Versículo destacado
Lucas 2:21 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" A los ocho días circuncidaron al niño y le pusieron por nombre Jesús, el mismo nombre que el ángel le había dicho a María antes de que ella estuviera encinta. "
Lucas 2:21
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
19 María guardaba todo esto en su corazón y lo tenía muy presente.
20 Por su parte, los pastores regresaron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído, pues todo sucedió como se les había dicho.
21 A los ocho días circuncidaron al niño y le pusieron por nombre Jesús, el mismo nombre que el ángel le había dicho a María antes de que ella estuviera encinta.
22 Cuando se cumplieron los días en que ellos debían purificarse según la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentárselo al Señor.
23 Lo hicieron así porque en la ley del Señor está escrito: «Todo primer hijo varón será consagrado al Señor.»
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Nuestro Señor Jesús, al nacer de una mujer, se sometió a la ley (Gálatas 4:4). Como hijo de una descendiente de Adán, estaba bajo la ley de la naturaleza. Como hijo de una descendiente de Abraham, también estaba bajo la ley de Moisés. Voluntariamente se colocó bajo ese yugo pesado, aunque solo era una sombra de los bienes venideros. Sus normas eran débiles y temporales, como las llama el apóstol; sin embargo, Cristo se sometió a ellas para después cancelarlas y quitarlas de en medio por nosotros.
Aquí vemos dos ejemplos de su sometimiento a esa ley. Primero, fue circuncidado exactamente el día que la ley establecía (Lucas 2:21). Cuando se cumplieron ocho días, el día señalado desde su nacimiento, lo circuncidaron. Aunque la circuncisión era dolorosa, Cristo la soportó por nosotros. Lo hizo para mostrar desde el principio su obediencia, una obediencia que llegaría hasta derramar sangre. En ese momento derramó unas gotas de su sangre, antes de entregarla por completo más adelante.
También se sometió a la circuncisión, aunque esta señal lo identificaba como un extraño que debía ser incorporado al pacto con Dios. En realidad, siempre había sido el Hijo amado del Padre. La circuncisión también lo trataba como si fuera un pecador que necesitaba limpieza, aunque él no tenía pecado alguno. Sin embargo, la aceptó, porque escogió hacerse semejante a nosotros, no solo en carne humana, sino en semejanza de carne de pecado (Romanos 8:3). Aunque esto lo hacía, en cierto sentido, responsable de cumplir toda la ley (Gálatas 5:3), aun así se sometió. Lo hizo porque había tomado forma de siervo, aunque por naturaleza era libre.
Cristo fue circuncidado para identificarse públicamente con la familia de Abraham, de la cual descendía según la carne y a la que vino a ayudar (Hebreos 2:16). También lo hizo para mostrar que asumía la responsabilidad por nuestros pecados y que se ponía en nuestro lugar para nuestra seguridad. Como dijo el doctor Goodwin, la circuncisión era semejante a nuestro compromiso escrito: mediante ella reconocíamos que debíamos obediencia a la ley. Al ser circuncidado, Cristo, por así decirlo, firmó ese compromiso por nosotros, porque fue hecho pecado por nosotros. La ley ceremonial giraba en gran medida alrededor de los sacrificios, y mediante este acto Cristo se comprometió a ofrecer, no sangre de toros o de cabras, sino su propia sangre, algo que nadie antes de él podía hacer.
También hizo esto para honrar la consagración de los hijos de los creyentes a Dios. La circuncisión era la señal establecida como sello del pacto y de la justicia que se recibe por la fe, y ahora el bautismo ocupa ese lugar (Romanos 4:11). Su circuncisión a los ocho días de nacido respalda con mucha más fuerza el bautismo de los hijos de los creyentes durante la infancia que su bautismo a los treinta años respalda la idea de esperar hasta la edad adulta. La señal externa ha cambiado, pero su significado no.
En su circuncisión también le dieron el nombre de Jesús, o Josué. El ángel le había dado ese nombre antes de que fuera concebido en el vientre de María (Lucas 1:31), y después José recibió la misma instrucción (Mateo 1:21). Era un nombre judío común, como Juan, y mediante esto él escogió hacerse semejante a sus hermanos. También era el nombre de dos figuras importantes del Antiguo Testamento que apuntaban hacia él: Josué, el sucesor de Moisés y conquistador de Canaán para Israel, y Josué el sumo sacerdote, quien fue coronado de una manera que representaba a Cristo como sacerdote en su trono (Zacarías 6:11, Zacarías 6:13).
