Versículo destacado
Ester 6:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Aquella noche el rey no pudo dormir, y ordenó que trajeran el libro de los registros de las crónicas; y estos fueron leídos ante el rey. "
Ester 6:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Aquella noche el rey no pudo dormir, y ordenó que trajeran el libro de los registros de las crónicas; y estos fueron leídos ante el rey.
2 Y se encontró escrito que Mardoqueo había denunciado a Bigtán y Teres, dos de los oficiales de cámara del rey, guardianes de la puerta, quienes habían intentado ponerle la mano encima al rey Asuero.
3 Y el rey preguntó: «¿Qué honor y distinción se le ha concedido a Mardoqueo por esto?». Entonces los servidores del rey que lo atendían respondieron: «Nada se ha hecho por él».
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En el capítulo anterior leímos que Satanás obró en el corazón de Amán para planear la muerte de Mardoqueo. Aquí vemos a Dios obrando en el corazón del rey para planear el honor de Mardoqueo. Si la palabra del rey puede prevalecer sobre la de Amán, mucho más puede mantenerse el propósito de Dios, sin importar lo que las personas planeen en su corazón. Por eso, la resistencia de Amán fue inútil: tanto Dios como el rey habían dispuesto que Mardoqueo fuera honrado.
Esto sucedió en el momento preciso. El ascenso de Mardoqueo y la decepción de Amán ayudarían a avanzar el rescate de los judíos, que Ester comenzaría a buscar al día siguiente. A veces, una demora termina siendo sabia y útil. Al esperar un poco, quizá podamos hacer algo más pronto de lo que pensábamos. Por medio de la espera, el asunto avanzó.
Esa noche, el rey no pudo dormir. El sueño se le fue y parecía alejarse cuanto más intentaba alcanzarlo. A veces no podemos dormir aunque lo deseemos intensamente. Incluso después de un banquete con vino, el rey seguía sin poder dormir, porque Dios estaba usando su vigilia para cumplir su propio propósito. No se nos dice que alguna enfermedad física lo mantuviera despierto. Más bien, Dios, quien da el sueño, se lo retuvo.
Ni siquiera las personas decididas a desechar sus preocupaciones siempre pueden hacerlo. Con frecuencia encuentran sus afanes allí mismo, sobre la almohada, quieran o no. El hombre que gobernaba 127 provincias no pudo ordenar ni siquiera una hora de sueño. Tal vez la conversación que había tenido con Ester el día anterior había inquietado su conciencia, porque la había descuidado y le había impedido presentarse ante él durante más de treinta días, aunque era su esposa. Una conciencia ofendida puede hablar cuando por fin logra ser escuchada.
Como no podía dormir, pidió que le trajeran el libro de los registros, es decir, los diarios de su reinado, para que se los leyeran (Ester 6:1). Probablemente no lo pidió como una forma de quedarse dormido, porque aquello tenía más posibilidades de despertar sus pensamientos y alejarle el sueño. Sin embargo, Dios lo impulsó a pedir ese libro en vez de música o canciones, que los reyes persas solían usar para entretenerse (Daniel 6:18). Esas opciones habrían tenido más posibilidades de tranquilizarlo. Cuando las personas hacen cosas que parecen extrañas, no siempre sabemos lo que Dios está haciendo por medio de ellas.
Tal vez quería que le leyeran el libro para aprovechar el tiempo y pensar en planes útiles. Si David hubiera estado en esa situación, habría escogido otro tipo de consuelo. Cuando no podía dormir, recordaba a Dios y meditaba en él (Salmos 64:6). Si hubiera querido que le leyeran un libro, habría sido la Biblia, porque meditaba en la ley de Dios de día y de noche.
El siervo que leía los registros pudo haber comenzado con el pasaje sobre Mardoqueo o, después de leer durante un tiempo, pudo haber llegado a él. Entre los registros estaba escrito que Mardoqueo había descubierto un complot contra la vida del rey y había impedido que se llevara a cabo (Ester 6:2). Mardoqueo no tenía suficiente importancia en la corte como para que el lector escogiera deliberadamente ese pasaje. La providencia lo dirigió hasta allí. La tradición judía incluso afirma, según relata el obispo Patrick, que cuando se abrió el libro en ese punto, el lector intentó pasar a otra página, pero las hojas volvieron a caer en el mismo lugar. Así que se vio obligado a leer esa sección. El servicio leal de Mardoqueo ya había quedado registrado antes (Ester 2:23), y ahora fue encontrado en los registros reales.
