Versículo destacado
Éxodo 3:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Moisés dijo a Dios: ¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel? "
Éxodo 3:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 Ahora, pues, el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.
10 Ven, pues, ahora, y te enviaré a Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.
11 Moisés dijo a Dios: ¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?
12 Él respondió: Ciertamente yo estaré contigo, y esta será para ti la señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, ustedes servirán a Dios sobre este monte.
13 Moisés dijo a Dios: Mira, cuando vaya a los hijos de Israel y les diga: El Dios de los padres de ustedes me ha enviado a ustedes, y ellos me pregunten: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les diré?
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Dios había hablado con Moisés, y ahora le permite responderle. Moisés aprovecha esa libertad y presenta una objeción acerca de su propia capacidad para cumplir la tarea (Éxodo 3:11): «¿Quién soy yo?». Se siente indigno de semejante honor e incapaz de realizar aquella misión. Cree que le falta valor para presentarse ante Faraón y hacerle una petición que podría costarle la vida, y también piensa que carece de la habilidad necesaria para sacar a Israel de Egipto. El pueblo estaba desarmado, sin entrenamiento, desanimado e incapaz de ayudarse a sí mismo; por eso, humanamente hablando, la tarea parecía imposible.
En realidad, Moisés estaba mejor preparado para esa obra que casi cualquier otro hombre de su tiempo. Tenía conocimiento, sabiduría, experiencia, valor, fe y santidad; aun así, dice: «¿Quién soy yo?». Cuanto más útil es una persona para el servicio de Dios, menos probable es que tenga una opinión elevada de sí misma. La obra era verdaderamente muy difícil, lo suficiente para hacer tambalear incluso el valor y la fe de Moisés. Hasta los siervos sabios y fieles pueden sentirse profundamente desanimados por los obstáculos que se interponen en el rescate de la iglesia.
Moisés había demostrado gran valentía cuando mató al egipcio, pero ahora su corazón desfallece. Las personas buenas no siempre muestran el mismo valor o entusiasmo en todo momento. Sin embargo, Moisés es finalmente el hombre que Dios usa, porque Dios da gracia a los humildes. Los comienzos pequeños y modestos suelen ser una buena señal de lo que Dios hará después.
Dios responde a la objeción de Moisés en Éxodo 3:12 prometiendo su propia presencia: «Ciertamente yo estaré contigo». Eso es suficiente. Las personas que se sienten débiles en sí mismas todavía pueden hacer cosas extraordinarias cuando son fuertes en el Señor y en el poder de su fuerza. Quienes más dudan de sí mismos pueden llegar a confiar más plenamente en Dios. La presencia de Dios honra a los humildes, da sabiduría y fuerza a los débiles, y hace que los problemas enormes parezcan pequeños. Su presencia responde a toda objeción.
Dios también le asegura a Moisés que tendrá éxito, diciéndole que Israel servirá a Dios en ese mismo monte. La liberación alcanza su mayor valor cuando nos conduce a la libertad de servir a Dios. Si Dios nos da tanto la oportunidad como el deseo de servirle, es una señal esperanzadora de que vendrán aún más bendiciones.
Entonces Moisés pide instrucciones para poder cumplir bien su misión. Quiere saber con qué nombre Dios se dará a conocer de ahora en adelante (Éxodo 3:13). Da por hecho que los israelitas le preguntarán: «¿Cuál es su nombre?». Tal vez le hagan esa pregunta para ponerlo a prueba, pues Moisés conocía la dificultad de tratar con Faraón y también de convencer al propio pueblo. Probablemente serían cautelosos y estarían listos para presentar objeciones, además de exigir pruebas de su autoridad. Moisés quizá también pensaba que ellos necesitaban la respuesta para comprender mejor quién era Dios.
En Egipto, los israelitas pudieron haberse vuelto muy ignorantes debido a la dureza de la esclavitud, la falta de maestros y la pérdida del sábado. Por eso quizá necesitaban que se les enseñaran incluso las verdades más básicas acerca de Dios. Su pregunta también podría significar: «¿Qué clase de ayuda podemos esperar de él en esta liberación?».
