Versículo destacado
Romanos 15:5 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Que Dios, quien da constancia y consuelo, los ayude a ustedes a vivir en armonía unos con otros, siguiendo el ejemplo de Cristo Jesús, "
Romanos 15:5
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
3 Porque tampoco Cristo buscó agradarse a sí mismo; al contrario, en él se cumplió lo que dice la Escritura: «Las ofensas de los que te insultaban cayeron sobre mí.»
4 Todo lo que antes se dijo en las Escrituras fue escrito para instruirnos, a fin de que tengamos esperanza mediante la constancia y el consuelo que recibimos de ellas.
5 Que Dios, quien da constancia y consuelo, los ayude a ustedes a vivir en armonía unos con otros, siguiendo el ejemplo de Cristo Jesús,
6 para que todos juntos y a una sola voz alaben al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
7 Por tanto, acéptense unos a otros, así como Cristo también los aceptó a ustedes, para gloria de Dios.
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Después de dar dos mandatos, el apóstol hace una pausa para pedir en oración que lo que ha dicho dé fruto. Los ministros fieles unen la oración con la predicación, porque, aunque ellos siembran la semilla, es Dios quien da el crecimiento. Podemos hablar al oído, pero solo Dios puede llegar al corazón.
Observemos primero el nombre que Pablo le da a Dios: «el Dios de la paciencia y del consuelo». Dios es tanto la fuente como el sostén de toda paciencia y consuelo en los creyentes. Él concede la gracia de perseverar y, como Dios de consuelo, mantiene viva esa gracia. Los consuelos que vienen por medio del Espíritu Santo ayudan a los creyentes a permanecer firmes y a soportar las dificultades con valor y alegría.
Pablo pide esto a Dios porque busca amor y unidad entre los cristianos. Se dirige a Dios como el Dios de la paciencia y del consuelo de dos maneras. Primero, Dios tiene paciencia con nosotros y nos consuela. No se apresura a condenar nuestras faltas, sino que está dispuesto a consolar a los abatidos; además, nos enseña a mostrar ese mismo amor a nuestros hermanos y hermanas. Así conservamos la unidad al tener paciencia unos con otros y al consolarnos mutuamente.
Segundo, Dios es quien nos concede paciencia y consuelo. Pablo acababa de hablar de la «paciencia y el consuelo de las Escrituras» (Romanos 15:4), pero aquí mira más allá de las Escrituras, hacia Dios mismo como la fuente original. La Escritura es el canal, pero Dios es el manantial. Cuanta más paciencia y consuelo recibimos de Dios, mejor preparados estamos para amarnos unos a otros. Nada perturba más la paz que un espíritu impaciente, irritable e inquieto.
Luego Pablo pide esta misericordia: que Dios les conceda tener un mismo sentir unos con otros, conforme a Cristo Jesús. El amor y la paz cristianos descansan en tener un mismo sentir: compartir un mismo juicio en la medida en que hemos comprendido la verdad, o al menos mantener la armonía del corazón. Esto significa pensar de la misma manera, dejando a un lado las diferencias y abandonando las disputas. Pero este mismo sentir debe ser conforme a Cristo Jesús: conforme al mandato de Cristo y a la ley real del amor, y también conforme al ejemplo de Cristo, que Pablo acababa de presentarles (Romanos 15:3).
En otras palabras, Cristo Jesús debe ser el centro de la unidad cristiana. Debemos estar de acuerdo en la verdad, no en el error. Hubo una unidad pecaminosa entre quienes se unieron para entregar su poder a la bestia (Apocalipsis 17:13), y hubo ese mismo tipo de acuerdo malvado entre los constructores de Babel, que estaban unidos en rebelión (Génesis 11:6). Ese acuerdo no es tener un mismo sentir conforme a Cristo, sino estar en contra de Cristo. Al orar, debemos pedir primero la verdad y después la paz, porque la sabiduría de lo alto es primeramente pura y después pacífica.
Esta clase de unidad entre los cristianos es un regalo de Dios y es preciosa. Debemos pedírsela con fervor. Él es el Padre de los espíritus, quien forma de la misma manera el corazón de todos (Salmo 33:15). Él ilumina el entendimiento, ablanda los corazones, endulza los afectos y concede la gracia del amor, junto con el Espíritu Santo como Espíritu de amor, a quienes se lo piden. Se nos enseña a orar para que la voluntad de Dios se haga en la tierra como en el cielo; y en el cielo se cumple en perfecta unidad entre los ángeles, que alaban y sirven a Dios con un solo corazón. Eso mismo debemos desear entre los santos en la tierra.
El propósito de todo esto es que Dios sea glorificado (Romanos 15:6). Esa es la petición de Pablo en su oración y también la razón por la que los exhorta. En toda oración debemos tener presente la gloria de Dios. Por eso la primera petición es: «Santificado sea tu nombre». La unidad cristiana sirve a la gloria de Dios, porque lleva a los creyentes a glorificarlo con un mismo sentir y una misma voz. Es bueno que los cristianos estén de acuerdo en todo lo que puedan, para que juntos alaben a Dios.
Esto honra a Dios, que es uno, y cuyo nombre es uno. No basta tener una sola voz si no hay también un mismo sentir, porque Dios mira el corazón. De hecho, rara vez se encuentra una sola voz donde no existe también un mismo sentir; y Dios no es muy glorificado cuando ambas cosas no están unidas con dulzura. Una sola voz se manifiesta al confesar la verdad de Dios, al alabar su nombre, al hablar con bondad en la vida diaria y al no mordernos ni devorarnos unos a otros. También se manifiesta en la iglesia reunida, donde una persona habla, pero todos participan.
Pablo también dice que Dios debe ser glorificado como «el Padre de nuestro Señor Jesucristo». Esta es la manera propia del Nuevo Testamento de hablar de él. Ahora Dios se revela en el rostro de Jesucristo, y es nuestro Padre conforme al evangelio. La unidad cristiana glorifica a Dios de esta manera porque refleja, de forma pequeña y apropiada, la unidad entre el Padre y el Hijo. Podemos pensar en la unidad de este modo y orar por ella teniendo presente Juan 17:21, donde Jesús oró para que todos los creyentes fueran uno, así como el Padre está en él y él está en el Padre. Esa es una gran expresión de la belleza y el honor de la unidad de los santos. La oración continúa: «para que el mundo crea que tú me enviaste»; y de ese modo Dios es glorificado como el Padre de nuestro Señor Jesucristo.
De este capítulo
Romanos 15:1
"Los que somos fuertes en la fe debemos aceptar como propias las debilidades de los que son menos fuertes, y no buscar lo que nos agrada a nosotros mismos."
Romanos 15:2
"Cada uno de nosotros debe agradar a su prójimo, haciendo lo que contribuya a su bien y a la edificación mutua."
Romanos 15:3
"Porque tampoco Cristo buscó agradarse a sí mismo; al contrario, en él se cumplió lo que dice la Escritura: «Las ofensas de los que te insultaban cayeron sobre mí.»"
Romanos 15:4
"Todo lo que antes se dijo en las Escrituras fue escrito para instruirnos, a fin de que tengamos esperanza mediante la constancia y el consuelo que recibimos de ellas."
Romanos 15:6
"para que todos juntos y a una sola voz alaben al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo."
Romanos 15:7
"Por tanto, acéptense unos a otros, así como Cristo también los aceptó a ustedes, para gloria de Dios."
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