Versículo destacado

Deuteronomio 17:14 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Cuando hayas entrado en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, la hayas tomado en posesión y habites en ella, y digas: «Pondré sobre mí un rey, como todas las naciones que están a mi alrededor», "

Deuteronomio 17:14

menu_book El versículo en contexto

12 El hombre que actúe con arrogancia y no escuche al sacerdote que está allí para servir ante el SEÑOR tu Dios, o al juez, ese hombre morirá. Así quitarás el mal de Israel.

13 Todo el pueblo lo oirá, tendrá temor y no volverá a actuar con arrogancia.

14 Cuando hayas entrado en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, la hayas tomado en posesión y habites en ella, y digas: «Pondré sobre mí un rey, como todas las naciones que están a mi alrededor»,

15 sin falta pondrás sobre ti como rey a quien el SEÑOR tu Dios elija. Pondrás sobre ti como rey a uno de entre tus hermanos; no podrás poner sobre ti a un extranjero que no sea tu hermano.

16 Pero él no multiplicará para sí los caballos ni hará que el pueblo vuelva a Egipto con el fin de multiplicar los caballos, porque el SEÑOR les ha dicho: «Nunca más volverán por ese camino».

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Después de las leyes para el pueblo, siguen apropiadamente las leyes para los reyes, porque quienes gobiernan a los demás también deben recordar que ellos mismos están bajo autoridad. Aquí Dios da leyes, primero al pueblo que escogería un rey y luego al rey que sería elegido (Deuteronomio 17:14-15).

Aquí se da por sentado que con el tiempo el pueblo querría tener un rey, atraído por la grandeza y el esplendor externos del gobierno real. Dios no presenta al rey como una bendición especial ni como un deber obligatorio, porque nada podía ser mejor para ellos que el gobierno que ya tenían bajo su autoridad. Sin embargo, si querían un rey, se los permitió, siempre que se conservara el propósito del gobierno y que las leyes de Dios fueran obedecidas y aplicadas. Su deseo era, en parte, irregular, porque querían ser como las naciones que los rodeaban, aunque Dios los había apartado de esas naciones. Aun así, Dios lo permitió porque tenía el propósito de usar la monarquía para sus propios fines, haciendo del cargo real una imagen del reino del Mesías.

También recibieron instrucciones claras para escoger a su rey. Si iban a tener un rey sobre ellos, como Dios sabía que sucedería, debían pedir la guía de Dios y escoger al hombre que él hubiera seleccionado. Tenían la bendición de contar con un oráculo al cual consultar en un asunto tan serio, y con un Dios que sabe exactamente cómo es cada persona y en qué se convertirá. Los reyes son representantes de Dios, así que es apropiado que él los escoja. Dios había sido el rey de Israel de una manera especial; por eso, si ellos ponían sobre sí a otro rey bajo la autoridad de Dios, Dios mismo debía señalar al hombre. Así, cuando el pueblo quiso tener un rey más adelante, acudió a Samuel, profeta del SEÑOR; y después David, Salomón, Jeroboam, Jehú y otros fueron escogidos por medio de profetas. El pueblo fue reprendido por no cumplir esta ley: «Han establecido reyes, pero no por mí» (Oseas 8:4). En todos los casos, la elección de Dios debe guiar la nuestra, si podemos conocerla.

No debían escoger a un extranjero, aunque afirmaran que eso fortalecería las alianzas o que aquel hombre parecía especialmente capaz. Un rey extranjero probablemente introduciría costumbres y prácticas extranjeras que irían en contra de la ley divina ya establecida entre ellos. Debía ser uno de sus propios hermanos, alguien de su mismo pueblo, para que también señalara de antemano a Cristo, quien se hizo verdaderamente uno de nosotros al compartir nuestra naturaleza humana (Hebreos 2:14).

La segunda parte de la ley da instrucciones al rey que sería escogido, para que pudiera gobernar bien. Debía evitar cuidadosamente todo aquello que pudiera apartarlo de Dios y de la verdadera religión. Las riquezas, el honor y el placer son los tres grandes obstáculos para la piedad, especialmente para quienes ocupan posiciones elevadas. Estos corresponden a los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida. Por eso el rey recibe advertencias contra ellos.

