Versículo destacado
Salmos 9:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Canten himnos al Señor, que reina en Sión; anuncien a los pueblos lo que ha hecho.
Salmos 9:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 El Señor protege a los oprimidos; él los protege en tiempos de angustia.
10 Señor, los que te conocen confían en ti, pues nunca abandonas a quienes te buscan.
11 Canten himnos al Señor, que reina en Sión; anuncien a los pueblos lo que ha hecho.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
En estos versículos, David ya ha alabado a Dios y ahora llama a otros a hacer lo mismo. Quienes saben que Dios merece una alabanza inmensa no quieren alabarlo solos. Desean que otros se unan a ellos y con gusto los ayudarían a hacerlo: «Canten alabanzas al Señor, que habita en Sión» (Salmos 9:11). El lugar especial donde Dios habita en el cielo es el lugar de su gloria, y su morada especial en su iglesia, a la que apuntaba Sión, es el lugar de su gracia. Allí se encuentra con su pueblo por medio de sus promesas y sus dones, y allí espera que su pueblo se encuentre con él mediante la alabanza y el servicio.
Cuando alabamos a Dios, debemos pensar en él como quien habita en Sión, presente de manera especial en las reuniones de su pueblo como su protector y benefactor. David había dicho que contaría las obras maravillosas de Dios (Salmos 9:1), y aquí invita a otros a proclamar sus hechos entre el pueblo. Llama a su propio pueblo a hacerlo para honrar a Dios, por el bien de su nación y para honrar la verdadera fe. También anima a las naciones vecinas a cantar alabanzas, no a los dioses falsos a los que antes adoraban, sino al Señor que habita en Sión, el Dios de Israel. Ellas debían reconocer abiertamente entre las naciones que el Señor había hecho grandes cosas por su pueblo Israel (Salmos 126:3-4).
David señala especialmente la justicia de Dios al vengar en los filisteos y en otros vecinos crueles la sangre derramada de su pueblo. Esos enemigos habían atacado a Israel con gran brutalidad y no habían mostrado misericordia (Salmos 9:12). Cuando Dios viene a investigar el derramamiento de sangre mediante sus juicios en la tierra, antes del día del juicio final, recuerda cada gota de sangre inocente. Les dará una retribución completa a quienes aman la violencia; hará que las consecuencias de sus actos recaigan sobre ellos. Les dará a beber sangre, porque eso es lo que merecen. David podía descansar en esta promesa: «Él vengará la sangre de sus siervos» (Deuteronomio 32:43).
Se acerca el día en que Dios pedirá cuentas por la sangre derramada. Sacará a la luz lo que estaba oculto y castigará lo que se hizo injustamente, ya sea mediante un asesinato secreto o por medio de la violencia abierta (Isaías 26:21; Jeremías 51:35). Entonces quedará claro cuán preciosa es para Dios la sangre de su pueblo (Salmos 72:14). También quedará claro que no ha olvidado el clamor de los humildes, ya sea que ese clamor haya surgido de sus oraciones o de su sangre. Ambos están seguros delante de él.
Luego David pasa de la alabanza a la oración. Ha dado gracias a Dios por sus misericordias y rescates pasados, y ahora le pide con fervor que siga ayudándolo, porque todavía no ve que todo haya sido puesto bajo su dominio. Pide misericordia, porque no tiene méritos que presentar, sino solo su aflicción. Por eso depende de la compasión de Dios para recibir alivio (Salmos 9:13). También le pide a Dios que se ocupe de él, pero no intenta indicarle exactamente qué hacer. Sencillamente dice: «Señor, mira mi aflicción y haz conmigo lo que te parezca mejor».
David presenta razones para esta petición. Primero, sus enemigos son crueles, y la aflicción que provocan nace del odio, una fuerza dura y destructiva. Segundo, recuerda cómo Dios lo ha ayudado antes y confía en que seguirá haciéndolo según lo requiera su necesidad: «Tú, que me levantas». Dios puede hacerlo, ya lo ha hecho y lo hará. A él le corresponde levantar a su pueblo de las puertas de la muerte. Nunca estamos tan abajo ni tan cerca de la muerte que Dios no pueda levantarnos. Si nos ha salvado de la muerte espiritual y eterna, podemos confiar en que será una ayuda siempre presente en toda aflicción.
David también promete que, cuando Dios complete la victoria, lo alabará por ella. No pide ser salvado para disfrutar del reconocimiento o del consuelo de la liberación, sino para que Dios reciba la gloria. Quiere proclamar todas las alabanzas de Dios y hacerlo públicamente, en las puertas de la hija de Sión (Salmos 9:14). Allí se decía que Dios habitaba (Salmos 9:11), y allí David acudiría delante de él con alegría por la salvación de Dios. Esto señalaba de antemano la gran salvación que vendría por medio del Hijo de David.
Luego David mira hacia el futuro por la fe y declara la ruina segura de todos los malvados, tanto en esta vida como en la venidera. En este mundo, Dios los juzga cuando su maldad llega a su colmo (Salmos 9:15-16). Lo hace de una manera que los avergüenza y convierte su caída en una deshonra. Caen en el hoyo que ellos mismos cavaron (Salmos 7:15), quedan atrapados en la red que tendieron para el pueblo de Dios y son apresados por la obra de sus propias manos. En las luchas de David contra los filisteos, ellos eran con frecuencia los agresores (2 Samuel 5:17, 22). Otras naciones también provocaron su propia ruina mediante las guerras que iniciaron.
