Versículo destacado
Génesis 25:29 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Jacob preparó un guiso; y Esaú regresó del campo agotado. "
Génesis 25:29
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
27 Los muchachos crecieron. Esaú llegó a ser un cazador hábil, un hombre del campo; pero Jacob era un hombre sencillo que habitaba en tiendas.
28 Isaac amaba a Esaú porque comía de su caza, pero Rebeca amaba a Jacob.
29 Jacob preparó un guiso; y Esaú regresó del campo agotado.
30 Esaú le dijo a Jacob: «Dame de comer, te ruego, de ese mismo guiso rojo, porque estoy agotado». Por eso lo llamaron Edom.
31 Jacob le dijo: «Véndeme hoy tu derecho de primogenitura».
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Aquí tenemos un trato entre Jacob y Esaú acerca del derecho de primogenitura. Por la providencia de Dios, le correspondía a Esaú; pero, conforme a la promesa, pertenecía a Jacob. El derecho de primogenitura era un privilegio espiritual. Incluía el honor de ser el primero, una doble porción de la herencia y la promesa vinculada con la bendición de Dios (Génesis 49:3).
Jacob deseaba sinceramente el derecho de primogenitura, pero intentó obtenerlo por medios injustos, algo que no correspondía a su carácter de hombre sencillo. No lo movían el orgullo ni la ambición. Deseaba las bendiciones espirituales relacionadas con ese derecho, unas bendiciones que había aprendido a valorar en sus tiendas, mientras que Esaú las había perdido de vista en el campo. Jacob merece reconocimiento por desear los mejores dones de Dios, pero no se le puede excusar por aprovecharse de la necesidad de su hermano y hacerle un trato tan duro (Génesis 25:31). Le dijo: «Véndeme hoy tu derecho de primogenitura». Probablemente ya habían hablado de esto antes, de modo que Esaú no se sorprendió tanto como aparentó. Tal vez incluso había hablado antes del derecho de primogenitura con ligereza, lo que pudo animar a Jacob a hacerle la oferta.
Las personas sencillas que viven con honestidad y sinceridad piadosa, sin la astucia del mundo, suelen ser las más sabias en lo que se refiere a su alma y a la eternidad. Son verdaderamente sabios quienes tienen sabiduría para la vida venidera. Jacob mostró su sabiduría de dos maneras. Primero, escogió el momento adecuado y no dejó pasar la oportunidad que se le presentó. Después del trato, lo hizo firme al obtener el juramento de Esaú: «Júramelo hoy» (Génesis 25:33). Lo encontró dispuesto a aceptar y no le dejó espacio para echarse atrás. En un asunto como este, es bueno tener certeza.
Esaú mostró un desprecio profano por el derecho de primogenitura y lo vendió de manera insensata. Por eso se le llama «Esaú, hombre profano» (Hebreos 12:16), porque vendió su derecho de primogenitura por una sola comida. Fue un bocado tan costoso como cualquiera desde el fruto prohibido. Vivió lo suficiente para lamentarlo, pero solo cuando ya era demasiado tarde. Jamás hubo un trato más insensato. Sin embargo, probablemente se creyó muy astuto e incluso pudo haberse burlado de Jacob, considerándolo sencillo y débil.
Hay personas cuidadosas con las cosas pequeñas, pero descuidadas con las grandes. Pueden engañar a otros y hacerlos caer en sus trampas, pero Satanás las engaña a ellas y las conduce adonde quiere. Dios suele usar las cosas necias del mundo para avergonzar a los sabios. El sencillo Jacob supera en astucia al ingenioso Esaú.
La insensatez de Esaú se manifestó de varias maneras. Primero, su apetito era muy fuerte (Génesis 25:29, 30). Jacob tenía pan y guiso de lentejas para su comida, y comía tranquilamente sin carne de caza. Esaú regresó de cazar, hambriento y cansado, y quizá no había atrapado nada. El guiso de Jacob le pareció mejor que todo lo que había conseguido en la cacería. Dijo: «Dame de comer de eso rojo, de eso rojo», como expresa el hebreo. El guiso combinaba con su propio color (Génesis 25:25), y por eso más tarde se le llamó Edom, que significa «rojo». Estaba tan débil que ni siquiera parecía capaz de alimentarse por sí mismo, y no había ningún siervo allí para ayudarlo. Así que le pidió a su hermano que le diera de comer.
Quienes se entregan al entretenimiento se agotan por nada (Habacuc 2:13). Podrían hacer un trabajo útil y obtener beneficios mucho mejores con mucho menos esfuerzo y peligro que el que gastan en perseguir placeres insensatos. Quienes trabajan tranquilamente suelen tener una provisión más constante y segura que quienes cazan ruidosamente. El pan no siempre llega a manos de los más hábiles, pero quienes confían en el Señor y hacen el bien verdaderamente serán alimentados, incluso con el pan de cada día. No son como Esaú, que en un momento estaba lleno y al siguiente desfallecía.
