Versículo destacado
Ezequiel 40:5 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Vi un muro alrededor de la casa por el lado exterior, y en la mano del hombre había una vara de medir de seis codos, de un codo y un palmo cada uno. Midió el ancho de la construcción, y era de una vara; y su altura, de una vara. "
Ezequiel 40:5
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
3 Me llevó allá, y vi a un hombre cuyo aspecto era como el aspecto del bronce. Tenía en la mano un cordón de lino y una vara de medir, y estaba de pie en la puerta.
4 El hombre me dijo: «Hijo del Hombre, mira con tus ojos, escucha con tus oídos y pon tu corazón en todo lo que voy a mostrarte, porque has sido traído aquí para que yo te lo muestre. Declara a la casa de Israel todo lo que veas».
5 Vi un muro alrededor de la casa por el lado exterior, y en la mano del hombre había una vara de medir de seis codos, de un codo y un palmo cada uno. Midió el ancho de la construcción, y era de una vara; y su altura, de una vara.
6 Luego llegó a la puerta que daba hacia el este, subió por sus escalones y midió el umbral de la puerta, que tenía una vara de ancho; y el otro umbral de la puerta tenía una vara de ancho.
7 Cada cámara pequeña tenía una vara de largo y una vara de ancho; entre las cámaras pequeñas había cinco codos, y el umbral de la puerta, junto al pórtico interior de la puerta, medía una vara.
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La vara de medir en la mano del hombre que hacía el reconocimiento ya se había mencionado antes (Ezequiel 40:3). Aquí se nos dice cuál era su longitud exacta, y eso es importante porque toda la casa fue medida con ella. Medía seis codos, pero no según el codo común, sino según el codo del santuario, la medida sagrada apropiada para esta casa santa. Ese codo sagrado era un palmo, aproximadamente cuatro pulgadas, más largo que el codo común; así que el codo común medía dieciocho pulgadas y este medía veintidós (Ezequiel 43:13). Algunos estudiosos opinan que la vara medía seis codos comunes, más un palmo añadido al total, pero parece más probable la primera interpretación.
Este pasaje describe primero el muro exterior de la casa, que la rodeaba por completo. Medía aproximadamente 9 pies de ancho y 9 pies de alto, y mostraba la clara separación entre la iglesia y el mundo, así como la protección divina sobre la iglesia. Si un muro tan fuerte no bastara para mantenerla segura, Dios mismo sería como un muro de fuego alrededor de ella. Cualquiera que la ataque lo hará bajo su propio riesgo.
Luego la visión se dirige a las puertas y a las habitaciones que estaban junto a ellas. Aquí no se menciona el atrio más exterior, llamado con frecuencia el atrio de los gentiles. Algunos piensan que, en los tiempos del evangelio, tantos gentiles entrarían a la iglesia que ese atrio quedaría sin medir, para mostrar que sus adoradores serían incontables (Apocalipsis 7:9, 11, 12).
La visión comienza con la puerta oriental, porque esa era la entrada habitual a la parte baja del templo. El lugar santísimo estaba en el extremo occidental, a diferencia de las naciones paganas, que a menudo adoraban mirando hacia el oriente. Se llegaba a esta puerta por medio de escalones, lo cual muestra que la iglesia del evangelio está elevada por encima de la iglesia del Antiguo Testamento. Cuando venimos a adorar a Dios, debemos elevar el corazón y la mente, como dice el llamado de Apocalipsis 4:1: «Sube acá». En otras palabras, debemos levantar el corazón.
Las habitaciones que estaban junto a las puertas eran pequeñas, de aproximadamente 10 pies cuadrados. Estaban hechas para quienes permanecían allí al servicio de la casa. Quienes sirven a Dios como sacerdotes espirituales deben conformarse con habitaciones pequeñas y no buscar grandes cosas para sí mismos. Si podemos tener cualquier lugar dentro de los límites del atrio de Dios, tenemos motivos para estar agradecidos, aunque sea solo una pequeña habitación o un lugar humilde, aunque allí solo seamos porteros.
