Versículo destacado
Salmos 149:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
¡Aleluya! Canten al Señor un canto nuevo; alábenlo en la comunidad de los fieles.
Salmos 149:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 ¡Aleluya! Canten al Señor un canto nuevo; alábenlo en la comunidad de los fieles.
2 Alégrense los israelitas, el pueblo de Sión, porque Dios es su Creador y Rey.
3 Alaben su nombre con danzas; cántenle himnos al son de arpas y panderos.
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Aquí encontramos el llamado que se hace al Israel de Dios a alabarlo. En el salmo anterior, todas las obras de Dios eran convocadas a alabarlo; pero aquí se llama especialmente a sus santos a bendecirlo. Debemos observar quiénes son llamados a alabar a Dios, qué espíritu debe llenar esa alabanza, cómo debe expresarse y cuándo debe ofrecerse.
Israel en general, todo el cuerpo de la iglesia, es llamado a alabar a Dios, y especialmente los hijos de Sion, el pueblo que vive en el monte santo de Dios. Ellos están más cerca de Dios que los demás israelitas, porque tienen su palabra y su adoración cerca de ellos. Por eso, quienes han recibido tales privilegios tienen buenas razones para alabarlo más que los demás. Todos los verdaderos cristianos pueden llamarse hijos de Sion, porque por la fe y la esperanza hemos llegado al monte Sion (Hebreos 12:22). Los santos deben alabar a Dios, tanto los que profesan externamente la fe como los que han sido transformados interiormente por su poder, porque para eso existe en parte la santificación, es decir, el proceso por el cual somos hechos santos. Dios los aparta para su gloria y los renueva por su gracia, para que vivan para su alabanza.
La alabanza que Dios pide debe brotar de un gozo santo en él. Que Israel se alegre; que los hijos de Sion se regocijen, y que los santos estén llenos de gozo en su gloria. Nuestra alabanza debe surgir de corazones que se deleitan en el carácter de Dios y en nuestra relación con él. Una parte esencial de la verdadera piedad consiste en hacer de Dios nuestro gozo supremo y hallar en él nuestro consuelo. Nuestra fe en Cristo se describe como un motivo de regocijo en él. Honramos más a Dios cuando encontramos placer en él. Debemos gozarnos en la gloria, es decir, en Dios como nuestra gloria y en la participación que tenemos en él. También debemos considerar un honor pertenecer a quienes se regocijan en Dios.
Esta alabanza también debe expresarse de maneras apropiadas. Debemos cantarle al Señor y proclamar su alabanza por medio del canto (Salmo 149:3); debemos cantar en voz alta (Salmo 149:5), con el corazón lleno y sin vergüenza. Debemos cantar un cántico nuevo, ya sea porque ha sido compuesto recientemente para una ocasión especial o porque los sentimientos renovados hacen que las palabras antiguas cobren nueva vida. El canto no debe volverse rutinario ni perder su frescura. En la iglesia del Antiguo Testamento, Dios fue alabado desde tiempos muy antiguos con panderos y danzas, como en Éxodo 15:20. Quienes usan esto para defender la música en la adoración tendrían que introducir también la danza siguiendo el mismo razonamiento, pues ambas cosas iban juntas, como cuando David danzó delante del arca y como en Jueces 21:21. Sin embargo, aunque el Nuevo Testamento continúa claramente con el canto como una ordenanza del evangelio, no da ningún mandato de mantener la música y la danza en la adoración. La norma para cantar salmos en el evangelio es cantar con el Espíritu y con entendimiento.
También debemos aprovechar toda oportunidad para alabar a Dios. No debemos desperdiciar ninguna. Primero, debemos alabarlo públicamente, en la asamblea solemne y en la reunión de los santos. Mientras más creyentes se reúnen, más se refleja el cielo. De ese modo, el nombre de Dios es honrado delante del mundo, la adoración adquiere dignidad y nos animamos unos a otros. La razón de reunirnos en los encuentros de adoración es unirnos para alabar a Dios. Todo lo demás en el servicio debe contribuir a ese fin.
