Versículo destacado
Jeremías 27:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En el cuarto año del reinado de Sedequías, hijo de Josías, en Judá, el Señor se dirigió a Jeremías, "
Jeremías 27:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 En el cuarto año del reinado de Sedequías, hijo de Josías, en Judá, el Señor se dirigió a Jeremías,
2 y le dijo: Hazte unas correas y un yugo, y póntelo todo sobre el cuello.
3 Luego envía un mensaje a los reyes de Edom, Moab, Amón, Tiro y Sidón por medio de los mensajeros que han venido a Jerusalén a visitar al rey Sedequías.
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Surge cierta dificultad con la fecha de esta profecía. Dice que esta palabra vino a Jeremías al comienzo del reinado de Joacim (Jeremías 27:1), pero más adelante se dice que los mensajeros que recibirían los símbolos de servidumbre debían presentarse ante Sedequías, rey de Judá (Jeremías 27:3). Sedequías no comenzó a reinar sino hasta once años después de que Joacim subió al trono. Algunos creen que el texto contiene un error de copia y que debería decir Sedequías en lugar de Joacim, ya que Sedequías vuelve a mencionarse en Jeremías 27:12, y la profecía siguiente está fechada en el mismo año y también se sitúa al comienzo del reinado de Sedequías (Jeremías 28:1).
El doctor Lightfoot lo explica de esta manera: al comienzo del reinado de Joacim, se le ordenó a Jeremías que hiciera estas correas y yugos y se los pusiera sobre el cuello, como señal de que Judá estaría sometida al rey de Babilonia. Esa sujeción comenzó en ese tiempo. Más adelante, durante el reinado de Sedequías, debía enviar los mismos símbolos a los reyes vecinos, junto con el mensaje de que tanto la llegada de sus embajadores como el ascenso de Sedequías al trono habían sido anunciados de antemano.
Primero se le ordena a Jeremías preparar una señal que mostrara el sometimiento general de todos esos países al dominio de Babilonia (Jeremías 27:2). Debía hacer correas y yugos, con tiras para sujetarlos y mantenerlos sobre el cuello del animal. El profeta debía llevar uno puesto para que la gente lo notara como un acto profético. Todos preguntarían qué significaba el yugo de Jeremías. Más adelante lo encontramos llevándolo en Jeremías 28:10. Al hacerlo, demostraba que no recomendaba a los demás nada que él mismo no estuviera dispuesto a soportar. No era de los que imponen cargas pesadas sobre otros y no quieren moverlas ni con un dedo. Los ministros también deben someterse al peso y al deber de aquello que predican.
Luego se le ordena enviar esta señal, junto con un mensaje, a los príncipes vecinos mencionados en Jeremías 27:3, quienes vivían cerca de la tierra de Canaán. Parece que en aquel tiempo el rey de Judá y esos otros reyes estaban organizando un tratado. Jerusalén era el lugar designado para reunirse. Sus representantes plenipotenciarios llegaron allí y acordaron formar una alianza defensiva y ofensiva: se apoyarían unos a otros contra el creciente poder del rey de Babilonia y tratarían de debilitar su dominio cada vez mayor. Confiaban en sus fuerzas combinadas y probablemente se consideraban aliados poderosos. Pero cuando los enviados regresaron con el acuerdo sellado, Jeremías le dio a cada uno un yugo para que lo llevara a su señor. Esto mostraba que cada rey tendría que convertirse en siervo de Babilonia, voluntariamente o por la fuerza, según lo que decidiera.
En el mensaje que acompañaba esta señal, Dios primero afirma su derecho indiscutible a disponer de los reinos como él quiera (Jeremías 27:5). Él es el Creador de todas las cosas. Hizo la tierra, la estableció y todavía la mantiene firme. Aunque una generación pasa y otra llega, el mundo permanece. También sigue produciendo seres humanos y animales sobre la tierra mediante su gran poder y su brazo extendido. Su brazo es infinitamente fuerte, aun cuando está extendido. Por eso puede entregar propiedades y autoridad a quien le plazca. Así como ha dado bondadosamente la tierra a la humanidad en general (Salmo 115:16), también le da a cada persona su porción, sea grande o pequeña. Todo lo que alguien posee en este mundo es lo que Dios ha considerado apropiado darle. Por eso debemos estar contentos aunque tengamos poco, y no envidiar a otros aunque tengan mucho.
Después, Dios entrega públicamente todas esas tierras a Nabucodonosor, rey de Babilonia. Como dice la antigua expresión, que lo sepan todos los presentes y también las generaciones futuras. Se trata de una declaración formal: él ha entregado todas esas tierras, con todas sus riquezas, en manos del rey de Babilonia, incluso los animales del campo, tanto domésticos como salvajes. Nabucodonosor era un idólatra orgulloso y malvado; sin embargo, Dios, en su providencia, le dio ese amplio dominio y esas enormes posesiones. Las cosas de este mundo no son las mejores, porque Dios con frecuencia concede la mayor parte de ellas a personas malas que se oponen a él. Nabucodonosor era malvado, pero aun así lo que tenía le había sido dado por Dios. El dominio no procede de la gracia. Una persona puede tener un derecho legítimo sobre bienes terrenales aunque no tenga ningún derecho a la vida eterna.