No debía alimentar su deseo de honor acumulando caballos (Deuteronomio 17:16). Un hombre que montara a caballo en una tierra donde eran comunes los asnos y las mulas parecería muy importante. Por eso, aunque el rey podía tener caballos para montar y para sus carros, no debía poner a sus sirvientes a caballo (Eclesiastés 10:7) ni conservar muchos caballos para los oficiales y los guardias, pues cuando Dios era su rey, sus jueces montaban en asnos (Jueces 5:10; 12:14). Tampoco debía reunir muchos caballos para la guerra, porque podría comenzar a confiar demasiado en ellos (Salmo 20:7; 33:17; Oseas 14:3).

La razón dada es que eso crearía una relación demasiado estrecha con Egipto, que abastecía de caballos a Canaán (1 Reyes 10:28-29). Eso no era apropiado para Israel, ya que Dios lo había sacado de Egipto con gran poder. «No volverán por ese camino», porque corrían el peligro de contagiarse de las idolatrías de Egipto (Levítico 18:3), a las cuales eran muy propensos. Debemos cuidarnos de cualquier negocio o relación que nos ponga en peligro de pecar. Si Israel no debía volver a Egipto, tampoco debía establecer con Egipto vínculos comerciales estrechos. Salomón no obtuvo nada bueno de ese tipo de comercio.

Tampoco debía alimentar su deseo de placer multiplicando las esposas (Deuteronomio 17:17), como lo hizo Salomón, para su propia ruina (1 Reyes 11:1). Si su corazón se apegaba a ellas, lo apartarían de sus responsabilidades y de sus deberes serios, especialmente de la adoración y la devoción. Nada es un enemigo más grande de la verdadera piedad que dar rienda suelta a la carne.

Tampoco debía alimentar su deseo de riquezas aumentando enormemente la plata y el oro. Se le permitía tener un tesoro adecuado y no se le prohibía administrarlo con sabiduría. Pero no debía acumular riquezas de una manera que oprimiera al pueblo, como parece que lo hizo Salomón (1 Reyes 12:4), ni de una manera que lo llevara a confiar en las riquezas y a poner en ellas su corazón (Salmo 62:10). No debía acumular riquezas para sí mismo. David aumentó la plata y el oro, pero lo hizo para el servicio de Dios (1 Crónicas 29:4), no para su propia comodidad, y para el bien del pueblo, no para su familia particular.

También debía dedicarse con cuidado a la ley de Dios y hacer de ella su norma. La ley debía ser para él más valiosa que las riquezas, el honor, el placer, muchos caballos, muchas esposas o grandes reservas de plata y oro. Debía escribir para sí una copia de la ley a partir del ejemplar original que conservaban los sacerdotes que servían en el santuario (Deuteronomio 17:18). Algunos creen que debía copiar únicamente Deuteronomio, ya que es un resumen de la ley y sus mandatos son principalmente morales y civiles, asuntos que concernían más directamente al rey. Otros creen que debía copiar los cinco libros de Moisés, porque todos juntos eran llamados la ley y constituían el fundamento de la fe de Israel.

Aunque ya tuviera buenos ejemplares heredados de sus antepasados, debía tener uno propio. Es posible que los ejemplares anteriores se hubieran desgastado por el uso, y debía comenzar su reinado con uno nuevo. Y aunque tuviera escribas a su alrededor que pudieran escribir mejor que él, debía hacerlo con su propia mano. Eso honraría la ley, le recordaría que ningún acto de devoción estaba por debajo de él y lo ejercitaría en el trabajo y el estudio. También lo obligaría a prestar mucha atención a cada parte de la ley y ayudaría a fijarla en su mente. Es muy útil que cada uno de nosotros escriba aquello de las Escrituras, de los buenos libros y de los sermones que más nos ayuda y nos conmueve. El uso sabio de la pluma puede compensar una memoria débil y ayudar a llenar el almacén de un buen corazón con cosas antiguas y nuevas.

