Versículo destacado
Levítico 16:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando Aarón haya terminado de purificar el santuario, la tienda del encuentro y el altar, mandará traer el chivo que todavía esté vivo "
Levítico 16:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 saldrá para ir a purificar el altar que está delante del Señor. Tomará un poco de la sangre del becerro y del chivo, y la untará sobre los cuernos y alrededor del altar,
19 y con el dedo rociará sangre sobre el altar siete veces. Así lo purificará de las impurezas de los israelitas y lo consagrará.
20 Cuando Aarón haya terminado de purificar el santuario, la tienda del encuentro y el altar, mandará traer el chivo que todavía esté vivo
21 y, poniendo las manos sobre la cabeza del animal, confesará sobre él todas las maldades, rebeliones y pecados de los israelitas. De esta manera pondrá los pecados sobre la cabeza del chivo, y una persona se encargará de llevarlo y soltarlo en el desierto.
22 Así, cuando el chivo se pierda en el desierto, se llevará todas las maldades de ellos a tierras deshabitadas.
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Después de que el sumo sacerdote ofrecía al Señor los sacrificios de expiación y rociaba su sangre, probablemente derramaba la sangre restante al pie del altar de bronce. Luego debía confesar los pecados de Israel con las dos manos puestas sobre la cabeza del macho cabrío expiatorio, es decir, el macho cabrío que sería enviado lejos para llevarse el pecado (Levítico 16:20-21). Siempre que se imponían las manos sobre la cabeza de un sacrificio, se hacía una confesión conforme al tipo de ofrenda. Puesto que esta era una ofrenda por el pecado, la confesión debía ser una confesión de pecado.
En tiempos posteriores, cuando la comunidad judía se había corrompido más, prepararon una fórmula fija de confesión para el sumo sacerdote. Dios no dio aquí una fórmula semejante. Se podía esperar que el sumo sacerdote conociera bien la condición del pueblo y sintiera una profunda preocupación por ellos. Por eso, la confesión debía ser lo más detallada posible: debía incluir no solo todos los pecados de Israel, sino también todas sus maldades en cada uno de sus pecados. Un solo pecado puede incluir muchas maldades debido a las numerosas circunstancias que lo agravan. En nuestras propias confesiones también debemos prestar atención a esos detalles y no limitarnos a decir: «He pecado», sino decir, como Acán: «Esto es exactamente lo que hice».
Mediante esta confesión, el sumo sacerdote debía colocar los pecados de Israel sobre la cabeza del macho cabrío. Esto significaba que, por la fe en el medio establecido por Dios, el castigo pasaba de los pecadores al sacrificio. Sin el mandato de Dios, aquello habría sido una broma, incluso un insulto contra Dios. Pero como él mismo lo había establecido, el acto tenía significado.
Luego, un hombre preparado para esa tarea debía llevar inmediatamente el macho cabrío al desierto, a una tierra deshabitada. Dios permitió que los israelitas entendieran que el envío del macho cabrío significaba que sus pecados también eran enviados lejos mediante un perdón completo y gratuito: «El macho cabrío cargará sobre sí todas las iniquidades de ellos» (Levítico 16:22). La desaparición del macho cabrío les anunciaba que los pecados de Israel serían buscados y no serían encontrados (Jeremías 50:20).
Más adelante, los judíos ataban una tira de tela escarlata a los cuernos del macho cabrío y otra a la puerta del templo o a la parte superior de la roca donde el macho cabrío desaparecía. Creían que, si la tela se volvía blanca, como decían que normalmente sucedía, eso demostraba que los pecados de Israel habían sido perdonados, basándose en estas palabras: «Aunque sus pecados sean como la escarlata, quedarán blancos como la lana». También decían que, durante los cuarenta años anteriores a la destrucción de Jerusalén por los romanos, la tela escarlata nunca cambió de color. Esto es una fuerte declaración de que, al rechazar la realidad representada por estas ceremonias, la sombra no podía beneficiarles.
Después, el sumo sacerdote debía quitarse sus vestiduras de lino dentro del tabernáculo y dejarlas allí. Los judíos decían que nunca volvía a usarlas y que cada año se confeccionaban unas nuevas. Debía bañarse con agua, ponerse sus vestiduras espléndidas y ofrecer entonces tanto sus holocaustos como los del pueblo (Levítico 16:23-24). Cuando recibimos el consuelo del perdón, Dios debe recibir toda la gloria. Si disfrutamos de la bendición de la expiación, no debemos considerar una carga ofrecer sacrificios de agradecimiento. Parece que la grasa de la ofrenda por el pecado se quemaba hasta ese momento (Levítico 16:25), para que pudiera quemarse junto con los holocaustos.
La carne de las dos ofrendas por el pecado, cuya sangre había sido llevada al interior del velo, debía quemarse por completo, no sobre el altar, sino fuera del campamento. Esto señalaba dos cosas: nuestro rechazo del pecado mediante un arrepentimiento verdadero y la manera en que Dios lo aparta mediante un perdón completo, de modo que nunca vuelva a levantarse contra nosotros en el juicio. El hombre que llevaba el macho cabrío al desierto y quienes quemaban la ofrenda por el pecado eran considerados ceremonialmente impuros. Debían permanecer fuera del campamento hasta lavar sus ropas y bañarse con agua. Esto mostraba el poder contaminante del pecado. Incluso el sacrificio que, en esta ceremonia, era tratado como una ofrenda por el pecado hacía impuros a quienes lo manipulaban. También mostraba la debilidad de los sacrificios establecidos por la ley, pues no podían quitar verdaderamente el pecado y todavía dejaban una mancha en quienes los tocaban.
Cuando todo esto terminaba, el sumo sacerdote volvía a entrar al lugar santísimo para recoger su incensario y luego regresaba con alegría a su casa, porque había cumplido con su deber y no había muerto.
De este capítulo
Levítico 16:1
"El Señor habló con Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, que murieron por haberse acercado demasiado a la presencia del Señor."
Levítico 16:2
"Y el Señor dijo a Moisés: Dile a tu hermano Aarón que no entre a cualquier hora en el santuario que está detrás del velo, ni se presente ante la tapa que está sobre el arca, para que no muera, porque yo me manifestaré en una nube sobre la tapa."
Levítico 16:3
"Aarón debe entrar en el santuario con un becerro como sacrificio por el pecado y con un carnero para ofrecerlo en holocausto."
Levítico 16:4
"Debe vestirse con la túnica de lino consagrada, cubrir su cuerpo con calzoncillos de lino y llevar puestos el cinturón y el turbante de lino. Estas son ropas consagradas, así que, antes de ponérselas, debe lavarse con agua."
Levítico 16:5
"De parte de la comunidad israelita, Aarón tomará dos chivos como sacrificio por el pecado y un carnero para ofrecerlo en holocausto."
Levítico 16:6
"Entonces ofrecerá el becerro como su propio sacrificio por el pecado, para obtener el perdón de sus propios pecados y de los de su familia."
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