Versículo destacado
Números 21:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Los israelitas continuaron su camino y acamparon en Obot. "
Números 21:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 y el Señor le dijo: —Hazte una serpiente como esas y colócala en el asta de una bandera. Cuando alguien sea mordido por una serpiente, que mire hacia la serpiente del asta y se salvará.
9 Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en el asta de una bandera. Cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba a la serpiente de bronce y se salvaba.
10 Los israelitas continuaron su camino y acamparon en Obot.
11 Desde Obot siguieron adelante y acamparon en Iié-abarim, en el desierto, al oriente del territorio de Moab.
12 Desde allí continuaron y acamparon en el arroyo Zéred.
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Aquí encontramos un relato de las etapas y los desplazamientos de los israelitas hasta que llegaron a las llanuras de Moab. Desde allí, finalmente cruzaron el Jordán para entrar en Canaán, como leemos al comienzo de Josué. En el mundo natural, a menudo el movimiento se acelera cuando algo se acerca a su centro. Así también los israelitas, que ya se acercaban al reposo prometido, emprendieron nuevamente el camino, como dice el versículo: «siguieron adelante» (Números 21:10). Sería bueno que nosotros hiciéramos lo mismo en nuestro camino al cielo: que avanzáramos más cerca del final de nuestra jornada y fuéramos más activos en la obra del Señor a medida que nos acercamos a él.
Dos cosas sobresalen en este breve relato de sus desplazamientos. Primero, Dios les concedió un gran éxito cerca de los torrentes del Arnón (Números 21:13-15). Ya habían rodeado la tierra de Edom, que no debían invadir ni siquiera perturbar (Deuteronomio 2:4, 5), y habían llegado a la frontera de Moab. Es bueno recordar que hay más de un camino hacia Canaán. Los enemigos del pueblo de Dios pueden retrasarlo, pero no pueden impedirle entrar en el reposo prometido.
El texto se preocupa por mostrar que Israel obedeció el mandato de Dios de no actuar contra los moabitas (Deuteronomio 2:9), porque ellos eran descendientes del justo Lot. Por eso acamparon al otro lado del Arnón (Números 21:13), en la región que entonces estaba bajo el dominio de los amorreos, una de las naciones destinadas al juicio, aunque anteriormente había pertenecido a Moab, como lo muestra Números 21:26-27. Más adelante, Jefté, juez de Israel, usó esta consideración hacia los moabitas en su argumento contra los amonitas (Jueces 11:15).
No se nos dice en detalle qué hizo Israel junto al Arnón, pero el relato nos dirige al «libro de las guerras del Señor». Es posible que se tratara de un registro que comenzaba con la guerra contra los amalecitas (Éxodo 17:14), al que después se añadieron otras batallas. O quizá el versículo quiere decir que, al contar las guerras del Señor, el pueblo debía hablar de lo que él hizo en el mar Rojo cuando sacó a Israel de Egipto, y de lo que hizo en los torrentes del Arnón poco antes de llevarlo a Canaán. Al alabar las misericordias de Dios, es bueno seguir su orden y observar cómo su bondad nos ha acompañado paso a paso, desde el mar Rojo hasta los torrentes del Arnón. Debemos recordar lo que Dios hizo en aquel momento y en aquel lugar, sin permitir que ninguna de sus obras pase inadvertida.
Segundo, Dios les proporcionó agua en Beer, cuyo nombre significa «pozo» o «manantial» (Números 21:16). Antes se nos dice que acamparon en Obot, nombre que significa «botellas» u «odres», quizá porque allí habían llenado sus recipientes de agua para el viaje. Para entonces, esas provisiones bien podrían haberse agotado, como le ocurrió a Agar cuando «se acabó el agua del odre» (Génesis 21:15). Sin embargo, no leemos que Israel se quejara. Así que, en su misericordia, Dios los llevó hasta un pozo para enseñarles a esperar en él con confianza y en quietud, creyendo que él ve sus necesidades aun cuando no hablen de ellas.
En este mundo, nuestros consuelos son, en el mejor de los casos, como el agua de una botella: limitados y pasajeros. En el cielo llegaremos a Beer, el pozo de la vida, la fuente de agua viva. Antes, cuando Israel recibió agua, la pidió con amargas quejas, y Dios se la dio aunque estaba disgustado con ellos. Aquí fue diferente. Dios da por amor: «Reúne al pueblo —dice—, y yo les daré agua» (Números 21:16). Concede la bendición antes de que se la pidan, y se adelanta a ellos con su bondad.