Debía hacer esto incluso después de sentarse en el trono de su reino, si no lo había hecho antes.

Cuando un rey comienza su labor, esto debe ocupar el primer lugar. Un gobernante tiene muchas exigencias sobre su tiempo y su mente, tanto dentro como fuera del país; aun así, debe escribir una copia de la ley. Quienes se consideran personas ocupadas no deben pensar que sus muchas responsabilidades los liberan de hacer de la religión su tarea principal. Tampoco deben pensar los grandes que rebaja su dignidad copiar para sí las grandes verdades de la ley de Dios, que Dios escribió para ellos (Oseas 8:12).

Tener una Biblia en la mano no sirve de mucho si se mantiene guardada bajo llave en un gabinete. Debía leerla todos los días de su vida (Deuteronomio 17:19). No basta con poseer Biblias; debemos usarlas diariamente, según lo necesitemos. Nuestra alma debe alimentarse de ese maná con regularidad y, cuando lo asimila bien, recibe verdadera fuerza y sustento. El cuerpo sigue recibiendo beneficio de la comida una y otra vez, no solamente mientras está comiendo; de igual manera, el alma recibe ayuda de la palabra de Dios cuando meditamos en ella de día y de noche (Salmo 1:2). Debemos seguir usando la Palabra escrita de Dios mientras vivamos. Los discípulos de Cristo nunca superan la necesidad de sus Biblias y siempre las necesitarán hasta llegar al mundo donde el conocimiento y el amor serán perfectos.

Toda su escritura y lectura serían inútiles si no ponía en práctica lo que aprendía (Deuteronomio 17:19-20). La palabra de Dios no fue dada solamente para estudiarla como un tema interesante, sino para servir como guía rectora de la vida. Debía entender qué autoridad debía tener la religión sobre él y qué efecto debía producir en él. Primero, debía llenarlo de un profundo respeto y reverencia ante la majestad y la autoridad de Dios. Debía aprender —y aun los más instruidos deben seguir aprendiendo— a temer al SEÑOR su Dios. Por muy elevada que fuera su posición, debía recordar que Dios estaba por encima de él. Todo el honor que sus súbditos le debían, él se lo debía mucho más a Dios como su Rey.

Segundo, ese temor debía llevarlo a obedecer constantemente la ley de Dios. Debía cumplir todas las palabras de esta ley, no solo asegurarse de que otros las cumplieran, sino cumplirlas él mismo como un humilde siervo del Dios del cielo y como un buen ejemplo para quienes estaban bajo su autoridad. Tercero, debía mantenerlo humilde. Sin importar cuán alto llegara, debía conservar un espíritu humilde. El temor de Dios debía impedirle mirar a su pueblo por encima del hombro o tratarlo con orgullo. No debía considerarse mejor que ellos simplemente porque era más importante y tenía mayor esplendor externo. Debía recordar que era siervo de Dios para el bien del pueblo: superior a cualquier individuo, pero inferior al pueblo entero.

La religión también le traerá beneficios reales. Quienes temen a Dios y obedecen sus mandamientos seguramente estarán mejor en esta vida. El monarca más poderoso del mundo puede obtener de la religión más beneficio que de toda la riqueza y el poder de su reino. En primer lugar, lo ayudará en su propia vida, porque vivirá más tiempo en su reino. En la historia de los reyes de Judá, los mejores reinados por lo general fueron los más largos, a menos que Dios los acortara para castigar al pueblo, como hizo con Josías.

En segundo lugar, ayudará a su familia, porque a sus hijos también les irá bien. Transmite tu fe a tus descendientes, y Dios les transmitirá su bendición.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Deuteronomio 17:14 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

Cómo puede ayudarte tu IA cristiana

Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana

menu_book

Estudio bíblico

psychology

Orientación para la vida

favorite

Apoyo en la oración

lightbulb

Sabiduría diaria

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes

De este capítulo

auto_awesome

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.