Versículo destacado
Deuteronomio 33:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Acerca de Leví dijo: Que tu Tumim y tu Urim estén con tu santo, a quien pusiste a prueba en Masá y con quien contendiste junto a las aguas de Meribá; "
Deuteronomio 33:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 Que Rubén viva y no muera, y que sus hombres no sean pocos.
7 Esta es la bendición de Judá. Él dijo: «Escucha, SEÑOR, la voz de Judá y llévalo a su pueblo. Que sus manos le sean suficientes, y sé tú su ayuda contra sus enemigos».
8 Acerca de Leví dijo: Que tu Tumim y tu Urim estén con tu santo, a quien pusiste a prueba en Masá y con quien contendiste junto a las aguas de Meribá;
9 quien dijo a su padre y a su madre: “No lo he visto”; tampoco reconoció a sus hermanos ni conoció a sus propios hijos, porque ellos observaron tu palabra y guardaron tu pacto.
10 Ellos enseñarán tus juicios a Jacob y tu ley a Israel. Pondrán incienso delante de ti y holocausto entero sobre tu altar.
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Cuando Moisés bendice a la tribu de Leví, habla con mayor extensión. No lo hace principalmente porque Leví fuera su propia tribu, sino porque era la tribu de Dios. La bendición se refiere especialmente al sumo sacerdote y a los sacerdotes y levitas que servían bajo su autoridad.
Aquí se llama «santo» al sumo sacerdote porque su oficio era santo. Esto se mostraba mediante las palabras «Santidad al Señor», escritas en su frente. Moisés parece reconocer que Dios habría podido quitarle justamente a Aarón y a su familia debido al pecado de Aarón en Meribá (Éxodo 17:7). Sin embargo, también es posible que Dios haya tenido presente precisamente aquella prueba cuando le dio a Aarón el sacerdocio, aunque el relato anterior no lo mencione. Los intérpretes caldeos dicen que Aarón fue probado y demostró ser fiel, por lo que no fue rechazado (Números 20:2).
Moisés pide que el sacerdocio permanezca con la descendencia de Aarón: «Que tu Tumim y tu Urim estén con él» (Deuteronomio 33:8). Estos eran dones especiales relacionados con la guía de Dios, y se concedían para algún servicio importante (Malaquías 2:5). Moisés está diciendo: «Señor, no le quites este oficio». Aunque la oración se pronunció aquí, el Urim y el Tumim se perdieron posteriormente durante el cautiverio y nunca fueron restaurados en el segundo templo.
Esta oración encuentra su respuesta plena en Jesucristo, el Santo de Dios y nuestro gran sumo sacerdote, de quien Aarón era una figura. Cristo siempre ha estado con el Padre, y en él el Urim y el Tumim permanecen para siempre, porque él es el maravilloso consejero eterno. Algunos entienden estas palabras en un sentido más general. Tumim significa integridad, y Urim significa luz o iluminación. Entonces la oración sería: «Señor, permite que tu santo sea íntegro y sabio». Esa es una buena oración por quienes ministran el evangelio: que tengan una mente clara y un corazón sincero. La luz y la sinceridad forman un ministro íntegro.
Luego Moisés se dirige a los sacerdotes de menor rango y a los levitas (Deuteronomio 33:9-11). Elogia su celo por Dios cuando se pusieron del lado de Moisés y, por tanto, del lado de Dios, contra quienes adoraban el becerro de oro (Éxodo 32:26 y siguientes). Cuando ejecutaron el juicio contra los líderes de aquel pecado, lo hicieron sin favoritismos. Aunque los culpables fueran sus familiares más cercanos, no los perdonaron si eran idólatras. Siempre debemos permitir que nuestro deber hacia Dios y su gloria esté por encima de todo vínculo humano.
Quienes se mantienen limpios de los pecados comunes de su tiempo y lugar, y además hablan contra el mal, recibirán un honor especial. Es posible que Moisés también tuviera en mente a los hijos de Coré, quienes no se unieron a la rebelión de su padre (Números 26:11). Tal vez también pensaba en Finees, quien hizo justicia y detuvo la plaga. El trabajo de los sacerdotes y levitas también implicaba un servicio constante en el altar de Dios, lo que con frecuencia los mantenía alejados de sus familias. No podían cuidar sus hogares con la misma atención ni proveer para ellos como los demás israelitas. Aceptaron esta continua renuncia personal para guardar la palabra de Dios y permanecer fieles al pacto del sacerdocio.
