Versículo destacado
Jeremías 51:59 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
En el cuarto año del gobierno de Sedequías, rey de Judá, el profeta Jeremías dio un encargo a Seraías, hijo de Nerías y nieto de Maaseías. Seraías acompañaba al rey Sedequías en su viaje a Babilonia como encargado de organizar el hospedaje del rey.
Jeremías 51:59
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
59 En el cuarto año del gobierno de Sedequías, rey de Judá, el profeta Jeremías dio un encargo a Seraías, hijo de Nerías y nieto de Maaseías. Seraías acompañaba al rey Sedequías en su viaje a Babilonia como encargado de organizar el hospedaje del rey.
61 y dijo a Seraías: Cuando llegues a Babilonia, asegúrate de leer todo este mensaje.
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Ya hemos seguido a lo largo de este capítulo y del anterior el juicio contra Babilonia. Aquí, por fin, llegamos al final de ese asunto.
Primero, Jeremías hizo una copia escrita de esta profecía, y parece probable que la haya escrito él mismo, pues aquí no se menciona a Baruc, su escriba (Jeremías 51:60). Escribió todas estas palabras contra Babilonia para que pudieran compartirse con todos los que necesitaban escucharlas. Escribir la palabra de Dios ayuda a difundirla y conservarla; por eso son una gran bendición las copias de la ley, de los profetas y de las cartas.
Segundo, este mensaje fue llevado a Babilonia por Seraías, quien fue allí con el rey Sedequías o en su nombre, en el cuarto año de su reinado (Jeremías 51:59). Vale la pena notar la descripción de Seraías: era un príncipe tranquilo, un príncipe de reposo. Tenía honor y poder, pero, a diferencia de muchos príncipes de aquella época, no era impulsivo, inquieto ni dominado por el espíritu partidista. Era de carácter sereno, amaba la paz, procuraba mantener una buena relación entre su rey y el rey de Babilonia, e intentaba evitar que su señor se rebelara. No perseguía a los profetas de Dios, sino que era un hombre moderado. Sedequías tuvo la fortuna de elegir a un hombre así como su enviado a Babilonia, y Jeremías también podía confiarle este mensaje. El verdadero honor de los grandes hombres consiste en ser hombres tranquilos, y los gobernantes muestran sabiduría cuando colocan a personas así en puestos de confianza.
Tercero, se le dijo a Seraías que leyera esta profecía a sus compatriotas que ya estaban cautivos. Cuando llegara a Babilonia y viera cuán grandiosa era, tan grande, fuerte, rica y bien fortificada, podría sentirse tentado a pensar que duraría para siempre. Jeremías quería que él y quienes lo acompañaban leyeran estas palabras como consuelo para los cautivos, para que pudieran mirar por fe hacia el fin de esos poderes amenazantes y animarse unos a otros con esta esperanza. Babilonia podía parecer inconmovible, pero Dios ya había declarado su final.
Cuarto, Seraías debía hacer una solemne confesión de la verdad de lo que había leído (Jeremías 51:62). Debía levantar la mirada a Dios y decir: «Señor, tú has hablado contra este lugar, para destruirlo». Esto se parece a las palabras del ángel acerca de la destrucción de la Babilonia del Nuevo Testamento: «Estas son palabras verdaderas de Dios» (Apocalipsis 19:9), y «Estas palabras son fieles y verdaderas» (Apocalipsis 21:5). Aunque Babilonia todavía pareciera prosperar, Seraías debía creer la profecía y esperar su caída. Debía confiar en que Dios, quien conoce todas las cosas, también puede hacer todas las cosas. Dios ya había dictado sentencia contra Babilonia, y esa sentencia se cumpliría. Por eso, los cautivos no debían envidiar el esplendor de Babilonia ni temer su poder. Cuando leemos cómo es este mundo, con toda su apariencia deslumbrante y sus promesas halagadoras, también debemos leer que su forma actual está desapareciendo y que pronto será destruido y quedará desolado para siempre. Así aprenderemos a mirarlo con un santo desprecio. Después de leer la palabra de Dios, es correcto acudir al Señor y confesar humildemente que lo que hemos leído es verdadero, justo y bueno.
Quinto, Seraías debía atar una piedra al libro y arrojarlo al río Éufrates como señal que confirmara el mensaje. Debía decir: «Así se hundirá Babilonia y no volverá a levantarse, porque quedarán agotados y completamente vencidos por la calamidad que traeré sobre ella» (Jeremías 51:53, Jeremías 51:64). En la señal, la piedra arrastró el libro hacia el fondo. Pero en aquello que representaba, la sentencia escrita por Dios arrastraría a Babilonia, que parecía tan firme como una piedra. Algo semejante se usó para representar la caída de la Babilonia del Nuevo Testamento, aunque de una manera más impactante, cuando un ángel poderoso arrojó al mar una gran piedra de molino y dijo: «Así caerá Babilonia» (Apocalipsis 18:21). Los que caen bajo la ira y la maldición de Dios caen sin posibilidad de recuperación.
Las palabras finales del capítulo sellan la visión y la profecía: «Hasta aquí son las palabras de Jeremías». Esto no significa que esta profecía contra Babilonia haya sido la última profecía de Jeremías, porque fue fechada en el cuarto año de Sedequías (Jeremías 51:59), mucho antes de que Jeremías terminara su ministerio. Se coloca al final porque fue la última de sus profecías contra las naciones en cumplirse (Jeremías 46:1). El capítulo que sigue es puramente histórico, y algunos piensan que fue añadido por otra persona.
De este capítulo
Jeremías 51:1
"El Señor dice: Enviaré un viento destructor contra Babilonia y los caldeos."
Jeremías 51:2
"Haré que sus enemigos traten a Babilonia como al trigo que se arroja al aire; haré que dejen su territorio sin habitantes. Cuando llegue el día del desastre, la atacarán por todas partes."
Jeremías 51:3
"¡Que los arqueros preparen sus arcos! ¡Que se pongan las corazas! ¡No tengan compasión de los jóvenes de Babilonia; destruyan por completo su ejército!"
Jeremías 51:4
"Por todo el país de los caldeos, la gente quedará tendida en las calles,"
Jeremías 51:5
"pues, aunque Israel y Judá han pecado contra mí y han llenado de pecado su país, yo, el Señor todopoderoso, el Dios Santo de Israel, todavía no los he abandonado."
Jeremías 51:6
"¡Huyan de Babilonia! ¡Que cada uno salve su vida! ¡No mueran por causa del pecado de ella! Esta es la hora de mi venganza, y le pagaré lo que merece."
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