Segundo, debemos alabarlo en privado. Que los santos estén tan llenos de gozo en Dios que canten en voz alta aun sobre sus camas y cuando despierten durante la noche, como lo hacía David (Salmo 119:62). Cuando el pueblo de Dios recibe una vida tranquila y estable, debe aceptarla con gratitud. Cuánto más los verdaderos creyentes, que han entrado en el descanso de Dios y han encontrado descanso en Jesucristo, pueden cantar de alegría. Aun en los lechos de enfermedad y de muerte, deben seguir alabando a su Dios.
Consideremos ahora las razones que el Israel de Dios tiene para alabar. Primero, pensemos en lo que Dios ha hecho por ellos. Tienen razones para alegrarse en Dios, dedicarse a honrarlo y servirlo, porque él los hizo. Nos dio la vida como seres humanos, y eso por sí solo es motivo para alabarlo, porque la vida es un regalo noble y excelente. También le dio a Israel vida como pueblo y como iglesia, y lo hizo distinto de las demás naciones. Por eso ese pueblo debe alabarlo: Dios lo formó para sí mismo, con el propósito de que mostrara su alabanza (Isaías 43:21). Que Israel se alegre en sus Hacedores, como dice el hebreo, porque Dios dijo: «Hagamos al ser humano». Algunos ven en esto un reflejo del misterio de la Trinidad.
Segundo, pensemos en el gobierno de Dios sobre ellos. Si él los hizo, entonces es su Rey. Quien les dio la vida ciertamente puede darles su ley. Esto debe ser motivo de alegría y alabanza, porque estamos bajo el cuidado y la protección de un Rey tan sabio y poderoso. «Alégrate mucho, hija de Sion», porque viene tu Rey, el Rey Mesías, a quien Dios ha establecido en su santo monte de Sion. Que todos los hijos de Sion se alegren en él y salgan a recibirlo con sus alabanzas (Zacarías 9:9).
Tercero, pensemos en el deleite que Dios tiene en ellos. Él es un Rey que gobierna con amor, y esa es otra razón para alabarlo. El Señor se complace en su pueblo, en su servicio, en su bienestar, en la comunión con ellos y en darles muestras de su favor. Él es perfectamente feliz en sí mismo y nada puede añadir a su bienaventuranza; sin embargo, en su gracia se deleita en su pueblo (Salmo 147:11).
Cuarto, pensemos en el propósito que Dios tiene para ellos. Además del gozo presente que encuentra en ellos, ha preparado para ellos una gloria futura. Él embellecerá a los mansos, a los humildes y a los de corazón sencillo: a quienes tiemblan ante su palabra, se someten a ella, soportan las aflicciones con paciencia y muestran bondad hacia todos. Otros podrán insultarlos y calumniarlos, pero Dios los vindicará y quitará su vergüenza. Más aún, los embellecerá. No solo serán vindicados, sino que serán hechos hermosos delante de todo el mundo con la belleza que él les dará. Los embellecerá con salvación: con liberación en esta vida, cuando realice grandes rescates a favor de su pueblo, y especialmente con la salvación eterna. En aquel día, los justos serán hechos hermosos cuando resplandezcan como el sol. Con esa esperanza, aun en el día más oscuro, que canten un cántico nuevo.
De este capítulo
Salmos 149:2
"Alégrense los israelitas, el pueblo de Sión, porque Dios es su Creador y Rey."
Salmos 149:3
"Alaben su nombre con danzas; cántenle himnos al son de arpas y panderos."
Salmos 149:4
"Porque el Señor se complace en su pueblo; da a los humildes el honor de la victoria."
Salmos 149:5
"Alégrense los fieles con el triunfo, y aun dormidos canten de alegría."
Salmos 149:6
"Haya alabanzas a Dios en sus labios, y en su mano una espada de dos filos"
Salmos 149:7
"para vengarse de los paganos, para castigar a las naciones,"
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