Versículo destacado
Salmos 112:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
¡Aleluya! Dichoso el hombre que honra al Señor y se deleita en sus mandatos.
Salmos 112:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 ¡Aleluya! Dichoso el hombre que honra al Señor y se deleita en sus mandatos.
2 Los descendientes del hombre honrado serán bendecidos y tendrán poder en la tierra.
3 En su casa hay riquezas abundantes, y su generosidad es constante.
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El salmista comienza llamándonos a alabar a Dios, pero enseguida pasa a alabar al pueblo de Dios. Todo honor que se les dé proviene de Dios y debe volver a él. Así como Dios es la alabanza de ellos, ellos son también su pueblo digno de alabanza. Tenemos buenas razones para dar gracias al Señor porque hay personas en el mundo que lo temen y le sirven, y porque esas personas son bendecidas. Ambas cosas se deben enteramente a la gracia de Dios.
Aquí se describe, entonces, a quienes son llamados dichosos y a quienes pertenecen estas promesas. En primer lugar, son moldeados por afectos santos y devotos. Los que disfrutan de los privilegios del reino de Dios no son quienes solo dicen: «¡Señor, Señor!», sino quienes reciben verdaderamente su gobierno. Reverencian a Dios con asombro, mantienen un respeto constante por su grandeza y se someten humildemente a su voluntad. Dichosa es la persona que teme al Señor (Salmos 112:1).
También se deleitan en cumplir con su deber. Quien teme al Señor, así como un hijo teme y ama a su padre, se deleita grandemente en sus mandamientos. Le agradan los mandamientos de Dios y reconoce que son justos y buenos. Las instrucciones de Dios están escritas en su corazón. Elige libremente vivir bajo ellas y las considera un yugo fácil y agradable. Disfruta leer, escuchar y meditar en los mandamientos de Dios, como se dice en (Salmos 1:2). No se deleita únicamente en las promesas de Dios, sino también en sus preceptos. Se considera dichoso tanto bajo el gobierno de Dios como al disfrutar de su favor. Para él es un gozo caminar por el camino del deber, y se siente más a gusto sirviendo a Dios. Se deleita en esto más que en cualquier trabajo o placer mundano. Actúa en la fe con convicción, porque ve su belleza y sus beneficios.
En segundo lugar, son honestos y sinceros en lo que dicen y en sus intenciones. Se les llama rectos (Salmos 112:2, Salmos 112:4), personas que realmente son tan buenas como parecen y que tratan con fidelidad tanto a Dios como a los demás. No existe una verdadera religión sin sinceridad. Esa es parte de la perfección del evangelio: una fe sincera y de todo corazón, que no está dividida.
En tercer lugar, son justos y bondadosos en todos sus tratos. De una persona así se dice: «Es compasiva, misericordiosa y justa» (Salmos 112:4). No se atreve a hacerle mal a nadie y procura hacer todo el bien que puede a todos, movida por un corazón compasivo y bondadoso. Esto corresponde a lo que se dijo de Dios en el salmo anterior (Salmos 112:4): que es compasivo y misericordioso. De esta manera, el pueblo de Dios debe imitarlo como hijos amados. Deben ser misericordiosos, así como él es misericordioso. Dios está lleno de compasión y, al mismo tiempo, es justo. Lo que usa para hacer el bien lo ha obtenido honestamente. Dios aborrece que se use lo robado para ofrecer sacrificios, y esta persona también lo aborrece.
Se da un ejemplo de su bondad: «Es generoso y presta» (Salmos 112:5). A veces prestar puede ser un acto de caridad tanto como dar, porque anima al que recibe el préstamo a trabajar y a actuar con honestidad. «Es compasivo y presta» (Salmos 37:26). Lo hace con el motivo correcto: no como un prestamista que busca obtener ganancias ni simplemente por una generosidad exterior, sino por amor puro. También lo hace de la manera correcta, no con resentimiento, sino con disposición y alegría.
Consideremos ahora la dicha prometida a quienes corresponden a estas descripciones. La felicidad, toda felicidad verdadera, pertenece a la persona que teme al Señor. No importa lo que otros piensen o digan de ella; Dios dice que es dichosa, y esa palabra ciertamente la hace dichosa.
A los hijos de una buena persona les irá mejor por causa de la bondad de su padre (Salmos 112:2). «Sus descendientes serán poderosos en la tierra». Es posible que él mismo no llegue a ser grande ante el mundo ni tenga una posición pública destacada, pero sus hijos pueden lograrlo después de él por causa de su fe. La fe ha levantado a muchas familias. Tal vez no siempre haga famosa a una familia, pero a menudo la hace segura y firmemente establecida. Cuando las personas piadosas sean felices en el cielo, sus hijos todavía pueden ser honrados en la tierra y reconocer con razón que esto les llega como una bendición heredada. «La generación de los rectos será bendecida». Si siguen el ejemplo de sus padres, serán aún más bendecidos por su vínculo familiar y serán amados por causa de su padre (Romanos 11:28). Esto concuerda con la promesa del pacto: «Seré Dios para ti y para tus descendientes». Pero los hijos de las personas malvadas nunca recibirán un honor verdadero. Que los hijos de padres piadosos valoren ese privilegio y tengan cuidado de no perder la bendición que lo acompaña.
