Versículo destacado
Génesis 28:16 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Jacob despertó de su sueño y dijo: Ciertamente el SEÑOR está en este lugar, y yo no lo sabía. "
Génesis 28:16
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
14 tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás hacia el oeste, hacia el este, hacia el norte y hacia el sur; y en ti y en tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra.
15 Yo estoy contigo, te protegeré en todos los lugares adonde vayas y te haré volver a esta tierra, porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he prometido.
16 Jacob despertó de su sueño y dijo: Ciertamente el SEÑOR está en este lugar, y yo no lo sabía.
17 Tuvo miedo y dijo: ¡Qué temible es este lugar! No es otra cosa que la casa de Dios, y esta es la puerta del cielo.
18 Jacob se levantó temprano por la mañana, tomó la piedra que había puesto como almohadas, la levantó como un pilar y derramó aceite encima de ella.
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Dios se manifestó a Jacob y le mostró su favor mientras Jacob dormía y no hacía nada. El Espíritu, como el viento, sopla cuando quiere y donde quiere, y la gracia de Dios, como el rocío, no depende del esfuerzo humano (Miqueas 5:7). Sin embargo, Jacob aprovechó bien la visita que Dios le había concedido al despertar, y podemos pensar que despertó renovado, tal como dice el profeta: «Mi sueño fue dulce para mí» (Jeremías 31:26).
Jacob mostró primero una profunda sorpresa ante las señales de la presencia especial de Dios en aquel lugar: «Ciertamente el SEÑOR está en este lugar, y yo no lo sabía» (Génesis 28:16). Las maneras en que Dios se da a conocer llevan en sí mismas la evidencia de su realidad. Él puede dar pruebas claras de su presencia que satisfacen plenamente el corazón de los creyentes, aunque esas pruebas no sean compartidas por otros. También nosotros encontramos con frecuencia a Dios donde no esperábamos encontrarlo. Él se deja hallar donde no lo estábamos buscando, y ningún lugar impide sus visitas, como Agar lo comprobó por experiencia (Génesis 16:13). Dondequiera que estemos —en la ciudad o en el desierto, en la casa o en el campo, en el trabajo o en la calle— podemos tener comunión con el cielo, siempre que la falta no esté de nuestra parte.
Esto también llenó a Jacob de un temor reverente (Génesis 28:17). Tuvo miedo, y las visiones que había recibido no lo hicieron orgulloso ni arrogante (2 Corintios 12:7). Cuanto más vemos de Dios, más razones encontramos para temblar con reverencia y humillarnos delante de él. A quienes Dios decide manifestarse, los hace pequeños a sus propios ojos, y ellos aprenden a temer al SEÑOR y a su bondad (Oseas 3:5). Cuando Jacob dijo: «¡Qué terrible es este lugar!», quiso decir que la manifestación de Dios allí debía recordarse siempre con reverencia. No quiso decir que el suelo mismo fuera más santo que cualquier otro lugar. Más bien, aquel sitio se había convertido para él, en ese momento, en algo semejante a la casa de Dios y a la puerta del cielo: el lugar de encuentro entre el cielo y la tierra. Dios está presente de una manera especial donde su gracia se revela y donde las promesas de su pacto se dan a conocer y se confirman, primero por medio de los ángeles y ahora por medio de las ordenanzas que él ha establecido (Mateo 28:20). Cuando Dios nos encuentra con una misericordia especial, debemos encontrarnos con él con profunda humildad, recordando su santidad y nuestra propia pequeñez y pecado.
Jacob también se ocupó de conservar la memoria de este acontecimiento de dos maneras. Primero, levantó la piedra como una columna (Génesis 28:18). No pensaba que la piedra hubiera causado el sueño; quería señalar el lugar para recordarlo en el futuro y levantar un monumento duradero al favor de Dios. También derramó aceite sobre ella, probablemente siguiendo la práctica común de dedicar las cosas sagradas, como una promesa de que más adelante construiría allí un altar cuando tuviera la oportunidad, tal como lo hizo después, agradecido a Dios por esta visión (Génesis 35:7). Los actos de misericordia exigen una respuesta agradecida, y nunca debemos olvidar los momentos de comunión cercana con Dios.
Segundo, le dio al lugar un nuevo nombre: Betel, que significa «casa de Dios» (Génesis 28:19). Antes se llamaba Luz, que significa «almendro», pero Jacob quería que se recordara más la manifestación de Dios allí que los árboles que crecían en ese lugar. Mucho tiempo después, este fue el Betel donde Dios volvió a encontrarse con Jacob y donde nos habló por medio de lo que le dijo (Oseas 12:4). Sin embargo, más adelante Betel llegó a llamarse Bet-avén, que significa «casa de vanidad» o «casa de maldad», cuando Jeroboam colocó allí uno de sus becerros.
