Versículo destacado

Juan 6:15 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Pero como Jesús se dio cuenta de que querían llevárselo por la fuerza para hacerlo rey, se retiró otra vez a lo alto del cerro para estar solo. "

Juan 6:15

menu_book El versículo en contexto

13 Ellos los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.

14 La gente, al ver esta señal milagrosa hecha por Jesús, decía: —De veras, este es el profeta que había de venir al mundo.

15 Pero como Jesús se dio cuenta de que querían llevárselo por la fuerza para hacerlo rey, se retiró otra vez a lo alto del cerro para estar solo.

16 Al llegar la noche, los discípulos de Jesús bajaron al lago,

17 subieron a una barca y comenzaron a cruzar el lago para llegar a Cafarnaúm. Ya estaba completamente oscuro y Jesús todavía no había regresado.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí vemos, en primer lugar, que Cristo se retiró de la multitud. Él sabía que quienes creían que era el profeta que había de venir al mundo lo tomarían por la fuerza e intentarían hacerlo rey (Juan 6:15). En cierto sentido, su entusiasmo era sincero, porque querían honrar a Cristo y corregir el desprecio que los líderes judíos mostraban hacia él. Como esperaban que el Mesías fuera un rey, querían exaltarlo con honores reales.

Pero su entusiasmo estaba mal encaminado. No entendían la naturaleza del reino de Cristo; lo imaginaban como un gobierno terrenal, con esplendor exterior, una corona y un ejército. También los movía un deseo egoísta, pues él los había alimentado generosamente sin que ellos tuvieran que trabajar. Además, esperaban utilizarlo con un propósito político y liberarse del dominio romano. Con frecuencia se abusa de la religión para obtener beneficios terrenales, y se usa a Cristo únicamente para servir a un objetivo personal.

Aquello también era un movimiento ruidoso y rebelde que podía haber provocado una guerra y atraído el castigo romano sobre la tierra. Pero, sobre todo, iba en contra de la voluntad de Cristo, pues querían imponerle un cargo, lo aceptara o no. Quienes le imponen a Cristo honores que él no ha pedido, en realidad lo deshonran. Incluso cuando las personas afirman que Cristo es la cabeza de su partido, pueden estar intentando hacerlo rey a su propia manera, en contra de su voluntad.

La respuesta de Cristo muestra su humildad y su renuncia a sí mismo. Cuando quisieron hacerlo rey, él se retiró e impidió sus planes. De esta manera dejó una clara advertencia contra la ambición y el deseo de recibir honores mundanos. También mostró que no era amigo de la rebelión ni del desorden público, y que sus seguidores no deben apoyar nada que tenga siquiera apariencia de sedición.

Luego volvió a subir a la montaña, la misma montaña donde había enseñado (Juan 6:3). Había bajado de allí para alimentar a la gente, y ahora regresó solo para estar tranquilo. Aunque Cristo era muy útil en el servicio público, también escogía momentos para estar a solas. Esto nos enseña a apartarnos de vez en cuando para disfrutar de una comunión más libre con Dios y con nuestra propia alma. Los deberes públicos no deben desplazar la oración privada.

A continuación vemos a los discípulos angustiados en el mar. Los que se hacen a la mar en barcos contemplan las obras del Señor, porque él levanta el viento tempestuoso (Salmo 107:23-24). Esto describe bien lo que les ocurrió a los discípulos. Cuando llegó la tarde y terminó el trabajo del día, subieron a una barca y comenzaron a cruzar hacia Capernaúm (Juan 6:16-17). Lo hicieron por indicación de su Maestro, y parece probable que él quisiera mantenerlos alejados de la tentación de unirse a quienes querían hacerlo rey.

Entonces llegó la tormenta, tal como Dios había dicho. Eran discípulos de Cristo, caminaban por el camino de la obediencia y Cristo estaba orando por ellos en la montaña. Sin embargo, seguían en problemas. Nuestros sufrimientos presentes pueden ser perfectamente compatibles con pertenecer a Cristo y con su intercesión por nosotros. Acababan de disfrutar de un banquete en la mesa de Cristo, pero después de un tiempo de consuelo puede venir una tormenta.

Era de noche, lo que hacía que la tormenta fuera más aterradora y difícil de soportar. A veces el pueblo de Dios se encuentra en problemas y no puede ver cómo salir de ellos. Quizás no entiende por qué llegó la dificultad, qué propósito tiene ni cómo terminará. Jesús todavía no había ido hacia ellos. En una tormenta anterior, él estaba con ellos en la barca (Mateo 8:23 y siguientes), pero aquí estaba ausente. La ausencia de Cristo es la parte más dolorosa de la aflicción del creyente.

