Versículo destacado
Isaías 46:5 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" ¿Con quién pueden ustedes compararme? ¿A quién piensan que puedo parecerme? "
Isaías 46:5
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
3 Óiganme, descendientes de Jacob, todos los que quedan del pueblo de Israel: Yo he cargado con ustedes desde antes de que nacieran; yo los he llevado en brazos,
4 y seguiré siendo el mismo cuando sean viejos; cuando tengan canas, todavía los sostendré. Yo los hice y seguiré cargando con ustedes; yo los sostendré y los salvaré.
5 ¿Con quién pueden ustedes compararme? ¿A quién piensan que puedo parecerme?
6 Hay quienes sacan mucho oro de sus bolsas y pesan plata en la balanza; luego contratan a un artesano para que les haga un dios, a fin de inclinarse ante él y adorarlo.
7 Lo cargan sobre los hombros y se lo llevan; lo colocan sobre un soporte, y allí se queda sin moverse de su sitio. Por más que gritan pidiéndole ayuda, no les responde ni puede salvarlos de sus angustias.
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La liberación de Israel mediante la destrucción de Babilonia, tema principal de estos capítulos, vuelve a presentarse aquí y se promete nuevamente. Dios hace esto para confrontar tanto a los idólatras, que se levantan contra él, como a los opresores, enemigos de su pueblo.
Primero, Dios desafía a quienes fabricaban y adoraban ídolos, especialmente a muchos israelitas que querían imágenes de su propio Dios, como las que los babilonios tenían de sus dioses. Él pregunta: «¿A quién me asemejarán?». Es absurdo intentar representar a un Espíritu infinito y eterno mediante una forma creada. Eso transforma su verdad en mentira y convierte su gloria en vergüenza. Nadie ha visto jamás una semejanza de él, ni puede ver su rostro y seguir con vida. Entonces, ¿con quién podemos comparar a Dios? (Isaías 40:18, Isaías 40:25). Es igualmente absurdo hacer que alguna criatura sea igual al Creador. Él está muy por encima aun de las criaturas más nobles, y no existe una comparación real entre lo infinito y lo limitado.
Después, Dios expone la insensatez de quienes fabrican ídolos y luego les oran. Gastan grandes cantidades en ellos y no escatiman nada para prepararlos con ese propósito. Sacan oro de la bolsa. Nada les parece demasiado, aunque perjudiquen a sus familias y debiliten sus bienes. ¡Qué vergüenza cuando esto se compara con la tacañería de muchos que dicen servir a Dios, pero quieren una religión que no les cueste nada! Algunos derraman oro para fabricar un ídolo en su casa; otros acumulan oro en el corazón y lo convierten allí en un ídolo, porque la avaricia es idolatría. Aunque sea menos evidente que inclinarse ante una imagen tallada, también es peligrosa. Además, pesan plata, ya sea para fabricar el ídolo mismo —pues hasta las personas más insensatas sabían que a Dios se le debía servir con lo mejor que tenían— o para pagar a los artesanos. El pecado a menudo resulta muy costoso.
También se preocupan mucho por sus ídolos y se esfuerzan bastante por ellos. Los cargan sobre sus propios hombros en vez de contratar a otros para que lo hagan. Transportan el ídolo y lo colocan en su sitio, más como si fuera un cadáver que un dios viviente. Lo ponen sobre un pedestal, y allí permanece. Se esfuerzan por sujetarlo bien para que no se mueva. Quieren saber dónde encontrarlo, aunque saben que no puede mover una mano ni dar un paso para ayudarlos.
Después de todo eso, todavía muestran gran respeto por esos ídolos, aunque solo son obra de sus propias manos y producto de su imaginación. Cuando el orfebre ha fabricado aquello que ellos deciden llamar dios, se inclinan ante ello; sí, lo adoran. Si se enorgullecen al fingir que pueden fabricar un dios, también se humillan al inclinarse ante algo que saben que fue hecho con el material original. Si la costumbre los ha engañado para fabricar dioses semejantes, también se engañan a sí mismos cuando claman a ellos, aunque saben que los ídolos no pueden responder, entender una sola palabra ni siquiera decir sí o no, mucho menos salvarlos de la angustia. ¿Debería alguien que conoce al Dios verdadero y viviente hacerse tan insensato?
