Versículo destacado
Isaías 58:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El Señor me dijo: Grita con fuerza y sin miedo; alza la voz como una trompeta. Reprende a mi pueblo por sus culpas y al pueblo de Jacob por sus pecados. "
Isaías 58:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 El Señor me dijo: Grita con fuerza y sin miedo; alza la voz como una trompeta. Reprende a mi pueblo por sus culpas y al pueblo de Jacob por sus pecados.
2 Me buscan diariamente y se alegran de conocer mis caminos, como si fueran un pueblo que practica el bien y no descuida mis leyes. Me piden leyes justas y se alegran de acercarse a mí,
3 y, sin embargo, dicen: “¿Para qué ayunar, si Dios no lo ve? ¿Para qué sacrificarnos, si él no se da cuenta?” Ustedes dedican el día de ayuno a hacer negocios y a explotar a sus trabajadores;
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5 min
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Cuando nuestro Señor Jesús prometió enviar al Consolador, añadió que, cuando viniera, convencería al mundo de pecado (Juan 16:7-8). La convicción debe venir antes que el consuelo. También establece una distinción entre lo precioso y lo inútil, y muestra quién no tiene derecho a reclamar consuelo. Dios había encargado a este profeta que consolara a su pueblo (Isaías 40:1), y aquí le encarga convencerlo de pecado y poner al descubierto sus transgresiones.
Primero, el profeta debe mostrarles cuán malos son en realidad (Isaías 58:1). Tiene que hablar con honestidad y claridad. Aunque se les llama pueblo de Dios y casa de Jacob, y aunque ese nombre les trae muchas bendiciones, no debe halagarlos. Debe mostrarles sus pecados y sus maldades en detalle, incluidos los pecados que no reconocen e incluso aquellos que se niegan a admitir. Aunque hayan mejorado en algunas cosas, en otras siguen siendo tan malos como antes. Debe mostrarles todos sus pecados, con toda la vergüenza y la carga que llevan consigo (Levítico 16:21).
Esto nos enseña dos cosas. Dios ve el pecado entre su propio pueblo, en la casa de Jacob, y le desagrada. Además, las personas muchas veces no quieren o no pueden ver sus propios pecados; por eso necesitan que se los muestren y se los nombren claramente: «Esto y esto es lo que has hecho».
El profeta también debe ser valiente y tomar en serio esta tarea. Tiene que clamar en voz alta y no contenerse. Eso significa que no debe suavizar sus reprensiones por miedo a herirlos. Debe examinar la herida hasta el fondo y dejarla completamente al descubierto. Tampoco debe tenerse lástima a sí mismo, aunque esta labor le cueste sus fuerzas, agote su espíritu, le atraiga el odio o le gane una mala reputación. Debe clamar con todas sus fuerzas.
Debe levantar la voz como una trompeta, para que quienes tardan en escuchar oigan sus faltas. Tiene que advertir de la manera más firme y clara, como alguien que realmente desea ser escuchado. Una trompeta no produce un sonido confuso, aunque sí fuerte y penetrante. Del mismo modo, su advertencia debe ser clara y mostrarles las consecuencias mortales del pecado (Ezequiel 33:3).
Luego, el profeta debe reconocer lo buenos que parecían ser, aun mientras expone su pecado (Isaías 58:2). Podían decir que buscaban a Dios diariamente y, cuando él les señalaba sus transgresiones, afirmaban que no podían ver ninguna. Asistían fielmente al culto y se preguntaban qué más podía querer Dios de ellos.
La afirmación, hasta donde llega, es cierta. Cuando los hipócritas hacen algo verdaderamente bueno, no se les debe negar ese reconocimiento. Tienen la apariencia externa de la piedad. Van a la iglesia y mantienen sus momentos de oración. Buscan a Dios diariamente, con mucha regularidad, y parece que nunca faltan a sus devociones. Disfrutan escuchar una buena predicación. Se deleitan en conocer los caminos de Dios, como Herodes, que escuchaba con gusto a Juan, o como el terreno pedregoso, que recibió la palabra con alegría. Para ellos, todo esto es como una canción hermosa (Ezequiel 33:32).
También parecen disfrutar mucho de la religión misma. Dan la impresión de deleitarse en la presencia de Dios, aunque a menudo lo que disfrutan es la compañía, la ocasión o alguna parte agradable del servicio, y no a Dios mismo. Preguntan por las normas de una vida recta, tanto en la adoración como en su trato con los demás. La expresión «ordenanzas de justicia» abarca los deberes para con Dios y la equidad para con otras personas. Ante el mundo parecen una nación que hace lo correcto y no abandona los mandamientos de Dios. Otros los consideraban así, y ellos mismos afirmaban ser ese tipo de personas.
Esta es una advertencia seria. Una persona puede avanzar mucho por el camino al cielo y, aun así, quedarse corta. Incluso puede ir al infierno con una buena reputación. Sin embargo, esta apariencia externa no excusa el pecado. De hecho, hace mayor su culpa, porque continúan pecando aunque saben qué está bien y qué está mal, y aunque su propia conciencia ya les ha advertido.
De este capítulo
Isaías 58:2
"Me buscan diariamente y se alegran de conocer mis caminos, como si fueran un pueblo que practica el bien y no descuida mis leyes. Me piden leyes justas y se alegran de acercarse a mí,"
Isaías 58:3
"y, sin embargo, dicen: “¿Para qué ayunar, si Dios no lo ve? ¿Para qué sacrificarnos, si él no se da cuenta?” Ustedes dedican el día de ayuno a hacer negocios y a explotar a sus trabajadores;"
Isaías 58:4
"pasan el día de ayuno entre disputas y peleas, dando golpes criminales con los puños. Un día de ayuno así no puede lograr que yo escuche sus oraciones."
Isaías 58:5
"¿Creen que el ayuno que me agrada consiste en afligirse, agachar la cabeza como un junco y acostarse sobre la ceniza vestidos con ropas ásperas? ¿A eso llaman ustedes “ayuno” y “día agradable al Señor”?"
Isaías 58:6
"Pues no es así. El ayuno que me agrada consiste en esto: que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos que aprietan el yugo; que dejes libres a los oprimidos y acabes, en fin, con toda tiranía;"
Isaías 58:7
"que compartas tu pan con el hambriento y recibas en tu casa al pobre que no tiene techo; que vistas al que no tiene ropa y no dejes de socorrer a tus semejantes."
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