Marcos 7:1
Los fariseos se acercaron a Jesús junto con unos maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén.
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36 versículos | Biblia BibleGuided — Español
Los fariseos se acercaron a Jesús junto con unos maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén.
Estos, al ver que algunos discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin haber cumplido la ceremonia de lavárselas, los criticaron.
(Porque los fariseos y todos los judíos siguen la tradición de sus antepasados de no comer sin antes lavarse debidamente las manos.
Y cuando regresan del mercado, no comen sin antes cumplir la ceremonia de lavarse. También tienen muchas otras costumbres, como lavar los vasos, los jarros, las vasijas de metal y las camas.)
Por eso, los fariseos y los maestros de la ley le preguntaron: —¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?
Jesús les contestó: —Bien habló el profeta Isaías acerca de lo hipócritas que son ustedes cuando escribió: Este pueblo me honra con la boca, pero su corazón está lejos de mí.
De nada sirve que me rinda culto: sus enseñanzas son mandatos de hombres.
Porque ustedes dejan el mandato de Dios para seguir las tradiciones de los hombres.
También les dijo: —Para mantener sus propias tradiciones, ustedes pasan por alto el mandato de Dios.
Pues Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre», y «El que maldiga a su padre o a su madre será condenado a muerte».
Pero ustedes afirman que un hombre puede decirle a su padre o a su madre: «No puedo ayudarte, porque todo lo que tengo es corbán» (es decir: «ofrecido a Dios»);
y también afirman que quien dice esto ya no está obligado a ayudar a su padre o a su madre.
De esta manera, ustedes anulan la palabra de Dios con esas tradiciones que se transmiten unos a otros. Y hacen muchas otras cosas parecidas.
Luego Jesús llamó a la gente y dijo: —Escúchenme todos y entiendan:
Nada de lo que entra de afuera puede hacer impuro al hombre. Lo que sale del corazón del hombre es lo que lo hace impuro.
Si alguien tiene oídos para oír, que oiga.
Cuando Jesús dejó a la gente y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron acerca de esta enseñanza.
Él les dijo: —¿Así que ustedes tampoco lo comprenden? ¿No entienden que nada de lo que entra de afuera puede hacer impuro al hombre,
porque no entra en el corazón, sino en el vientre, para después salir del cuerpo? Con esto quiso decir que todos los alimentos son limpios.
También dijo: —Lo que sale del hombre, eso sí lo hace impuro.
Porque de adentro, es decir, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los asesinatos,
los adulterios, la codicia, las maldades, el engaño, los vicios, la envidia, los chismes, el orgullo y la falta de juicio.
Todas estas cosas malas salen de adentro y hacen impuro al hombre.
De allí Jesús se dirigió a la región de Tiro. Entró en una casa sin querer que nadie lo supiera, pero no pudo esconderse.
Pronto supo de él la madre de una muchacha que tenía un espíritu impuro, la cual fue y se arrodilló a los pies de Jesús.
La mujer no era judía, sino originaria de Sirofenicia. Fue, pues, y rogó a Jesús que expulsara de su hija al demonio.
Pero Jesús le dijo: —Deja que los hijos coman primero, porque no está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros.
Ella le respondió: —Pero, Señor, hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan caer los hijos.
Jesús le dijo: —Por haber hablado así, vete tranquila. El demonio ya ha salido de tu hija.
Cuando la mujer llegó a su casa, encontró a la niña en la cama; el demonio ya había salido de ella.
Jesús volvió a salir de la región de Tiro y, pasando por Sidón, llegó al Lago de Galilea, en pleno territorio de Decápolis.
Allí le llevaron a un sordo y tartamudo, y le pidieron que pusiera su mano sobre él.
Jesús se lo llevó a un lado, apartado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva.
Luego, mirando al cielo, suspiró y le dijo al hombre: «¡Efatá!» (es decir: «¡Ábrete!»)
Al momento, los oídos del sordo se abrieron, se le desató la lengua y pudo hablar bien.
Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, tanto más lo contaban.
Llenos de admiración, decían: «Todo lo hace bien. ¡Hasta puede hacer que los sordos oigan y que los mudos hablen!»
Jesús denuncia las prácticas religiosas que, aunque parezcan piadosas, pueden terminar anulando la obediencia concreta a Dios y el cuidado de los padres.
La condición espiritual de una persona no se define principalmente por lo que entra en el cuerpo, sino por lo que brota del corazón y se expresa en pensamientos, palabras y acciones.
La mujer sirofenicia se acerca a Jesús con humildad y confianza. Su respuesta muestra una fe que reconoce la prioridad histórica de Israel, pero también confía en la abundancia de la misericordia de Jesús.
Los fariseos y los maestros de la ley valoraban diversas tradiciones de pureza y prácticas transmitidas por generaciones. En este pasaje, Jesús no trata el cuidado de la higiene cotidiana como el problema principal, sino el uso de tradiciones religiosas para evitar responsabilidades establecidas por el mandamiento de Dios. La referencia a corbán describe una dedicación declarada de bienes a Dios que podía utilizarse como argumento para no ayudar a los padres. Tiro era una región no judía en la costa del Mediterráneo, y Decápolis era un conjunto de ciudades con fuerte influencia grecorromana al este y sureste del lago de Galilea. La presencia de una mujer sirofenicia y la sanidad en territorio de Decápolis destacan el alcance creciente de la obra de Jesús.
