Versículo destacado

Marcos 7:24 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" De allí Jesús se dirigió a la región de Tiro. Entró en una casa sin querer que nadie lo supiera, pero no pudo esconderse. "

Marcos 7:24

menu_book El versículo en contexto

22 los adulterios, la codicia, las maldades, el engaño, los vicios, la envidia, los chismes, el orgullo y la falta de juicio.

23 Todas estas cosas malas salen de adentro y hacen impuro al hombre.

24 De allí Jesús se dirigió a la región de Tiro. Entró en una casa sin querer que nadie lo supiera, pero no pudo esconderse.

25 Pronto supo de él la madre de una muchacha que tenía un espíritu impuro, la cual fue y se arrodilló a los pies de Jesús.

26 La mujer no era judía, sino originaria de Sirofenicia. Fue, pues, y rogó a Jesús que expulsara de su hija al demonio.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Observemos, en primer lugar, cuán humildemente Cristo decidió mantenerse lejos de los reflectores. Nadie era más elogiado en Galilea que él; sin embargo, salió de esa región y se dirigió a la zona fronteriza de Tiro y Sidón, donde era poco conocido. Allí entró en una casa particular, no en una sinagoga ni en un lugar público, y no quería que nadie supiera que estaba allí. Esto concuerda con la profecía que decía acerca de él: «No contenderá ni gritará, y nadie oirá su voz en las calles». También estaba dispuesto a predicar y sanar allí, pero quería que las personas lo buscaran. Hay un tiempo para mostrarse y un tiempo para retirarse.

En segundo lugar, observemos cuán bondadosamente permitió que aun así lo encontraran. No fue a esa región para realizar una cosecha abundante de milagros, pero parece que sí fue con el propósito de conceder una sanidad: la que se describe aquí. No pudo permanecer oculto por mucho tiempo, porque se puede cubrir una vela, pero no el sol. Cristo era demasiado conocido para mantener el secreto durante mucho tiempo, y pronto otros notarían el gozo y el poder que lo acompañaban. Cualquiera que solo hubiera oído hablar de él pronto diría: «Este tiene que ser Jesús».

Ahora fijémonos en la mujer afligida que acudió a él. Era gentil, una mujer griega, ajena a la vida común de Israel y fuera de la promesa del pacto. Por nacimiento era sirofenicia y no había adoptado la religión judía. Su hija pequeña estaba poseída por un demonio, lo cual muestra cuántos sufrimientos graves pueden enfrentar incluso los niños. Ella acudió con mucha humildad y urgencia. Oyó hablar de Jesús, fue a él y se postró a sus pies. Si queremos recibir misericordia de Cristo, debemos colocarnos a sus pies, humillarnos delante de él y someternos a su autoridad. Cristo nunca ha rechazado a nadie que se haya postrado a sus pies, aunque todavía no tuviera la confianza para arrojarse en sus brazos. Ella también habló claramente de lo que necesitaba. Cristo permitía que las personas necesitadas fueran sinceras con él, y ella le rogó que expulsara el demonio de su hija (Marcos 7:26). El regalo más grande que podemos pedir por nuestros hijos es que Cristo quebrante en su alma el poder de Satanás, que es el poder del pecado. Debemos pedir que expulse de ellos el espíritu inmundo, para que lleguen a ser templos del Espíritu Santo y Dios habite en ellos.

Entonces Cristo le dio una respuesta desalentadora (Marcos 7:27). Dijo: «Deja que primero se alimenten los hijos», dando a entender que los judíos recibirían primero la oferta del evangelio y de los milagros, porque de manera especial eran el pueblo escogido por Dios. No quería que lo destinado a ellos se entregara a quienes estaban fuera de la familia de Dios, personas que no lo conocían como ellos y que eran comparadas con perros, es decir, consideradas impuras y fuera del pacto. Aun así, esta respuesta también mostraba que la misericordia para los gentiles estaba reservada. Los judíos ya comenzaban a rechazar el evangelio, y algunos incluso querían que Jesús se fuera de su tierra. Por así decirlo, lo que sobrara de ellos se convertiría en un banquete para los gentiles. Los apóstoles siguieron el mismo orden: ofrecieron primero el mensaje a los judíos y, cuando lo rechazaron, se volvieron a los gentiles.

La mujer convirtió las palabras de Cristo, que parecían estar en su contra, en un argumento a su favor (Marcos 7:28). Reconoció que el pan de los hijos no debía echarse a los perros, pero señaló que a los perros todavía se les permitían las migajas. No estaba pidiendo un pan entero ni siquiera una porción completa, sino solo una migaja. No estaba menospreciando la misericordia misma, sino mostrando cuán grande era la misericordia que había oído que Jesús concedía a los judíos; a su lado, una sola sanidad parecía apenas una migaja. Los gentiles no acudían en multitudes como los judíos, y ella había venido sola. Tal vez también recordó la alimentación reciente de los cinco mil, cuando, aun después de recoger los pedazos que sobraron, seguramente quedaron algunas migajas.

Entonces Cristo le concedió lo que pedía. Como ella era tan humilde y perseverante, le dijo: «Vete; el demonio ha salido de tu hija» (Marcos 7:29). Esto debe animarnos a seguir orando sin rendirnos, a perseverar firmemente en la oración y a no dudar de que finalmente recibiremos respuesta. Lo que Dios ha dicho se cumplirá al final; resultará verdadero y no fallará. La palabra de Cristo realizó la obra de inmediato, como sucedía con frecuencia. Cuando ella regresó a su casa, confiando en la palabra de Jesús, encontró a su hija sana y al demonio ya expulsado (Marcos 7:30). Cristo puede derrotar a Satanás a distancia. No era necesario que las personas estuvieran en su presencia para quedar bajo su poder. La hija no estaba agitándose atormentada, sino acostada tranquilamente en la cama, descansando en paz mientras esperaba que su madre regresara para compartir con ella la alegría de su sanidad.

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