Versículo destacado
Salmos 149:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Haya alabanzas a Dios en sus labios, y en su mano una espada de dos filos
Salmos 149:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Porque el Señor se complace en su pueblo; da a los humildes el honor de la victoria.
5 Alégrense los fieles con el triunfo, y aun dormidos canten de alegría.
6 Haya alabanzas a Dios en sus labios, y en su mano una espada de dos filos
7 para vengarse de los paganos, para castigar a las naciones,
8 para encadenar a los reyes y a la gente poderosa con pesadas cadenas de hierro,
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Aquí se presenta al Israel de Dios triunfando sobre sus enemigos. Esto es tanto una razón para alabar como una recompensa por la alabanza. Quienes de verdad dan gracias a Dios por su paz y seguridad también serán bendecidos con la victoria.
Estas palabras también pueden entenderse como otra parte de su alabanza: que las grandes alabanzas de Dios estén en su boca y que, con un celo santo por su honor, tomen una espada de dos filos en sus manos para pelear las batallas de Dios contra los enemigos de su reino.
Esto se aplica, en primer lugar, a las muchas victorias que Dios les dio a los israelitas sobre las naciones de Canaán y otros pueblos destinados a la destrucción. Moisés y Josué comenzaron esta obra. Cuando enseñaban a Israel las grandes alabanzas del Señor, también ponían una espada de dos filos en sus manos. David hizo lo mismo. Era el dulce cantor de Israel y también el capitán de sus ejércitos. Enseñó a los hijos de Judá a usar el arco (2 Samuel 1:18) y adiestró sus manos para la batalla, así como Dios había adiestrado las suyas.
Así, David y el pueblo siguieron avanzando en victoria, peleando las batallas del Señor y haciendo justicia por los males cometidos contra Israel por quienes lo habían oprimido. Ejecutaron venganza contra las naciones, como los filisteos, los moabitas y los amonitas, y castigo contra los pueblos por todo lo que habían hecho contra el pueblo de Dios (2 Samuel 8:1 y siguientes; Salmo 149:7). Sus reyes y nobles fueron llevados cautivos (Salmo 149:8), y en algunos de ellos se ejecutó el juicio escrito, como Josué lo hizo con los reyes de Canaán, Gedeón con los príncipes de Madián y Samuel con Agag. El honor de esto pertenecía a todo el Israel de Dios, y ellos le devolvían toda la gloria en sus aleluyas.
El ejército de Josafat tuvo al mismo tiempo las grandes alabanzas de Dios en su boca y una espada de dos filos en sus manos: salieron a la guerra cantando las alabanzas de Dios, y después su espada hizo su trabajo (2 Crónicas 20:23). Algunos aplican esto también al tiempo de los macabeos, cuando los judíos obtuvieron a veces grandes victorias sobre quienes los oprimían. Si parece extraño que los mansos fueran tan severos, incluso contra reyes y nobles, hay algo que lo justifica: el juicio escrito. No actuaron por odio personal, venganza o política de violencia. Actuaron por mandato de Dios y bajo su dirección. Saúl perdió su reino por negarse a obedecer un mandato de este tipo.
Por eso, los reyes de la tierra que serán usados para destruir a la Babilonia del Nuevo Testamento solo estarán ejecutando el juicio escrito (Apocalipsis 17:16-17). Pero como ahora no puede demostrarse que existan mandatos especiales de esa clase, este pasaje no justifica la violencia de los súbditos contra los gobernantes, ni de los gobernantes contra los súbditos, ni de ninguna de las partes contra sus vecinos, usando la religión como excusa. Cristo nunca quiso que su evangelio se extendiera por medio del fuego y la espada, ni que la justicia se produjera mediante la ira humana. Cuando las grandes alabanzas de Dios están en nuestra boca, debemos tener una rama de olivo de paz en nuestras manos.
En segundo lugar, esto señala las victorias de Cristo mediante el poder de su evangelio y su gracia sobre los enemigos espirituales; en ellas, todos los creyentes son más que vencedores. La palabra de Dios es la espada de dos filos (Hebreos 4:12), la espada del Espíritu (Efesios 6:17). No basta con tenerla como parte de nuestra armadura. También debemos tenerla en nuestras manos, como lo hizo nuestro Maestro cuando dijo: «Escrito está».
Con esta espada de dos filos, los primeros predicadores del evangelio obtuvieron una gloriosa victoria sobre los poderes de las tinieblas. El juicio cayó sobre los dioses de las naciones mediante el convencimiento y la conversión de quienes durante mucho tiempo los habían adorado, y mediante el temor y la confusión de quienes no quisieron arrepentirse (Apocalipsis 6:15). Las fortalezas de Satanás fueron derribadas (2 Corintios 10:4-5). Grandes hombres temblaron ante la palabra, como Félix. Satanás, el dios de este mundo, fue expulsado, tal como lo había anunciado el juicio contra él. Este es el honor de todos los cristianos: que su fe santa ha sido tan victoriosa.
Con esta misma espada de dos filos, los creyentes luchan contra sus propios deseos pecaminosos y, por la gracia de Dios, los vencen y les dan muerte. El pecado que antes los dominaba es crucificado. El yo, que antes reinaba como un rey, es encadenado y sometido al yugo de Cristo. El tentador es derrotado y aplastado bajo sus pies. Este honor pertenece a todos los santos.
La culminación de todo esto llegará en el gran día del juicio, cuando el Señor venga con miles y miles de sus santos para juzgar a todos (Judas 1:14-15). Entonces se ejecutará la venganza contra las naciones (Salmo 9:17), y los pueblos recibirán un castigo duradero. Los reyes y nobles que rechazaron las ataduras y los lazos del gobierno de Cristo (Salmo 2:3) no podrán librarse de las cadenas y grillos de su ira y justicia. Entonces se ejecutará el juicio escrito, porque los secretos de todos los corazones serán juzgados según el evangelio. Todos los santos compartirán este honor, pues, al sentarse con Cristo para juzgar, juzgarán al mundo (1 Corintios 6:2). En vista de ese día venidero, que sigan alabando al Señor y sirviendo fielmente a Cristo como sus siervos y soldados hasta el final de sus vidas.
De este capítulo
Salmos 149:1
"¡Aleluya! Canten al Señor un canto nuevo; alábenlo en la comunidad de los fieles."
Salmos 149:2
"Alégrense los israelitas, el pueblo de Sión, porque Dios es su Creador y Rey."
Salmos 149:3
"Alaben su nombre con danzas; cántenle himnos al son de arpas y panderos."
Salmos 149:4
"Porque el Señor se complace en su pueblo; da a los humildes el honor de la victoria."
Salmos 149:5
"Alégrense los fieles con el triunfo, y aun dormidos canten de alegría."
Salmos 149:7
"para vengarse de los paganos, para castigar a las naciones,"
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