Versículo destacado

Lucas 2:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Por aquel tiempo, el emperador Augusto ordenó que se hiciera un censo de todo el mundo. "

Lucas 2:1

menu_book El versículo en contexto

1 Por aquel tiempo, el emperador Augusto ordenó que se hiciera un censo de todo el mundo.

2 Este primer censo se hizo cuando Quirinio era gobernador de Siria.

3 Todos tenían que ir a inscribirse a su propio pueblo.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Había llegado el cumplimiento del tiempo, cuando Dios enviaría a su Hijo, nacido de una mujer y nacido bajo la ley. También se había profetizado que nacería en Belén. Aquí se nos dan el tiempo, el lugar y las circunstancias de su nacimiento.

El momento del nacimiento de nuestro Señor Jesús fue exactamente el indicado. Nació cuando el cuarto gran reino estaba en la cumbre de su poder, cuando se había convertido, más que los anteriores, en un imperio mundial. Esto ocurrió en los días de César Augusto, cuando el Imperio romano alcanzó una extensión mayor que en cualquier otro tiempo, desde Partia por un lado hasta Britania por el otro. Entonces se le llamaba el imperio de toda la tierra, y Lucas se refiere a él como «todo el mundo» (Lucas 2:1), porque casi todas las tierras civilizadas dependían de él. Esto correspondía con la profecía de Daniel: en los días de aquellos reyes, los reyes del cuarto reino, Dios levantaría un reino que jamás sería destruido (Daniel 2:44).

Jesús nació cuando Judea se había convertido en una provincia romana y pagaba tributo al imperio. Esto se ve claramente porque, cuando se cobraban impuestos en el mundo romano, también se cobraban a los judíos. Unos sesenta años antes, Pompeyo, un general romano, había tomado Jerusalén. Dejó a Hircano a cargo de los asuntos del templo y del culto, pero no del gobierno del Estado. Con el paso del tiempo, Judea fue reducida cada vez más, hasta quedar completamente sometida; y ahora Cirenio, el gobernador romano de Siria, gobernaba sobre ella (Lucas 2:2). Los escritores romanos lo llaman Sulpicio Quirino. Este era exactamente el tiempo anunciado en la profecía de Jacob al morir: Silo vendría cuando el cetro se hubiera apartado de Judá y el bastón de gobernante hubiera desaparecido de entre sus pies (Génesis 49:10). Este fue el primer censo tributario en Judea, la primera señal visible de su servidumbre; por eso, Silo debía venir ahora para establecer su reino.

Había también otra señal de que este era el momento indicado. El imperio estaba en paz. El templo de Jano, que solo se cerraba cuando no había guerra, estaba cerrado entonces. Era apropiado que el Príncipe de Paz naciera cuando reinaba la paz, aquel en cuyos días las espadas serían convertidas en arados.

El lugar del nacimiento de nuestro Señor también es muy importante. Nació en Belén, tal como se había profetizado (Miqueas 5:2). Los escribas entendían que esa profecía se refería a Belén (Mateo 2:5-6), y también lo entendía la gente común (Juan 7:42). Incluso el nombre de la ciudad tiene importancia. Belén significa «casa de pan», un lugar apropiado para el nacimiento de aquel que es el Pan de vida, el Pan que descendió del cielo.

Belén también era la ciudad de David, donde David mismo había nacido. Por eso era apropiado que allí naciera el Hijo de David. A Sion también se le llamaba la ciudad de David (2 Samuel 5:7), pero Cristo no nació allí. Escogió Belén, la ciudad donde David había nacido en circunstancias humildes, como pastor. Cuando nuestro Salvador se humilló, escogió ese lugar para su nacimiento, no Sion, el lugar del poder y del honor. Sion habría de ser una imagen de la iglesia de Cristo, el monte de Sion.

Cuando la virgen María estaba cerca del momento de dar a luz, Dios dispuso que el emperador promulgara una orden para que todos sus súbditos fueran inscritos. Esto significaba que debían dar sus nombres a los funcionarios correspondientes y ser registrados según sus familias, que es el sentido principal de la palabra aquí. El cobro de impuestos era solo una parte del proceso. Probablemente también tenían que mostrar abiertamente su sumisión al dominio romano, quizá mediante una declaración formal o pagando un pequeño tributo como señal de lealtad. Así quedaron registrados oficialmente como súbditos y no podían quejarse, puesto que se habían colocado en esa posición.

Los judíos, que cuidaban mucho los registros de sus tribus y familias, se aseguraron de que estas inscripciones conservaran esa memoria. Sin embargo, neciamente trataban de conservar la sombra después de haber perdido la realidad. Es posible que Augusto haya querido hacer esto por orgullo: para conocer el número de sus habitantes y darlo a conocer al mundo. O quizá lo hizo por razones políticas, para fortalecer su poder y hacer que su gobierno pareciera aún más impresionante. Pero la providencia tenía un propósito más profundo.

