Versículo destacado

Romanos 15:22 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Precisamente por esto no he podido ir a verlos, aunque muchas veces me lo había propuesto. "

Romanos 15:22

menu_book El versículo en contexto

20 Pero siempre he procurado anunciar el evangelio donde nunca antes se había oído hablar de Cristo, para no construir sobre los fundamentos puestos por otros,

21 sino, más bien, como dice la Escritura: «Verán los que nunca habían tenido noticias de él; entenderán los que nunca habían oído de él.»

22 Precisamente por esto no he podido ir a verlos, aunque muchas veces me lo había propuesto.

23 Pero ahora que ya he terminado mi trabajo en estas regiones, y como desde hace muchos años deseo visitarlos,

24 espero poder hacerlo durante mi viaje a España. Y después de haber tenido el gusto de verlos, aunque sea por poco tiempo, espero que ustedes me ayuden a continuar el viaje.

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí Pablo dice claramente que tiene la intención de ir a ver a los cristianos de Roma. A primera vista, parece algo sencillo: una visita planeada a unos amigos. Pero la manera en que lo expresa es amable y está llena de calidez espiritual, y nos enseña algo importante. Incluso nuestra conversación cotidiana debe tener un tono de gracia. Así mostraremos a qué reino pertenecemos.

Parece que la presencia de Pablo era muy deseada en Roma. Era un hombre que tenía muchos amigos y muchos enemigos, y que había pasado tanto por la mala fama como por la buena reputación. Sin duda, los creyentes de Roma habían oído mucho acerca de él y anhelaban conocerlo. ¿Acaso el apóstol de los gentiles, el misionero enviado a los que no eran judíos, debía ser un extraño en Roma, el centro del mundo gentil? Sin embargo, todavía no había llegado allí.

Primero, Pablo explica por qué no los había visitado antes. Quería conservar buenas relaciones con sus amigos y evitar cualquier motivo de queja contra él. No actúa como alguien que gobierna sobre el pueblo de Dios. Les dice que de verdad deseaba verlos. No quería ir por Roma en sí, aunque en ese tiempo estaba en la cumbre de su riqueza y esplendor. Tampoco lo atraía la corte del emperador. Ni siquiera buscaba a los filósofos y eruditos que vivían allí, aunque una compañía así podría haberle resultado atractiva a un hombre como Pablo. Él quería ir a verlos a ellos: un grupo de creyentes pobres y despreciados en Roma, odiados por el mundo, pero amados por Dios y por él.

Esas eran las personas que Pablo deseaba conocer. Eran los excelentes, en quienes se deleitaba (Salmo 16:3). Deseaba verlos especialmente porque tenían una sólida reputación de fe y santidad en todas las iglesias. Sobresalían por su bondad, y eso hacía que Pablo anhelara visitarlos. Había llevado ese deseo en su corazón durante muchos años, pero nunca había podido hacerlo realidad.

La sabia providencia de Dios a menudo cambia los planes y deseos de las personas. Ni siquiera los siervos más queridos de Dios obtienen siempre todo lo que desean. Aun así, todos los que se deleitan en Dios reciben el deseo de su corazón (Salmo 37:4), aunque no se cumpla cada anhelo que llevan dentro. Luego Pablo dice que no había podido ir porque tenía mucho trabajo en otros lugares. Sus labores en otras regiones habían retrasado su visita. Dios le había abierto una gran oportunidad en otros sitios y, por eso, lo había dirigido en otra dirección.

Esto muestra el cuidado bondadoso de Dios por sus ministros. Él no les asigna sus tareas según sus propios planes, sino conforme a su propósito. A Pablo muchas veces se le impidió hacer lo que había planeado. En ocasiones, Satanás lo estorbó (1 Tesalonicenses 2:18). Otras veces, el Espíritu no se lo permitió (Hechos 16:7). En este caso, fue redirigido hacia otro trabajo. Las personas hacen planes, pero Dios determina cuál de ellos se cumplirá (Proverbios 16:9; Proverbios 19:21; Jeremías 10:23). Los ministros hacen planes, y sus amigos también hacen planes para ellos, pero Dios tiene autoridad sobre unos y otros. Él dispone los viajes, los traslados y los lugares donde sirven sus siervos fieles, conforme a su voluntad.