Entonces Dios apela a su propia razón: «Recuerden esto y demuestren que son personas, no animales ni niños». Piensen con claridad. Actúen con valor. Actúen en beneficio propio. Hagan algo sabio y noble, y no deshonren su propio juicio adorando ídolos. Los pecadores se convertirían en santos si tan solo actuaran como verdaderos seres humanos, usando las capacidades que Dios les dio. Han escuchado estas advertencias muchas veces. Que las traigan de nuevo a la memoria, vuelvan a reflexionar en ellas y las consideren profundamente. Ustedes que se rebelan contra Dios, examinen su conducta, recuerden dónde han caído, arrepiéntanse y recobren el juicio.
Luego Dios presenta una prueba clara de que solo él es Dios: «Yo soy Dios, y no hay otro como yo». Necesitamos que se nos recuerde esto una y otra vez. Primero señala la historia sagrada: «Recuerden las cosas pasadas desde hace mucho tiempo», lo que el Dios de Israel hizo por su pueblo desde el principio. ¿Acaso no hizo cosas que nadie más podía hacer y que los dioses falsos no podían hacer por quienes los adoraban? Si recordamos esas cosas, admitiremos que solo él es Dios y que no hay nadie semejante a él. Esta es una razón poderosa para darle gloria como el único Dios y no darle esa gloria a nadie más (Éxodo 15:11).
También señala la profecía sagrada. Él es el único Dios porque declara el fin desde el principio (Isaías 46:10). Desde el comienzo del tiempo anunció el fin del tiempo y el fin de todas las cosas. Desde el inicio de una nación, declara cuál será su final. Le dijo a Israel lo que sucedería en los días venideros y cuál sería su destino, y deseaba que fueran lo bastante sabios para considerarlo (Deuteronomio 32:20). Desde el comienzo de un acontecimiento, declara cómo terminará. Dios conoce todas sus obras y, cuando quiere, las da a conocer. Más allá de lo que revela la profecía, no podemos descubrir la obra que Dios realiza de principio a fin (Eclesiastés 3:11). Desde tiempos antiguos anuncia cosas que todavía no han sucedido.
Muchas profecías de las Escrituras dadas hace mucho tiempo aún no se han cumplido, pero el cumplimiento de algunas garantiza que las demás se cumplirán a su debido tiempo. Esto demuestra que él es Dios y que no hay otro. Solo él puede decir, y hacer que suceda: «Mi propósito se mantendrá». Ni el cielo ni la tierra, ni todos los poderes del infierno, pueden impedirlo, cancelarlo o corregirlo. Puesto que todas las acciones de Dios siguen sus propósitos, todos sus propósitos se cumplirán mediante sus acciones. Ninguno de sus planes será quebrantado ni ninguno de sus designios fracasará. Esto brinda un profundo consuelo a quienes han puesto toda su esperanza en los propósitos de Dios: su propósito ciertamente se mantendrá. Si hemos llegado al punto en que lo que agrada a Dios también nos agrada, nada puede tranquilizar más nuestro corazón que esta certeza: Dios hará todo lo que quiere (Salmo 135:6).
El cumplimiento de esta profecía, relacionada con el surgimiento de Ciro y su papel en la liberación del pueblo de Dios de la cautividad, se presenta como prueba de esta verdad: el Señor es Dios y no hay otro (Isaías 46:11). Por medio de su plan sabio, Dios llama desde el oriente a un ave voraz, un ave de rapiña: Ciro. Algunos dicen que Ciro tenía una nariz semejante al pico de un halcón o de un águila, y creen que esa puede ser parte de la imagen que aparece aquí. Otros piensan que se refiere al águila que estaba en su estandarte militar, con un posible eco posterior en Mateo 24:28. Ciro vino del oriente porque Dios lo llamó, pues el Señor gobierna sobre los ejércitos y sobre quienes los dirigen. Si Dios le da un llamado a una persona, también le dará éxito.
Ciro es el hombre que llevará a cabo el plan de Dios, aunque viene de un país lejano y no sabe nada de ese plan. Esto demuestra que aun las personas que no conocen ni les importa la voluntad revelada de Dios pueden ser usadas para cumplir los planes de su voluntad secreta. Todo lo que Dios ha planeado se llevará a cabo exactamente a su debido tiempo, por medio de la persona que él elija. Esto también muestra a los herederos de la promesa de Dios que su propósito nunca cambia. Es como si dijera: «Lo anuncié por medio de mis siervos los profetas, y lo que anuncié es exactamente lo que he planeado». Dios puede tener muchos planes que no están escritos en la profecía, pero nada aparece en sus profecías que no forme ya parte de su propósito.