Quienes son llamados al servicio santo deben aferrarse menos a los vínculos y los intereses terrenales que más aman. Deben decidir agradar ante todo a su mejor amigo, es decir, a Dios (Hechos 20:24; Hechos 21:13). El propio Señor Jesús no permitió que su madre y sus hermanos lo apartaran de su obra cuando intentaron hacerlo (Mateo 12:48).
Luego Moisés confirma su llamado a servir en las cosas santas, lo cual era la recompensa por su celo y fidelidad (Deuteronomio 33:10). Debían tratar con el pueblo en nombre de Dios. Enseñarían a Jacob los juicios de Dios y a Israel sus leyes, tanto al predicar en las reuniones de adoración y explicar la ley (Nehemías 8:7-8), como al juzgar los casos difíciles que les fueran presentados (2 Crónicas 17:8-9). Los sacerdotes debían conservar este conocimiento para beneficio del pueblo, y el pueblo debía buscar la ley de sus labios (Malaquías 2:7). Incluso el profeta Hageo llevó ante los sacerdotes una pregunta de conciencia (Hageo 2:11 y siguientes). La predicación no es necesaria únicamente cuando se establecen iglesias por primera vez, sino también para preservarlas y edificarlas después de establecidas (Ezequiel 44:23-24).
También debían tratar con Dios en nombre del pueblo, quemando incienso para honrarlo y ofreciendo sacrificios por el pecado y para que el pueblo fuera aceptado delante de él. Esta era la labor de los sacerdotes, mientras que los levitas los ayudaban. Quienes deseaban recibir beneficio del incienso y de las ofrendas debían escuchar con atención sus enseñanzas y obedecerlas.
Moisés también ora por ellos (Deuteronomio 33:11). Primero, pide a Dios que bendiga sus bienes, es decir, su sustento y sus ingresos. Lo que se les proporcionaba era generoso y llegaba a ellos con facilidad, pero no podían disfrutarlo si Dios no lo bendecía. Puesto que Dios mismo era su herencia, podían esperar legítimamente una bendición especial sobre lo que les pertenecía. Algunos entienden la palabra como «su fuerza» o «su virtud», con el sentido de: «Señor, haz crecer tu gracia en ellos y prepáralos mejor para su trabajo».
Segundo, Moisés pide a Dios que acepte su servicio: «Acepta el trabajo de sus manos, tanto por él como por el pueblo al que sirve». Ser aceptados por Dios es la meta que todos debemos buscar en cada acto de adoración, independientemente de que las personas nos aprueben o no (2 Corintios 5:9). Es la bendición más valiosa que podemos pedir para nosotros o para los demás.
Tercero, Moisés pide a Dios que los defienda de todos sus enemigos: «Atraviesa los lomos de quienes se levanten contra él». Da por sentado que los ministros de Dios tendrán muchos enemigos. Algunos los odiarán porque son fieles. Otros envidiarán su sustento e intentarán apoderarse de él mediante el sacrilegio. Otros se opondrán al cumplimiento de su oficio y se negarán a someterse al juicio de los sacerdotes. Algunos incluso intentarán destruir el oficio mismo. Moisés pide a Dios que derrote esos planes y haga recaer el daño sobre quienes los iniciaron.
Esta oración también señala el futuro como una profecía. Dios ciertamente tratará con quienes se oponen a sus ministros, y preservará un ministerio en su iglesia hasta el fin de los tiempos, sin importar cuánto se esfuercen los poderes del infierno por combatirlo. Saúl se levantó contra los sacerdotes del Señor (1 Samuel 22:18), y eso aumentó la medida completa de su pecado.
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De este capítulo
Deuteronomio 33:1
"Esta es la bendición con la que Moisés, el hombre de Dios, bendijo a los hijos de Israel antes de su muerte."
Deuteronomio 33:2
"Él dijo: «El SEÑOR vino desde Sinaí y se levantó desde Seír hacia ellos; resplandeció desde el monte Parán y vino con decenas de millares de santos. De su mano derecha salió para ellos una ley de fuego»."
Deuteronomio 33:3
"Ciertamente, él amó al pueblo; todos tus santos están en tu mano. Ellos se sentaron a tus pies; cada uno recibirá de tus palabras."
Deuteronomio 33:4
"Moisés nos ordenó una ley, la herencia de la congregación de Jacob."
Deuteronomio 33:5
"Él fue rey en Jesurún cuando se reunieron los jefes del pueblo y las tribus de Israel."
Deuteronomio 33:6
"Que Rubén viva y no muera, y que sus hombres no sean pocos."
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