Versículo destacado
Isaías 58:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Entonces tu luz brillará como el amanecer y tus heridas sanarán muy pronto. Tu rectitud irá delante de ti y mi gloria te seguirá. "
Isaías 58:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 Pues no es así. El ayuno que me agrada consiste en esto: que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos que aprietan el yugo; que dejes libres a los oprimidos y acabes, en fin, con toda tiranía;
7 que compartas tu pan con el hambriento y recibas en tu casa al pobre que no tiene techo; que vistas al que no tiene ropa y no dejes de socorrer a tus semejantes.
8 Entonces tu luz brillará como el amanecer y tus heridas sanarán muy pronto. Tu rectitud irá delante de ti y mi gloria te seguirá.
9 Entonces, si me llamas, yo te responderé; si gritas pidiendo ayuda, yo te diré: “Aquí estoy.” Si haces desaparecer toda opresión, si no insultas a otros ni levantas calumnias contra ellos,
10 si te entregas a servir al hambriento y ayudas al afligido en su necesidad, tu luz brillará en la oscuridad y tus sombras se convertirán en luz del mediodía.
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Aquí encontramos preciosas promesas para quienes practican el ayuno que Dios ha escogido y las reciben por fe. Que sepan que Dios les dará su recompensa. Pero también hay una explicación más completa del deber que se requiere para recibir estas promesas, como vemos en Isaías 58:9-10. Una vez más, el mandato es hacer justicia y amar la misericordia, apartarse del mal y aprender a hacer el bien.
Primero, debemos alejarnos de todo acto de violencia y engaño. Estas cosas deben quitarse de en medio de ustedes, incluso de su propio corazón, como algunos lo entienden, y no solamente de sus acciones. No basta con dejar de hacer lo malo externamente. También debemos dar muerte al deseo y al hábito interior que nos conducen a ello. O quizá la expresión se refiera a quitarlas de en medio del pueblo. Quienes tienen autoridad no solo deben evitar la opresión, sino hacer todo lo posible por detenerla entre las personas que están bajo su cuidado.
No solo deben romper el yugo (Isaías 58:6), sino también quitarlo, para que los oprimidos no vuelvan a ser esclavizados, como ocurrió en Jeremías 34:10-11. También deben dejar de amenazar (Efesios 6:9) y de señalar con el dedo, lo cual parece haber sido una señal de enojo y una forma de mostrar desprecio. No avergüencen a los pobres y a los que sufren con gestos o palabras que se burlen de ellos. Toda conducta grosera y cruel debe ser expulsada de cada comunidad. También deben dejar de hablarse con falsedad, adulación o fraude. Toda conversación debe caracterizarse por la honestidad.
Tal vez la expresión sobre señalar con el dedo se refiera a una falsa apariencia que destruye la amistad. O quizá aluda a usar el dedo que lleva el anillo, símbolo de autoridad, para dictar sentencias injustas. En ese caso, la regla es clara: quienes tienen poder no deben usarlo para servir a la injusticia.
Segundo, debemos abundar en actos de generosidad y bondad. No solo debemos dar a los pobres conforme a sus necesidades, sino hacerlo con libertad y alegría, desde un corazón lleno de amor. Debemos “dar de nuestra alma al hambriento” (Isaías 58:10). Esto significa mucho más que entregar dinero o extender la mano. Significa ayudar desde el corazón, con verdadera compasión y ternura hacia quienes atraviesan dificultades.
Debemos acompañar nuestros regalos con el corazón, porque Dios ama al que da con alegría, y los pobres también lo agradecen. Cuando Jesús sanó y alimentó a la multitud, lo hizo porque tuvo compasión de ellos. Nosotros también debemos dar generosamente, no de una manera que apenas provoque o satisfaga a medias al que sufre, sino de una manera que realmente ayude y alivie su necesidad. ¿Para qué tenemos el cuerpo, la mente y los recursos, si no es para hacer todo el bien que podamos en este mundo? A los pobres siempre los tendremos con nosotros.
Ahora viene el consuelo. Si una persona, una familia o un pueblo están dispuestos a hacer el bien, pueden saber que Dios será su abundante recompensa. Lo que gasten en obras de misericordia les será devuelto con creces. Después de una gran aflicción, Dios convertirá pronto la tristeza en misericordia, tan bienvenida como la luz de la mañana después de una larga noche oscura (Isaías 58:8). “Entonces tu luz irrumpirá como la mañana” y “tu luz nacerá en las tinieblas” (Isaías 58:10). Aunque parezca que estás sepultado en vida, volverás a levantarte para recibir honra. Aunque el dolor te haya debilitado, volverás a resplandecer como el amanecer.
