Versículo destacado
Génesis 27:30 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" En cuanto Isaac terminó de bendecir a Jacob, y cuando Jacob apenas había salido de la presencia de Isaac, su padre, Esaú, su hermano, regresó de cazar. "
Génesis 27:30
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
28 Por lo tanto, que Dios te dé del rocío del cielo, de la fertilidad de la tierra y abundancia de grano y vino.
29 Que pueblos te sirvan y naciones se inclinen ante ti. Sé señor de tus hermanos, y que los hijos de tu madre se inclinen ante ti. Maldito sea todo el que te maldiga, y bendito el que te bendiga.
30 En cuanto Isaac terminó de bendecir a Jacob, y cuando Jacob apenas había salido de la presencia de Isaac, su padre, Esaú, su hermano, regresó de cazar.
31 Él también preparó una comida sabrosa, se la llevó a su padre y le dijo: Que mi padre se levante y coma de la caza de su hijo para que tu alma me bendiga.
32 Isaac, su padre, le preguntó: ¿Quién eres? Y él respondió: Yo soy tu hijo, tu primogénito Esaú.
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Aquí vemos, en primer lugar, que Esaú quedó excluido de la bendición del pacto. Había tratado su primogenitura con desprecio y, aunque también habría heredado la bendición, fue rechazado. Hebreos 12:17 dice que, aunque la buscó con lágrimas y con mucho empeño, no encontró oportunidad de que su padre cambiara de parecer. Es decir, Isaac no quiso retractarse.
Observemos cuánto se esforzó Esaú. Preparó la comida sabrosa tal como su padre se lo había pedido y luego le pidió la bendición que su padre le había hecho esperar (Génesis 27:31). Cuando supo que Jacob la había obtenido mediante engaño, lanzó un grito fuerte y amargo (Génesis 27:34). Más tarde volvió a llorar y alzó la voz entre lágrimas (Génesis 27:38). Nadie pudo haber sentido más profundamente esa pérdida que él.
Esto nos advierte que llegará el día en que quienes ahora tratan con desprecio las bendiciones del pacto las pedirán en vano. Los que hoy no quieren pedir ni buscar podrán verse obligados algún día a clamar: «¡Señor, Señor!». Quienes ahora menosprecian a Cristo podrán acudir entonces a él como suplicantes desesperados.
Isaac quedó impactado cuando se dio cuenta de que había sido engañado y tembló violentamente (Génesis 27:33). Las personas que siguen sus propios sentimientos en lugar de la voluntad de Dios suelen traer confusión sobre sí mismas. Sin embargo, Isaac pronto se sometió al propósito de Dios y confirmó la bendición que ya había pronunciado: «Lo bendije, y será bendito». Podría haberla revocado por razones humanas, pero ahora comprendió que se había equivocado al querer dársela a Esaú.
Es posible que recordara la palabra que Dios había dado anteriormente, o que al pronunciar la bendición sobre Jacob se hubiera sentido guiado de manera especial por el Espíritu Santo. En cualquier caso, ahora entendía que Dios había confirmado esa bendición. Jacob quedó fortalecido en su posesión de ella y pudo estar seguro de que era real, aunque la hubiera obtenido mediante engaño. También tenía razones para esperar que Dios hubiera perdonado su maldad.
Isaac también se sometió a la voluntad de Dios, aunque esta iba en contra de sus propios deseos y de su cariño por Esaú. Él había querido bendecir a Esaú, pero cuando comprendió que la voluntad de Dios era otra, cedió por fe (Hebreos 11:20), así como Abraham lo había hecho cuando intercedió por Ismael. Dios tiene el derecho de hacer lo que quiera con lo que le pertenece.
Esaú quedó excluido de la bendición especial que esperaba conservar, aun después de haber vendido su primogenitura. Esto nos enseña que el asunto no lo decide quien quiere o se esfuerza, sino Dios, que muestra misericordia (Romanos 9:16). El apóstol parece señalar precisamente esta historia. Esaú quería la bendición y corrió tras ella, pero Dios la había escogido para Jacob, para que permaneciera su propósito en la elección, es decir, en que Dios escoja a uno en lugar de otro (Romanos 9:11).
El mismo patrón apareció más adelante con Israel. Los judíos, como Esaú, procuraban alcanzar la ley de la justicia, es decir, la aceptación ante Dios, pero no la alcanzaron porque intentaron obtenerla mediante las obras de la ley (Romanos 9:31-32). Los gentiles, como Jacob, la recibieron por la fe en la palabra de Dios y la obtuvieron con el empeño que exige el reino de los cielos (Mateo 11:12).
Esto también muestra que quienes menosprecian su primogenitura espiritual y están dispuestos a venderla por un poco de comida pierden las bendiciones espirituales. Es justo que Dios niegue sus favores a quienes los trataron con descuido. Si las personas renuncian a la sabiduría, la gracia, la fe o una buena conciencia a cambio de honor, riquezas o placer, podrán afirmar que desean la bendición, pero ya han demostrado que no la valoran como deben.
También muestra que la ira dirigida de manera equivocada es inútil. Esaú no se arrepintió de su propia insensatez. En cambio, culpó a Jacob y lo acusó injustamente de quitarle la primogenitura, aunque Esaú la había vendido de manera legítima (Génesis 27:36). Después se llenó de amargura contra su hermano por lo ocurrido (Génesis 27:41). Es poco probable que las personas sean escuchadas en oración cuando descargan su ira sobre otros en vez de reconocer su propio pecado.