Aunque Nabucodonosor era un hombre muy malo, Dios todavía lo llama su siervo, porque lo usó como instrumento de su providencia para castigar a las naciones, especialmente a su propio pueblo. Por ese servicio, Dios lo recompensó ampliamente. Quienes Dios utiliza no perderán por servir a sus propósitos, y él será aún más generoso con quienes lo sirven sincera y voluntariamente.
Dios también les dice que todas esas naciones ciertamente quedarían bajo el poder del rey de Babilonia por un tiempo (Jeremías 27:7). Todas esas naciones, y muchas otras, le servirían a él, luego a su hijo y después a su nieto. Su hijo fue Evil-merodac y su nieto fue Belsasar, durante cuyo reinado llegó a su fin el reino de Babilonia. Entonces llegó el momento de que Babilonia misma fuera juzgada y la situación se invirtiera. Muchas naciones y grandes reyes, reunidos en el imperio de los medos y los persas, hicieron que Babilonia les sirviera, así como antes otras naciones habían sido obligadas a servir a Babilonia (Jeremías 25:14). Así, Adonibezec, que había pisoteado a otros, terminó siendo pisoteado.
Por último, Dios anuncia juicio militar contra cualquier nación que se niegue a someterse al rey de Babilonia (Jeremías 27:8). La nación que no ponga su cuello bajo su yugo será castigada con la espada y el hambre, un juicio tras otro, hasta ser destruida por su mano. Nabucodonosor fue muy injusto y cruel al obligar a sus vecinos a someterse y al quitarles sus derechos y su libertad. Sin embargo, Dios tenía propósitos sabios y santos al permitirlo, porque estaba usando a Babilonia para castigar a esas naciones por su idolatría y sus grandes pecados. Quienes no quisieron servir al Dios que los había creado fueron justamente obligados a servir a enemigos que buscaban arruinarlos.
También les muestra cuán vacías eran sus esperanzas si imaginaban que podrían conservar su libertad (Jeremías 27:9-10). Esas naciones también tenían sus propios profetas, quienes afirmaban predecir el futuro por medio de las estrellas, los sueños o la magia. Para complacer a quienes los patrocinaban y porque sus oyentes querían escuchar eso, esos profetas les decían que no servirían al rey de Babilonia. De esa manera alentaban la resistencia y, aunque no tenían ninguna base verdadera para hacerlo, pensaban que los estaban ayudando.
Pero Dios también les advierte que resistirse conduciría a su propia ruina. Si luchaban contra Babilonia, harían que el conquistador los tratara con mayor dureza, los expulsara de su tierra y los enviara a un cautiverio miserable. Allí serían dispersados y, por un tiempo, quedarían en el olvido. Más adelante veremos profecías separadas contra esas naciones vecinas en Jeremías 48 y 49, y en Ezequiel 25, donde se anuncia el mismo juicio con más detalles. Cuando Dios juzga, él sale victorioso.
También les muestra una manera de evitar la destrucción: someterse tranquila y voluntariamente, como se indica en Jeremías 27:11. Las naciones que aceptaran al rey de Babilonia y le pagaran tributo durante setenta años, es decir, aproximadamente diez años de servicio bajo su dominio, permanecerían en su propia tierra. Quienes se inclinan no se quiebran. El dominio de Babilonia quizá no sería más duro para ellos que el gobierno de sus propios reyes.
A menudo, escoger la libertad a costa de la vida es más una cuestión de orgullo que de verdadera sabiduría. A Isacar no se le reprochó inclinarse ante el trabajo y el tributo cuando vio que el descanso era bueno y que la tierra era agradable, para poder disfrutarla en paz (Génesis 49:14-15). De la misma manera, se les dice a esas naciones: «Sirvan al rey de Babilonia, y cultivarán la tierra y vivirán en ella». Algunos podrían considerar esto una actitud débil, pero el profeta la presenta como una actitud apacible y humilde, que acepta la necesidad y aprovecha lo mejor posible una difícil providencia. Es mejor hacer eso que luchar y empeorar las cosas.
Muchas personas podrían haber evitado problemas más graves si se hubieran humillado bajo las dificultades que ya les habían sido enviadas. Es mejor cargar una cruz más liviana en el camino que echarse una más pesada sobre la cabeza.
De este capítulo
Jeremías 27:2
"y le dijo: Hazte unas correas y un yugo, y póntelo todo sobre el cuello."
Jeremías 27:3
"Luego envía un mensaje a los reyes de Edom, Moab, Amón, Tiro y Sidón por medio de los mensajeros que han venido a Jerusalén a visitar al rey Sedequías."
Jeremías 27:4
"Ordénales que digan a sus soberanos que yo, el Señor todopoderoso, el Dios de Israel, digo:"
Jeremías 27:5
"Con un gran despliegue de poder hice el mundo, y los hombres y los animales que hay en él, y puedo dárselo a quien yo quiera."
Jeremías 27:6
"Pues bien, yo he puesto todas estas tierras bajo el poder de mi servidor Nabucodonosor, rey de Babilonia, y hasta a los animales salvajes los he puesto bajo su dominio."
Jeremías 27:7
"Todas las naciones estarán sometidas a él, a su hijo y a su nieto, hasta que a su país también le llegue el momento de quedar sometido a grandes naciones y a reyes poderosos."
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