Él lo hará porque nunca cambia de parecer. Lo llevará a cabo porque ninguna criatura puede detenerlo. Observemos la majestad de sus palabras, pronunciadas con plena autoridad: «Lo he dicho; también lo haré realidad. Lo he planeado y lo llevaré a cabo». Lo que Dios dice queda hecho en el mismo momento en que lo declara. El cielo y la tierra pasarán antes de que falle una sola palabra de Dios.
Esto también confronta a quienes se oponen abiertamente a los propósitos de Dios, porque no solo se les dice que sus planes se cumplirán, sino que se cumplirán muy pronto (Isaías 46:12, Isaías 46:13). Estas palabras se dirigen a los de corazón obstinado, lo cual puede referirse a los gobernantes babilonios, orgullosos y endurecidos, que están lejos de la justicia, la misericordia y la compasión. Se niegan a dejar libres a los oprimidos, aun cuando estos les suplican o cuando Dios ya ha declarado lo que sucederá.
También puede referirse a los judíos quebrantados pero incrédulos, que han sufrido durante mucho tiempo y aun así no se han ablandado. Como los israelitas que se quejaban en el desierto, piensan que la justicia de Dios está lejos. Es decir, dudan de que su promesa se cumpla y de que llegue el momento en que él actuará a favor de ellos. Con su desconfianza, alejan aún más de sí las cosas buenas, tal como sus antepasados no pudieron entrar en la tierra prometida porque no creyeron. Esto también encaja con lo que sucedió después con la nación judía, cuando rechazó el evangelio de Cristo. Aunque procuraban alcanzar la justicia por medio de la ley, no la alcanzaron porque no la buscaron por la fe (Romanos 9:31, Romanos 9:32). No la alcanzaron porque tenían un corazón obstinado (Romanos 10:3).
A esas personas, Dios les dice que, piensen lo que piensen, ya sea que estén orgullosas o desanimadas, su salvación para el pueblo ciertamente llegará. Aunque la gente no les haga justicia, Dios sí lo hará. Su justicia hará por ellos lo que la justicia humana no puede hacer. Él pondrá la salvación en Sion; es decir, hará de Jerusalén un lugar seguro y protegido para todos los que se establezcan allí. Desde allí la salvación saldrá para Israel, su gloria. Dios se deleita en Israel, y será honrado por la salvación que obrará a favor de su pueblo. Esto le dará mucha gloria.
Esta salvación estará en Sion porque desde allí comenzará el evangelio (Isaías 2:3). Allí llegará el Redentor (Isaías 59:20; Romanos 11:26), y el Rey de Sion es quien trae la salvación (Zacarías 9:9). También sucederá muy pronto. Esto se recalca especialmente para quienes piensan que está lejos: Dios está acercando su justicia, más cerca de lo que creen. Puede estar más cerca cuando el sufrimiento sea mayor y los enemigos sean más crueles. Cuando llegue el momento, no estará lejos (Salmo 85:9). El Juez está a la puerta. La salvación de Dios no esperará más de lo necesario para que todo esté preparado y ustedes también lo estén. Así que, aunque parezca tardar, esperen por ella. Esperen con paciencia, porque el que viene vendrá y no tardará.
De este capítulo
Isaías 46:1
"El dios Bel se dobla, y el dios Nebo cae al suelo. Los ídolos son cargados sobre bestias y son una carga pesada para animales cansados."
Isaías 46:2
"Los dioses se doblan y caen al suelo sin poder salvarse, y ellos mismos van al destierro."
Isaías 46:3
"Óiganme, descendientes de Jacob, todos los que quedan del pueblo de Israel: Yo he cargado con ustedes desde antes de que nacieran; yo los he llevado en brazos,"
Isaías 46:4
"y seguiré siendo el mismo cuando sean viejos; cuando tengan canas, todavía los sostendré. Yo los hice y seguiré cargando con ustedes; yo los sostendré y los salvaré."
Isaías 46:6
"Hay quienes sacan mucho oro de sus bolsas y pesan plata en la balanza; luego contratan a un artesano para que les haga un dios, a fin de inclinarse ante él y adorarlo."
Isaías 46:7
"Lo cargan sobre los hombros y se lo llevan; lo colocan sobre un soporte, y allí se queda sin moverse de su sitio. Por más que gritan pidiéndole ayuda, no les responde ni puede salvarlos de sus angustias."
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