A quienes hacen el bien con alegría también se les concederá recibir el bien con alegría. Eso también es un regalo de Dios (Eclesiastés 2:24). Los que han mostrado misericordia encontrarán misericordia. Job, que había hecho mucho bien durante sus días de prosperidad, recibió la ayuda del Señor cuando quedó abatido. El Señor hizo surgir amigos para él, y ellos le dieron lo que necesitaba; así, su luz se levantó en medio de la oscuridad.
Dios también honrará a esas personas. Las buenas obras reciben como recompensa un buen nombre, y eso forma parte de que la luz surja de la oscuridad. Una persona puede provenir de una familia humilde y no tener ventajas visibles; sin embargo, si hace el bien donde está, se ganará el respeto de los demás. Su oscuridad se volverá como el mediodía; es decir, llegará a ser conocida y honrada en su tiempo. Esta es la manera más segura de llegar a ser verdaderamente grande: aprender a hacer el bien. Si alguien quiere ser el más grande y el más amado, que se convierta en servidor de todos mediante la humildad y el trabajo constante.
“Tu justicia responderá por ti”, como dijo Jacob (Génesis 30:33). Es decir, una vida recta silenciará los insultos y hasta te traerá más reconocimiento del que quizá deseas. La justicia manifestada al dar a los pobres permanecerá para siempre (Salmo 112:9).
También estarán seguros bajo la protección de Dios. “Tu justicia irá delante de ti”, como un guardia que marcha al frente para impedir que los enemigos te ataquen de frente, y “la gloria del Señor será tu retaguardia”, para recoger a los cansados y protegerte de los ataques por detrás. De esta manera, las personas buenas están seguras por todos lados. Miren hacia donde miren, delante o detrás, encuentran el cuidado de Dios y se sienten libres del temor.
Esta protección proviene de su justicia y de la gloria del Señor. Algunos entienden que aquí la gloria del Señor se refiere a Cristo, porque por medio de él somos justificados, es decir, considerados justos delante de Dios. En eso Dios es glorificado. Cristo va delante de nosotros como el capitán de nuestra salvación, y él es el Señor, nuestra justicia. También es nuestra retaguardia, y solo en él podemos confiar cuando nuestros pecados nos siguen y parecen estar a punto de alcanzarnos.
O quizá el significado sea sencillamente que Dios mismo, en su providencia y gracia, irá delante de ellos para guiarlos y detrás de ellos para protegerlos. Esto será la recompensa de su justicia y también servirá para glorificar al Señor, quien la recompensa.
Dios también estará siempre cerca de ellos para escuchar sus oraciones, como se afirma en Isaías 58:9.
Así como la persona que cierra sus oídos al clamor de los pobres clamará después y Dios no la escuchará, también la persona que da generosamente a los pobres verá que sus oraciones ascienden junto con sus ofrendas como un memorial delante de Dios, tal como ocurrió con Cornelio (Hechos 10:4). Entonces, en los días de ayuno, que deben ser días de oración, el Señor responderá y les dará lo que le pidan. Cuando clamen en medio de la angustia o de un temor repentino, él dirá: “Aquí estoy”.
Esta es una manera muy humilde de hablar acerca de la disposición de Dios para escuchar la oración. Cuando Dios nos llama por medio de su palabra, nosotros debemos decir: “Aquí estamos”. Pero resulta sorprendente que Dios nos diga: “Aquí estoy”. Cuando clamamos a él como si estuviera lejos, nos hace saber que está cerca, incluso a nuestra mano derecha, más cerca de lo que pensábamos. Es como si dijera: “Soy yo; no tengan miedo”. Cuando el peligro se acerca, nuestro protector está aún más cerca: es una ayuda siempre presente. Él está diciendo: “Aquí estoy, listo para darte lo que necesitas y hacer por ti lo que me pides. ¿Qué quieres decirme?”.
Dios escucha atentamente las oraciones de las personas sinceras (Salmo 130:2). En cuanto claman a él, responde: “Estoy listo”. Dondequiera que estén orando, Dios dice: “Aquí estoy; te escucho”. Él está cerca de ellos en todo (Deuteronomio 4:7).
Dios también los guiará en todo asunto difícil e incierto (Isaías 58:11). “El Señor te guiará continuamente”. Mientras estamos en este desierto que es el mundo, necesitamos dirección constante del cielo. Si alguna vez quedamos abandonados a nosotros mismos, sin duda perderemos el camino. Por eso Dios da sabiduría a quienes le agradan, una sabiduría que ayuda en toda situación; él será para ellos como ojos (Eclesiastés 2:26). Su providencia hará claro el camino, mostrándoles tanto cuál es su deber como aquello que les traerá consuelo.
Dios también les dará una paz profunda en el corazón. El mundo es un desierto no solo porque vagamos en él, sino también porque carecemos de muchas cosas. Por eso necesitamos una provisión continua, tal como Israel la necesitó en el desierto. Ellos tenían la columna de nube para guiarlos, y tenían maná y agua de la roca para sostenerlos en una tierra seca donde no había agua (Salmo 63:1). A la persona buena, Dios no solo le da sabiduría y conocimiento, sino también alegría. Esa persona queda satisfecha en su interior por tener una conciencia limpia y la seguridad del favor de Dios.
