Versículo destacado
Génesis 25:19 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Estas son las generaciones de Isaac, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac. "
Génesis 25:19
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
17 Estos fueron los años de la vida de Ismael: ciento treinta y siete años. Entonces expiró y murió, y fue reunido con su pueblo.
18 Ellos habitaron desde Havila hasta Shur, que está frente a Egipto, en dirección a Asiria; y él murió en presencia de todos sus hermanos.
19 Estas son las generaciones de Isaac, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac.
20 Isaac tenía cuarenta años cuando tomó por esposa a Rebeca, hija de Betuel el arameo de Padán-aram y hermana de Labán el arameo.
21 Isaac rogó al SEÑOR por su esposa, porque ella era estéril; el SEÑOR atendió su ruego, y Rebeca, su esposa, concibió.
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Aquí encontramos el nacimiento de Jacob y Esaú, los hijos gemelos de Isaac y Rebeca. Su llegada al mundo es, de manera poco común, una parte importante de su historia. Se dice muy poco acerca de Isaac, excepto en relación con su padre mientras Abraham vivía y con sus hijos después. Isaac parece haber sido un hombre tranquilo, que no solía estar en medio de acontecimientos públicos ni de pruebas severas.
Jacob y Esaú fueron hijos por los que se había orado. Sus padres habían permanecido sin hijos durante mucho tiempo, y recibieron a estos dos hijos como respuesta a la oración (Génesis 25:20-21). Isaac tenía cuarenta años cuando se casó y, aunque era el único hijo y aquel por medio de quien continuaría la familia prometida, no se apresuró a casarse. Tenía sesenta años cuando nacieron sus hijos (Génesis 25:26), de modo que esperó veinte años después de casarse antes de tener un hijo. Aun cuando la promesa de Dios es segura, con frecuencia parece tardar en cumplirse. Dios permite que suceda así para probar la fe, formar la paciencia y hacer más dulces las bendiciones esperadas durante mucho tiempo cuando finalmente llegan.
Durante esa espera, Isaac no recurrió a una sierva, como lo había hecho Abraham y como más tarde lo haría Jacob. Él amaba a Rebeca (Génesis 24:67). En vez de eso, oró. Le suplicó al Señor por su esposa. Aunque Dios había prometido multiplicar su familia, Isaac siguió orando por ese crecimiento, porque las promesas de Dios no deben reemplazar la oración, sino impulsarnos a orar. Deben fortalecer nuestra fe y darnos razones para seguir pidiendo.
Isaac continuó orando durante mucho tiempo, aunque la respuesta no llegó de inmediato. No dejó de hacerlo por causa de la demora. Siempre debemos orar y no desanimarnos (Lucas 18:1). Oró con perseverancia, llamando hasta que la puerta se abrió. Oró por su esposa, y algunos entienden que oró junto con ella. Los esposos y las esposas deben orar juntos, como sugiere la advertencia de Pedro, para que sus oraciones no sean estorbadas (1 Pedro 3:7). La tradición judía dice que, finalmente, Isaac llevó a Rebeca al monte Moriah, donde Dios había prometido multiplicar la descendencia de Abraham (Génesis 22:17), y allí le pidió a Dios que recordara esa promesa.
Dios lo escuchó y respondió su oración. Los hijos son un regalo de Dios. Quienes continúan orando como Isaac descubrirán con el tiempo que no pidieron en vano (Isaías 45:19).
Jacob y Esaú también fueron anunciados antes de nacer, y su nacimiento tenía un significado profundo (Génesis 25:22-23). Isaac había orado durante mucho tiempo por un hijo, y ahora Rebeca llevaba dos. Con frecuencia, Dios da más de lo que nos atrevemos a pedir o imaginar. Pero Rebeca estaba angustiada por lo que sucedía dentro de ella. Los niños luchaban en su vientre, y la agitación era tan intensa que la perturbó profundamente. Tal vez temía por su vida, o simplemente se sentía agotada por el conflicto, o pensaba que era una mala señal. Parece haberse preguntado: «Si esto es así, ¿por qué me está sucediendo?».
Antes, no poder tener hijos había sido su tristeza. Ahora, la lucha dentro de ella se convirtió en su problema. Debemos notar que las cosas que más deseamos a menudo traen más angustia de la que esperábamos. Dios usa esto para recordarnos lo vacías que pueden ser las cosas terrenales. También tendemos a sentirnos insatisfechos con las bendiciones porque vienen acompañadas de incomodidad. No siempre sabemos estar contentos cuando tenemos poco ni cuando tenemos mucho.
Esta lucha también apunta al conflicto prolongado entre el reino de Dios y el reino de Satanás. La descendencia de la mujer y la descendencia de la serpiente han estado enfrentadas desde que Dios puso enemistad entre ellas (Génesis 3:15). Ese conflicto ha traído inquietud a la vida humana. Cristo mismo dijo que vino a traer fuego sobre la tierra y división, no una paz fácil (Lucas 12:49, 12:51). No debemos ofendernos por eso. Una guerra santa es mejor que la falsa paz de la casa del diablo.
La misma lucha aparece en el corazón de los creyentes. Tan pronto como Cristo comienza a formarse en el alma, la carne y el Espíritu empiezan a luchar (Gálatas 5:17). Cuando Dios cambia el rumbo de una vida, normalmente se produce una lucha difícil. Aun así, eso no debe desanimarnos. Es mejor luchar contra el pecado que rendirse a él.