Todo el mundo se vio afectado por esta inscripción, pero solo José y María fueron afectados de manera especial. Esta orden los llevó de Nazaret de Galilea a Belén de Judea, porque pertenecían a la familia y al linaje de David (Lucas 2:4-5). Como eran pobres y de condición humilde, quizá consideraban su ascendencia real más como una carga y un gasto que como un motivo de orgullo. Es difícil pensar que todos los judíos, tanto mujeres como hombres, tuvieran que ir a la ciudad de sus antepasados para inscribirse, especialmente porque las tribus ya no se conservaban con el mismo cuidado que antes. Por eso, es posible que esta orden estricta se aplicara principalmente a la familia de David, puesto que era el linaje real y todavía se le reconocía como tal. El emperador quizá había dado instrucciones especiales al respecto para conocer su número y su fuerza.

La providencia cumplió varios propósitos por medio de esto. Primero, la virgen María, que estaba encinta, fue llevada a Belén, donde daría a luz tal como se había anunciado, aunque había planeado tener a su hijo en Nazaret. Esto muestra que las personas hacen planes, pero Dios dirige. La providencia dispone todas las cosas para cumplir las Escrituras y utiliza los propios planes de las personas, aun cuando ellas no pretenden servirle, para llevar a cabo su voluntad.

Segundo, esto mostró que Jesucristo pertenecía al linaje de David. ¿Qué otra cosa llevó a su madre a Belén, sino el hecho de que era del linaje y la familia de David? Era un punto importante que debía demostrarse, y necesitaba una prueba confiable como esta. Justino Mártir y Tertuliano, dos antiguos defensores de la fe cristiana, apelaron a estos registros romanos como prueba de que Cristo nació de la casa de David.

Tercero, mostró que fue hecho bajo la ley. Desde el momento de su nacimiento, se convirtió en súbdito del Imperio romano, en siervo de los gobernantes (Isaías 49:7). Muchos piensan que, como nació durante este censo tributario, fue inscrito junto con José y María. De ese modo quedaría claro cómo se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo. En vez de que los reyes le pagaran tributo, él mismo entró al mundo como alguien que pagaba tributo.

Las circunstancias de su nacimiento fueron muy humildes y estuvieron marcadas por todas las señales posibles de bajeza y desprecio. En verdad era el hijo primogénito, pero era un honor muy pobre ser el primogénito de una mujer tan pobre como María, quien no tenía ninguna herencia que él pudiera reclamar como primogénito, aparte de lo que le correspondía por nacimiento.

Compartió con otros niños algunas condiciones humildes. Fue envuelto en pañales, como lo son los recién nacidos, como si necesitara ser atado o sostenido para mantenerse derecho. Aquel que hace de las nubes una envoltura para el mar (Job 38:9) fue él mismo envuelto en tiras de tela. El Padre eterno se hizo niño dentro del tiempo, y de aquel cuya venida había sido desde antiguo, desde la eternidad, la gente decía: «Nosotros sabemos de dónde es este hombre» (Juan 7:27). El Anciano de Días se convirtió en un bebé de apenas unos cuantos centímetros.

También experimentó humillaciones que fueron particulares de él. Primero, nació en una posada. El Hijo de David, la gloria de la casa de su padre, no tenía un hogar que pudiera reclamar, ni siquiera en la ciudad de David. No tenía ningún amigo que le diera a su madre una habitación donde pudiera dar a luz en medio de su angustia. Cristo nació en una posada para mostrar que vino a este mundo solo por poco tiempo, como un viajero que se queda en una posada. Esto también nos enseña a vivir de la misma manera. Una posada recibe a todos los que llegan, y Cristo también. Él ofrece la señal de su amor, y a quienquiera que acuda a él jamás lo rechazará. A diferencia de otras posadas, recibe a quienes vienen sin dinero y sin pagar nada. Todo se da gratuitamente.

Segundo, nació en un establo, si eso es lo que significa la palabra que traducimos como pesebre: un lugar donde se quedan y comen los animales. Como no había lugar en la posada, y como no había comodidades, ni siquiera lo necesario, fue acostado en un pesebre en lugar de una cuna. Algunos dicen que la palabra que traducimos como «pañales» proviene de un término que significa desgarrar, y piensan que sus ropas de bebé eran ásperas y estaban desgarradas, no hechas de lino fino.

El hecho de que naciera en un establo y fuera acostado en un pesebre muestra tres cosas. Muestra la pobreza de sus padres. Si hubieran sido ricos, les habrían conseguido un lugar; pero, como eran pobres, tuvieron que arreglárselas lo mejor que pudieron. También muestra la corrupción y el deterioro de aquella época, porque una mujer conocida por su virtud y honor fue tratada con mucha dureza. Si hubieran mostrado siquiera un mínimo de bondad, no habrían obligado a una mujer que estaba dando a luz a hacerlo en un establo.

También muestra la profunda humillación de nuestro Señor Jesucristo. Por causa del pecado, nos habíamos vuelto como un niño abandonado, indefenso y desamparado, y Cristo se hizo así por nosotros. De este modo, siguió el ejemplo de Moisés, el gran profeta y legislador del Antiguo Testamento, quien en su infancia fue arrojado en una canasta de juncos, así como Cristo fue acostado en un pesebre. Cristo también quiso poner en su debido lugar la grandeza mundana y enseñarnos a valorarla menos. Puesto que los suyos no lo recibieron, no deberíamos sorprendernos si ellos tampoco nos reciben a nosotros.

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