El gobierno de Dios a menudo dispone las cosas de modo que los perseguidores y opresores sean destruidos por los mismos planes que diseñaron para destruir al pueblo de Dios. Los borrachos se arruinan a sí mismos. Quienes desperdician sus bienes terminan en la pobreza. Las personas conflictivas atraen problemas sobre su propia cabeza. De esta manera, los pecados de las personas pueden verse en su castigo. Queda claro que la destrucción de los pecadores procede de ellos mismos, no solo porque sus pecados merecían ese castigo, sino también porque esos pecados fueron el medio que produjo su ruina. Esto los llena de vergüenza.
Al mismo tiempo, Dios recibe honra. «El Señor es conocido» significa que Dios se da a conocer por medio de los juicios que ejecuta. Las personas ven que hay un Dios que juzga en la tierra, que es justo, que aborrece el pecado y que lo castigará. En estos juicios se hace evidente desde el cielo la ira de Dios contra toda impiedad e injusticia. El salmista añade la palabra «Higgaión», que indica que esto debe ser objeto de una reflexión cuidadosa. Los juicios presentes que vemos y lo que creemos acerca del juicio final deben ocupar con frecuencia nuestros pensamientos.
David también habla del mundo venidero: «Los malvados serán llevados al infierno» (Salmos 9:17). Esto se parece a llevar cautivos a una prisión e incluye a todas las naciones que se olvidan de Dios. Olvidarse de Dios está en la raíz de toda maldad. Hay pueblos enteros que viven sin Dios en el mundo; son multitudes grandes y poderosas a las que no les importa Dios ni desean conocer sus caminos. Al final, el infierno será su destino: un estado de sufrimiento y tormento permanentes, un lugar de ruina donde ellos y todos sus bienes se perderán para siempre.
Aunque sean muchos, serán llevados al infierno como ovejas llevadas al matadero (Salmos 49:14). Su número no los protegerá ni aliviará su sufrimiento, y su ruina no le quitará nada a Dios ni disminuirá su bondad. Luego David anima al pueblo de Dios a esperar su salvación, aunque parezca tardar (Salmos 9:18).
Los necesitados pueden sentirse olvidados por un tiempo, y otros pueden pensar lo mismo. Su esperanza en la ayuda de Dios puede parecer perdida, y sus expectativas pueden verse completamente frustradas. Pero quien cree no necesita apresurarse. La visión espera el momento señalado; al final hablará con claridad.
Podemos confiar en esta verdad: el pueblo de Dios, sus escogidos, no será olvidado para siempre ni quedará decepcionado en cuanto a las promesas en las que ha esperado. Dios no solo los recordará al final, sino que mostrará claramente que nunca los olvidó. Eso puede parecernos imposible, pero no lo es para él, aunque una madre llegara a olvidar al hijo que amamanta.
El salmo termina con una oración para que Dios humille el orgullo de todos los enemigos malvados de su iglesia, quebrante su poder y destruya sus planes. «Levántate, Señor» (Salmos 9:19) significa: «Actúa, muestra tu poder, ocupa tu lugar y enfréntate a estos enemigos orgullosos y atrevidos de tu nombre, de tu causa y de tu pueblo».
La oración pide, en primer lugar, que Dios los detenga y ponga límites a su maldad. «No dejes que el ser humano prevalezca» significa: «Por el honor de tu propio nombre, no permitas que los seres humanos débiles y mortales triunfen sobre el reino y los intereses del Dios todopoderoso y eterno». ¿Acaso pueden los seres humanos ser demasiado fuertes para Dios, su Creador?
En segundo lugar, la oración pide que Dios los llame a rendir cuentas. «Juzga a las naciones delante de ti» significa: «Haz que comparezcan claramente ante ti y trátalas conforme a toda la deshonra que te han causado y a todo el daño que han hecho a tu pueblo». Los pecadores que no se arrepienten serán juzgados delante de los ojos de Dios, y cuando termine su tiempo de misericordia, ni siquiera la misericordia infinita se inclinará a favor de ellos (Apocalipsis 14:10).
En tercer lugar, la oración pide que Dios los aterrorice. «Ponles miedo, Señor» (Salmos 9:20) significa: «Golpéalos con temor y hazlos temblar bajo tus juicios». Dios sabe cómo hacer temblar y huir a las personas más fuertes y atrevidas, aun cuando nadie las persiga. De ese modo les muestra que solo son seres humanos, débiles e incapaces de permanecer delante del Dios santo; también les muestra que son pecadores, cuyas conciencias culpables los hacen alarmarse con facilidad.
Es bueno y necesario, para la gloria de Dios y para la paz y el bienestar del mundo, que las personas reconozcan que no son más que seres humanos: dependen de otros, cambian, son mortales y deben rendir cuentas. Al cantar este salmo, debemos darle a Dios el honor que merece por su justicia, pues él defiende la causa de su pueblo frente a sus enemigos. También debemos animarnos a esperar el año de los redimidos y el año en que se hará justicia a favor de Sión, incluida la ruina final de todas las fuerzas y grupos anticristianos, hacia lo cual muchos escritores de la antigüedad creían que apuntaba este salmo.
De este capítulo
Salmos 9:1
"Oh Señor, quiero alabarte con todo mi corazón y contar tus muchas maravillas."
Salmos 9:2
"Oh Altísimo, por ti quiero gritar lleno de alegría; ¡quiero cantar himnos a tu nombre!"
Salmos 9:3
"Mis enemigos huyen delante de ti; caen y mueren."
Salmos 9:4
"Tú eres un juez justo: te has sentado en tu trono para hacerme justicia."
Salmos 9:5
"Has reprendido a los paganos, has destruido a los malvados; ¡has borrado su recuerdo para siempre!"
Salmos 9:6
"El enemigo ha muerto, y con él han muerto sus ciudades; tú las destruiste, y de ellas no quedó ni el recuerdo."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.