Estas habitaciones eran cuadradas, lo cual mostraba firmeza, proporción adecuada y plena conformidad con la norma, pues cada una medía una vara de largo y una vara de ancho. Todas tenían el mismo tamaño, lo que mostraba justicia e igualdad entre quienes servían en la casa. Había muchas habitaciones, porque en la casa de nuestro Padre hay muchos hogares, tanto en el cielo como en la iglesia en la tierra (Juan 14:2). Quienes anhelan habitar en la casa del Señor todos los días de su vida estarán escondidos en el lugar secreto de su tabernáculo y protegidos bajo su refugio (Salmo 27:4, 5). Algunos entienden que estas habitaciones representan las iglesias locales de creyentes, que forman parte del gran templo, la iglesia universal. Todas esas iglesias deben ser formadas por la regla y la norma de las Escrituras, y Jesucristo las mide, es decir, las conoce y las vigila, pues él camina entre los siete candeleros de oro.
Se dice: «También hizo los postes» (Ezequiel 40:14). El que ahora los medía era el mismo que los había hecho, porque Cristo es el constructor de su iglesia y, por eso, es quien mejor puede enseñarnos acerca de ella. El hecho de llevarlos a ajustarse a la norma se llama hacerlos, porque no cuentan para nada si no están de acuerdo con esa norma. «¡A la ley y al testimonio!»; esa es la medida.
Había postes de sesenta codos, y algunos piensan que esto se cumplió literalmente cuando Ciro, en su decreto para reconstruir el templo de Jerusalén, ordenó que tuviera sesenta codos de altura, es decir, más de 90 pies (Esdras 6:3). También había ventanas para las pequeñas habitaciones, ventanas en los postes y en los arcos, es decir, en las galerías inferiores, y ventanas alrededor de todo el lugar (Ezequiel 40:16). Estas ventanas señalan la luz del cielo, por medio de la cual la iglesia recibe enseñanza, dirección y consuelo. La revelación de Dios resplandece en su casa: da luz para trabajar, luz para caminar y luz para que nos veamos a nosotros mismos y unos a otros. Incluso las partes y los miembros más pequeños y menos importantes de la iglesia recibirán luz. «Todos tus hijos serán enseñados por el Señor». Sin embargo, estas ventanas eran estrechas, como las del templo (1 Reyes 6:4). El conocimiento que recibe la iglesia en la tierra sigue siendo limitado en comparación con lo que conoceremos en la vida futura, cuando ya no veremos solo de manera borrosa.
Aquí se mencionan varios atrios: el más exterior, luego un atrio exterior, después un atrio interior y, finalmente, el atrio más interno, al que solo entraban los sacerdotes. Algunos piensan que esto puede recordarnos los diferentes dones, gracias y ministerios entre los miembros del cuerpo de Cristo en la tierra, así como los diferentes grados de gloria en el cielo, del mismo modo que hay distintas estrellas y distintos grados de resplandor en el firmamento. Algunas personas se acercan más a Dios que otras y tienen un conocimiento más profundo de las cosas divinas. Sin embargo, para un hijo de Dios, un solo día en cualquiera de sus atrios es mejor que mil en cualquier otro lugar.
Estos atrios tenían pórticos, o corredores cubiertos, alrededor de ellos, para proteger del viento y del clima a quienes servían allí. Cuando cumplimos nuestro deber delante de Dios, podemos confiar en que estamos bajo su cuidado especial y que él proveerá para nosotros. Más aún, él mismo será un refugio contra la tormenta y la lluvia (Isaías 4:5, 6). En los postes había palmeras talladas (Ezequiel 40:16), que mostraban que los justos florecerán como la palmera en los atrios de la casa de Dios (Salmo 92:12). Cuanto más las oprimen las dificultades, con más fuerza crecen, como suele decirse de las palmeras.
