Versículo destacado
Salmos 112:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
por eso, jamás llegará a caer. ¡El hombre justo será recordado para siempre!
Salmos 112:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 El hombre bueno presta con generosidad y dirige sus negocios con honradez;
6 por eso, jamás llegará a caer. ¡El hombre justo será recordado para siempre!
7 No teme las malas noticias; su corazón está firme, confiado en el Señor.
8 Su corazón está firme; no tiene miedo y hasta mira con burla a sus enemigos.
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En estos versículos vemos la paz del pueblo de Dios y la inquietud de los malvados.
La persona recta tiene una profunda estabilidad. La felicidad del justo consiste en que «jamás será sacudido» (Salmos 112:6). Satanás y sus ayudantes intentan hacerlo tambalear, pero su fundamento es firme. Puede ser sacudido por un tiempo, pero pronto vuelve a afirmarse, y su estado final está seguro.
La persona recta también tiene una reputación firme, y eso trae verdadero consuelo. Tiene un buen nombre delante de Dios y de las personas de bien, y «el justo será recordado para siempre» (Salmos 112:6). Algunos se esfuerzan por manchar su nombre y llenarlo de vergüenza, pero su integridad será reivindicada, y el honor de ella perdurará más allá de su vida. Muchas personas justas todavía son recordadas en la tierra dondequiera que se lee la Escritura, y en el cielo su memoria será verdaderamente eterna, junto con su recompensa.
Aun cuando el mundo las olvide o las desprecie, Dios las recuerda y las honra. Su justicia dará como resultado alabanza, honor y gloria (1 Pedro 1:7). Al final, el «cuerno» de la persona recta —es decir, su fuerza y su honor— será exaltado. Los malvados quizá ahora alcen sus cuernos con orgullo, pero serán quebrados (Salmos 75:5, Salmos 75:10), mientras que los piadosos, que muchas veces han sido humillados, serán honrados por Dios.
Lo que añade un honor especial a las personas rectas es su generosidad con los pobres. «Reparte sus bienes entre los pobres» (Salmos 112:9). No concentra toda su ayuda en un solo lugar ni da únicamente a unas cuantas personas de su agrado. La distribuye, dándoles a muchos necesitados, y al esparcirla, la multiplica. A esto se le llama su justicia, y perdura para siempre.
Aquí se llama justicia a las limosnas, es decir, a los regalos para los pobres, no porque paguen por el pecado, sino porque son buenas obras que Dios exige. Por eso, si no somos generosos, no estamos actuando justamente, pues estamos negándoles el bien a quienes les corresponde recibirlo. El honor de una generosidad así perdurará, porque Dios la tomará en cuenta en el día final. Cristo mismo dice: «Tuve hambre, y ustedes me dieron de comer». Esto se presenta tanto como un estímulo como una razón para ser generosos (2 Corintios 9:9).
La persona recta también tiene un espíritu firme, y esto es un consuelo aún mayor que tener un nombre respetado. Puede alegrarse delante de Dios, aunque otros no la entiendan. No se apartará de su deber ni de su paz, porque no tendrá miedo. «Su corazón está firme» (Salmos 112:7, Salmos 112:8). Esto forma parte tanto del carácter como del consuelo del pueblo de Dios.
Es deber y beneficio del pueblo de Dios no temer las malas noticias ni dejarse llevar por el pánico al escuchar cosas difíciles. Incluso cuando llegue la aflicción, debe poder decir como Pablo: «Nada de esto me conmueve» (Hechos 20:24), y confiar en Dios aunque la tierra sea removida (Salmos 46:2). Un corazón firme es la mejor cura contra el miedo. Si mantenemos nuestros pensamientos tranquilos, nuestra voluntad rendida a Dios y nuestro espíritu sereno, estaremos bien protegidos contra la ansiedad.
Confiar en el Señor es la manera más segura de afirmar el corazón. Por la fe nos anclamos en la promesa de Dios y volvemos a él para hallar descanso. El corazón humano no puede encontrar plena estabilidad en ningún lugar excepto en la verdad de Dios. Allí encuentra un terreno firme. Quienes tienen el corazón afirmado por la fe pueden esperar con paciencia hasta ver cumplido lo que Dios ha prometido.
«No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en el Señor. Su corazón estará seguro, y no tendrá miedo, hasta que vea la derrota de sus enemigos» (Salmos 112:7-8). Esto se cumplirá plenamente cuando llegue al cielo y vea a Satanás y a todos los enemigos espirituales aplastados bajo sus pies. También será como cuando Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. O, como lo explica el doctor Hammond, contemplará con seguridad y valentía a quienes antes lo oprimían, porque ya no tendrán poder sobre él. Esto completará el gozo de los santos, cuando puedan mirar atrás a todas sus aflicciones y decir con Pablo: «De todas ellas me libró el Señor» (2 Timoteo 3:11).
Los malvados, en cambio, serán atormentados por dos cosas. Primero, les afligirán la prosperidad y el honor de los justos (Salmos 112:10). Se llenarán de ira al ver que los inocentes son reivindicados, que los humildes son exaltados y que las personas a las que odiaban y querían destruir se convierten en los favoritos de Dios y gobiernan sobre ellos. Esto sucede con frecuencia incluso en este mundo. La felicidad de los santos provoca la envidia de los malvados, y esa envidia los consume como la podredumbre carcome los huesos.
Esto se verá plenamente en el mundo venidero, donde los pecadores perdidos rechinarán los dientes al ver a Abraham a lo lejos y a Lázaro en su regazo, o al ver a los profetas en el reino de Dios mientras ellos quedan excluidos. Segundo, sus propias esperanzas fracasarán. «El deseo de los malvados perecerá» (Salmos 112:10). Sus deseos estaban puestos en el mundo y en los placeres de la carne, y esas cosas los dominaban. Cuando esas cosas perezcan, su alegría desaparecerá y sus esperanzas quedarán destruidas para siempre. Su esperanza es como una telaraña.
De este capítulo
Salmos 112:1
"¡Aleluya! Dichoso el hombre que honra al Señor y se deleita en sus mandatos."
Salmos 112:2
"Los descendientes del hombre honrado serán bendecidos y tendrán poder en la tierra."
Salmos 112:3
"En su casa hay riquezas abundantes, y su generosidad es constante."
Salmos 112:4
"En la oscuridad brilla una luz para los hombres honrados, para el que es compasivo, clemente y justo."
Salmos 112:5
"El hombre bueno presta con generosidad y dirige sus negocios con honradez;"
Salmos 112:7
"No teme las malas noticias; su corazón está firme, confiado en el Señor."
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