Versículo destacado
Eclesiastés 11:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Verdaderamente, la luz es dulce, y es agradable para los ojos contemplar el sol. "
Eclesiastés 11:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Así como no sabes cuál es el camino del espíritu ni cómo crecen los huesos en el vientre de la que está embarazada, tampoco conoces las obras de Dios, quien lo hace todo.
6 Por la mañana siembra tu semilla, y por la tarde no retires tu mano, porque no sabes cuál prosperará, si esto o aquello, o si ambos serán igualmente buenos.
7 Verdaderamente, la luz es dulce, y es agradable para los ojos contemplar el sol.
8 Pero si un hombre vive muchos años y se alegra en todos ellos, aun así, que recuerde los días de oscuridad, porque serán muchos. Todo lo que viene es vanidad.
9 Alégrate, joven, en tu juventud; que tu corazón te alegre en los días de tu juventud, y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos. Pero debes saber que, por todas estas cosas, Dios te llevará a juicio.
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Este pasaje es una advertencia tanto para las personas mayores como para los jóvenes: todos deben pensar en la muerte y prepararse para ella. Después de dar muchas enseñanzas sabias sobre cómo vivir bien, el Predicador se acerca al final de su mensaje para enseñarnos también a morir bien. Nos recuerda que todos tenemos un fin definitivo.
Primero se dirige a las personas mayores, como un padre que habla con sus hijos, para despertarlas y llevarlas a pensar en la muerte (Eclesiastés 11:7-8). Comienza reconociendo con honestidad que la vida es dulce. La luz del sol es agradable, y es bueno para los ojos contemplarla. La luz fue lo primero que Dios hizo cuando formó el mundo, y el ojo es una de las primeras partes que se forman en el cuerpo. Es un gozo ver la luz y contemplar, por medio de ella, las muchas cosas buenas que ofrece este mundo.
La vida misma también es como la luz, como lo expresa Job cuando habla de la luz de la vida (Job 3:20, 23). Nadie puede negar honestamente que la vida es dulce. Es dulce para las personas malvadas, porque consideran esta vida como toda su recompensa. Es dulce para las personas piadosas, porque esta vida es el tiempo de preparación para una vida mejor. También es dulce para todos por naturaleza. Sin embargo, precisamente porque la vida es tan agradable, debemos cuidarnos para no amarla demasiado.
Aun en medio de una vida larga y feliz, debemos recordar la muerte. Aunque una persona viva muchos años, debe recordar que vienen los días de oscuridad. Podemos imaginar un largo día de verano: muchos años de vida y mucho consuelo recibido de Dios. Algunas personas viven muchos años, escapan de numerosos peligros y disfrutan de muchas bendiciones. Incluso pueden sentirse seguras de que nada malo les sucederá. Pero nadie se alegra realmente durante todos sus años. En realidad, solo tenemos momentos breves de alegría y muchos momentos de tristeza.
Algunas personas parecen disfrutar sus años más que otras. Cuando una buena vida exterior se combina con un espíritu alegre, eso puede ayudar a una persona a regocijarse. Aun así, la vida más feliz tiene sus dificultades, y el corazón más alegre tiene momentos de abatimiento. Las personas pecadoras tienen sus estados de ánimo oscuros, y hasta las personas piadosas experimentan tristezas santas. Por eso, la imagen de alguien que vive muchos años y se alegra durante todos ellos es solo una idea, no una realidad común.
Después de ese día de verano llega la noche de invierno. Así también, después de la vida vienen los días de oscuridad, es decir, el tiempo en que el cuerpo permanece en la tumba. Allí el cuerpo yace en la oscuridad. Los ojos no ven y el sol no brilla. La muerte es lo opuesto a la luz de la vida, y la tumba es una tierra de oscuridad (Job 10:21). Esos días de oscuridad serán muchos, porque el tiempo que nuestros cuerpos permanezcan bajo tierra será más largo que el tiempo que vivimos sobre ella. Sin embargo, no serán interminables. Serán contados y llegarán a su fin cuando termine este orden creado (Job 14:12). Así como el día más largo termina en la noche, la noche más larga terminará en la mañana.
Es bueno pensar con frecuencia en esos días de oscuridad. Esto nos libra del orgullo, de la confianza descuidada en nosotros mismos y de una conducta desenfrenada impulsada por una alegría vacía. Aunque tengamos una vida larga y muchas comodidades, todavía debemos recordar que esos días ciertamente llegarán. Serán menos aterradores si hemos pensado en ellos de antemano.
Luego el Predicador se dirige a los jóvenes, hablándoles como a niños, para despertarlos también a pensar en la muerte (Eclesiastés 11:9-10). Usa una forma de expresión aguda e irónica: «Alégrate, joven, en tu juventud». Algunos entienden estas palabras como el consejo falso de un ateo o de alguien entregado al placer, al que Salomón responde con una fuerte advertencia al final del versículo. Pero el sentido resulta aún más contundente si las escuchamos como ironía. Es semejante a la manera en que Elías habló a los profetas de Baal, Micaías habló a Acab o Cristo habló a sus discípulos para hacerlos reflexionar profundamente.
El sentido es el siguiente: adelante, joven, vive para el placer si eso quieres. Dedícate a tus deportes, tus diversiones y tus deseos. Deja que tu corazón se anime con sus esperanzas necias. Camina por los caminos que quieras seguir y haz todo lo que agrade a tus apetitos. Que tu propia voluntad sea tu ley. Deja que tu corazón siga a tus ojos, con un corazón errante y una mirada que vaga. Haz lo que te parezca bueno, ya sea que agrade a Dios o no.