Para encontrar alivio, Rebeca acudió al Señor (Génesis 25:22). Algunos piensan que consultó a Melquisedec, el sacerdote de Dios, o quizá que se utilizó alguna forma antigua de echar suertes sagradas para consultar a Dios, como sucedería después con el pectoral del sumo sacerdote. En cualquier caso, el punto es claro: la palabra de Dios y la oración brindan gran ayuda a las almas atribuladas. Es un verdadero consuelo presentar nuestro caso ante el Señor y pedirle consejo. Debemos entrar en el santuario y buscar allí entendimiento (Salmo 73:17).
La respuesta que recibió explicó el misterio: «Hay dos naciones en tu vientre» (Génesis 25:23). No llevaba solamente dos hijos, sino dos naciones. Serían muy diferentes en carácter e intereses, y entrarían en conflicto entre sí. El mayor serviría al menor, y esto se cumplió cuando los edomitas estuvieron bajo el dominio de David durante muchos años, hasta que más tarde se rebelaron (2 Crónicas 21:8).
Esto muestra que Dios es soberano al conceder su gracia. Tiene el derecho de establecer una diferencia entre las personas antes de que alguna de ellas haya hecho bien o mal. El apóstol extrae esa enseñanza de este mismo pasaje (Romanos 9:12). También apunta hacia la lucha que ocurre en el alma entre la gracia y la corrupción, en la que la gracia, aunque sea la menor, finalmente triunfará.
Cuando nacieron los niños, había una diferencia clara entre ellos. Esto confirmó lo que se había anunciado (Génesis 25:23) y anticipó lo que sucedería después. Esaú nació áspero y cubierto de vello, casi como un hombre adulto, y por eso recibió el nombre de Esaú, que significa hecho o ya formado. Su cuerpo sugería una gran fuerza y apuntaba a una vida audaz, activa y ruda. Jacob, en cambio, era suave y delicado, como los demás recién nacidos.
Esta diferencia es importante. Las distintas capacidades que tienen las personas y, por lo tanto, los distintos lugares que ocupan en la vida, a menudo provienen de su naturaleza. Algunos tienen una inclinación natural evidente hacia la acción y los honores públicos, mientras que otros parecen destinados a una vida más tranquila y menos visible. Este ejemplo de la autoridad de Dios en su providencia puede ayudarnos a aceptar su autoridad en la manera en que concede su gracia.
Dios suele escoger las cosas débiles del mundo y pasar por alto las fuertes (1 Corintios 1:26-27). Esto ayuda a explicar la diferencia entre Esaú y Jacob. Esaú, el gemelo más fuerte, salió primero, pero la mano de Jacob ya estaba agarrada de su talón cuando nació (Génesis 25:26). Esto mostró el deseo temprano de Jacob por la primogenitura y la bendición, como si hubiera intentado alcanzarlas desde el principio. También anticipó el éxito que tendría después al obtener aquello que buscaba. Por eso recibió el nombre de Jacob, que significa «el que suplanta», o el que ocupa el lugar de otro. Esto también se menciona en Oseas 12:8.
Eran muy diferentes en carácter y en el tipo de vida que escogieron (Génesis 25:27). Esaú pertenecía a este mundo. Le gustaban el deporte y la caza, y era hábil en ellas, de modo que la recreación se convirtió en su principal ocupación. No le interesaba leer ni permanecer dentro de casa. Era un hombre del campo abierto, como Nimrod e Ismael, siempre en busca de emociones, y parecía vivir como cazador y guerrero.
Jacob era un hombre orientado hacia el mundo venidero. No estaba interesado en parecer importante, sino que era un hombre sencillo que vivía en tiendas. Era honesto, tenía buenas intenciones y trataba a los demás con justicia. Prefería la vida tranquila de la soledad y el retiro a los deportes ruidosos. Vivía en tiendas, ya fuera como pastor, cuidando ovejas, o, como algunos piensan, como estudiante que pasaba tiempo con Melquisedec o Heber para aprender la verdad divina. Este era el hijo de Isaac por medio de quien continuaría la línea del pacto.
Sus padres también los amaban de manera diferente (Génesis 25:28). Isaac y Rebeca solo tenían estos dos hijos, y parece que uno era el favorito del padre y el otro, el de la madre. Isaac no era un hombre de mucha actividad, pues cuando iba al campo, lo hacía para meditar y orar, no para cazar. Sin embargo, le agradaba la energía de Esaú. Esaú sabía cómo complacerlo al llevarle carne de caza, y eso ganó el afecto del anciano más de lo que uno esperaría.
Rebeca, por otro lado, recordaba la palabra de Dios, que había dado la preferencia a Jacob. Por eso lo amaba más. Si los padres pueden hacer alguna diferencia entre sus hijos por una buena razón, Rebeca tenía razón en amar más a aquel a quien Dios había amado.
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De este capítulo
Génesis 25:1
"Entonces Abraham tomó otra esposa, que se llamaba Cetura."
Génesis 25:2
"Ella le dio a luz a Zimrán, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa."
Génesis 25:3
"Jocsán engendró a Sabá y a Dedán. Los hijos de Dedán fueron los asurim, los letusim y los leumim."
Génesis 25:4
"Los hijos de Madián fueron Efa, Efer, Hanoc, Abida y Eldaa. Todos estos fueron hijos de Cetura."
Génesis 25:5
"Abraham le dio a Isaac todo lo que tenía."
Génesis 25:6
"Pero Abraham les dio regalos a los hijos de las concubinas que tenía y, mientras aún vivía, los envió lejos de su hijo Isaac, hacia el oriente, a la tierra del este."
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