Versículo destacado

Isaías 54:6 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Eras como una esposa joven, abandonada y afligida, pero tu Dios te ha llamado de nuevo y te dice: "

Isaías 54:6

menu_book El versículo en contexto

4 No tengas miedo, pues no quedarás en ridículo; no te insultarán ni tendrás de qué avergonzarte. Olvidarás la vergüenza de tu juventud y no volverás a acordarte de la deshonra de tu viudez,

5 porque tu creador te tomará por esposa. Su nombre es Señor todopoderoso; tu redentor es el Dios Santo de Israel, el Dios de toda la tierra.

6 Eras como una esposa joven, abandonada y afligida, pero tu Dios te ha llamado de nuevo y te dice:

7 Por un breve instante te abandoné, pero con inmensa bondad volveré a unirte conmigo.

8 En un arranque de enojo, me oculté de ti por un momento, pero con amor eterno tuve compasión de ti. Lo dice el Señor, tu redentor.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí se anuncia de antemano la ayuda oportuna y el alivio que Dios daría a sus cautivos en Babilonia cuando fueran liberados de su esclavitud. Esa liberación era una señal de todo el consuelo que Dios ha reservado para la iglesia en general y para cada creyente en particular, dentro del pacto de gracia, es decir, su promesa salvadora de misericordia.

Al mirar las dificultades del pasado, la bondad de Dios hacia su pueblo se vuelve mucho más dulce en comparación. Primero, observa cuán dolorosa había sido la condición de la iglesia. Había sido como una mujer abandonada por su esposo, como si él hubiera muerto o se hubiera apartado de ella, aunque ella había sido su esposa desde su juventud. Sentía un profundo dolor, lo sufría intensamente y se había llenado de amargura y desaliento. O había sido como una mujer rechazada y repudiada, completamente desanimada. Incluso quienes pertenecen a Dios pueden parecer, por un tiempo, rechazados y abandonados, y pueden angustiarse mucho por esa impresión. Quienes nunca serán verdaderamente abandonados todavía pueden pasar una temporada de aflicción.

El significado se explica en Isaías 54:7-8: «Por un breve momento te abandoné; pero con gran compasión volveré a recogerte. Por un instante, en un arrebato de enojo, escondí mi rostro de ti». Cuando Dios mantiene a su pueblo en dificultades durante mucho tiempo, parece como si lo hubiera dejado. Sus enemigos lo interpretan así (Salmo 71:11), y ellos mismos también pueden entenderlo de esa manera (Isaías 49:14). Cuando no encuentran consuelo en medio de su aflicción porque sus oraciones y esperanzas parecen no recibir respuesta, Dios parece esconderles su rostro, como si los ignorara o ya no tuviera buenos propósitos para ellos. Dios mismo dice que hizo esto, porque lleva cuenta del sufrimiento de su pueblo. Aunque nunca volvió su rostro contra ellos como lo hace contra los malvados (Salmo 34:16), recuerda las muchas ocasiones en que pareció apartarse de ellos.

Esto ocurrió por causa de su disgusto. Fue en su enojo que los abandonó y escondió de ellos su rostro (Isaías 57:17). Sin embargo, fue solo «un breve momento de enojo». Esto no significa que la ira de Dios sea pequeña o inofensiva, pues ¿quién puede medir el poder de su ira? Significa que fue pequeña en comparación con lo que ellos merecían y con lo que otros sufren justamente cuando Dios derrama toda su ira. Él no desató todo su enojo. Aun así, el pueblo de Dios, aunque sienta solo una pequeña parte de su disgusto, no puede evitar entristecerse por ello. Y en cuanto a su duración, fue solo un momento, un tiempo muy corto. Dios no mantiene su enojo contra su pueblo para siempre. Es lento para enojarse y está dispuesto a mostrar misericordia. Por eso, las dificultades del pueblo de Dios, aunque son reales, son ligeras y breves, como una nube que pronto pasa.

Ahora observa cuán dulce sería para ellos el regreso misericordioso de Dios cuando viniera a consolarlos de la misma manera en que los había afligido. Dios los llamó a entrar en pacto con él cuando estaban abandonados y afligidos, y los llamó a salir de sus dificultades cuando estas se encontraban en su peor momento (Isaías 54:6). Su enojo dura solo un momento, pero él reúne a su pueblo cuando este piensa que ha sido olvidado. Lo reúne desde los lugares donde está disperso para que pueda regresar unido a su propia tierra. Lo reúne en sus brazos para protegerlo, abrazarlo y cargarlo. Y al final lo reúne consigo, como se recoge el trigo y se lleva al granero. Tendrá misericordia de ellos; es decir, apartará su enojo y los recibirá de nuevo en su favor.