También recibieron el agua con alegría y gratitud, lo que hizo que el regalo fuera doblemente dulce (Números 21:17). Cantaron: «¡Brota, oh pozo!», y con ese canto dieron gloria a Dios y se animaron unos a otros. Las misericordias prometidas todavía deben buscarse en oración, pero cuando Dios responde, debemos recibir sus dones con gozosa alabanza. Con alegría sacamos agua de los pozos de la salvación (Isaías 12:3). Así como la serpiente de bronce apuntaba a Cristo, quien fue levantado para nuestra sanidad, este pozo apunta al Espíritu, que es derramado para nuestro consuelo y de quien brotan ríos de agua viva (Juan 7:38). Si Dios hace brotar un pozo así en nuestra alma, debemos cantarle, recibir personalmente su consuelo y darle la gloria a él. Debemos avivar ese don y decir: «¡Brota, oh pozo, fuente de los jardines, para regar mi alma!» (Cantar de los Cantares 4:15). También podemos apoyarnos en la promesa que parece hacer eco de esta historia: «Convertiré el desierto en estanques de agua» (Isaías 41:17, 18).
Este milagro también se conservó en un canto, y no solamente en los nombres de los lugares. Antes, los nombres recordaban las contiendas y las murmuraciones del pueblo. Ahora, la alabanza misma mantuvo viva la memoria del acontecimiento (Números 21:18). La expresión «los príncipes cavaron el pozo» probablemente se refiere a los setenta ancianos, bajo la dirección del legislador, es decir, Moisés, y actuando bajo la autoridad de Dios. Con sus varas hicieron agujeros en el suelo arenoso y blando, y Dios hizo brotar agua en los agujeros que ellos habían hecho. De la misma manera, más adelante los israelitas fieles atravesaron el valle de Baca, un lugar seco y sediento; hicieron pozos, y Dios llenó los estanques con la lluvia del cielo (Salmo 84:6).
Observa aquí dos cosas. Dios prometió el agua, pero aun así ellos tuvieron que abrir el suelo para recibirla y darle una salida. Por eso debemos esperar los dones de Dios mientras usamos los medios que están a nuestro alcance, recordando que el poder sigue siendo de Dios. Además, los nobles de Israel estuvieron dispuestos a participar en esta obra. Usaron sus varas, probablemente símbolos de su honor y autoridad, para servir públicamente, y eso quedó registrado para su honra. También le dio confianza al pueblo, porque aquellos que estaban a cargo demostraron ser instrumentos de la ayuda de Dios.
Esto mostró que el espíritu de Moisés, quien pronto moriría, reposaba en cierta medida sobre los nobles de Israel. Moisés no golpeó el suelo personalmente, como lo había hecho antes con la roca, sino que les indicó que lo hicieran. De esa manera, sus varas participaron del honor de su vara. Ellos podían confiar en que, cuando Moisés los dejara, Dios no los abandonaría. También podían ser una bendición pública para su generación, siempre que actuaran bajo la dirección del legislador.
Debemos buscar consuelo únicamente mientras caminamos por el camino del deber. Si queremos participar de la alegría de Dios, debemos seguir cuidadosamente su dirección.
De este capítulo
Números 21:1
"Cuando el rey cananeo de la ciudad de Arad, que vivía en el Négueb, oyó que los israelitas venían por el camino de Atarim, salió a combatir contra ellos y tomó algunos prisioneros."
Números 21:2
"Entonces los israelitas le prometieron al Señor que, si él los ayudaba a conquistar aquel país, destruirían por completo todas sus ciudades."
Números 21:3
"El Señor concedió a los israelitas lo que le habían pedido y los ayudó a derrotar a los cananeos. Los israelitas destruyeron por completo a los cananeos y sus ciudades, por lo que llamaron Hormá a aquel lugar."
Números 21:4
"Los israelitas partieron del monte Hor en dirección al Mar Rojo, dando un rodeo para evitar el territorio de Edom. En el camino, la gente perdió la paciencia"
Números 21:5
"y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés. Decían: —¿Para qué nos sacaron ustedes de Egipto? ¿Para hacernos morir en el desierto? No tenemos agua ni comida. ¡Ya estamos cansados de esta comida miserable!"
Números 21:6
"El Señor les envió serpientes venenosas que los mordieron, y murieron muchos israelitas."
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