El capítulo comienza con una controversia sobre la pureza ritual y las tradiciones humanas (Marcos 7:1-13). Luego presenta una enseñanza pública y una explicación privada sobre la fuente de la impureza (Marcos 7:14-23). La narración continúa con el encuentro de Jesús con una mujer sirofenicia y la liberación de su hija (Marcos 7:24-30). Finalmente, relata la sanidad de un hombre sordo y tartamudo en la región de Decápolis (Marcos 7:31-37). El movimiento del capítulo va de la crítica a una religiosidad externa hacia una visión más profunda del corazón, la misericordia y la restauración.
Marcos 7 enseña que la obediencia a Dios no puede reducirse a señales externas mientras se descuidan la justicia, la responsabilidad familiar y la condición del corazón. Jesús revela que el mal tiene su origen en el interior de la persona y que la transformación espiritual alcanza pensamientos, deseos, palabras y conductas. El encuentro con la mujer sirofenicia anticipa la amplitud de la misericordia de Dios más allá de Israel, sin borrar la prioridad histórica de la misión de Jesús hacia el pueblo judío. La sanidad del hombre sordo y tartamudo muestra a Jesús como aquel que restaura la comunicación y actúa con atención personal y compasiva.
El capítulo puede ayudar a distinguir entre la vergüenza impuesta por normas externas y la necesidad más profunda de examinar el corazón, las motivaciones y las conductas. También presenta escenas de perseverancia, compasión y restauración para personas que viven con exclusión, limitaciones de comunicación o preocupación por alguien que sufre. Su enfoque es espiritual y pastoral: no sustituye una evaluación clínica ni ofrece un diagnóstico.
Marcos 7 invita a revisar si alguna costumbre religiosa, familiar o comunitaria está desplazando un mandato claro de Dios, especialmente el cuidado de las personas vulnerables. También anima a prestar atención a lo que surge del corazón: palabras, deseos, resentimientos y decisiones. En las relaciones, el capítulo llama a responder con humildad a quienes buscan ayuda y a tratar con dignidad a las personas que enfrentan barreras de comunicación, enfermedad o exclusión. La aplicación práctica comienza con una evaluación honesta de las motivaciones y con acciones concretas de cuidado, responsabilidad y misericordia.
Jesús critica que las tradiciones religiosas se conviertan en una autoridad que desplace el mandato de Dios. El problema central no es la higiene, sino usar una práctica religiosa para justificar la desobediencia y descuidar a los padres.
Jesús enseña que la impureza moral procede del interior y se manifiesta en pensamientos, deseos, palabras y acciones como el engaño, la codicia, la envidia, el orgullo y la violencia. La enseñanza dirige la atención a la transformación interior, no solo a la apariencia externa.
La imagen refleja la prioridad histórica de la misión de Jesús hacia Israel y el lenguaje de una mesa familiar. La mujer responde reconociendo esa prioridad, pero confiando en que incluso las migajas de la abundancia de Jesús bastan. Jesús elogia su respuesta y libera a su hija.
La escena muestra la atención personal de Jesús hacia alguien cuya comunicación estaba limitada. La sanidad restaura su capacidad de oír y hablar, y también señala la autoridad compasiva de Jesús en una región de población mayoritariamente no judía.
En el marco de la enseñanza de Jesús sobre lo que hace impura a una persona, Marcos afirma que los alimentos no son la fuente de la impureza moral. Las distintas tradiciones cristianas pueden explicar las implicaciones de este pasaje de manera diferente, pero el énfasis del texto está en la condición del corazón.
Marcos 7 reconoce que detrás de muchas discusiones religiosas puede haber cansancio, vergüenza o dolor. Jesús no se queda en la apariencia: mira el corazón y también se acerca con ternura a quienes han quedado al margen, como la mujer extranjera y el hombre con dificultades para oír y hablar. El capítulo sostiene una esperanza sobria: la dignidad de una persona no depende de las barreras que enfrenta ni de la aprobación de quienes juzgan desde afuera.
La estructura de Marcos 7 une dos asuntos relacionados: la crítica a tradiciones que anulan el mandamiento y la enseñanza sobre la fuente de la impureza. El término corbán ilustra cómo una práctica religiosa podía convertirse en una evasión de la responsabilidad filial. En el relato de la mujer sirofenicia, la metáfora de los hijos y los perros mantiene la prioridad de Israel, mientras que la respuesta de ella anticipa la extensión de la misericordia de Jesús. La sanidad en Decápolis refuerza ese movimiento hacia las naciones.
Marcos 7 lleva la fe a decisiones observables: cuidar a los padres en vez de esconderse detrás de una justificación religiosa, revisar lo que alimenta el engaño o el orgullo y tratar con respeto a quienes necesitan apoyo para comunicarse. También muestra que una respuesta práctica a la necesidad puede requerir acercarse a personas fuera del propio círculo cultural o religioso. La prioridad es que las convicciones produzcan responsabilidad y misericordia, no solo una apariencia correcta.
El capítulo desplaza la mirada desde las manos hacia el corazón, y desde la frontera hacia la mesa abierta de la misericordia. Jesús revela que la vida delante de Dios no consiste en preservar una imagen de pureza, sino en permitir que la verdad alcance el interior. La fe de la mujer sirofenicia permanece ante una palabra difícil porque percibe la abundancia de quien la pronuncia. Al final, el mandato «¡Ábrete!» puede contemplarse como una imagen de restauración: Dios vuelve a abrir la escucha, la comunión y la capacidad de alabanza.
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