Esto también muestra la sabiduría de Pablo al invertir su tiempo y sus fuerzas donde había mayor necesidad. Si solo hubiera pensado en su comodidad, riqueza o reconocimiento, nada le habría impedido ir a Roma. De hecho, quizá se habría sentido atraído por ese lugar, pues allí habría recibido más reconocimiento y enfrentado menos trabajo. Pero Pablo buscaba los intereses de Cristo por encima de los suyos. Por eso no abandonaría la tarea de establecer iglesias, ni siquiera por un tiempo, solo para hacer una visita.

Los creyentes de Roma ya estaban bien abastecidos y no necesitaban tanto al médico como otros lugares. En muchas otras regiones, las personas todavía estaban enfermas y muriendo espiritualmente. Se estaban perdiendo almas por falta de una enseñanza verdadera. No era momento de que Pablo desperdiciara el tiempo. Había un fuerte viento de oportunidad. Los campos estaban listos para la cosecha. Si esa temporada se dejaba pasar, quizá nunca volvería. Las necesidades de las almas pobres eran urgentes, y Pablo tenía que mantenerse ocupado.

Esta lección es importante para todos nosotros. Debemos hacer primero lo que más se necesita. La verdadera gracia nos enseña a preferir lo necesario por encima de lo que es simplemente opcional (Lucas 10:41-42). La sabiduría cristiana también nos enseña a escoger lo más importante en lugar de lo menos importante. Pablo presenta esto como una razón válida y suficiente. No debemos ofendernos cuando nuestros amigos ponen por delante un trabajo necesario, un trabajo que agrada a Dios, en lugar de las visitas y atenciones corteses que nosotros deseamos. En esto, como en tantas otras cosas, debemos aprender a negarnos a nosotros mismos.

Pablo también prometió que iría a verlos pronto (Romanos 15:23-24, 29). Dice que ya no tenía más trabajo que hacer en aquellas regiones, es decir, en Grecia, donde estaba trabajando en ese momento. Toda esa región había sido, en mayor o menor medida, impregnada por el evangelio. Se habían establecido iglesias en las ciudades principales y se habían puesto pastores para continuar la obra que Pablo había comenzado. Por eso, le quedaba poco por hacer allí.

Había llevado el carro del evangelio hasta la costa y, después de haber ganado Grecia, ya estaba dispuesto a pensar en otra Grecia que conquistar. Pablo era un trabajador que terminaba su tarea, pero no pensaba en descansar después. Más bien, buscaba nuevas oportunidades de trabajo y hacía planes generosos. Era un obrero que no tenía de qué avergonzarse.

Pablo también pensaba con anticipación en su visita. Planeaba verlos de camino a España. Esto parece indicar que tenía la intención de viajar a España para establecer allí el cristianismo. La dificultad y el peligro de esa obra, la distancia, los riesgos del viaje por mar y otras tareas útiles que pudiera encontrar en el camino no apagaban su celo por extender el evangelio. Ese celo ardía con tanta fuerza que lo consumía y hacía que se olvidara de sí mismo. Sin embargo, no sabemos con certeza si alguna vez llevó a cabo ese plan y fue a España.

Muchos estudiosos cuidadosos de la Biblia piensan que no lo hizo, porque fue impedido como en otros planes. Sí llegó a Roma, pero como prisionero, y permaneció allí dos años. Lo que ocurrió después no está claro. Algunas de sus cartas escritas desde la prisión parecen indicar que planeaba ir hacia el oriente, no hacia España. Aun así, Pablo llevaba en el corazón el deseo de llevar la luz del evangelio a España, y eso agradó a Dios, tal como Dios le dijo a David: «Hiciste bien en tenerlo en tu corazón» (2 Crónicas 6:8). Dios muchas veces acepta con bondad la intención sincera, aun cuando su sabia providencia impide que se lleve a cabo. ¿Y acaso no es ese un buen Señor al que servir? (2 Corintios 8:12).

