Versículo destacado

Daniel 6:18 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Entonces el rey fue a su palacio y pasó la noche en ayuno. No llevaron ante él instrumentos musicales, y el sueño huyó de él. "

Daniel 6:18

menu_book El versículo en contexto

16 Entonces el rey dio la orden, y trajeron a Daniel y lo arrojaron al foso de los leones. El rey habló y dijo a Daniel: «Tu Dios, a quien sirves continuamente, él te librará».

17 Luego trajeron una piedra y la pusieron sobre la entrada del foso; y el rey la selló con su propio sello y con el sello de sus señores, para que no se cambiara el propósito respecto a Daniel.

18 Entonces el rey fue a su palacio y pasó la noche en ayuno. No llevaron ante él instrumentos musicales, y el sueño huyó de él.

19 Luego el rey se levantó muy temprano por la mañana y fue apresuradamente al foso de los leones.

20 Cuando llegó al foso, clamó a Daniel con voz angustiada; y el rey habló y dijo a Daniel: «Oh Daniel, siervo del Dios viviente, ¿puede tu Dios, a quien sirves continuamente, librarte de los leones?».

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Esta fue la triste noche que el rey pasó por causa de Daniel (Daniel 6:18). Había dicho que Dios libraría a Daniel del peligro, pero no podía perdonarse a sí mismo por haberlo puesto allí. Al hacerlo, había actuado con crueldad contra un hombre que le había servido bien, y lo sabía. Por eso regresó a su palacio angustiado y avergonzado, porque había actuado en contra de la ley de Dios y de lo que era justo, aun mientras intentaba obedecer la ley de los medos y los persas.

No cenó, pasó la noche en ayuno y mantuvo la música alejada de él, porque las canciones alegres no corresponden a un corazón afligido. Se acostó, pero no durmió. Se pasó la noche dando vueltas hasta que llegó la luz del día. La lección es clara: la mejor manera de tener una noche tranquila es conservar una conciencia limpia; así podemos acostarnos en paz.

A la mañana siguiente, el rey preguntó urgentemente por Daniel (Daniel 6:19-20). Se levantó muy temprano, porque no podía descansar en la cama mientras pensaba en Daniel. También estaba demasiado angustiado para quedarse quieto. Se apresuró personalmente hasta el foso de los leones, porque no quería enviar a un siervo —lo cual habría mostrado menos preocupación por Daniel— y no podía esperar a que otra persona regresara con noticias.

Cuando llegó al foso, gritó con voz triste y llena de preocupación: «Daniel, ¿sigues vivo? Daniel, siervo del Dios viviente, ¿tu Dios, a quien sirves, pudo salvarte de los leones?». Si hubiera comprendido plenamente lo que estaba diciendo acerca del Dios viviente, no habría dudado de su poder. El Dios que tiene vida en sí mismo puede dar vida a quien quiere. Sin embargo, el rey se preguntaba si Dios había decidido ejercer su poder en esta situación. Lo que él dudaba, nosotros lo sabemos: quienes sirven al Dios viviente tienen un Señor plenamente capaz de protegerlos y sostenerlos en su servicio.

Entonces llegó la respuesta llena de gozo (Daniel 6:21-22). Daniel estaba vivo, sano, seguro e ileso en el foso de los leones. Reconoció la voz del rey, aunque estaba llena de tristeza, y respondió con gran respeto: «¡Oh rey, vive para siempre!». No le reprochó haberlo abandonado en manos de sus enemigos ni haber cedido tan rápidamente a su malicia. Más bien, lo recibió con bondad, demostrando que verdaderamente lo había perdonado.

El informe de Daniel estaba lleno de triunfo. Dios le había salvado la vida por medio de un milagro. Darío había llamado al Señor «tu Dios, a quien sirves», y Daniel respondió, en efecto: «Sí, él es mi Dios». Dios había enviado a su ángel. Probablemente este mismo glorioso mensajero celestial, que se había aparecido junto a los tres jóvenes en el horno de fuego, había venido ante Daniel de manera visible, había llenado el foso de luz, lo había acompañado durante la noche y había cerrado la boca de los leones para que no le hicieran daño. La presencia del ángel convirtió el foso de los leones en el lugar fuerte de Daniel, en su palacio, incluso en su paraíso. Daniel nunca había pasado una noche mejor.