Otra advertencia es que quienes esperan demasiado serán rechazados. Esa fue la ruina de Esaú: llegó demasiado tarde. Hay un tiempo favorable, cuando Dios puede ser hallado, pero también llega un momento en que no responderá a quienes lo llamen, porque ignoraron la oportunidad que tenían. Véase Proverbios 1:28. La paciencia de Dios y nuestra oportunidad de responder no durarán para siempre. El día de la gracia terminará y la puerta se cerrará. Entonces muchos que ahora desprecian la bendición la buscarán con empeño, porque finalmente verán su valor y comprenderán que están perdidos sin ella, pero será demasiado tarde (Lucas 13:25-27). Ojalá hoy reconozcamos lo que conduce a la paz.
En segundo lugar, aquí vemos una bendición común que se le dio a Esaú. Él la pidió: «Bendíceme también» (Génesis 27:34). «¿No has reservado una bendición para mí?», dijo (Génesis 27:36). Hasta las personas más malvadas saben desear cosas buenas para sí mismas, y aun quienes venden su primogenitura sin vergüenza parecen querer una bendición. Muchos se arruinan con débiles deseos de felicidad, mientras rechazan el objetivo correcto y el camino correcto para alcanzarla. Multitudes van al infierno con la boca llena de buenos deseos. El deseo del perezoso y del incrédulo termina destruyéndolos. Muchos intentarán entrar más tarde, como Esaú, pero no podrán, porque no se esforzaron a tiempo (Lucas 13:24).
La mayoría de las personas está dispuesta a conformarse con cualquier clase de bien, y eso es lo que Esaú hizo aquí. Quería una bendición menor, separada de la primogenitura. Un corazón mundano piensa que cualquier bendición es tan buena como la que Dios concede por medio de su propia palabra. Parecía decir: «¿Solo tienes una bendición?». En efecto, estaba diciendo: «Tomaré lo que pueda conseguir. Si no puedo tener la bendición de la iglesia, entonces dame al menos alguna bendición».
Esaú sí recibió una bendición, y debía aprovecharla lo mejor posible (Génesis 27:39-40). Era un bien verdadero y mejor de lo que merecía. Se le prometió una vida digna, con la riqueza de la tierra y el rocío del cielo. Quienes pierden las bendiciones del pacto aún pueden recibir muchos dones externos. Dios da buenas tierras y buen clima a muchos que rechazan su pacto y no tienen parte en él.
También se le prometió que, poco a poco, recuperaría su libertad. Si Jacob debía gobernar (Génesis 27:29), Esaú debía servir. Sin embargo, recibió este consuelo: viviría por su espada. Serviría, pero no moriría de hambre. Después de muchas luchas, rompería el yugo de la esclavitud y mostraría señales de libertad. Esto se cumplió en 2 Reyes 8:20, 22, cuando los edomitas se rebelaron.
Aun así, su bendición quedó muy por debajo de la de Jacob. Dios había reservado algo mejor para Jacob.
En la bendición de Jacob, el rocío del cielo aparece primero, porque eso era lo que él más valoraba, más deseaba y en lo que más confiaba. En la bendición de Esaú, la riqueza de la tierra aparece primero, porque eso era lo que más le importaba. Jacob miraba primero al sustento de Dios, mientras que Esaú miraba primero a las ganancias terrenales.
Esaú recibió esos dones, pero Jacob los recibió de la mano de Dios. Dios dijo: «Que Dios te dé el rocío del cielo» (Génesis 27:28). Para Esaú, era suficiente poseer las bendiciones, pero Jacob las quería por promesa y por el amor del pacto, es decir, por la promesa especial que Dios hizo a su pueblo.
Jacob gobernaría sobre sus hermanos, y de esa manera los israelitas gobernaron con frecuencia sobre los edomitas. Esaú también alcanzaría cierto poder e influencia, pero nunca gobernaría sobre su hermano. No encontramos que los judíos fueran vendidos a los edomitas ni oprimidos por ellos de esa manera. La diferencia más importante es que nada en la bendición de Esaú apunta a Cristo. Nada en ella lo incorpora a él ni a su descendencia al pueblo del pacto de Dios y, sin eso, aun las grandes riquezas tendrían poco valor.
Así que Isaac, por fe, bendijo a sus dos hijos conforme al lugar que ocuparían en el futuro. Algunos también observan que Jacob recibió un beso al ser bendecido (Génesis 27:27), pero Esaú no.
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De este capítulo
Génesis 27:1
"Y sucedió que, cuando Isaac envejeció y sus ojos se debilitaron tanto que ya no podía ver, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él le respondió: Mira, aquí estoy."
Génesis 27:2
"Y él dijo: Mira, ya soy viejo y no sé el día de mi muerte."
Génesis 27:3
"Ahora, pues, toma, te ruego, tus armas, tu aljaba y tu arco; sal al campo y caza para mí alguna pieza."
Génesis 27:4
"Prepárame una comida sabrosa, como a mí me gusta, y tráemela para que yo coma y mi alma te bendiga antes de que muera."
Génesis 27:5
"Rebeca oyó cuando Isaac hablaba con Esaú, su hijo. Y Esaú fue al campo para cazar una pieza y traerla."
Génesis 27:6
"Entonces Rebeca habló con Jacob, su hijo, y le dijo: Mira, oí a tu padre hablarle a Esaú, tu hermano, y decir:"
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