Moisés también quiere saber qué respuesta debe darles: «¿Qué les responderé?». Necesita algo claro y con autoridad que respalde su misión. Si va a ir, quiere recibir instrucciones completas para no ir en vano. Quienes hablan en nombre de Dios necesitan prepararse con anticipación. Si queremos saber qué decir, debemos acudir a Dios, a su Palabra y a su trono de gracia para recibir dirección (Ezequiel 2:7; Ezequiel 3:4, 10, 17). Cuando tratamos con Dios, es bueno y correcto conocer y considerar su nombre.
Dios le da a Moisés instrucciones completas. Le proporciona dos nombres, y cada uno muestra algo diferente acerca de él. Primero, le da un nombre que revela lo que Dios es en sí mismo (Éxodo 3:14): «Yo soy el que soy». Este nombre explica el nombre Jehová y tiene varios significados. Dios existe por sí mismo y no depende de nadie. El ser humano más grande y bueno solo puede decir: «Por la gracia de Dios soy lo que soy», pero únicamente Dios puede decir: «Yo soy el que soy». Puesto que existe por sí mismo, es completamente autosuficiente y, por lo tanto, plenamente suficiente para todas las cosas: la fuente inagotable de la existencia y del gozo.
Este nombre también significa que Dios es eterno e inmutable: siempre es el mismo, ayer, hoy y por los siglos. Él es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será (Apocalipsis 1:8). También nos recuerda que no podemos comprenderlo por completo mediante nuestra propia búsqueda. El nombre pone límite a nuestras preguntas atrevidas y curiosas acerca de Dios y, en efecto, dice: «No preguntes demasiado acerca de mi nombre, porque es secreto» (Jueces 13:18; Proverbios 30:4). Si preguntamos qué es Dios, debe bastarnos con saber que él es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será. «¡Cuán poco hemos oído de él!» (Job 26:14).
Este nombre también muestra que Dios es fiel y verdadero en cada promesa. Él no cambia en su palabra más de lo que cambia en su naturaleza, y no es un ser humano para mentir. Israel debía saber que «YO SOY» había enviado a Moisés.
En segundo lugar, Dios le da un nombre que muestra lo que él es para su pueblo. Como «YO SOY» podría parecerles al principio demasiado elevado y difícil de comprender, también se le dice a Moisés que use un nombre más familiar: «El SEÑOR, el Dios de sus antepasados, me ha enviado a ustedes» (Éxodo 3:15). Esta es la misma manera en que Dios ya se había dado a conocer a Moisés (Éxodo 3:6), y es la forma en que Moisés debe darlo a conocer al pueblo. Esto renovaría la fe de sus antepasados, que probablemente se había debilitado y casi olvidado. Esa renovación era necesaria para prepararlos para la liberación (Salmo 80:19).
También fortalecería sus esperanzas al recordarles las promesas hechas a sus antepasados. Se menciona a Abraham, Isaac y Jacob porque Dios hizo primero su pacto con Abraham y luego lo confirmó muchas veces con Isaac y Jacob. Estos tres fueron apartados de entre sus hermanos y escogidos para llevar el pacto, mientras que sus hermanos no lo fueron. Dios quiere que este sea su nombre para siempre, y así ha sido, es y será el nombre por el cual sus adoradores lo conocen y lo distinguen de los dioses falsos (1 Reyes 18:36).
La relación de pacto de Dios con su pueblo es algo que él siempre recuerda y en lo que se deleita. Quiere que nunca la olvidemos, sino que le demos la gloria por ella. Si él ha escogido ese nombre como su memorial para todas las generaciones, entonces tenemos toda razón para hacerlo también nuestro recuerdo más precioso.
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De este capítulo
Éxodo 3:1
"Moisés apacentaba el rebaño de Jetro, su suegro, sacerdote de Madián. Llevó el rebaño al otro lado del desierto y llegó al monte de Dios, a Horeb."
Éxodo 3:2
"El ángel del SEÑOR se le apareció en una llama de fuego en medio de una zarza. Él miró y vio que la zarza ardía en fuego, pero no se consumía."
Éxodo 3:3
"Entonces Moisés dijo: Me apartaré ahora para ver esta gran maravilla y por qué la zarza no se quema."
Éxodo 3:4
"Cuando el SEÑOR vio que se había apartado para mirar, Dios lo llamó desde en medio de la zarza y dijo: Moisés, Moisés. Él respondió: Aquí estoy."
Éxodo 3:5
"Él dijo: No te acerques aquí. Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás es tierra santa."
Éxodo 3:6
"Además, dijo: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Moisés ocultó su rostro porque tenía miedo de mirar a Dios."
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