Estas cosas satisfarán tu alma y llenarán tu corazón de alegría, incluso en tiempos de aflicción y sequedad. Fortalecerán tus huesos y les darán vitalidad, concediéndote el gozo que te sostiene como los huesos sostienen el cuerpo: el gozo del Señor, que es tu fuerza. Algunos entienden la promesa así: “Dará descanso a tus huesos”, es decir, descanso del dolor y la enfermedad que han estado padeciendo. Esto armoniza bien con la promesa hecha a los misericordiosos: “El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor” (Salmo 41:3). Serás como un jardín bien regado, lleno de crecimiento y fruto, y como un manantial cuyas aguas nunca se agotan, ni en la sequía ni en el frío.
El principio del amor santo en las personas buenas es como un manantial de agua viva (Juan 4:14). Un manantial sigue dando agua y, aun así, permanece lleno. De la misma manera, la persona generosa crece en hacer el bien y nunca se empobrece por dar. El que reanima a otros también será reanimado.
Ellos y sus familias también se convertirán en una bendición pública. Es una buena recompensa para las personas fructíferas y útiles llegar a ser aún más útiles, y especialmente ver que sus descendientes también hacen el bien. Esta promesa significa que quienes ahora te pertenecen —tus líderes y hombres importantes— adquirirán una autoridad y una influencia que nunca antes tuvieron; o bien, que tus hijos, después de ti, servirán a su generación así como tú sirves a la tuya.
Reconstruirán ciudades que han estado en ruinas durante mucho tiempo y levantarán los antiguos lugares desolados, que habían permanecido vacíos por tanto tiempo que nadie pensaba que pudieran ser restaurados. Esto se cumplió cuando los cautivos regresaron, repararon las ciudades de Judá y habitaron en ellas, al igual que muchos en Israel, cuyas tierras habían estado desoladas desde que las diez tribus fueron llevadas al exilio.
También continuarán y terminarán buenas obras que comenzaron hace mucho tiempo, superando los obstáculos que las habían retrasado. Llevarán hasta su culminación un edificio cuyos cimientos se habían colocado muchos años antes. Esto se cumplió cuando se reanudó la construcción del templo después de haberse detenido durante muchos años (Esdras 5:2). O bien, significa que pondrán cimientos que permanecerán durante muchas generaciones, haciendo el bien de una manera duradera.
También recibirán la bendición y el reconocimiento de quienes los rodean. Serán llamados —para honra de ellos— «reparadores de brechas», es decir, quienes reparan el lugar roto en la muralla de una ciudad por donde entró el enemigo. La persona que tiene el valor y la habilidad para reparar una brecha así recibe grandes elogios. Dichosos los que reparan la brecha por donde la virtud se está escapando y el juicio está entrando.
También serán llamados «restauradores de senderos», senderos seguros y pacíficos, no solo para viajar, sino también para vivir. Son tan seguros que la gente no dudará en construir sus casas junto a ellos. El sentido es que, si practican los ayunos que Dios ha escogido, él los devolverá a la paz y la prosperidad que tuvieron antes, y nadie los hará vivir con temor (Zacarías 7:5, Zacarías 7:9; Zacarías 8:3-5). Esto nos enseña que quienes hacen lo correcto y aman la misericordia disfrutarán del consuelo de esas cosas en este mundo.
De este capítulo
Isaías 58:1
"El Señor me dijo: Grita con fuerza y sin miedo; alza la voz como una trompeta. Reprende a mi pueblo por sus culpas y al pueblo de Jacob por sus pecados."
Isaías 58:2
"Me buscan diariamente y se alegran de conocer mis caminos, como si fueran un pueblo que practica el bien y no descuida mis leyes. Me piden leyes justas y se alegran de acercarse a mí,"
Isaías 58:3
"y, sin embargo, dicen: “¿Para qué ayunar, si Dios no lo ve? ¿Para qué sacrificarnos, si él no se da cuenta?” Ustedes dedican el día de ayuno a hacer negocios y a explotar a sus trabajadores;"
Isaías 58:4
"pasan el día de ayuno entre disputas y peleas, dando golpes criminales con los puños. Un día de ayuno así no puede lograr que yo escuche sus oraciones."
Isaías 58:5
"¿Creen que el ayuno que me agrada consiste en afligirse, agachar la cabeza como un junco y acostarse sobre la ceniza vestidos con ropas ásperas? ¿A eso llaman ustedes “ayuno” y “día agradable al Señor”?"
Isaías 58:6
"Pues no es así. El ayuno que me agrada consiste en esto: que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos que aprietan el yugo; que dejes libres a los oprimidos y acabes, en fin, con toda tiranía;"
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