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Salmos 102:12 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

Pero tú, Señor, reinas para siempre; ¡tu nombre será recordado por siempre!

Salmos 102:12

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí se reúnen muchos consuelos ricos y preciosos para responder al dolor descrito anteriormente. Aunque los fieles sean derribados, no quedan abandonados a la desesperación, porque la luz se levanta para ellos en medio de la oscuridad. El salmista está afligido, y también lo está el pueblo de Dios, pero ahora reúne razones para afirmar su corazón.

Somos criaturas mortales, y todos nuestros consuelos terrenales también se desvanecen; pero Dios es el Dios vivo y eterno (Salmos 102:12). Nuestros días son como una sombra: breves y pasajeros, pero el Señor permanece para siempre. Nuestra vida se acaba, nuestros amigos mueren y nuestros nombres pueden ser olvidados; pero Dios permanece igual, y su memoria perdura por todas las generaciones.

Una persona piadosa ama a Dios más que a sí misma, por lo que el pensamiento de la felicidad inmutable de Dios puede consolarla en medio de su propio dolor y aun ante la muerte. Dios permanece para siempre como el fiel protector y defensor de su iglesia. Puesto que su honor y su nombre perdurable están tan estrechamente ligados al bien de su pueblo, podemos confiar en que no lo pasará por alto.

La pobre Sion está ahora angustiada, pero llegará el tiempo de su rescate. La esperanza de liberación descansa en la bondad de Dios, porque Sion se ha convertido en objeto de su compasión, y en el poder de Dios, porque él se levantará y actuará a pesar de la resistencia de todos sus enemigos (Salmos 102:13). El celo del Señor de los ejércitos lo hará realidad.

Lo que fortalece esta esperanza es que se ha fijado un tiempo para el rescate de la iglesia. No llegará simplemente algún día; llegará en el momento establecido por la sabiduría infinita y, por lo tanto, en el mejor momento. La verdad eterna ha fijado ese tiempo, así que con seguridad llegará; no será olvidado ni retrasado para siempre. Después de setenta años, llegó el tiempo señalado para favorecer a Sion y liberarla de Babilonia.

Sion estaba en ruinas; el templo de la ciudad de David había sido destruido. Favorecer a Sion significa aquí reconstruir el templo, como explica Salmos 102:16. Daniel oró por esta misma misericordia: que Dios hiciera resplandecer su rostro sobre su santuario, que estaba desolado (Daniel 9:17). La restauración de Sion es una de las mayores bendiciones que un pueblo en ruinas puede pedir, porque ninguna otra cosa restaura tan plenamente los privilegios de la iglesia.

Este anhelo se muestra por varias razones. Primero, la restauración alegraría mucho a los amigos de Sion (Salmos 102:14). Los siervos de Dios se preocupan incluso por las piedras del templo, aunque estén quebradas y esparcidas, y valoran hasta su polvo y sus ruinas. Cuando el templo fue destruido, las piedras todavía estaban allí para una nueva construcción, y los fieles aún podían tener esperanza por causa de ellas. Quienes verdaderamente aman la iglesia de Dios la aman tanto en la aflicción como en la paz, y sus oraciones y esfuerzos por ella son una buena señal de que Dios favorecerá las ruinas de Sion.

Segundo, la restauración de Sion beneficiaría a sus vecinos (Salmos 102:15). Podría llevar a algunos a la fe o, por lo menos, convencerlos, porque las naciones temerían el nombre del Señor, lo honrarían más y aun los reyes de la tierra serían conmovidos por su gloria. Pensarían mejor del pueblo de Dios cuando él honrara a la iglesia, y estarían menos dispuestos a oponerse a ella al ver que Dios estaba de su lado. Incluso dirían: «Iremos con ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes» (Zacarías 8:23). De esta manera, muchos habitantes de aquella tierra se hicieron judíos, porque el temor de los judíos había caído sobre ellos (Ester 8:17).

Tercero, la restauración honraría al Dios de Sion (Salmos 102:16). Cuando el Señor edifique a Sion, se manifestará en su gloria. Quienes hacen de la gloria de Dios su mayor anhelo desean y oran por esto. La edificación de la iglesia glorifica a Dios, y por esa razón podemos estar seguros de que sucederá en el tiempo señalado. Quienes oran con fe: «Padre, glorifica tu nombre», pueden recibir la misma respuesta que recibió Cristo: que Dios ya lo había glorificado y lo glorificaría nuevamente, aunque por un tiempo parezca que su gloria está oculta.

Las oraciones del pueblo de Dios quizá parezcan ignoradas ahora, pero serán tomadas en cuenta con cuidado y recibirán gran ánimo (Salmos 102:17). Dios atenderá la oración del necesitado. Los reyes pueden mirar con desprecio a los pobres que acuden a ellos, pero el gran Dios no hará eso. Se llama necesitados a quienes son humildes, quebrantados, pobres y despojados de toda ayuda. Esta clase de espíritu humilde es lo que Dios busca en quienes se acercan a él, y los llevará a ponerse de rodillas.

