Versículo destacado
Lucas 9:28 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Unos ocho días después de esta conversación, Jesús subió a un cerro para orar, acompañado por Pedro, Santiago y Juan. "
Lucas 9:28
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
26 Pues si alguno se avergüenza de mí y de mi mensaje, el Hijo del hombre también se avergonzará de él cuando venga con su gloria y con la gloria de su Padre y de los santos ángeles.
27 Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto el reino de Dios.
28 Unos ocho días después de esta conversación, Jesús subió a un cerro para orar, acompañado por Pedro, Santiago y Juan.
29 Mientras oraba, cambió el aspecto de su cara, y su ropa se volvió muy blanca y brillante;
30 entonces aparecieron dos hombres que conversaban con él. Eran Moisés y Elías,
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Aquí tenemos el relato de la transfiguración de Cristo. Su propósito era mostrar de antemano la gloria con la que él vendrá a juzgar al mundo, acerca de la cual acababa de hablar. Por eso también animó a sus discípulos a sufrir por él y a no avergonzarse jamás de él.
Este relato ya había sido presentado en Mateo y Marcos, y vale la pena escucharlo de nuevo. Fortalece nuestra fe en el Señor Jesús como el resplandor de la gloria de su Padre y la luz del mundo. También eleva nuestros pensamientos acerca de él, aunque estaba revestido de un cuerpo humano. Además, nos da una idea de la gloria a la que entró en su ascensión, donde ahora se presenta detrás del velo, es decir, en la presencia celestial y oculta de Dios. También despierta nuestra esperanza en la gloria reservada para todos los creyentes en la vida venidera.
El relato de Lucas se diferencia en un pequeño detalle de los otros dos evangelistas. Ellos dicen que ocurrió seis días después de las palabras anteriores, mientras que Lucas dice que fue alrededor de ocho días después. Esto significa que pasaron seis días completos y luego llegó el octavo día. Algunos piensan que Cristo fue transfigurado durante la noche, porque los discípulos tenían sueño, como más tarde lo tuvieron durante su agonía, y porque su apariencia resplandeciente habría parecido aún más gloriosa en la oscuridad. Si ocurrió de noche, entonces sería más difícil calcular el momento exacto. Probablemente sucedió en algún momento de la noche, entre el séptimo y el octavo día; por eso Lucas dice “alrededor de ocho días”.
Lucas también añade y explica varios detalles muy importantes. Primero, Cristo recibió este honor mientras oraba: subió a una montaña para orar, como solía hacerlo (Lucas 9:28), y mientras oraba fue transfigurado. Cuando Cristo se humilló en oración, fue exaltado en gloria. Sabía que aquel honor estaba destinado para él en ese momento, así que lo pidió en oración. Él mismo tuvo que pedir las bendiciones que ya estaban planeadas y prometidas para él: “Pídeme, y te daré” (Salmo 2:8). También quiso honrar la oración y animarnos a practicarla. La oración es un deber que nos transforma. Si nuestro corazón se eleva y se ensancha en la oración, y allí contemplamos la gloria del Señor, seremos transformados a esa misma imagen, avanzando de un grado de gloria a otro (2 Corintios 3:18). Por medio de la oración recibimos sabiduría, gracia y gozo, cosas que hacen resplandecer el rostro.
Lucas no usa exactamente la palabra “transfigurado” que emplean Mateo y Marcos. Tal vez se debe a que esa palabra se usaba con frecuencia en la religión pagana. En su lugar, utiliza una frase con el mismo significado: la apariencia de su rostro cambió. Su rostro resplandeció mucho más que el de Moisés cuando bajó de la montaña, y su ropa se volvió blanca y deslumbrante, brillante como un relámpago. Parecía estar vestido de luz, como si llevara la luz puesta por vestidura.
Mateo y Marcos dicen que Moisés y Elías se les aparecieron, pero Lucas dice que aparecieron en gloria. Esto nos enseña que los santos que han partido están en gloria y en un estado glorioso. Resplandecen en gloria. Puesto que Cristo estaba en gloria, ellos aparecieron con él en gloria, tal como pronto lo harán todos los santos.
Lucas también nos dice de qué hablaron Cristo y aquellos dos grandes profetas del Antiguo Testamento. Hablaron de su partida, que estaba a punto de llevar a cabo en Jerusalén. La palabra griega significa su éxodo: su salida, su partida de este mundo. Moisés y Elías hablaron de su muerte de esa manera para ayudarlo a enfrentarla y para preparar más plenamente su naturaleza humana para ella. La muerte de los creyentes también es su éxodo, su partida de Egipto, que representa este mundo, y su liberación de una casa de esclavitud. Algunos piensan que esta partida también incluye la ascensión de Cristo, ya que la salida de Israel de Egipto fue un triunfo, y también lo fue la salida de Cristo de la tierra al cielo.