El nombre también estaba lleno de significado, porque Jesús significa Salvador. No sería conocido principalmente por la gloria de su naturaleza divina, sino por su obra llena de gracia como Mediador, aquel que trae la salvación. En segundo lugar, fue presentado en el templo. Esto se hizo en obediencia a la ley y en el momento establecido por ella: cuando tenía cuarenta días, una vez cumplidos los días de purificación de María (Lucas 2:22). Muchos manuscritos, y también algunos muy confiables, dicen «la purificación de ellos», refiriéndose a la purificación tanto de la madre como del niño, porque así lo establecía la ley. Jesús no tenía ninguna impureza que necesitara ser quitada, pero aun así se sometió, como lo hizo con la circuncisión, porque fue hecho pecado por nosotros. De este modo, así como su circuncisión nos ayuda a pensar en una circuncisión espiritual hecha sin manos (Colosenses 2:11), su purificación también apunta a la limpieza espiritual de la impureza y corrupción que nosotros trajimos al mundo.
Según la ley, Jesús, como hijo primogénito, fue presentado al Señor en uno de los patios del templo. La ley dice: «Todo varón que abra la matriz será llamado santo para el Señor» (Lucas 2:23). Este mandato recordaba el paso del ángel destructor sobre Israel, cuando los primogénitos de Egipto fueron muertos. Por eso Cristo, como primogénito, tenía un título sacerdotal aún más seguro que el de la familia de Aarón. Él era el primogénito entre muchos hermanos y era santo para el Señor de una manera única, como nadie más lo había sido. Sin embargo, fue presentado al Señor como los demás primogénitos, y solamente como ellos.
Aunque acababa de salir de la presencia misma del Padre, fue llevado a Dios por manos de un sacerdote, como si fuera un extraño que necesitara ser presentado. Su presentación apuntaba entonces hacia el acto que él mismo realizaría al presentarse al Señor como Mediador, cuando se le concedería acercarse a él (Jeremías 30:21). Pero, según la ley, también fue redimido (Números 18:15). El primogénito debía ser redimido, y el precio era de cinco siclos (Levítico 27:6; Números 18:16). En casos de pobreza, es posible que el sacerdote aceptara menos, o quizá nada, pues aquí no se menciona ningún pago. Jesús fue presentado al Señor, no para que después lo llevaran de regreso, porque ya se había consagrado al servicio de Dios para siempre. No se quedó en el templo como Samuel, pero, al igual que Samuel, fue entregado al Señor durante toda su vida, y sirve en el verdadero templo, no hecho por manos humanas.
Después, la madre presentó su ofrenda (Lucas 2:24).
Después de haber presentado a su Hijo al Señor, aquel que llegaría a ser el gran sacrificio, podría haberse pensado que María ya no tenía que presentar ninguna otra ofrenda. Pero la ley del Señor todavía estaba vigente, así que tuvo que llevar la ofrenda establecida: un par de tórtolas o dos pichones de paloma. Si hubiera tenido los medios, debía haber llevado un cordero para el holocausto y una paloma para la ofrenda por el pecado; pero como era pobre y no podía comprar un cordero, llevó dos palomas, una para cada ofrenda (véase Levítico 12:6, Levítico 12:8).
Esto nos enseña que cuando nos presentamos ante Dios, especialmente en ocasiones importantes, debemos agradecerle por su misericordia y confesar humildemente nuestros pecados, con dolor y vergüenza. De ambas maneras lo honramos, y nunca nos faltan razones para hacer ninguna de las dos cosas. Cristo no fue concebido ni nació en pecado como los demás seres humanos, así que en su propio caso no había tal necesidad; sin embargo, como estaba bajo la ley, la obedeció. De esta manera, era apropiado que cumpliera toda justicia.
Si esto era apropiado para él, cuánto más apropiado es que aun las mejores personas se unan en la confesión del pecado, pues ¿quién puede decir: «He limpiado mi corazón»?
De este capítulo
Lucas 2:1
"Por aquel tiempo, el emperador Augusto ordenó que se hiciera un censo de todo el mundo."
Lucas 2:2
"Este primer censo se hizo cuando Quirinio era gobernador de Siria."
Lucas 2:3
"Todos tenían que ir a inscribirse a su propio pueblo."
Lucas 2:4
"Por eso, José salió del pueblo de Nazaret, en la región de Galilea, y fue a Belén, en Judea, donde había nacido el rey David, porque José era descendiente de David."
Lucas 2:5
"Fue allá a inscribirse junto con María, su esposa, que estaba encinta."
Lucas 2:6
"Y sucedió que, mientras estaban en Belén, a María le llegó el momento de dar a luz."
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