Dios no despreciará su oración. Aquí se da a entender más de lo que se dice. Él la valorará, se complacerá en ella y le responderá con paz. Ese es el mayor honor que una oración puede recibir. Se emplea esta expresión porque otros pueden despreciar sus oraciones, y aun ellos mismos pueden temer que Dios las desprecie cuando su aflicción se prolonga y sus oraciones parecen no recibir respuesta.

Cuando pensamos en nuestra pequeñez y nuestro pecado, en nuestra oscuridad y muerte espiritual, y en las muchas deficiencias de nuestras oraciones, podríamos temer que fueran rechazadas en el cielo. Pero aquí se nos asegura lo contrario. Tenemos un abogado ante el Padre y estamos bajo la gracia, no bajo la ley. Este ejemplo del favor de Dios hacia su pueblo cuando ora, aun en medio de su necesidad, debe darnos un estímulo permanente para orar (Salmos 102:18). «Esto quedará escrito para la generación futura», para que nadie pierda la esperanza, aun en la necesidad, ni piense que la oración ha sido olvidada solo porque la respuesta no llega de inmediato.

Las experiencias de otros creyentes deben animarnos a buscar a Dios y a confiar en él. Y si nos consuela lo que Dios ha hecho por otros, debemos darle la gloria por ello. El pueblo que aún será creado alabará al Señor por lo que ha hecho por ellos y por quienes los precedieron. Muchos que todavía no han nacido serán guiados a convertirse en creyentes al leer la historia de la iglesia. Esas personas, creadas de nuevo por la gracia de Dios y como primicias de sus criaturas, alabarán al Señor por sus respuestas a la oración cuando ellas mismas se encuentren en una necesidad aún mayor.

Los prisioneros condenados injustamente parecen ovejas marcadas para el sacrificio, pero Dios se encargará de liberarlos (Salmos 102:19-20). Dios mira desde la altura de su santuario, desde el cielo donde ha establecido su trono, ese lugar elevado y santo. Desde allí el Señor ve la tierra, porque nada en este mundo está oculto a sus ojos, que todo lo ven. Él mira hacia abajo no solo para observar los reinos del mundo y su esplendor, sino para mostrar gracia, escuchar el gemido de los prisioneros y no solo oírlos, sino también ayudarlos. Él suelta a quienes están sentenciados a muerte, aun cuando se encuentren a un solo paso de ella.

Algunos entienden esto como una referencia a la liberación de los judíos de su cautiverio en Babilonia. Dios escuchó allí sus gemidos, tal como lo había hecho cuando estaban en Egipto (Éxodo 3:7, 3:9), y descendió para liberarlos. Dios no solo nota las oraciones de su pueblo afligido, que son palabras de gracia, sino también sus gemidos, que son expresiones naturales del dolor. Vemos la compasión de Dios al escuchar los gemidos de un prisionero, y su poder al romper sus cadenas, aun cuando esté condenado a muerte y fuertemente atado. La liberación de Pedro es un ejemplo de esto (Hechos 12:6).

Estos ejemplos de la bondad y la misericordia de Dios ayudan de dos maneras. Primero, ayudan a dar a conocer el nombre del Señor en Sion y muestran que él es verdaderamente tal como se proclamó: el Señor Dios, compasivo y misericordioso. Dar a conocer su nombre en Sion se convertirá en motivo de alabanza en Jerusalén (Salmos 102:21). Si Dios da a conocer su nombre por medio de sus obras, nosotros debemos proclamar su alabanza con nuestras palabras. Esa debe ser la respuesta a su nombre.

Dios liberaría a su pueblo de la prisión y del cautiverio en Babilonia para que pudiera proclamar su nombre en Sion, el lugar que él escogió para que allí habitara su nombre, y alabarlo en Jerusalén cuando regresara. En la tierra de su cautiverio no podían cantar los cantos de Sion (Salmos 137:3-4), así que Dios los llevó de regreso a Jerusalén para que pudieran cantarlos allí. Dios concede libertad de la esclavitud con este propósito: «Saca mi alma de la prisión, para que alabe tu nombre» (Salmos 142:7), e incluso da vida a los muertos: «Déjame vivir, y te alabaré» (Salmos 119:175).

Segundo, estos actos de misericordia ayudan a atraer a otros a la adoración de Dios (Salmos 102:22). Cuando el pueblo de Dios se reunía en Jerusalén, como ocurrió después de regresar de Babilonia, muchos de otros reinos se unían a ellos para servir al Señor. Esto se cumplió en Esdras 6:21, donde no solo los israelitas que habían regresado del cautiverio, sino también muchos que se habían separado de las naciones vecinas, celebraron con alegría la fiesta de los panes sin levadura. También puede señalar de antemano la conversión de los gentiles, es decir, de quienes no eran judíos, a la fe en Cristo en tiempos posteriores. Cristo ha proclamado libertad a los cautivos y apertura para quienes están atados, para que proclamen el nombre del Señor en la iglesia del evangelio, donde judíos y gentiles estarán unidos.

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