Al planear ir a España, Pablo pensaba detenerse para ver a los romanos en el camino. Hay sabiduría en ordenar nuestros asuntos de manera que podamos hacer el mayor bien en el menor tiempo posible.

Observa con cuánta cautela habla Pablo: «Espero verlos». No dice: «Estoy decidido a hacerlo», sino: «Espero poder hacerlo». Nosotros también debemos hacer nuestros planes y promesas de esa manera, con humildad y sometidos a la providencia de Dios, sin jactarnos del día de mañana, pues no sabemos qué traerá cada día (Proverbios 27:1; Santiago 4:13-15).

Pablo también explica qué esperaba de esa visita. Primero, esperaba que los romanos lo ayudaran a continuar su viaje hacia España. No estaba pidiendo una gran escolta, como la que recibiría un rey, sino la ayuda afectuosa de unos amigos. España era una provincia romana, y los romanos tenían mucho contacto con ella; por eso, quizá podían ayudarlo en su viaje. Pero Pablo no estaba pensando solamente en sí mismo. También tenía presentes las almas de las personas de España, a quienes esperaba alcanzar con el evangelio.

Esa es una expectativa legítima para todos los cristianos. Deben hacer lo que esté a su alcance para apoyar toda buena obra, especialmente la tarea de llevar almas a Cristo. Deben procurar que el ministerio sea más fácil para los obreros fieles y más fructífero para las personas que necesitan el mensaje. Pablo no esperaba recibir honores para su propio beneficio. Esperaba recibir ayuda amorosa por causa de la obra de Cristo.

En segundo lugar, Pablo esperaba quedar «lleno en parte» de la compañía de ellos. Deseaba disfrutar de su comunión y conversación. La buena compañía cristiana es valiosa y refrescante. Pablo estaba muy por delante de la mayoría de los creyentes en conocimiento y gracia, y aun así valoraba la compañía de otros santos. Así como el hierro se afila con el hierro, una persona ayuda a afilar a otra.

También muestra que planeaba quedarse con ellos por algún tiempo. No solo los vería y seguiría adelante. Su comunión era tan agradable que pensaba que nunca podría tener suficiente, aunque todavía dice «en parte», porque en esta vida solo recibimos una satisfacción parcial. Nuestra alegría en la comunión de los creyentes aquí es real, pero incompleta. No se compara con el gozo pleno que tenemos en Cristo, y es apenas un pequeño anticipo de la comunión que esperamos disfrutar con todos los santos perfeccionados en el cielo.

En tercer lugar, Pablo esperaba que Dios lo llevara hasta ellos «con la plenitud de la bendición del evangelio de Cristo» (Romanos 15:29). En cuanto a lo que esperaba de las personas, habla con cautela: «Espero» que me ayuden y «espero» llenarme de su compañía. Había aprendido a no poner demasiada confianza ni siquiera en las buenas personas. Esos mismos cristianos romanos más adelante le fallaron cuando más los necesitaba (2 Timoteo 4:16). Por eso, debemos aprender a no apoyarnos demasiado en el ser humano.

Pero cuando Pablo habla de lo que esperaba de parte de Dios, lo hace con confianza. Sabía que, si llegaba a ellos, llegaría cargado de bendición. Dios lo convertiría en un instrumento de gran bien entre ellos, llenándolos de las bendiciones del evangelio. Compárese con Romanos 1:11. La bendición del evangelio de Cristo es la mejor bendición que una persona puede recibir. Incluye conocimiento espiritual, gracia y consuelo. Un encuentro entre creyentes y ministros es verdaderamente dichoso cuando ambos participan de esta plenitud de bendición.

El evangelio mismo es un tesoro puesto en vasos humanos débiles. Cuando los ministros están dispuestos a dar y las personas están dispuestas a recibir, esa bendición produce gozo en unos y otros. Muchos tienen el evangelio, pero no tienen la bendición del evangelio, y por eso no reciben ningún beneficio de él. El evangelio no nos aprovechará a menos que Dios lo bendiga para nosotros. Debemos esperar en él para recibir esa bendición y su medida completa.