En esa ocasión, Jacob también hizo un voto solemne (Génesis 28:20-22). Los votos religiosos dan gloria a Dios, muestran que dependemos de él y comprometen con mayor firmeza nuestro corazón a obedecerlo. Jacob se encontraba con temor y angustia, y es apropiado hacer votos en tiempos de dificultad o cuando buscamos una misericordia especial (Jonás 1:16; Salmo 66:13-14; 1 Samuel 1:11; Números 21:1-3). Acababa de recibir una visita bondadosa del cielo. Puesto que Dios había renovado su pacto con Jacob, Jacob respondió renovando sus promesas a Dios.
La fe de Jacob aparece en primer lugar. Dios había dicho: «Yo estoy contigo y te protegeré» (Génesis 28:15). Jacob se aferró a esa promesa y razonó a partir de ella. Puesto que Dios estaría con él, lo protegería, proveería para él y lo haría volver a la tierra de la familia de su padre, confió en que Dios haría lo que había dicho. Jacob esperaba encontrar vivo a su padre y regresar en paz, a diferencia de Esaú, quien parecía estar esperando con ansias la muerte de su padre. Las promesas de Dios deben orientar tanto nuestros deseos como nuestras expectativas.
Jacob también muestra modestia y gran moderación en lo que pide. Se conforma con tener pan para comer y ropa para vestir. Aunque la promesa de Dios lo había hecho heredero de grandes riquezas, no pide ropa lujosa ni comida abundante. Su deseo se parece a la oración de Agur: «Aliméntame con el alimento que necesito», y concuerda con la enseñanza de 1 Timoteo 6:8. La naturaleza se conforma con poco, y la gracia puede conformarse incluso con menos. En la práctica, quienes tienen mucho solo usan para sí mismos la comida y la ropa. Todo lo que excede eso es para guardarlo o regalarlo, no para el disfrute personal. Si Dios nos da más, debemos darle gracias y usarlo para él. Si solo nos da esto, debemos estar satisfechos y disfrutar de él en medio de ello.
La piedad de Jacob y su consideración por Dios también se manifiestan claramente. Desea que Dios esté con él y lo proteja. No necesitamos nada más para estar seguros y felices adondequiera que vayamos que la presencia y la protección de Dios. En un viaje, es un consuelo tener un guía por un camino desconocido, un guardia en un camino peligroso, buena provisión y buena compañía. Quienes tienen a Dios con ellos poseen todo eso de la mejor manera posible. Jacob también decide, en términos generales, aferrarse al SEÑOR como su Dios del pacto: «Entonces el SEÑOR será mi Dios».
No estaba diciendo que Dios lo abandonaría y lo rechazaría si necesitaba comida y ropa. No; aun si Dios nos quitara la vida, debemos seguir aferrados a él. Jacob quería decir: «Entonces me alegraré en él como mi Dios. Entonces me comprometeré todavía más firmemente a permanecer con él».
Hay que tener presente que cada misericordia que recibimos de Dios debe convertirse en una nueva razón para caminar cerca de él como nuestro Dios. Cuanto más nos da Dios, más debemos sentirnos comprometidos a amarlo y servirlo.
De manera más específica, Jacob también prometió algunos actos especiales de adoración como señal de agradecimiento. Primero dijo: «Esta columna permanecerá aquí hasta que yo vuelva en paz, y entonces será la casa de Dios». Eso significaba que allí se construiría un altar en honor de Dios. Segundo, declaró: «La casa de Dios no quedará sin ofrendas, ni su altar sin sacrificio. De todo lo que me des, sin falta te daré la décima parte».
Esa décima parte se usaría para el altar de Dios o para los pobres de Dios, porque ambos le pertenecen en este mundo. Es probable que Abraham y Jacob hubieran recibido del cielo alguna instrucción general sobre dar a Dios la décima parte de sus ganancias. Estas son las enseñanzas que debemos notar: Dios debe ser honrado con nuestro dinero y nuestras posesiones, y debemos darle de ellas lo que le corresponde. Cuando recibimos una misericordia especial de Dios, debemos buscar maneras claras de mostrarle nuestro agradecimiento.
La décima parte es una porción muy apropiada para apartarla para Dios y usarla en su obra, aunque puede ser mayor o menor según nuestra situación y conforme Dios nos prospere (1 Corintios 16:2; 2 Corintios 9:7).
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De este capítulo
Génesis 28:1
"Isaac llamó a Jacob, lo bendijo, le dio este mandato y le dijo: No tomarás esposa de entre las hijas de Canaán."
Génesis 28:2
"Levántate, ve a Padán-aram, a la casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí una esposa de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre."
Génesis 28:3
"Que el Dios Todopoderoso te bendiga, te haga fructífero y te multiplique, para que llegues a ser una multitud de gente;"
Génesis 28:4
"y que te conceda la bendición de Abraham, a ti y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra donde vives como extranjero, la cual Dios le dio a Abraham."
Génesis 28:5
"Isaac envió a Jacob, y él fue a Padán-aram, adonde estaba Labán, hijo de Betuel el sirio, hermano de Rebeca, madre de Jacob y de Esaú."
Génesis 28:6
"Esaú vio que Isaac había bendecido a Jacob y lo había enviado a Padán-aram para que tomara allí una esposa; y que, al bendecirlo, le había dado este mandato: No tomarás esposa de entre las hijas de Canaán;"
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