Versículo destacado
Marcos 5:21 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se reunió mucha gente alrededor de él, y él se quedó en la orilla. "
Marcos 5:21
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
19 Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: —Vete a tu casa, con tus parientes, y cuéntales todo lo que el Señor te ha hecho y cómo ha tenido compasión de ti.
20 El hombre se fue y comenzó a contar por los pueblos de Decápolis lo que Jesús había hecho por él; y todos se quedaron admirados.
21 Cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se reunió mucha gente alrededor de él, y él se quedó en la orilla.
22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, quien, al ver a Jesús, se echó a sus pies
23 y le rogó mucho, diciéndole: —Mi hija se está muriendo; ven a poner tus manos sobre ella para que sane y viva.
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Los habitantes de Gadara le habían pedido a Cristo que se fuera de su región, así que él no se quedó allí para incomodarlos por mucho tiempo. Regresó en barco al otro lado, tal como había llegado, y allí se reunió una gran multitud a su alrededor (Marcos 5:21). Esto muestra que, si algunos rechazan a Cristo, otros lo recibirán y le darán la bienvenida con alegría. Un evangelio rechazado en un lugar cruzará hacia otro donde sea mejor recibido.
Entre los que acudieron a él había un hombre que pidió abiertamente ayuda para su hija enferma. Era uno de los principales de la sinagoga, encargado del culto en ella y, posiblemente, uno de los jueces del tribunal local. Mateo no menciona su nombre, pero Marcos sí: Jairo (ver Jueces 10:3). Aunque era un dirigente, se acercó a Cristo con profunda humildad y respeto. Cuando vio a Jesús, cayó a sus pies y le suplicó con insistencia, porque creía que la misericordia que necesitaba no podía venir de ningún otro lugar.
Su única hija, de unos doce años, se estaba muriendo. Al principio dijo que todavía estaba viva, aunque cerca de la muerte, como informa Marcos. Más tarde, después de recibir nuevas noticias, dijo que ya había muerto, como informa Mateo. Aun así, siguió pidiéndole a Jesús que la ayudara, y Jesús aceptó ir con él (Marcos 5:24; Lucas 8:42-49). Su fe no se rindió cuando la situación parecía empeorar.
Otra persona se acercó en secreto, como si quisiera obtener para sí misma una sanidad sin ser descubierta, y recibió la ayuda que buscaba. Jesús la sanó mientras iba camino a la casa del principal de la sinagoga, rodeado por una gran multitud que lo apretaba. Aprovechaba cada momento y hacía el bien aun mientras caminaba. Muchas de sus enseñanzas y milagros ocurrieron en el camino. Nosotros también debemos hacer el bien, no solo en casa, sino mientras andamos de un lugar a otro, como se enseña en Deuteronomio 6:7.
Esta pobre mujer había sufrido durante doce años un sangrado constante. Sin duda, eso la había debilitado, le había quitado gran parte de su bienestar y la había acercado a la muerte. Había acudido a muchos médicos y usado todos los tratamientos que le indicaban. Mientras podía seguir pagando, ellos continuaban prometiéndole una cura; pero cuando se le acabó el dinero, la dieron por un caso sin esperanza. Esto muestra cuánto están dispuestas a gastar las personas por la salud y la vida. También muestra cuán lamentable es que los médicos empeoren la situación en vez de mejorarla. Cuando la medicina falla, la enfermedad muchas veces empeora, y muchas personas finalmente vienen a Cristo solo después de que todo otro apoyo ha fallado. Él sigue siendo un refugio seguro, incluso para quienes acuden a él al final.
Ella tenía una fe firme en el poder de Cristo para sanarla. Se dijo a sí misma, sin que nadie más la impulsara: si tan solo pudiera tocar su ropa, quedaría sana (Marcos 5:28). Creía que él no sanaba únicamente como un profeta que había recibido poder de Dios, sino como el Hijo de Dios, con poder en sí mismo. Como su enfermedad era vergonzosa y privada, no podía hablarle de ella abiertamente con modestia. Por eso buscó una sanidad en secreto, y su fe correspondía a su necesidad.
