabio, santo y justo. Puede hacer con lo que le pertenece lo que quiera, y no le debe nada a nadie. Nunca ha hecho mal a ninguna criatura, ni jamás lo hará. Dios tiene las llaves de las nubes, del corazón, de la tumba y del vientre.
En segundo lugar, Jacob reconoció su propia incapacidad para cambiar lo que Dios había decidido: «¿Acaso estoy yo en el lugar de Dios?». En otras palabras: «¿Me estás convirtiendo en un dios?». Ninguna criatura puede ocupar el lugar de Dios para nosotros. Dios puede ser para nosotros lo que ninguna criatura puede ser, así como el sol puede sustituir a la luna y a las estrellas, pero ninguna luna ni ninguna estrella puede sustituir al sol. Ninguna sabiduría, poder o amor humanos puede ocupar el lugar de Dios.
Por eso es pecado y necedad poner a cualquier criatura en el lugar de Dios, o confiar en alguien de la manera en que debemos confiar solamente en Dios.
En segundo lugar, también hubo un arreglo doloroso entre Jacob y las dos siervas. Por insistencia de Raquel, Jacob tomó a Bilha, la sierva de Raquel, como esposa, de modo que, según la costumbre de aquella época, los hijos de Bilha pudieran ser considerados hijos de Raquel (Génesis 30:3 y los versículos siguientes). Raquel prefería tener hijos de nombre a no tener ninguno. Quería hijos que pudiera llamar suyos, aunque en realidad no lo fueran. Podría pensarse que los propios hijos de Lea estaban más cerca de ella que los hijos de su sierva. Sin embargo, tal es nuestro amor natural por el poder, que Raquel prefirió tener hijos sobre los cuales tuviera derecho a gobernar, en vez de hijos a quienes tuviera más razones para amar.
Como primera muestra del control que ejercía sobre los hijos nacidos en su casa, les puso nombres que solo reflejaban su rivalidad con su hermana. Era como si quisiera decir que había vencido a Lea. Llamó Dan al primer hijo de su sierva, nombre que significa «juicio», y dijo: «Dios me ha hecho justicia» (Génesis 30:6), es decir: «Ha fallado a mi favor». Al siguiente hijo lo llamó Neftalí, que significa «luchas», y dijo: «He luchado con mi hermana y he vencido» (Génesis 30:8). Es como si todos los hijos de Jacob fueran a nacer en medio del conflicto. Observa cómo la envidia y la contienda echan raíces, y cuánto daño causan entre los familiares.
Por insistencia de Lea, Jacob también tomó a Zilpa, su sierva, como esposa (Génesis 30:9). Raquel ya había hecho esa insensatez fuera de lugar: darle su sierva a su esposo por rivalidad con Lea. Ahora Lea hace lo mismo, porque atraviesa una pausa en sus embarazos y quiere mantenerse al paso de Raquel, o incluso aventajarla. Observa cuán poderosas pueden ser los celos y la competencia. También debemos admirar el diseño sabio de Dios, que une únicamente a un hombre y una mujer. Dios nos ha llamado a la paz y a la pureza (1 Corintios 7:15).
Zilpa le dio a Jacob dos hijos, y Lea los consideró como propios. De acuerdo con eso, llamó Gad al primero (Génesis 30:11), nombre que significa «tropa» o «buena fortuna», porque esperaba tener un pequeño grupo de hijos. Los hijos son la fortaleza de un hogar; llenan la aljaba como flechas (Salmo 127:4-5). Llamó Aser al otro, nombre que significa «feliz», porque pensaba que él la hacía dichosa y esperaba que los demás también la consideraran así: «Las mujeres me llamarán feliz» (Génesis 30:13). Esto muestra el vacío del mundo y la necedad que hay en nuestro corazón. Muchas personas se valoran a sí mismas e incluso dirigen su vida más por lo que otros piensan que por la razón o la fe. Creen que son bendecidas si la gente simplemente lo dice.
Había mucho de malo en la rivalidad y la competencia entre estas dos hermanas. Sin embargo, Dios sacó el bien de ese mal. Había llegado el momento en que los descendientes de Abraham debían comenzar a crecer y multiplicarse. De esta manera, la familia de Jacob llegó a tener doce hijos, quienes se convirtieron en los jefes de los miles de Israel. De ellos surgieron las conocidas doce tribus, y cada tribu recibió el nombre de uno de esos hijos.
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De este capítulo
Génesis 30:2
"Entonces se encendió la ira de Jacob contra Raquel, y él dijo: ¿Estoy yo en lugar de Dios, que te ha privado del fruto del vientre?"
Génesis 30:3
"Ella dijo: Mira, aquí está mi sierva Bilha; únete a ella, y ella dará a luz sobre mis rodillas, para que yo también tenga hijos por medio de ella."
Génesis 30:4
"Entonces le dio por mujer a su sierva Bilha, y Jacob se unió a ella."
Génesis 30:5
"Bilha concibió y le dio un hijo a Jacob."
Génesis 30:6
"Raquel dijo: Dios me ha juzgado, y también ha oído mi voz y me ha dado un hijo. Por eso le puso por nombre Dan."
Génesis 30:7
"Bilha, la sierva de Raquel, concibió de nuevo y le dio un segundo hijo a Jacob."
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