El mar se agitó a causa de un viento fuerte. Cuando salieron, el tiempo estaba tranquilo, pues no eran tan imprudentes como para navegar hacia una tormenta. Pero la dificultad surgió después de que ya estaban en el mar. En tiempos de paz debemos prepararnos para las dificultades, porque pueden aparecer cuando menos las esperamos. Aun así, debe consolar al pueblo de Dios recordar que los propios discípulos de Cristo atravesaron tormentas semejantes. Incluso en la oscuridad y la aflicción, no se encontraban en una situación peor que la que pueden experimentar los discípulos de Cristo.

El Espíritu Santo, quien inspiró este relato, podría haber dado el número exacto de estadios. Pero como ese detalle era solamente circunstancial, el escritor lo dejó a su propio criterio. Cuando ya habían recorrido una buena distancia en el mar, vieron a Jesús caminando sobre el agua.

Aquí vemos, en primer lugar, el poder de Cristo sobre las leyes y el curso natural de las cosas. Los cuerpos pesados se hunden naturalmente en el agua, pero Cristo caminó sobre ella como si fuera tierra seca. Esto mostró un poder aún mayor que el de Moisés, quien dividió las aguas y condujo a Israel a través de ellas.

En segundo lugar, vemos el cuidado de Cristo por sus discípulos en medio de su aflicción. Se acercó a la barca, pues había caminado sobre el agua para ayudar a su pueblo, como aquel que cabalga sobre los cielos para socorrerlo (Deuteronomio 33:26). No los deja sin ayuda cuando parecen sacudidos por las tormentas y privados de todo consuelo. Cuando son enviados a lugares solitarios, como le ocurrió a Juan, o encerrados en lugares estrechos, como Pablo y Silas, él todavía encuentra la manera de acercarse.

En tercer lugar, vemos el alivio que Cristo da a sus discípulos en medio de sus temores. Ellos tenían miedo, y temían más a lo que creían que era un fantasma que al viento y las olas. A menudo resulta más aterrador enfrentarse a los poderes malignos de este mundo que a un mar tempestuoso. Cuando pensaron que un demonio estaba cerca de ellos, y quizá incluso que había provocado la tormenta, se aterrorizaron más que cuando solamente habían visto un peligro natural.

Nuestros problemas reales a menudo se agravan por problemas que solo imaginamos. Estos nacen de nuestra propia mente. Además, aquello mismo que debería consolarnos y rescatarnos con frecuencia se malinterpreta, y así se convierte en otra causa de temor. Muchas veces no solo estamos más asustados que lastimados, sino que sentimos el mayor temor precisamente cuando la ayuda está más cerca.

Sin embargo, mientras estaban dominados por ese miedo, ¡con cuánta ternura los tranquilizó Cristo con aquellas palabras consoladoras: «Yo soy; no tengan miedo» (Juan 6:20)! Nada tiene más poder para convencer de pecado a los pecadores que las palabras: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues». Y nada tiene más poder para consolar a los creyentes que estas palabras: «Yo soy Jesús, a quien ustedes aman. Yo los amo y busco su bien. No tengan miedo de mí ni de la tormenta». Cuando la aflicción se acerca, Cristo también está cerca.

Por último, aquí vemos que llegaron rápidamente al lugar al que se dirigían (Juan 6:17). Recibieron a Cristo en la barca y se alegraron mucho. Cuando Cristo parece ausente por un tiempo, su regreso lo hace aún más querido para sus discípulos, quienes valoran su presencia por encima de todo, como en Cantares 3:4.

Cristo los llevó entonces a salvo hasta la orilla. En ese mismo instante, la barca llegó a la tierra adonde iban. La nave de la Iglesia, en la que los discípulos de Cristo han puesto su vida y todo lo que tienen, puede quedar muy golpeada y afligida, pero al final llegará segura al puerto. Puede ser sacudida en el mar, pero no se perderá. Puede ser derribada, pero no será destruida, como la zarza que ardía sin consumirse.

El poder y la presencia del Rey de la Iglesia apresurarán su rescate y quitarán los obstáculos que derrotaron la habilidad y el esfuerzo de todos los demás ayudadores. Los discípulos habían remado con fuerza, pero no pudieron llegar a su destino hasta que Cristo estuvo en la barca; entonces el trayecto terminó de inmediato. Si hemos recibido a Jesucristo el Señor y lo hemos recibido con alegría, aun cuando la noche sea oscura y el viento fuerte, podemos consolarnos con esta esperanza: pronto llegaremos a la orilla, y estamos más cerca de lo que pensamos. Muchas almas llenas de dudas son llevadas al cielo mediante una grata sorpresa, antes de darse cuenta de lo que está sucediendo.

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