Se acercó por detrás entre la multitud y logró tocar su ropa. En ese mismo instante supo que había sido sanada (Marcos 5:29). El sangrado se detuvo y sintió que estaba completamente bien, de una sola vez, tan saludable como lo había estado siempre. Esto demuestra que la sanidad fue verdaderamente milagrosa. La recuperación natural no ocurre de esa manera, de un momento a otro, pero la obra de Dios es completa. De la misma manera, quienes Cristo sana de la enfermedad del pecado —esa aflicción mortal que consume la vida— no pueden dejar de notar un cambio completo para bien.
Entonces Cristo preguntó quién lo había tocado y, cuando la mujer fue descubierta, la animó. Él sabía en su interior que había salido poder de él (Marcos 5:30). Esto no significaba que se hubiera debilitado al sanarla, sino que había actuado con poder vivificante y con el gozo de hacer el bien. Quería que la mujer reconociera públicamente lo que había recibido, así que preguntó, no con enojo: «¿Quién tocó mi ropa?». Sus discípulos consideraron absurda la pregunta, ya que muchas personas lo apretaban (Marcos 5:31). Pero Jesús no tomó en cuenta su comentario y miró alrededor para ver quién lo había tocado. No hizo esto para culparla, sino para elogiar su fe, animarla y confirmar públicamente la sanidad que ya había recibido. No necesitaba que nadie le informara, porque ya la había visto. Tanto los actos secretos de pecado como los actos secretos de fe son conocidos por el Señor Jesús.
La mujer entonces se acercó, temblando y llena de miedo, sin saber cómo respondería él (Marcos 5:33). Los pacientes de Cristo a menudo tiemblan aun cuando tienen motivos para alegrarse. Ella podría haberse acercado con confianza, sabiendo lo que le había sucedido, pero todavía sentía temor. Había recibido una bendición sorprendente, aunque todavía no la experimentaba como la gozosa sorpresa que debía ser. Aun así, cayó delante de él. Para quienes sienten temor y tiemblan, no hay nada mejor que arrojarse a los pies del Señor Jesús, humillarse delante de él y ponerse en sus manos.
Ella le contó toda la verdad. No debemos avergonzarnos de hablar abiertamente sobre la relación secreta entre Cristo y nuestra alma. Cuando se nos llame a hacerlo, debemos contar lo que él ha hecho por nosotros, para alabarlo y animar a otros. El hecho de que nada pueda ocultarse de Cristo también debe llevarnos a confesarle todo. Entonces Jesús le dio una palabra de consuelo: «Hija, tu fe te ha sanado» (Marcos 5:34). Él honra la fe porque la fe lo honra a él.
Observa cómo lo que la fe hace en la tierra queda confirmado en el cielo. Cristo dice: «Queda sana de tu enfermedad». Cuando nuestra fe da su amén al poder y a la promesa de Dios, diciendo: «Así es, y así sea para mí», la gracia de Dios da su amén a las oraciones y esperanzas de la fe, diciendo: «Así sea, y así será para ti». Por eso Cristo dice: «Vete en paz». Queda completamente convencida de que tu sanidad vino de la manera correcta, de que realmente se llevó a cabo, y recibe consuelo por ella. Quienes son sanados por la fe de sus enfermedades espirituales tienen buenas razones para irse en paz.
De este capítulo
Marcos 5:1
"Llegaron al otro lado del lago, a la tierra de Gerasa."
Marcos 5:2
"En cuanto Jesús bajó de la barca, se le acercó un hombre que tenía un espíritu impuro. Este hombre había salido de entre las tumbas,"
Marcos 5:3
"porque vivía en ellas. Nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas."
Marcos 5:4
"Pues, aunque muchas veces lo habían atado de pies y manos con cadenas, siempre las había hecho pedazos, sin que nadie pudiera dominarlo."
Marcos 5:5
"Andaba de día y de noche por los cerros y las tumbas, gritando y golpeándose con piedras."
Marcos 5:6
"Pero cuando vio de lejos a Jesús, echó a correr y, poniéndose de rodillas delante de él,"
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