Versículo destacado
Salmos 119:85 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Gente insolente que no sigue tu enseñanza ha cavado trampas a mi paso.
Salmos 119:85
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
83 Aunque soy un viejo inútil y olvidado, no me he olvidado de tus leyes.
84 ¿Cuánto más tendré que esperar? ¿Cuándo juzgarás a los que me persiguen?
85 Gente insolente que no sigue tu enseñanza ha cavado trampas a mi paso.
86 ¡Ayúdame, pues soy perseguido sin motivo! ¡Todos tus mandamientos son verdaderos!
87 Casi he sido borrado de la tierra, pero no he descuidado tus preceptos.
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La situación de David aquí refleja tanto la de Cristo como la de los cristianos, pues fue perseguido con ferocidad. Muchos de los salmos de David y muchos versículos de este salmo hablan de ese sufrimiento. En este pasaje podemos observar tres cosas.
En primer lugar, David describe a quienes lo atacaban y la maldad de sus corazones. Eran orgullosos, y su orgullo los impulsaba a perseguirlo. Se alegraban de poder aplastar a alguien respetado y esperaban engrandecerse mediante su caída. También eran injustos, porque lo perseguían sin causa. Él había hecho todo lo posible por tratarlos con bondad, pero ellos respondieron a su amor volviéndose contra él.
También actuaban con malicia. David dice que cavaron fosas para él, lo que significa que planearon cuidadosamente su ataque y que desde el principio tenían la intención de hacerle daño. Esto también muestra que eran astutos y engañosos, como cazadores que preparan trampas. No escatimaron esfuerzos para herirlo, y actuaron en secreto y con engaño. Ese es el mismo odio que la descendencia de la serpiente siempre ha mostrado contra la descendencia de la mujer.
Sus acciones también eran una ofensa contra Dios mismo. Las fosas que cavaron no estaban de acuerdo con la ley de Dios, pues la ley prohíbe planear el mal contra el prójimo. Dios también había dicho: «No toquen a mis ungidos». Según la ley, si un hombre cavaba una fosa que causaba daño, debía responder por ello (Éxodo 21:33-34). Cuánto más culpables son quienes cavan una fosa con el claro propósito de hacer daño.
David dice que los planes de sus enemigos estuvieron muy cerca de destruirlo en la tierra. Casi lo arruinaron a él y a todo lo relacionado con su vida. Es posible que quienes pronto serán perfeccionados en el cielo lleguen a estar, por un tiempo, casi consumidos en la tierra. Pero es por la misericordia del Señor —y cuando los enemigos son tan crueles, es un extraordinario acto de misericordia— que no son destruidos por completo. La zarza donde Dios está presente puede arder, pero no se consume.
En segundo lugar, en medio de su sufrimiento, David se vuelve hacia Dios. Todavía confiesa la verdad y la bondad de la palabra de Dios. En efecto, dice: «No importa lo que suceda: todos tus mandamientos son fieles. Así que, si pierdo algo por obedecerlos, en realidad no perderé nada por ello». La verdadera fe, si tiene algún valor, vale todo y, por lo tanto, vale la pena sufrir por ella. Las personas son falsas, desde las más sencillas hasta las más poderosas, y David ha descubierto que no puede confiar plenamente en ellas. Pero los mandamientos de Dios son fieles, y en ellos sí puede depender.
También le pide a Dios que esté a su lado y lo ayude. «Me persiguen», dice; «ayúdame». Quiere recibir ayuda para soportar sus dificultades con paciencia y de manera correcta, a fin de conservar su integridad. También quiere que Dios lo ayude, en el momento señalado por él, a salir de sus dificultades. «Ayúdame» es una oración profunda y completa, y es una vergüenza usarla a la ligera como una simple expresión.
En tercer lugar, David siguió cumpliendo con su deber, aunque sus enemigos lo odiaban por hacerlo. El propósito de sus perseguidores era atemorizarlo para apartarlo de los caminos de Dios, pero fracasaron. Él prefería renunciar a todo lo querido en este mundo antes que renunciar a la palabra de Dios. Prefería perder la vida antes que perder la paz y el consuelo que provienen de obedecer a Dios.
De este capítulo
Salmos 119:1
"Felices los que viven sin tacha y siguen la enseñanza del Señor."
Salmos 119:2
"Felices los que atienden a sus mandatos y lo buscan con todo el corazón,"
Salmos 119:3
"los que no hacen nada malo, los que siguen el camino del Señor."
Salmos 119:4
"Tú has ordenado que tus preceptos se cumplan estrictamente."
Salmos 119:5
"¡Ojalá me mantenga firme en la obediencia a tus leyes!"
Salmos 119:6
"No tendré de qué avergonzarme cuando atienda a todos tus mandamientos."
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