También prosperarán en el mundo y, especialmente, en su alma (Salmos 112:3). Recibirán prosperidad material en la medida en que sea buena para ellos. «En su casa habrá bienestar y riquezas». Tal vez no estén en su corazón, porque no se deja gobernar por el amor al dinero. Quizá tampoco estén directamente en sus manos, porque puede que apenas esté comenzando a formar un hogar. Pero estarán en su casa, y su familia puede llegar a enriquecerse después de que él haya muerto. Sin embargo, también se promete algo mucho mejor: la bendición espiritual, que es la verdadera riqueza. Su riqueza permanecerá en su casa, porque tendrá que dejarla atrás. Pero él mismo disfrutará de su justicia, y esta permanece para siempre. La gracia es mejor que el oro, porque el oro desaparece, pero la gracia no.
Puede tener bienestar y riquezas y, aun así, conservar su fe. Incluso en la prosperidad se aferrará a su integridad, algo que muchas personas mantienen en la dificultad, pero abandonan cuando viven cómodamente. El éxito material es verdaderamente una bendición cuando no enfría la devoción de las personas, sino que ellas siguen avanzando en la fe. Y cuando esto continúa en una familia, y los herederos también reciben las virtudes del padre, ese hogar es verdaderamente dichoso. De igual manera, la justicia de la persona buena permanece para siempre en la corona de justicia que nunca se marchita.
También encontrarán consuelo en la dificultad (Salmos 112:4). «Para los rectos nace luz en medio de la oscuridad». Esto significa que las personas buenas todavía pueden sufrir aflicción. La promesa no las libra de ella. Compartirán las dificultades comunes de la vida humana. Pero cuando se sienten en la oscuridad, el Señor será su luz (Miqueas 7:8). Él las sostendrá y las consolará en sus problemas. Su espíritu permanecerá iluminado aun cuando las circunstancias externas sean oscuras. Tendrán suficiente luz interior. Cuando la oscuridad cayó sobre Egipto, los israelitas todavía tenían luz en sus hogares. Y, a su debido tiempo, quizá cuando menos lo esperen, serán sacados de la dificultad. Cuando la noche es más oscura, el día comienza a amanecer. Incluso al anochecer, cuando parecía seguro que llegaría la noche, habrá luz.
También tendrán sabiduría para manejar bien sus asuntos (Salmos 112:5). La persona que usa sus recursos para hacer el bien verá cómo Dios, por su providencia, los aumenta; no mediante un milagro, sino por medio de un juicio prudente. «Dirige sus negocios con sensatez». Dios le enseña a actuar con sabiduría y le da entendimiento (Isaías 28:26). Parte del carácter de una buena persona consiste en usar el buen juicio al manejar sus asuntos, al ganar y ahorrar, para tener algo que dar.
Esto puede entenderse como una referencia a sus actos de caridad. Es bondadosa y presta, pero lo hace con buen juicio. Tiene cuidado de que su ayuda no se desperdicie y de dar la ayuda adecuada a las personas adecuadas, en el momento adecuado y en la cantidad adecuada.
Parte de la promesa para quien usa esta sabiduría es que Dios le dará más. Quienes aprovechan mejor su sabiduría también ven con mayor claridad cuánto la necesitan todavía, y por eso se la piden a Dios. Él ha prometido dar sabiduría gratuitamente a quienes se la pidan (Santiago 1:5). Dios guiará sus palabras con juicio, o con buen sentido, como dice el texto original. No hay ningún aspecto de la vida en el que necesitemos más sabiduría que en el control de nuestras palabras, y dichosa es la persona a quien Dios le concede esa sabiduría.
De este capítulo
Salmos 112:2
"Los descendientes del hombre honrado serán bendecidos y tendrán poder en la tierra."
Salmos 112:3
"En su casa hay riquezas abundantes, y su generosidad es constante."
Salmos 112:4
"En la oscuridad brilla una luz para los hombres honrados, para el que es compasivo, clemente y justo."
Salmos 112:5
"El hombre bueno presta con generosidad y dirige sus negocios con honradez;"
Salmos 112:6
"por eso, jamás llegará a caer. ¡El hombre justo será recordado para siempre!"
Salmos 112:7
"No teme las malas noticias; su corazón está firme, confiado en el Señor."
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