Versículo destacado
Salmos 119:176 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Me he extraviado como una oveja; ¡ven a buscarme, pues no me he olvidado de tus mandamientos!
Salmos 119:176
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
174 Señor, ¡deseo que me salves! ¡Me siento feliz con tu enseñanza!
175 Quiero vivir para alabarte; que tu justicia me ayude.
176 Me he extraviado como una oveja; ¡ven a buscarme, pues no me he olvidado de tus mandamientos!
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Aquí encontramos una confesión penitente: «Me he extraviado», o he andado errante como una oveja perdida. Así como los pecadores que aún no se han convertido son como ovejas perdidas (Lucas 15:4), también los creyentes débiles e inconstantes pueden parecerse a ellas (Mateo 18:12-13). Nos extraviamos con facilidad, como las ovejas, y cuando lo hacemos tardamos mucho en encontrar el camino de regreso. Al alejarnos, perdemos la paz y el consuelo de los pastos verdes, y nos exponemos a muchas dificultades.
También encontramos una petición llena de fe: «Busca a tu siervo». Es como el buen pastor que busca a la oveja extraviada y la lleva de nuevo al rebaño (Ezequiel 34:12). David está diciendo: «Señor, búscame como yo solía buscar a mis ovejas cuando se extraviaban», porque él mismo había sido un pastor cuidadoso. «Señor, considérame uno de los tuyos. Aunque soy una oveja perdida, todavía llevo tu marca. No dejes de cuidarme. Búscame por medio de tu Palabra, de la conciencia y de tus intervenciones providenciales en mi vida. Hazme volver por tu gracia». Buscarme significa encontrarme, porque Dios nunca busca en vano. Hazme volver, y volveré.
Finalmente, encontramos una súplica obediente: «Aunque me he extraviado, no me he apartado deliberadamente. No olvido tus mandamientos». Así termina el salmo, con dolor por el pecado y confianza en la gracia de Dios. El cristiano devoto debería terminar de esta manera tanto sus deberes diarios como su propia vida: viviendo y muriendo en arrepentimiento y oración.
Aquí se observan tres cosas. Primero, una señal de las personas piadosas es que no olvidan los mandamientos de Dios. Reciben con disposición la convicción de pecado y permanecen firmes en su decisión de obedecer. Segundo, aun quienes, por la gracia de Dios, tienen presente su deber deben admitir que muchas veces se han apartado de él. Tercero, quienes se han extraviado, si todavía recuerdan su deber, pueden encomendarse humildemente a la gracia de Dios.
De este capítulo
Salmos 119:1
"Felices los que viven sin tacha y siguen la enseñanza del Señor."
Salmos 119:2
"Felices los que atienden a sus mandatos y lo buscan con todo el corazón,"
Salmos 119:3
"los que no hacen nada malo, los que siguen el camino del Señor."
Salmos 119:4
"Tú has ordenado que tus preceptos se cumplan estrictamente."
Salmos 119:5
"¡Ojalá me mantenga firme en la obediencia a tus leyes!"
Salmos 119:6
"No tendré de qué avergonzarme cuando atienda a todos tus mandamientos."
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