Esta partida tenía que cumplirse, porque estaba establecida en el plan de Dios y no podía cambiarse. Tenía que suceder en Jerusalén, aunque él vivía habitualmente en Galilea, porque allí estaban sus enemigos más feroces y allí se reunía el Sanedrín, el consejo gobernante judío que juzgaba a los profetas. Moisés y Elías hablaron de esto para mostrar que tanto los sufrimientos de Cristo como su entrada en la gloria habían sido anunciados por Moisés y los profetas (Lucas 24:26-27; 1 Pedro 1:11). Aun en su transfiguración, nuestro Señor estuvo dispuesto a hablar de su muerte y sus sufrimientos. Esto nos enseña que pensar en la muerte, entendida como nuestra partida de este mundo hacia otro, nunca está fuera de lugar. Es especialmente apropiado hacerlo cuando recibimos alguna exaltación, para que no pensemos demasiado bien de nosotros mismos. En medio de nuestros mayores honores terrenales, recordemos que aquí no tenemos una ciudad permanente.
Lucas también señala algo que antes no se nos había dicho: los discípulos estaban cargados de sueño (Lucas 9:32). Cuando comenzó la visión, Pedro, Santiago y Juan estaban somnolientos y a punto de dormirse. Tal vez era tarde, estaban cansados o la noche anterior habían dormido mal. Quizá un ambiente tranquilo y agradable, o algunos sonidos suaves, les provocaron sueño antes de que comenzara la visión. También pudo haber sido una señal de corazones descuidados. Mientras Cristo oraba con ellos, no prestaron la debida atención y, como una especie de corrección, se les permitió dormir cuando él comenzó a ser transfigurado. Así se perdieron la primera parte de aquella maravillosa escena.
Estos tres estaban dormidos cuando Cristo se encontraba en su gloria, tal como después lo estuvieron cuando él estaba en su agonía. Esto muestra la debilidad y fragilidad de la naturaleza humana, aun en las mejores personas, y cuánto necesitan la gracia de Dios. Uno pensaría que nada podría ser más conmovedor que la gloria de su Maestro y su sufrimiento, ambos en su punto culminante. Sin embargo, ninguna de esas cosas fue suficiente para mantenerlos despiertos. Cuánto necesitamos orar por una gracia que nos despierte, para que no solo tengamos vida, sino que estemos completamente despiertos y activos en la fe. Aun así, para que pudieran ser testigos apropiados de aquella señal celestial, después despertaron por completo y vieron todo con claridad. Entonces pudieron dar un informe completo, como más tarde lo hizo uno de ellos, de todo lo que ocurrió en el monte santo (2 Pedro 1:18).
También se señala aquí que Pedro habló justo cuando Moisés y Elías estaban a punto de irse. Dijo: “Señor, qué bueno es que estemos aquí; hagamos tres tiendas”. Muchas veces no apreciamos el valor de nuestras bendiciones hasta que están a punto de quitárnoslas. Tampoco deseamos conservarlas hasta que ya se están alejando de nosotros.
Pedro dijo esto sin comprender realmente lo que estaba diciendo. También hablan con la misma insensatez quienes piensan en construir tiendas en la tierra para los santos glorificados en el cielo, pues esos santos tienen mejores moradas en el cielo y anhelan regresar allí.
También se dice acerca de la nube que los cubrió que ellos tuvieron miedo al entrar en ella. Esa nube era una señal de la presencia especial de Dios. En el pasado, Dios tomó posesión del tabernáculo y del templo por medio de una nube. Cuando la nube cubrió el tabernáculo, Moisés no pudo entrar (Éxodo 40:34-35); y cuando llenó el templo, los sacerdotes no pudieron permanecer allí para ministrar a causa de ella (2 Crónicas 5:14). Esta era una nube de ese mismo tipo, así que no sorprende que los discípulos tuvieran miedo de entrar en ella. Sin embargo, nadie debería temer entrar en una nube con Jesucristo, porque él ciertamente lo conducirá a salvo a través de ella.
Aquí también se presenta la voz del cielo, al igual que en Marcos, aunque no con tantos detalles como en Mateo: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo”. Las palabras “en quien me complazco”, que leemos en Mateo y en 1 Pedro, no aparecen aquí, pero están implícitas en “Este es mi Hijo amado”. Aquel a quien Dios ama y aquel en quien se complace son la misma persona. Somos aceptados en el Amado, es decir, en Cristo.
Finalmente, se dice que los apóstoles mantuvieron en privado esta visión. Por el momento no se lo contaron a nadie, sino que reservaron el relato para otro tiempo: cuando la prueba de que Cristo es el Hijo de Dios quedara confirmada por el derramamiento del Espíritu y cuando esa verdad debiera proclamarse a todo el mundo. Hay un tiempo para hablar y un tiempo para guardar silencio. Todo es hermoso y útil cuando se hace en su debido momento.
De este capítulo
Lucas 9:1
"Jesús reunió a sus doce discípulos y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y curar enfermedades."
Lucas 9:2
"Los envió a anunciar el reino de Dios y a sanar a los enfermos."
Lucas 9:3
"Les dijo: —No lleven nada para el camino: ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero ni ropa de repuesto."
Lucas 9:4
"En cualquier casa a la que lleguen, quédense allí hasta que se vayan de ese lugar."
Lucas 9:5
"Y si en algún pueblo no quieren recibirlos, salgan de allí y sacúdanse el polvo de los pies, para que esto les sirva a ellos de advertencia."
Lucas 9:6
"Ellos salieron y recorrieron todas las aldeas, anunciando la buena noticia y sanando enfermos."
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