Esto también apunta a la victoria de los santos sobre sus enemigos espirituales. Ellos tienen palmas en las manos (Apocalipsis 7:9), y como esas palmas podrían caerse o ser arrebatadas, aquí están talladas en los postes del templo como señales permanentes de su honor. Gracias a Dios, quien siempre nos lleva en triunfo. Los creyentes mismos también llegarán a ser columnas en el templo de nuestro Dios; no saldrán jamás de allí, y tendrán escrito sobre ellos el nombre de Dios, lo cual será su mayor belleza y honor (Apocalipsis 3:12).
Observemos también el pavimento del atrio (Ezequiel 40:17, 18). La descripción parece indicar un pavimento de piedra de pórfido, cuyo color se asemeja al de las brasas encendidas. Esto enseña que aun las glorias más brillantes y deslumbrantes de este mundo deben mantenerse bajo nuestros pies cuando nos acercamos a Dios y le servimos.
Las estrellas son como brasas encendidas, o piedras de color ardiente, usadas para pavimentar el templo celestial de Dios. Si el pavimento del atrio exterior es tan brillante y resplandeciente, ¡cuán gloriosas deben ser las habitaciones de esa casa!
Las puertas que daban al norte (Ezequiel 40:20) y al sur (Ezequiel 40:24), con todas sus partes, eran muy semejantes a la puerta oriental y tenían las mismas medidas que la primera puerta (Ezequiel 40:21). La descripción se repite con gran detalle. De la misma manera, las Escrituras ofrecen un relato completo del tabernáculo en Éxodo y del templo en Reyes y Crónicas. Esto muestra con cuánto cuidado Dios observa todo lo que pertenece a su iglesia y con cuánto cuidado también deben observarlo sus ministros. Él se deleita en su pueblo. Sus ojos están sobre ellos. Conoce a todos los que le pertenecen, a todos sus templos vivientes y todo lo que les pertenece.
Observemos, en primer lugar, que este templo tenía una puerta hacia el oriente, por la que podían entrar los hijos del oriente, pueblos conocidos por su riqueza y sabiduría. Pero también tenía puertas hacia el norte y hacia el sur, para que pudieran entrar naciones más pobres y menos civilizadas. La nueva Jerusalén tiene doce puertas, tres en cada lado (Apocalipsis 21:13), porque muchos vendrán de todas las direcciones para sentarse allí (Mateo 8:11). En segundo lugar, se llegaba a esas puertas por medio de escalones: siete escalones (Ezequiel 40:22-26). Algunos han visto en esto un recordatorio de que debemos seguir creciendo en gracia y santidad, añadiendo una gracia a otra y avanzando de un escalón al siguiente, pasando de una fortaleza a otra, siempre adelante hacia la perfección, hacia lo alto, rumbo al cielo y al templo celestial.
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De este capítulo
Ezequiel 40:1
"En el año veinticinco de nuestro cautiverio, al comienzo del año, el décimo día del mes, en el año catorce después de que la ciudad fue destruida, en ese mismo día la mano del SEÑOR vino sobre mí y me llevó allá."
Ezequiel 40:2
"En visiones de Dios me llevó a la tierra de Israel y me puso sobre una montaña muy alta, junto a la cual había, hacia el sur, algo semejante a la estructura de una ciudad."
Ezequiel 40:3
"Me llevó allá, y vi a un hombre cuyo aspecto era como el aspecto del bronce. Tenía en la mano un cordón de lino y una vara de medir, y estaba de pie en la puerta."
Ezequiel 40:4
"El hombre me dijo: «Hijo del Hombre, mira con tus ojos, escucha con tus oídos y pon tu corazón en todo lo que voy a mostrarte, porque has sido traído aquí para que yo te lo muestre. Declara a la casa de Israel todo lo que veas»."
Ezequiel 40:6
"Luego llegó a la puerta que daba hacia el este, subió por sus escalones y midió el umbral de la puerta, que tenía una vara de ancho; y el otro umbral de la puerta tenía una vara de ancho."
Ezequiel 40:7
"Cada cámara pequeña tenía una vara de largo y una vara de ancho; entre las cámaras pequeñas había cinco codos, y el umbral de la puerta, junto al pórtico interior de la puerta, medía una vara."
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