Salomón habla de esta manera para mostrar varias cosas. Muestra que eso es lo que el joven quiere hacer y que desea recibir permiso para hacerlo. También muestra que preferiría escuchar palabras agradables que estén de acuerdo con sus deseos, en vez de advertencias sabias que se opongan a ellos. Además, deja al descubierto la necedad de una vida entregada al placer y al pecado. Si las personas pensaran con claridad y juzgaran justamente, la sola descripción de una vida así mostraría lo irracional que es. El caso queda decidido simplemente al describirlo. Y si las personas eligen ese camino, es justo que Dios las entregue a sus propios deseos y les permita seguir sus propios planes (Oseas 4:7).
Entonces llega la fuerte advertencia que frena esos placeres: debes saber con certeza que Dios te llevará a juicio por todas esas cosas. Al tener esto presente, queda expuesta la imposibilidad de seguir viviendo de esa manera. Después de la ironía anterior, esta advertencia corrige y refrena los deseos pecaminosos del joven. Si eliges esa clase de libertad, te arruinará para siempre. Tendrás que presentarte delante de un Dios que no dejará el pecado sin castigo.
Hay un juicio venidero. Todos tendremos que comparecer ante el juicio, aunque ahora intentemos mantener ese día lejos de nuestra mente. En ese día responderemos por todo nuestro gozo pecaminoso y por todo placer sensual.
Es bueno que todos, especialmente los jóvenes, sepan esto y lo tengan presente, para que no usen sus deseos juveniles para acumular ira para el día de la ira, la ira del Cordero.
De todo esto se desprenden una advertencia y un estímulo (Eclesiastés 11:10). Los jóvenes deben vigilarse y cuidar bien tanto su alma como su cuerpo, tanto su corazón como su carne. Deben asegurarse de que su mente no se llene de orgullo ni se agite con ira o con cualquier otro sentimiento pecaminoso. «Quita de tu corazón la tristeza», o la ira. Esta palabra incluye cualquier desorden o agitación de la mente. Los jóvenes suelen ser impacientes cuando los corrigen o los limitan. Se alteran con facilidad ante cualquier cosa que los humille, y su corazón orgulloso se rebela contra todo lo que contradice sus deseos.
Están tan concentrados en lo que agrada a los sentidos que no soportan nada desagradable, y eso llega directamente a su corazón. Su orgullo suele inquietarlos y robarles la tranquilidad. Deben apartar esas cosas, junto con el amor al mundo, y mantener expectativas moderadas respecto de las cosas creadas. Así, las decepciones no los llevarán tan fácilmente a la tristeza ni a la ira. Algunos entienden aquí la «tristeza» como la alegría mundana descrita en Eclesiastés 11:9, que termina en amargura y dolor. Por eso, los jóvenes deben mantenerse alejados de todo lo que después se convierta en una fuente de arrepentimiento al mirar atrás.
También deben cuidar que su cuerpo no sea manchado por los excesos, la impureza sexual ni ningún deseo carnal. Deben apartar el mal de su carne y no permitir que las partes de su cuerpo se conviertan en instrumentos para hacer lo malo. El mal del pecado se convertirá en el mal del castigo. Lo que parece bueno para la carne porque satisface sus deseos terminará siendo dañino. Por tanto, hay que mantenerlo lo más lejos posible.
El Predicador fortalece esta advertencia para las personas mayores y los jóvenes al señalar su enseñanza principal: todo lo presente es vanidad, incierto y sin valor duradero. A las personas mayores les recuerda esto: «Todo lo que está por venir es vanidad» (Eclesiastés 11:8). Aunque alguien viva muchos años y encuentre alegría en todos ellos, todo lo que ya pasó y todo lo que todavía está por venir sigue siendo vacío. No importa lo que las personas esperen durante sus últimos años: todo es vanidad. Lo que aún está por venir no las hará más felices que lo que ya pasó. Todos los que vienen al mundo son vanidad, completamente vanidad, incluso cuando se encuentran en su mejor condición.
A los jóvenes también les recuerda la misma verdad: la niñez y la juventud son vanidad. Los pensamientos y las acciones de la niñez y la juventud están llenos de necedad y pecado, y los jóvenes deben cuidarse de ellos y ser sanados de ellos. Los placeres y las ventajas de la juventud no son seguros, no satisfacen plenamente y no permanecen. Están desapareciendo. Estas flores pronto se marchitarán y estos brotes caerán. Por eso, deben convertirse en buen fruto: un fruto que permanezca y produzca una buena recompensa.
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De este capítulo
Eclesiastés 11:1
"Echa tu pan sobre las aguas, porque después de muchos días lo hallarás."
Eclesiastés 11:2
"Da una porción a siete, y también a ocho, porque no sabes qué mal vendrá sobre la tierra."
Eclesiastés 11:3
"Si las nubes están llenas de lluvia, se vacían sobre la tierra; y si el árbol cae hacia el sur o hacia el norte, en el lugar donde caiga el árbol, allí quedará."
Eclesiastés 11:4
"El que observa el viento no sembrará, y el que mira las nubes no cosechará."
Eclesiastés 11:5
"Así como no sabes cuál es el camino del espíritu ni cómo crecen los huesos en el vientre de la que está embarazada, tampoco conoces las obras de Dios, quien lo hace todo."
Eclesiastés 11:6
"Por la mañana siembra tu semilla, y por la tarde no retires tu mano, porque no sabes cuál prosperará, si esto o aquello, o si ambos serán igualmente buenos."
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