Dios reúne a su pueblo por causa de su misericordia, no por algún mérito de ellos. Lo hace con gran compasión (Isaías 54:7), con amor eterno (Isaías 54:8). El enojo es pequeño, pero la compasión es grande. El enojo dura un momento, pero el amor permanece para siempre. Estas dos realidades se colocan una frente a la otra para que no desfallezcamos en la dificultad ni abandonemos la esperanza de recibir alivio.

Al mirar hacia los peligros futuros, aun frente a ellos permanece firme el favor de Dios hacia su pueblo, y su amor continúa para siempre. Esto queda establecido como un pacto, llamado aquí pacto de paz, porque se basa en la paz con Dios e incluye todo buen regalo. Primero, este pacto es tan firme como el pacto de Dios en la providencia, su cuidado ordenador sobre el mundo. Es como las aguas de Noé, la promesa hecha después del diluvio de que un juicio así nunca volvería a alterar el orden normal de las estaciones, de la siembra y de la cosecha (Isaías 54:9). Dios había tratado una vez con el mundo en medio de una gran ira, y durante un año completo. Sin embargo, al final volvió a mostrar misericordia eterna. Dio su palabra, tan inquebrantable como un juramento, de que el diluvio de Noé nunca volvería y de que jamás destruiría otra vez el mundo de esa manera, como se declara en Génesis 8:21-22 y Génesis 9:11. Dios ha cumplido esa palabra desde entonces, aunque el mundo se ha rebelado muchas veces contra él, y la cumplirá hasta el fin. De la misma manera, el pacto de gracia es inquebrantable: «He jurado que no volveré a enojarme contigo de esta manera ni te reprenderé como lo hice». No los rechazará ni romperá su pacto con ellos (Salmo 89:34). No los reprenderá como reprendió a las naciones, para destruirlas y borrar su nombre para siempre (Salmo 9:5).

Este pacto es aún más seguro que las partes más firmes del mundo visible (Isaías 54:10). Las montañas pueden apartarse, aunque se les llame montañas eternas, y las colinas pueden ser removidas, aunque se les llame colinas permanentes (Habacuc 3:6). Sería más fácil que ellas se movieran a que el pacto de Dios con su pueblo se rompiera. Los terremotos han sacudido y removido montañas, pero ninguna circunstancia ha quebrantado las promesas de Dios. Llegará el día en que todas las montañas se apartarán y todas las colinas serán removidas, no solo cubiertas, como ocurrió durante el diluvio de Noé, sino arrancadas de raíz, porque la tierra y todo lo que hay en ella será quemado. Aun entonces, el pacto de paz entre Dios y los creyentes permanecerá, y todos los que pertenecen a ese pacto disfrutarán de una dicha eterna.

Las montañas y las colinas también pueden representar a personas grandes y poderosas. ¿Acaso esas «montañas» parecen sostener el cielo, como Atlas en las historias antiguas? Se apartarán y serán removidas. Confiar en las personas terminará decepcionándonos. Es inútil esperar salvación de esas colinas y montañas. Pero los cielos permanecen firmes, como corresponde a su nombre, aun cuando desaparecen quienes parecían sostenerlos. Cuando nuestros amigos nos fallan, Dios no falla, y su amor no se aparta.

¿Acaso esas montañas amenazan y parecen levantarse contra el cielo, como Pelión y Osa en los relatos antiguos? ¿Acaso los reyes y gobernantes de la tierra se levantan contra el Señor? Ellos también se apartarán y serán removidos. Las grandes montañas que se interpongan en el camino de la salvación de la iglesia serán niveladas (Zacarías 4:7). Pero el amor de Dios nunca abandonará a su pueblo, porque él lo ama hasta el fin. Tampoco será removido el pacto de su paz, porque él es el Señor que tiene misericordia de su pueblo. Por eso, este pacto no puede ser movido ni quebrantado: no descansa en nuestro mérito cambiante, sino en la misericordia de Dios, que permanece para siempre.

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