Luego Pablo explica por qué no podía visitarlos de inmediato. Primero tenía que ir a Jerusalén para realizar otra obra que se le había encomendado (Romanos 15:25-28). Lo explica claramente para mostrar que su motivo era legítimo. Iba como mensajero, llevando a los santos pobres de Jerusalén la ayuda económica reunida por las iglesias.

Menciona esta ofrenda para animar a los cristianos de Roma a hacer lo mismo, conforme a sus posibilidades. El ejemplo suele mover a las personas, y Pablo sabía cómo pedir ayuda, no para sí mismo, sino para otros. Esta ofrenda estaba destinada a «los pobres santos que están en Jerusalén» (Romanos 15:26). No es extraño que los santos sean pobres. A quienes Dios ama, el mundo con frecuencia los trata mal. Por eso las riquezas no son lo mejor, y la pobreza no siempre es una maldición.

Parece que los creyentes de Jerusalén eran más pobres que otros cristianos. Tal vez esto se debía a que la riqueza de la nación estaba disminuyendo mientras se acercaba el juicio, y, si alguien tenía que quedar en la pobreza, los santos serían los primeros en sufrirla. También pudo deberse al hambre que se extendió por el mundo en los días del emperador Claudio, la cual parece haber golpeado especialmente a Judea, pues era una tierra seca. Dios había llamado a muchos de los pobres de este mundo, y los cristianos de allí fueron quienes más sufrieron. Es probable que esta fuera la ocasión de la ayuda mencionada en Hechos 11:28-30.

O quizá se debía a que los santos de Jerusalén sufrían más por causa de la persecución. De todos los grupos, los judíos incrédulos eran especialmente amargos y hostiles hacia los cristianos, y su ira había llegado hasta el extremo (1 Tesalonicenses 2:16). También se dice que a los creyentes hebreos les habían quitado sus bienes (Hebreos 10:34). A la luz de esto, se hizo esta contribución para ellos.

Aunque los santos de Jerusalén estaban lejos, los creyentes de Roma debían extenderles su ayuda. De la misma manera, cuando tenemos los medios y la necesidad es real, debemos ayudar a todos los que pertenecen a la familia de la fe, aunque vivan lejos de nosotros.

Aunque, en circunstancias normales, cada iglesia debe cuidar de sus propios pobres, porque siempre habrá personas necesitadas entre nosotros, hay ocasiones en que una necesidad más amplia requiere ayuda. Cuando se nos presentan públicamente situaciones de pobreza como motivos de compasión, aunque estén lejos, debemos abrir generosamente nuestras manos, como el sol extiende sus rayos. Debemos hacer como la mujer virtuosa, que extiende sus manos al pobre y alarga sus manos al necesitado (Proverbios 31:20).

Esta ofrenda fue reunida por los creyentes de Macedonia, encabezados por los filipenses, y de Acaya, encabezados por los corintios. Ambas eran iglesias prósperas, aunque todavía jóvenes y recién convertidas al cristianismo. Es triste que muchas veces las personas sean más generosas cuando conocen el evangelio por primera vez que después, porque el primer amor suele enfriarse con el tiempo. Macedonia y Acaya eran ricas, mientras que los creyentes de Jerusalén eran pobres y necesitados. Dios dispuso las cosas de esta manera para que algunos tuvieran lo que a otros les faltaba y para que los cristianos siguieran dependiendo unos de otros.

A ellos les agradó dar. Esto muestra cuán dispuestos estaban, pues nadie los obligó. También muestra el gozo con que hicieron el bien, y Dios ama al que da con alegría. Hicieron una contribución determinada: una ofrenda compartida que demostraba la comunión de los creyentes y su pertenencia a un solo cuerpo en Cristo. En un cuerpo natural, una parte ayuda a otra cuando hay necesidad, y lo mismo debe ocurrir entre los cristianos. Todo lo que pasa entre los creyentes debe ser una señal de su unión común en Jesucristo.