Entonces el rey preguntó qué honor y dignidad se le habían concedido a Mardoqueo por aquello. Se dio cuenta de que ese buen servicio no había sido recompensado y lo recordó en ese momento, de manera parecida a como el copero del faraón recordó su propia falta ese día (Génesis 41:9). La gratitud forma parte de la naturaleza humana. Debemos estar especialmente agradecidos con quienes están bajo nuestra autoridad y no tratar su bondad como si eso los dejara endeudados con nosotros. De la pregunta del rey podemos aprender dos cosas sobre la gratitud: es mejor conceder algo de honor que no conceder ninguno; y si nos hemos tardado en agradecerle a alguien, más vale tarde que nunca.
Los siervos le respondieron que no se había hecho nada por Mardoqueo, a pesar del gran servicio que había prestado. Mardoqueo seguía sentado en la puerta del rey, como antes. Es común que las personas importantes presten poca atención a quienes están bajo su autoridad. El rey ni siquiera sabía si Mardoqueo había recibido un ascenso hasta que sus siervos se lo dijeron. Las personas orgullosas y arrogantes suelen actuar como si no les importara la condición de quienes están por debajo de ellas. Pero Dios vigila de cerca incluso al menor de sus siervos. Él sabe qué honor o vergüenza se les hace.
La humildad, la modestia y la abnegación pueden ser muy valiosas a los ojos de Dios, pero con frecuencia hacen más lento el ascenso de una persona en el mundo. Mardoqueo permanecía en la puerta del rey, mientras que el orgulloso Amán rápidamente obtuvo la atención y el favor del rey. Sin embargo, quienes ascienden impulsados por la ambición pueden subir rápido, mientras que los humildes permanecen firmes. El honor puede marear a los orgullosos, pero sostiene a los de espíritu humilde (Proverbios 29:23). El rey también consideraba el honor como algo de gran valor. No preguntó qué dinero o tierras se le habían dado a Mardoqueo, sino qué honor. Pero el honor sin los recursos para sostenerlo puede convertirse en una carga.
Entre las personas, los mejores servicios y los mayores méritos suelen pasar desapercibidos. Quienes más merecen honor y quienes podrían hacer más bien con él, a menudo reciben menos. Véase (Eclesiastés 9:14-16). Obtener riquezas y honor muchas veces se parece a una lotería, en la que quienes arriesgan menos a veces ganan el premio más grande. Más aún, un buen servicio ni siquiera siempre protege a una persona del daño. Mardoqueo todavía estaba bajo el decreto de muerte del rey junto con todos los judíos, aunque todos reconocían que merecía honor. Quienes sirven fielmente a Dios no tienen que temer ser recompensados de una manera tan injusta.
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De este capítulo
Ester 6:2
"Y se encontró escrito que Mardoqueo había denunciado a Bigtán y Teres, dos de los oficiales de cámara del rey, guardianes de la puerta, quienes habían intentado ponerle la mano encima al rey Asuero."
Ester 6:3
"Y el rey preguntó: «¿Qué honor y distinción se le ha concedido a Mardoqueo por esto?». Entonces los servidores del rey que lo atendían respondieron: «Nada se ha hecho por él»."
Ester 6:4
"Y el rey preguntó: «¿Quién está en el patio?». Amán había llegado al patio exterior de la casa del rey para pedirle al rey que colgara a Mardoqueo en la horca que había preparado para él."
Ester 6:5
"Y los servidores del rey le dijeron: «Amán está en el patio». Y el rey dijo: «Que entre»."
Ester 6:6
"Entonces Amán entró. Y el rey le preguntó: «¿Qué debe hacerse con el hombre a quien el rey se complace en honrar?». Amán pensó en su corazón: «¿A quién se complacería el rey en honrar más que a mí?»."
Ester 6:7
"Y Amán respondió al rey: Para el hombre a quien el rey se complace en honrar,"
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