Ceder al apetito del cuerpo arruina a miles de almas preciosas. Si Esaú tenía hambre y estaba desfalleciendo, podría haber conseguido comida a un precio mucho menor que el de vender su derecho de primogenitura. Pero quedó extrañamente cautivado por el aspecto de aquel guiso y no pudo negarse un plato, sin importar el costo. Nunca termina bien dejar que los deseos sigan lo que ven los ojos (Job 31:7) ni vivir solamente para satisfacer el estómago. Por eso no debemos quedarnos mirando el vino ni, como Esaú, el guiso rojo cuando se ve más tentador en la copa o en el plato (Proverbios 23:31). Cuando aprendemos a negarnos a nosotros mismos, debilitamos muchas tentaciones.
Segundo, su razonamiento era muy débil (Génesis 25:32). Dijo: «Estoy a punto de morir». Aunque realmente hubiera estado cerca de la muerte, ese guiso no podía ser lo único que lo mantuviera con vida. Si en ese momento había hambre en la tierra, como pensaba el doctor Lightfoot, Isaac no podía haber sido tan pobre ni Rebeca tan descuidada como para que Esaú no tuviera ningún otro alimento. Pero su apetito lo dominaba. Solo quería aquel guiso rojo y, para justificarse, afirmó que estaba a las puertas de la muerte. Aun si eso hubiera sido cierto, habría sido mejor morir con honor que vivir en vergüenza; morir bajo una bendición que vivir bajo una maldición. El derecho de primogenitura representaba privilegios espirituales: los privilegios del pueblo primogénito de Dios. Esaú estaba siendo probado para demostrar cuánto los valoraba, y mostró que solo le importaba su incomodidad presente. Si podía aliviarse en ese momento, no le importaba su derecho de primogenitura. Nabot mostró tener un espíritu mejor, porque prefirió perder la vida antes que vender su viña, ya que su porción de la tierra señalaba su parte en la herencia celestial (1 Reyes 21:3).
Si consideramos el derecho de primogenitura de Esaú solamente como una ventaja terrenal, sus palabras tenían algo de verdad. Las cosas mundanas, aun aquellas que más amamos, no nos ayudarán en la hora de la muerte (Salmo 49:6-8). No pueden detener la muerte, aliviar su dolor ni quitarle su aguijón. Aun así, Esaú, que probablemente se consideraba un hombre de rango, debió tener más honor que para vender tan barato incluso un privilegio terrenal. Pero como el derecho de primogenitura tenía un significado espiritual, su baja valoración de él fue una gran profanación. Es una insensatez terrible renunciar a nuestra relación con Dios, con Cristo y con el cielo a cambio de las riquezas, los honores y los placeres de este mundo. Es un trato tan malo como vender un derecho de primogenitura por un plato de caldo.
Tercero, el arrepentimiento estaba oculto de sus ojos (Génesis 25:34). Comió y bebió, deleitó su paladar, satisfizo su deseo y se felicitó por la buena comida que había disfrutado. Luego se levantó y se fue sin pensar seriamente en el mal trato que había hecho y sin mostrar verdadero pesar.
Así Esaú despreció su derecho de primogenitura. No hizo nada para cancelar el trato. No le pidió a su padre que lo anulara ni le ofreció a su hermano resolver el asunto de otra manera. El acuerdo, hecho en un momento de hambre y debilidad, quedó confirmado por la irreverencia de Esaú después de haberlo hecho. Al descuidarlo y despreciarlo más tarde, dio su consentimiento a lo que había hecho y, al defenderlo, hizo definitivo el trato.
Las personas no se arruinan tanto por hacer lo malo como por hacerlo y negarse a arrepentirse. Es peor pecar y luego aferrarse al pecado que caer y volver atrás.
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De este capítulo
Génesis 25:1
"Entonces Abraham tomó otra esposa, que se llamaba Cetura."
Génesis 25:2
"Ella le dio a luz a Zimrán, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa."
Génesis 25:3
"Jocsán engendró a Sabá y a Dedán. Los hijos de Dedán fueron los asurim, los letusim y los leumim."
Génesis 25:4
"Los hijos de Madián fueron Efa, Efer, Hanoc, Abida y Eldaa. Todos estos fueron hijos de Cetura."
Génesis 25:5
"Abraham le dio a Isaac todo lo que tenía."
Génesis 25:6
"Pero Abraham les dio regalos a los hijos de las concubinas que tenía y, mientras aún vivía, los envió lejos de su hijo Isaac, hacia el oriente, a la tierra del este."
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