Hubo un tiempo en que los santos de Jerusalén eran quienes daban, y entonces fueron muy generosos. Ponían sus bienes a los pies de los apóstoles para que se usaran en favor de los necesitados, y se aseguraban de que las viudas de origen griego no fueran olvidadas en la distribución diaria (Hechos 6:1 y siguientes). Ahora Dios había cambiado la situación: los había hecho necesitados, y las iglesias de origen griego fueron bondadosas con ellos. Los misericordiosos recibirán misericordia. Debemos dar a siete y aun a ocho, porque no sabemos qué calamidad puede venir sobre la tierra y quizá algún día nos alegremos de depender de otros.

También había una buena razón para esta ofrenda: como dice Pablo, ellos eran deudores. Las dádivas a los pobres son llamadas justicia (Salmo 112:9). Puesto que solo somos administradores de lo que tenemos, debemos entregarlo allí donde nuestro gran Señor, por medio de su providencia y de los mandatos de su Palabra, nos indique que lo pongamos. Pero en este caso existía una deuda especial. Los gentiles debían mucho a los judíos, y la gratitud debía moverlos a ser muy bondadosos con ellos. De Israel vino Cristo según su naturaleza humana, la luz para los gentiles. De ese mismo pueblo vinieron los profetas, los apóstoles y los primeros predicadores del evangelio. Los judíos, a quienes se les habían confiado las palabras vivas de Dios, fueron como los guardianes de la biblioteca de los cristianos; de Sion salió la ley y de Jerusalén la palabra del Señor. Su antigua vida nacional como pueblo fue derribada, y ellos fueron apartados para que los gentiles pudieran ser incorporados.

Así que los gentiles participaron de los bienes espirituales de los judíos y recibieron por medio de ellos el evangelio de la salvación. Por lo tanto, estaban obligados por gratitud a ayudarlos con sus bienes materiales. Era lo menos que podían hacer. La palabra empleada significa servir, como quien ministra para Dios en asuntos santos. Cuando la ayuda se da con una consideración sincera hacia Dios, se convierte en un servicio y sacrificio aceptable para él, y en un fruto que produce una buena recompensa. Probablemente Pablo usó este mismo argumento para persuadirlos, y se aplica con igual fuerza a las demás iglesias de origen gentil.

Pablo también tenía una responsabilidad en este asunto. No podía dar dinero personalmente, pues no tenía ni plata ni oro y vivía gracias a la bondad de sus amigos. Sin embargo, ministró a los santos al animar a otros, recibir lo que se había reunido y llevarlo a Jerusalén. Muchas buenas obras se detienen porque nadie toma la iniciativa ni pone las cosas en marcha. Pero el trabajo de Pablo en este asunto no significaba que descuidara la predicación. No dejó la palabra de Dios para servir a las mesas, pues también tenía otros asuntos en este viaje, entre ellos visitar y fortalecer a las iglesias. Realizó esta tarea junto con ese llamado más amplio, y estaba obligado a ser fiel en ella (Gálatas 2:10).

Pablo estaba dispuesto a entregarse por completo a hacer el bien de todas las maneras posibles, como su Maestro, cuidando tanto de los cuerpos como de las almas. Servir a los santos es una buena obra, y no está por debajo de los apóstoles más grandes. Pablo había asumido esta tarea, así que estaba decidido a terminarla antes de pasar a otra obra. La llama fruto, porque es uno de los frutos de la justicia. Nació de la gracia en quienes daban y llevó ayuda y consuelo a quienes la recibían. El hecho de que se encargara de entregarla por completo muestra con cuánto cuidado la supervisaba, para que lo dado llegara íntegro, no se perdiera y se usara exactamente como los donantes habían dispuesto. Pablo estaba muy interesado en demostrar que era fiel al administrar este asunto, y los ministros deben seguir su ejemplo, para que el ministerio no sea motivo de ninguna acusación.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Romanos 15:22 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

De este capítulo

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.