Mira cuán grande es el poder de Dios sobre las criaturas más feroces. Él todavía puede silenciar al león rugiente que anda buscando a quién devorar, para que no haga daño a quienes le pertenecen. Mira también cómo Dios cuida a quienes permanecen fieles a él, especialmente cuando los llama a sufrir por su causa. Si protege sus almas del pecado, los llena de paz y finalmente recibe sus almas consigo, en efecto ha cerrado la boca de los leones. Observa además cuán dispuestos están los ángeles a servir para el bien del pueblo de Dios, pues se consideran sus compañeros de servicio.

Dios también había defendido la causa de Daniel. Lo habían acusado de ser desleal al rey y al reino. No leemos que Daniel se defendiera, sino que dejó que Dios demostrara su inocencia, y Dios lo hizo plenamente al conservarlo con vida en el foso. Daniel no había hecho mal ni contra Dios ni contra el rey. Podía decir con toda verdad: «Fui hallado inocente delante de aquel a quien oraba». No estaba reclamando ningún mérito especial. Su consuelo era el testimonio de una buena conciencia y también estas palabras: «Delante de usted, oh rey, no he hecho ningún mal ni he intentado insultarlo».

Entonces sacaron a Daniel del foso (Daniel 6:23). Sus enemigos tuvieron que admitir que la ley había sido cumplida, aunque ellos no estaban satisfechos. Si la ley había cambiado, había sido cambiada por un poder mayor que el de los medos y los persas. Por lo tanto, no había razón para que Daniel permaneciera en el foso. El rey se alegró muchísimo de que Daniel estuviera vivo y ordenó que lo sacaran de inmediato, como Jeremías cuando fue sacado de la cisterna. Cuando lo examinaron, no encontraron en él ninguna herida. No estaba aplastado, arañado ni lastimado de ninguna manera, porque había confiado en su Dios. Quienes confían en Dios con valentía y alegría mientras cumplen con su deber no quedarán avergonzados. Siempre encontrarán que él está dispuesto a ayudar.

Después, los acusadores de Daniel fueron arrojados al mismo foso (Daniel 6:24). El milagro que Dios había hecho por Daniel le dio valor a Darío, y ahora el rey comenzó a actuar nuevamente como un rey. Los que no le habían permitido mostrar misericordia a Daniel tuvieron que sentir su ira. Y el rey hizo justicia en favor del Dios que le había mostrado misericordia. La trampa que los acusadores de Daniel habían preparado se volvió contra ellos. Puesto que la inocencia de Daniel había quedado clara, recibieron el castigo que habían planeado para él, de acuerdo con la ley contra los acusadores falsos (Deuteronomio 19:18-19). En verdad habían sido acusadores falsos, porque aunque los hechos que denunciaron eran ciertos, Daniel no había hecho nada malo. Fueron arrojados al foso de los leones, quizá un castigo que ellos mismos habían ideado. Es justo que quienes planean la crueldad perezcan por medio de ella (Salmo 7:15-16; Salmo 9:15-16). Así se demostraron verdaderas las palabras de Salomón: «El justo es librado de la angustia, y el malvado ocupa su lugar» (Proverbios 11:8).

En este juicio podemos notar la severidad del rey, pues ordenó que sus esposas y sus hijos fueran arrojados con ellos a los leones.

¡Cuán justas son las leyes de Dios, por encima de las leyes de las naciones! Dios ordenó que los hijos no murieran por los delitos de sus padres (Deuteronomio 24:16). Sin embargo, en casos especiales, como los de Acán, Saúl y Amán, familias enteras fueron ejecutadas.

Los leones también eran feroces. Dominaron a aquellos hombres de inmediato y los despedazaron antes de que llegaran al fondo del foso. Esto hizo aún más grande el rescate de Daniel por parte de Dios. Demostró que los leones no habían dejado ileso a Daniel por falta de hambre, sino porque no se les permitió tocarlo.

Los perros que han sido amordazados suelen volverse todavía más violentos cuando les quitan el bozal, y eso fue lo que sucedió con estos leones. De esta manera, el Señor se da a conocer por medio de los juicios que ejecuta.

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