Versículo destacado
Salmos 119:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Felices los que viven sin tacha y siguen la enseñanza del Señor.
Salmos 119:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Felices los que viven sin tacha y siguen la enseñanza del Señor.
2 Felices los que atienden a sus mandatos y lo buscan con todo el corazón,
3 los que no hacen nada malo, los que siguen el camino del Señor.
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El salmista muestra aquí que las personas piadosas son verdaderamente felices. Son dichosas ahora y seguirán siéndolo. Todos dicen que quieren ser felices, pero pocos toman el camino correcto para lograrlo. Aquí Dios pone ese camino delante de nosotros. Es estrecho y difícil, pero conduce a la verdadera dicha.
Observemos ahora las características de estas personas dichosas. Primero, hacen de la voluntad de Dios la norma para todo lo que hacen. Andan en la ley del Señor (Salmos 119:1). La palabra de Dios es una ley para ellos, no solo en uno o dos aspectos, sino en toda su manera de vivir. Se mantienen dentro de sus límites y no traspasan lo que prohíbe. También avanzan por sus caminos, dando cada paso conforme a sus instrucciones y no al azar. Esto es andar en los caminos de Dios (Salmos 119:3), los caminos que él ha trazado para nosotros. No basta con hablar de religión. Debemos hacer de ella la guía de nuestra vida, en vez de seguir al mundo o a nuestro propio corazón (Job 23:10-11; Job 31:7).
Segundo, son íntegros y sinceros en su fe, intachables en su manera de vivir. Esto significa que se mantienen limpios del pecado real y que son sinceros de corazón. No hay falsedad en ellos. En verdad son tan buenos como aparentan ser, y en privado siguen el mismo camino que parecen seguir en público.
Tercero, son fieles con la responsabilidad que Dios les ha confiado como pueblo que profesa pertenecerle. Para los judíos era un honor que se les hubieran confiado las palabras de Dios. Dichosos son quienes conservan puro y completo ese regalo sagrado, considerando sus testimonios como algo de gran valor. Los protegen con tanto cuidado como la niña de sus ojos. Los conservan para llevar su consuelo al mundo venidero y para transmitir en este mundo el conocimiento y la profesión de esas verdades a quienes vendrán después. Quienes quieren andar en la ley del Señor deben guardar sus testimonios, es decir, sus verdades. Nadie seguirá haciendo lo correcto por mucho tiempo si no se aferra a las creencias correctas. Sus testimonios también pueden referirse a su pacto, pues el arca del pacto es llamada el arca del testimonio. Quienes no guardan los mandamientos de Dios no mantienen su pacto con él.
Cuarto, tienen un propósito principal en toda su vida de fe, y ese propósito es Dios mismo (Salmos 119:2). Lo buscan con todo el corazón. No se buscan a sí mismos ni buscan su propio beneficio, sino solamente a Dios. Su meta es que Dios sea honrado mediante su obediencia y que ellos encuentren felicidad en su aprobación. Dios es, y será, la recompensa de todos los que lo buscan con diligencia y con un corazón sincero. Él mira el corazón y pide todo el corazón. Si el corazón está dividido entre Dios y el mundo, es culpable.
Quinto, evitan cuidadosamente todo pecado (Salmos 119:3). No practican la maldad. Esto no significa que jamás pequen, pues todavía reconocen mucho pecado dentro de sí que les estorba en los caminos de Dios. Significa que no se entregan voluntariamente a ningún pecado, como lo hacen quienes son esclavos del pecado. No practican el pecado ni lo convierten en un hábito. Dichosos y santos son quienes se esfuerzan por mantener la conciencia limpia delante de Dios.
De este capítulo
Salmos 119:2
"Felices los que atienden a sus mandatos y lo buscan con todo el corazón,"
Salmos 119:3
"los que no hacen nada malo, los que siguen el camino del Señor."
Salmos 119:4
"Tú has ordenado que tus preceptos se cumplan estrictamente."
Salmos 119:5
"¡Ojalá me mantenga firme en la obediencia a tus leyes!"
Salmos 119:6
"No tendré de qué avergonzarme cuando atienda a todos tus mandamientos."
Salmos 119:7
"Te alabaré con un corazón sincero cuando haya aprendido tus justos decretos."
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